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TEXTOS DE FERNANDO GUINARD

LAS ORGÍAS PREHIPPIES DE JIM AMARAL

 


Sabía que la tierra es el reino de la locura y que la única libertad

concedida al hombre es la de su infinita imaginación.

Jorge Luis Borges.

 

 

John James Amaral Ratti, más conocido como Jim Amaral, nació el tres de marzo de 1933 en Pleasanton (California-Estados Unidos), un pueblito ubicado cerca de la bahía de San Francisco que por la época tenía 1500 habitantes. Hijo de John Amaral, portugués oriundo de las islas Azores que emigró a los Estados Unidos cuando tenía 12 años, y Ruth Ratti, norteamericana descendiente de italianos, vivió su infancia y adolescencia en un ambiente rural. Estudió el bachillerato en su pueblo natal donde tuvo una excelente profesora de Literatura que lo motivó a escribir poesía y a untarse del espíritu de los poetas.

 

El poeta es un fingidor

Y finge tan completamente

Que hasta llega a fingir que es dolor

El dolor que de veras siente.

 

Decía el poeta portugués Fernando Pessoa cuyo heterónimo Álvaro Campos manifestaba que “Todo arte es una forma de literatura” porque todo arte consiste en decir algo. Hay dos formas de expresar, hablar y callarse. Todas las artes salvo la literatura son proyecciones de un silencio expresivo.

 

En 1933, año en que Adolfo Hitler llegó al poder en Alemania y Albert Einstein se fue a vivir a los Estados Unidos, en Medellín, Honda y Barranquilla, nacieron Augusto Rendón, Ángel Loochkartt y Carlos Granada; con Góngora, nacido en Cartago, en 1932, se convirtieron, como Amaral, en los más importantes representantes de las artes plásticas de temática sexual y erótica en Colombia.

 

En septiembre de 1950, Amaral se matriculó en la Universidad de Stamford donde estudió materias relacionadas con las ciencias de la salud. En junio de 1952, tapó, remachó y no jugó más con estas disciplinas. Se interesó entonces por la historia del arte y estudió a profundidad los misterios de la expresión y creación artística. Entre septiembre de 1952 y junio de 1953, estudió diversas materias en la Universidad de Washington, en Seatle. Durante el verano recibió clases de materias relacionadas con las artes plásticas en la Universidad de California, en Berkeley. Luego, en septiembre, regresó a la Universidad de Stamford donde terminó estudios y obtuvo el título de Bachelors of Arts, en septiembre de 1954.

 

Por la época, en los Estados Unidos los negros vivían marginados y discriminados en ghettos, pero tenían su propia música y danza, su propia manera de hablar y sus propias emisoras de radio. Escuchaban los discos de ritmos y blues fusionados de los blues rurales y del espíritu urbano.

 

Era música de negros para negros, sin embargo, algunos muchachos blancos la escuchaban cansados de los sonsonetes insoportables de Rosemary Clooney, Franky Laine y Doris Day, que era la música que emocionaba a los blancos de mayor edad que no soportaban los ritmos “selváticos” de un pueblo segregado pero muy vivo en su interioridad.

 

En 1952, Leo Mintz vendía discos de música de negros a muchachos blancos. Alan Freed, un locutor de 30 años, bajo el seudónimo de Perro de la luna, realizó un programa semanal llamado La fiesta del rock del perro de la luna.

 

Roll with me Henry, le decía una muchacha negra a su enamorado cuando tenía ganas de cabalgar sobre su miembro. Los blancos de las compañías editoras de música deconstruían el espíritu de la canción y cambiaban el nombre por el más decente de Dance with me Henry, como si el baile orgásmico no fuera un baile para gente bien.

 

Bill Haley y su banda Los cometas tocaban música de vaqueros. Pero también conocía la música de los negros. Fusionó las dos tendencias y nació el Rock and Roll. Loco Hombre Loco fue el primer disco de la fusión. En 1955, Haley llegó a la cúspide con su versión de Shake rattle and roo que significaba sacúdelo, haz bulla y ruédalo, canción que había tenido éxito con el cantante negro Joe Turner.

 

James Dean, actor bonito, provocador y mal hablado mandaba a la mierda todos los códigos establecidos de glamour y comportamiento. En la película Rebelde sin causa encarnó el sentimiento de la juventud de la época.

 

Elvis Aron Presley, blanco, símbolo sexual de adolescentes ansiosas, fue la primera estrella del rock and roll. Absorbió el blues de los negros, la música rural de los blancos y los cantos evangélicos.

 

That’s all right mamma fue la primera canción que lo catapultó al primer escalón de la fama. Luego, en agosto de 1954, dio su primer concierto en el Overton Park Shell Auditorium en Menphis y allí confirmó su meteórica carrera hacia la inmortalidad. Luego fue al ejército.

 

Otros personajes que sobresalieron como ídolos de la muchachada fueron el frenético Little Richard, que gritaba palabras inteligibles de canciones sin ningún contenido. A bop-bop- a- loomopa- bobboon; Fast Domino, buen pianista, calmado y buen sentido del humor; Chuck Berry, el poeta del rock, compositor de raza negra quien escribió bellas canciones que evocaban el amor y la vida y el espíritu de la juventud: Casi un adulto, Días de escuela, y Dulce y pequeña diez y seisañera fueron canciones que emocionaron mucho a sus seguidores en 1955; Jerry Lee Lewis se autoapodaba El asesino, en el escenario era un salvaje, excéntrico, rockero en todo el sentido de la palabra: bebedor, consumidor de sustancias alucinógenas, y de erotismo desenfrenado pues tenía una novia de 13 años que era su sobrina.

 

Por la misma época, en Estados Unidos se formaba un movimiento literario de percepción contestataria y espíritu revolucionario. Los integrantes, que tenían su propia filosofía, rompieron con las reglas de la poesía acartonada y criticaron el estilo de vida norteamericano con sus valores y su cultura dominante. Fueron conocidos como los beatniks, un grupo de vagabundos por voluntad propia que se rebelaron contra todas las convenciones del establecimiento. Deseaban suprimir los valores culturales, las jerarquías sociales y las tutelas morales. En la playa norte de la Bahía de San Francisco vegetaban, vivían como marginados, escribían, pintaban y componían con una botella de licor en la mano y la complicidad de los residentes chinos y europeos. Fueron la piedra angular que irradió el alto voltaje de los movimientos sociales e intelectuales posteriores.

 

En la ciudad de Nueva York, John Holmes y Jack Kerouac describían a su generación como una generación oprimida, golpeada y fracasada que reflejaba un espíritu melancólico por la crisis económica de la posguerra y la amenaza de destrucción del planeta por las bombas atómicas. La capacidad de colapsar el planeta estaba en poder de unos políticos guerreros cuya integridad moral estaba en constante cuestionamiento. La generación Beat inyectó nuevo voltaje a la escena cultural norteamericana y la expresión artística se transmutó en una percepción que tenía mucho que ver con la conciencia y la visión psicodélica del mundo. Los square (cenizos) vieron a los beatniks “como a unos degenerados, vagos, irresponsables y borrachos que propagaban filosofías anarquistas, licenciosas e inmorales, y que rendían culto al sexo, a la droga y al alcohol. “Los periódicos y las novelas de baja monta se encargaron de crear personajes e historias al respecto, para depurar el ambiente y defender las sociedad, con lo que la represión social y policíaca se intensifico”, dice Jesús Ordovás en el libro El rock ácido de California de Ediciones Jucar, 1975.

 

Jack Kerouac, cuyo nombre original era el de Jean-Louis Lebris de Kérouac, nació el 12 de marzo de 1922 en Lowell (Massachussets) y murió el 21 de octubre de 1969 en St. Petersburg (Florida), a la edad de 47 años debido a la cirrosis que adquirió por su eterna borrachera. Descendiente de canadienses de ascendencia francesa aprendió el idioma inglés cuando tenía seis años de edad. Fue muy buen jugador de fútbol americano y recibió una beca para estudiar en la Universidad de Columbia, en Nueva York, ciudad en la que conoció a Allen Ginsberg, Neal Cassady y William Burroughs. Después de muchos años de navegar por los mares y de escribir y escribir encontró su propio estilo llamado kickwriting, prosa poética espontánea que integraba con la poesía. William Seward Burroughs nació en Saint Louis, el 5 de febrero de 1914, y murió en Kansas, el 2 de agosto de 1997, a la edad de 83 años. Adicto a las drogas, incluida la heroína, sus ensayos y novelas muestran su espíritu autobiográfico, experimental, surrealista, satírico y crítico contra las “verdades” del establecimiento. Su obra trascendió al movimiento beatnik.

 

Tuvo amores con Allen Ginsberg, situación nada extraña por el espíritu gay de Ginsberg, a quien le encantaba mariposear. No en vano, cuando tenía 60 años escribió este poema titulado:

 

Esfínter

 

Espero que mi viejo, que mi buen ojo del culo resista

En 60 años no se ha portado nada mal

Aunque en Bolivia una operación de fisura

Sobrevivió al hospital del altiplano

Poca sangre, ningún pólipo, ocasionalmente

Una leve hemorroide

Activo, anhelante, receptivo al falo

Botella de coca, vela, zanahorias

Plátanos y dedos

Ahora el Sida lo vuelve cauteloso, pero

Aún servicial

Fuera el mal rollo, dentro el condón

Amigo orgásmico

Aún elástico correoso,

Descaradamente abierto al placer

Pero en 20 años más, quién sabe,

Los viejos sufren todo tipo de achaques

Cuello, próstata, estómago, articulaciones

Espero que mi viejo orificio se conserve joven

Hasta la muerte, dilatado

 

Irwin Allen Ginsberg nació el 3 de junio de 1926 en Paterson (New Jersey), y murió el 5 de abril de 1997, a la edad de 76 años. A pesar de su tormentosa existencia y de innumerables arrestos y escándalos, en 1993 fue condecorado por el Ministerio de Cultura francés que le concedió la medalla de Caballero de la Orden de las Artes y Letras.

 

En la Universidad de Columbia en Nueva York, de la que fue expulsado, conoció a Jack Kerouac, a Neal Cassady y a Herbert Huncke. Después de permanecer en un centro psiquiátrico, por hacerse el loco, y de trabajar como celador, lavaplatos y obrero, influido por su querido amigo JacK Kerouac, se trasladó a la costa californiana a principios de la década del 50. San Francisco era una ciudad que respiraba bohemia, libertad y cultura. Los poetas leían sus poemas acompañados de los músicos de jazz. Ferlinghetti, quien vivía en San

 

Francisco desde 1950, leía sus mensajes orales espontáneos en El sótano. En el centro de poesía de la Universidad local, dirigido por Ruth Witt-Diamant, y en cafés y galerías de arte se organizaban lecturas de poesía en las cuales era posible enterarse de las últimas tendencias.

 

Esta ciudad relajada y tranquila se convirtió en un involuntario punto de reunión para varios poetas: Ginsberg, Kerouac, Philip Whalen, James Harmon, Michael McLure, Robert Creeley, Gary Snyder y Gregory Corso. En la casa de Kenneth Rexroth podían intercambiar opiniones con Lew Welch, Robert Duncan y Jack Spicer. Rexroth era un escritor que al igual que William Carlos Williams, discutía con los poetas más jóvenes acerca de sus teorías estéticas, les brindaba su apoyo y escribía generosas cartas de recomendación. Su hogar se había convertido en uno de los centros culturales más importantes de la ciudad.

 

Entre 1954 y 1955, Jim Amaral realizó sus estudios de postgrado en la Academia de Arte de Cranbrook, en Bloomfield Hills, Michigan, donde recibió clases de escultura y diseño. Allí conoció a la colombiana Olga Ceballos quien estudiaba Diseño y Textiles. Al terminar sus estudios, viajó en el verano a San Francisco donde consiguió trabajo en uno de los más importantes almacenes de muebles de la ciudad como encargado de exhibiciones, labor que desempeñó entre agosto y noviembre de 1955.

 

En la noche del 7 de octubre de 1955, que más tarde la prensa llamaría como la noche del “renacimiento poético” de San Francisco, por recomendación de Rexroth, en una pequeña galería donde exponían sus obras los artistas jóvenes de la ciudad y donde esporádicamente realizaban conciertos, Ginsberg organizó una lectura de poemas en la que participaron McClure, Snyder, Whalen, Lamantia y el mismo Ginsberg, presentados por Rexroth quien fue el maestro de ceremonias.

 

Entre el público asistente a la Galería Six se encontraban Ferlinguetti y Kerouac quien había escrito sobre la vida de Berkeley en el libro Los vagabundos del Dharma. Ginsberg leyó Howl (Aullido), gimió y, al final, una lágrima se escurrió por su mejilla derecha. El público, también emocionado, le hizo comprender que la liberación de los modales y gestos para leer un texto daba nacimiento a una nueva puesta en escena que captaba audiencias.

 

Este fragmento de Aullido, me parece que muestra el espíritu de Ginsberg y su influencia en el espíritu de la muchachada norteamericana.

 

He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura. Quienes se quemaron sus brazos con cigarros encendidos protestando contra la bruma narcótica del tabaco del Capitalismo.

 

Quienes rompieron a llorar en blancos gimnasios desnudos y temblorosos frente a la maquinaria de otros esqueletos.

 

Quienes mordieron detectives en el cuello y chillaron con placer en autos policiales por no cometer un crimen salvo su propia pederastia salvaje y su intoxicación.

 

Quienes aullaron de rodillas en el metro y fueron arrastrados por el techo ondeando sus genitales y manuscritos.

 

Quienes permitieron ser penetrados por el ano por virtuosos motociclistas, y gritaron con alegría.

 

Quienes chuparon y fueron chupados por aquellos serafines humanos, los marineros, caricias del amor Atlántico y Caribeño.

 

Quienes eyacularon en la mañana en la tarde en jardines de rosas y en el pasto de parques públicos y cementerios esparciendo su semen libremente a quienquiera que llegara.

 

Quienes hiparon sin cesar tratando de reír pero se torcían de llanto detrás de un cubículo de un Baño Turco cuando el ángel rubio y desnudo venía a atravesarlos con una espada.

 

Quienes perdieron a sus amantes por las tres viejas musarañas del destino, la musaraña tuerta del dólar heterosexual, la musaraña tuerta que hace guiños fuera del útero y la musaraña tuerta que no hace nada sino sentarse en su trasero y corta las hebras doradas intelectuales del vislumbre del artesano.

 

Quienes copularon extáticos e insaciables con una botella de cerveza, un novio, un paquete de cigarrillos, una vela y se cayeron de la cama, y continuaron en el suelo y por los pasillos y terminaron desmayándose en la pared con una visión del último coño y llegaron a eludir el último atisbo de conciencia.

 

Quienes endulzaron las conchitas de un millón de chicas temblorosas en el ocaso, y tenían los ojos rojos en la mañana pero preparados para endulzar las conchitas del sol naciente, destellantes traseros bajo los establos y desnudos en el lago.

 

Quienes arrojaron papas saladas a los conferencistas de Dadaísmo en CCNY y subsecuentemente se presentaron ellos mismos en las baldosas de granito del manicomio con cabezas rapadas y un discurso arlequinesco de suicidio, demandando una lobotomía instantánea, y quienes a su vez se entregaron a la nulidad concreta de la insulina, Metrazol, electricidad, hidroterapia, psicoterapia, terapia ocupacional, ping pong y amnesia.

 

Entre noviembre de 1955 y septiembre de 1957, gracias a la marina norteamericana, Jim Amaral se desplazó a una base de las selvas filipinas donde prestó su servicio militar obligatorio en labores de oficina. Luego viajó a Bogotá, se casó, y trabajó en Diseño y Decoración durante un año, hasta que decidió independizarse y lanzarse a las aguas de la expresión plástica.

 

Aullido, publicado en 1956, en San Francisco, fue prohibido por escandaloso en 1957. Ginsberg el escritor y Ferlinguetti el editor fueron enjuiciados por la publicación de este poema obsceno; la comunidad se percató entonces que unos vagos toreaban al establecimiento. Un juez, Clayton W. Horn, anuló la prohibición cuando descubrió el espíritu social redentor del poema. Sin embargo los genios del FBI tuvieron durante mucho tiempo entre ojos a Ginsberg por considerar que su espíritu libertario, contestatario y anti-embrutecedor no estaba en concordancia con el espíritu retardatario de la política de seguridad del estado. En agosto de 1957, al terminar el juicio, la editorial City Ligths de la Avenida Columbus fue muy conocida y las ediciones de bolsillo con textos de Ginsberg, Kerouac, Ferlinguetti, Corso y otros eran leídas con ansiedad por la muchachada.

 

Por la misma época, en 1956, en la exposición titulada Esto es el mañana en la Whitechapel Gallery de Londres, Hamilton mostró la instalación ¿Qué es lo que hace que los hogares de hoy sean tan diferentes, tan llamativos?. La industria, la sociedad vacua y de consumo, la publicidad y la historia del arte influyeron en el trabajo de Hamilton quien se considera como el precursor del Pop culto e intelectual de Inglaterra.

 

En 1958 la playa norte de la bahía de San Francisco fue declarada zona peligrosa y muchos se abrieron hacia otras geografías.

 

Ginsberg escribió bajo la influencia del peyote y de toda la cantidad de alucinógenos que despertaban y catapultaban la percepción. Recitaba los poemas, los grababa, luego los transcribía. Poetizó la locura de su madre en Cádiz, en el poema Muchos amores contó el primer coito con su amante Neal Cassady. Luego dedicó muchos poemas a Peter Orlovsky, su amante más duradero.

 

En la década de los 60 su interés por la música popular lo llevó a conocer a los Beatles y desarrollar una amistad con ellos, en especial con John Lennon. Compartió escenario con The Fugs y Jefferson Airplane, y Bob Dylan lo incluyó en una de sus extensas giras por todo el país (Rolling Thunder Review). Sus intervenciones en radio y televisión, siempre controvertidas y espectaculares, lo convirtieron en una figura pública.

 

Mientras Jim Amaral realizaba sus estudios en las universidades de Stamford (California) y Seatle (Washington), en Colombia, el ex presidente Mariano Ospina Pérez tramaba el derrocamiento de Laureano Gómez quien había sido su cómplice para acceder al poder en el año de 1946.

 

Con el apoyo de la verborrea politiquera y de la iglesia comandada por Crisanto Luque, quien se había mamado de ser el títere del político conservador Laureano Gómez, lo tumbaron. El 13 de junio de 1953 pusieron en el poder a Gustavo Rojas Pinilla, un general a quien le habían lavado el cerebro para que amnistiara a los guerrilleros y firmara la paz. La guerra es una masacre de gentes que no se conocen a favor de gentes que sí se conocen pero no se masacran, había dicho el poeta Paul Valery.

 

En 1953, en el campo de las artes plásticas en Colombia, Débora Arango pintó La Salida de Laureano o 13 de junio, un óleo sobre tela que muestra a Rojas Pinilla arriando a culatazos a mounstricos que parecen ser sapos del poder ejecutivo y legislativo. Curas, civiles y militares aprueban con júbilo la acción; la muerte con un pañuelo en alto, guía al presidente del momento. El maestro Carlos Correa realizó un grabado en metal al que tituló La res-pública, en el que ilustra como es saqueada la república por chulos con cara de prelados, políticos, militares y ratas humanizadas que se alimentan del cadáver insepulto de una república en los estertores de la malparidez.

 

Mientras Jim Amaral, como “pez fuera del agua” prestaba su servicio militar en Filipinas, en Bogotá, en la plaza de toros de la Santamaría, la tarde del domingo 4 de febrero de 1956, matones del general Rojas Pinilla ubicados en sitios claves de la plaza y armados con garrotes y puñales gritaban: ¡Viva Rojas Pinilla! Como los asistentes a la plaza no respondieron como guacamayas de mitin político, los matones asestaron sus garrotes contra los cuerpos de los desarmados taurófilos y chuzaron a los que les dieron papaya.

 

Los cuerpos de los muertos caían al círculo amarillo y eran arrastrados, dejando rastros de sangre sobre la arena. Luego los descuartizaban en los pasillos. Y todo porque ocho días antes, los amantes de las tardes de sol, arena y muerte, chiflaron a la nena Rojas y a su cónyuge. Rojas estaba volando alto y los industriales sospechaban que podían perder el poder en manos de un excelentísimo chafarote.

 

Los burgueses de la industria y los terratenientes conservadores, los que siempre se han repartido la marrana del poder, consideraron que Alberto Lleras era el político adecuado para quitarse el tumor de Rojas.

 

La declaración de Benidorm, “la obra maestra de la hipocresía”, según Joe Broderick, le achacaba los muertos de la violencia a Rojas y a sus lacayos, y clamaba por el retorno de las instituciones democráticas y jurídicas.

 

El clero, al analizar que el “excelentísimo” ya no tenía tanto poder, se volvió a voltear y desde los púlpitos de la colonia evangelizada regurgitaba fuego eterno para el alma de este condenado.

 

Mientras tanto, en las artes plásticas, el país estaba en el limbo. No se realizaron salones nacionales oficiales durante la época de la dictadura.

 

La mujer obtuvo el derecho al voto en el gobierno de Rojas Pinilla. Débora Arango, heroína del arte nacional, fue la primera mujer que registró en su obra el sufrimiento de la mujer colombiana. Ella, católica creyente, satirizó al clero pues no se aguantaba su verborrea embrutecedora. En 1948 pintó La danza, obra que muestra a la muerte encaramada sobre una parihuela sostenida por esqueletos de religiosos, vestidos de azul, el color del partido conservador, y rosario al cinto. Las calaveras amarillas y sonrientes cantan alabanzas a los dioses que siempre tienen la razón sin importar los fines. En la acuarela titulada Masacre del 9 de Abril, el pueblo, representado por una mujer, echa las campanas al vuelo mientras los curas y los ejércitos del poder disparan y rematan con bayoneta a los que no están de acuerdo con sus políticas esterilizantes.

 

El 8 de Junio de 1954 mataron a un estudiante de la Universidad Nacional, el día siguiente masacraron a doce más. La violencia entró a la universidad y el arte de contenido político expresó su indignación contra la dictadura así no fuera bien visto por los modistos que pregonaban la abstracción y la reivindicación del indigenismo. El maestro Alejandro Obregón pintó el Velorio de un estudiante asesinado, Masacre del 10 de abril, Homenaje al estudiante muerto. Ignacio Gómez Jaramillo pintó Colombia llora un estudiante.

 

A finales de 1957, en septiembre, el maestro Jim Amaral, después de haber prestado su servicio militar obligatorio de 22 meses, viajó a Colombia para disfrutar las mieles del amor. En diciembre se casó con Olga Ceballos, su amor de Cranbrook.

 

El maestro Carlos Correa, en la obra Paz, justicia y libertad de 1958, un grabado en metal de pequeño formato, muestra a un militar con orejas de animal que sostiene en la mano izquierda una bolsa con el signo $ y en la derecha un puñal. En el piso los campesinos esperan las migajas que les darán vida por otro día o la puñalada que los mandará al descanso eterno.

 

El 5 de julio de 1958, Gonzalo Arango, en medio de una sociedad temerosa de Dios pero asesina, violenta, pacata, hipócrita y embrutecida, vomita la primera definición del Nadaísmo:

 

Es una rebelión consciente de la juventud contra los estados pasivos del espíritu y la cultura.

 

El nadaísmo está abierto a todos los inconformismos y todas las irreverencias de tipo cultural, estético, social y religioso. Somos la abyección, la resaca.

 

Jim Amaral comienza a trabajar con los señores Camacho Roldán, cachacos bogotanos especializados en la venta de muebles de estilo; es el Jefe de Diseño y Decoración, no habla español y es uno de los escasos norteamericanos que deambulan por la fría ciudad de Bogotá. Por su afán de independencia, renuncia al trabajo y se lanza al mundo de la expresión plástica. Le encanta la escultura pero el único fundidor que existía en la aldea, don Gerardo Benítez, era muy chambón y le hacía perder tiempo, dinero y voltaje, circunstancia que para un norteamericano acostumbrado a hacer las cosas bien, era deprimente. Era esa depresión constante que invade la atmósfera de un país subdesarrollado en el cual los directores del circo, el santoral de la patria y la mayoría de políticos, ejecutivos, asalariados y burócratas hacen las cosas bien queden como queden.

 

En el Salón Nacional de Artistas de 1958, “un salón sin brillo ni gloria” como dijo la Traba, una crítica argentina que deambulaba por Colombia, fueron premiados Eduardo Ramírez Villamizar con Horizontal en blanco y negro; Guillermo Wiedemann con Pintura en rojo; y Lucy Tejada con Semilla de Mangle, un dibujo en tinta china.

 

La música Pop o música popular fue el estilo que dominó entre 1958 y 1962 cuando aparecieron los Beatles. El rock era una música espontánea, sin barreras, pero el capitalismo que corrompe y absorbe, por medio de las grandes disqueras, manipuló los gustos de la juventud. Blanquearon el ritmo. Músicos blancos cantaban canciones de negros.

 

La fórmula de sonido y estilo la vendieron por los canales de los conciertos y la radio. Controlaron todo el proceso de fabricación de éxitos musicales. Era un negocio y bien bueno.

 

En 1961, Manuel Hernández, pintor abstracto, ganó el Salón Nacional de Artistas con un óleo titulado Flores en Blanco; el segundo premio lo obtuvo Luciano Jaramillo con Desnudo # 1; el tercer premio fue otorgado a David Manzur con Composición para una flor.

 

Las flores se imponían. Marta Traba dijo: “No puede dársele el nombre de Salón a la tolda de campaña levantada en la feria exposición. El sitio es para el género de la tragicomedia”.

 

Este mismo año, el Museo de Arte Moderno de Nueva York organizó una importante exposición bajo el título El Arte del Assemblage. En el catálogo William C. Seitz decía: “El método de yuxtaponer es un vehículo apropiado para expresar sentimientos de desencanto”. El assemblage sirvió como transición entre el expresionismo abstracto y las diferentes propuestas del Pop Art, por la utilización de diferentes soportes de expresión y la elaboración de los conceptos visuales del medio ambiente y del happening.

 

En Colombia, el arte que denunció la malparidez del poder y el dominio de la muerte, subió a la cúspide en 1962.

 

Alejandro Obregón, a la edad de 42 años, ganó el XIV Salón Nacional con la obra La Violencia, una pintura al óleo de gran formato que muestra a la muerte embarazada y abandonada en un aire de soledad y misterio que produce una gran tristeza y desolación. Era como la síntesis plástica del espíritu mortuorio que imperaba en Colombia, mostrado con gran crudeza en textos y fotografías que aparecieron en el libro publicado por Monseñor Germán Guzmán, el sociólogo Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna, titulado La violencia en Colombia.

 

Este mismo año, en San Francisco (California), Amaral realizó su primera exposición individual en la Galería Vorpal, situada detrás de City Lights Books. Expuso dibujos de pequeño formato realizados en tinta china que representaban cuerpos erotizados en atmósferas humorísticas.

 

Al año siguiente, un estado depresivo, la violencia siempre deprime, acompañó al maestro Jim Amaral, quien debió acudir a sesiones de psicoanálisis para sortear la situación momentánea. Las charlas con el psicoanalista le dieron nuevos ánimos.

 

El tema de la muerte y la violencia real y plástica seguía imponiéndose en Colombia.

 

En el XV Salón Nacional de Artistas, Alejandro Obregón fue declarado fuera de concurso con Genocidio, una pintura que representaba los estertores de la muerte. Como cosa rara, Carlos Granada fue premiado con la pintura A solas con la muerte. Y como cosa aún más rara, Augusto Rendón, ganó el premio de grabado con un aguafuerte titulado Santa Bárbara, que mostraba la masacre realizada en el pueblo antioqueño de Santa Bárbara donde fueron asesinados muchos sindicalistas que ejercían el derecho al paro. El ministro de trabajo era Belisario Betancur. Nunca antes se había premiado un aguafuerte porque era considerado un arte menor, lo mismo que el dibujo. La pintura era considerada la primera dama de la plástica.

 

1963 fue el año cuando Pablo Picasso, a la edad de 83 años dijo: “Cuando yo era joven, igual que todos los jóvenes, tuve la religión del arte, (…) del gran arte; pero con el correr de los años me he dado cuenta que el arte, (…) está ya acabado, moribundo, condenado, y que la pretendida actividad artística, con todo su florecimiento, no es más que la manifestación multiforme de su agonía. Muchos de entre nosotros siguen siendo artistas y ocupándose del arte por unas razones que tienen muy poco que ver con el verdadero arte, sino por espíritu de imitación, por nostalgia de la tradición, por inercia, por el gusto de la ostentación, del lujo, de la curiosidad intelectual, por moda o por cálculo.

 

“Las nuevas generaciones, amantes de la mecánica y del deporte, más sinceras, más cínicas y brutales, irán dejando el arte poco a poco, relegado a los museos y a las bibliotecas, como una incomprensible e inútil reliquia del pasado. En el momento en que el arte ya no es alimento de los mejores, el artista puede exteriorizar su talento en toda clase de tentativas de nuevas fórmulas, en todos los caprichos y fantasías, en todos los expedientes de la charlatanería intelectual. El pueblo ya no busca ni consuelo ni exaltación en las artes. Y los refinados, los ricos, los ociosos, los destiladores de quintaesencias buscan lo nuevo, lo extraordinario, lo original, lo extravagante, lo escandaloso”.

 

El 13 de octubre de 1963 los Beatles fueron invitados al programa de televisión Sunday night at the London palladium. Fue el día de su consagración. Estaban limpios, cabello cortado y estaban vestidos con sastres y corbatas.

 

Las muchachas se empujaban entre sí y gritaban histéricas por la presencia de los músicos que provenían del proletariado obrero y habían tocado en Hamburgo a clientes rufianes.

 

En abril de 1964, Jim Amaral realizó su primera exposición individual en Bogotá, en la Galería El Callejón dirigida por Adalbert Meindl y adscrita a la Librería Central de Hans Ungar. Dibujos con temáticas psicológicas y psicoanalíticas, collages y óleos con texturas y abstracciones. “Era aceptable en ese entonces; en los sesenta todo el mundo estaba haciendo lo que le provocaba y yo empecé con eso”, decía Jim Amaral.

 

Los Rollings Stones usaban una indumentaria muy lanzada y su comportamiento era antisocial, disgustaba a muchos pero su imagen agresiva y contestataria atraía como un imán.

 

En 1964 los Beatles dieron al rock and roll el segundo gran impulso después de Elvis Presley. Martin Luther King fue premiado con el Nobel de Paz y Jean Paul Sartre con el de Literatura. En la Bienal de Venecia, Bissiere fue opuesto al Pop Art y recibió Mención Especial de Honor. Appel trabajó esculturas coloreadas y cerámica como medios de expresión. En Colombia, Augusto Rivera, como cosa rara, obtuvo el primer premio de pintura con la obra Paisaje y Carroña, en la que mostró, con espíritu expresionista, los estertores de la malparidez. Juan Antonio Roda, quien había sido jurado de admisión, obtuvo un segundo premio con la obra Los Acosta, y Leonel Góngora, como cosa rara, fue reconocido con el tercer premio con la obra El gran inquisidor. El premio Nacional de Escultura fue otorgado a Eduardo Ramírez Villamizar con la obra Saludo al astronauta. Alcántara realizó su primera exposición individual en el Museo de La Tertulia titulada Homenaje a los héroes revolucionarios Miguel Suárez, José Alfonso Castañeda, Guadalupe Salcedo y Agostinho Kalandu, “hombre desgarrado, lúcido y dispuesto, incluso más allá de la muerte, a luchar por sus ideas”.

 

El movimiento del Pop Art apareció en Norteamérica, en 1960, como producto de la sociedad capitalista caracterizada por la tecnología y el consumo que expandía sus sombras sobre occidente. New York y Londres fueron las ciudades donde explotó la tendencia que luego se impuso en Estados Unidos después del éxito de la tendencia de expresión abstracta que dominó durante los cincuenta. Aunque seguía teniendo un aire nacionalista, como los expresionistas abstractos, se oponían a ellos ironizando no sólo su éxito económico sino su gestualidad, como lo hizo Rosenquist con sus espaguetis que recordaban, burla burlando, las telarañas chorriadas de Pollock; o las ampliaciones esquematizadas de las pinceladas abstracto expresionistas de los trabajos de Lichtenstein. El Pop Art y la tradición americana fue el título de la exposición realizada en el Milwaukee Art Center, en 1965, que catapultó el Pop Art al reino del éxito económico.

 

Los precursores del Pop americano fueron Jasper Johns y Robert Rauschenberg que evolucionaron del expresionismo abstracto. Luego, influidos por los dibujos y diseños publicitarios de afiches y vallas realizados en la década del cincuenta, Andy Warhol, Roy Lichtenstein, James Rosenquist, Jim Dine, Robert Indiana, Tom Weselman y Claes Oldenburg principalmente, reforzaron la tendencia. Todos tuvieron lenguaje propio. Warhol eliminó de la obra de arte la manualidad. Lichtenstein se apropió de las viñetas de los cómics que amplió en grandes formatos y mostró los puntos de la impresión offset. Dine pintó fondos a los que sobrepuso objetos. Oldenburg realizó, en gran formato, objetos cotidianos. Los temas pictóricos del “Pop Art” estuvieron motivados por la vida cotidiana, reflejaron las realidades de una época y reforzaron el cambio cultural. Las marcas de gaseosas, los helados, los dentríficos, las sopas, los cigarrillos y otros productos se convirtieron en la iconografía del “Pop Art”, en un ambiente en el cual la juventud que se oponía a la sociedad de consumo consumía estupefacientes, era pacifista y hacía el amor en cualquier potrero. La razón por la que pinto de este modo es porque quiero ser una máquina, decía Warhol. Richard Hamilton deseaba que el arte fuera efímero, popular, barato, producido en serie, como el espíritu de la sociedad de consumo. “Era difícil lograr una pintura suficientemente despreciable como para que nadie la colgase: todos estaban colgando todo”, decía Lichtenstein.

 

El expresionismo abstracto había llegado a tal punto de comercialización que el concepto artístico estaba en entredicho.

 

El arte Pop trató de reivindicar el valor artístico de la iconografía popular pero la sociedad de consumo también los absorbió: sus obras se convirtieron en productos de mercado tan costosos como los anteriores.

 

Después de su primera exposición en Bogotá, Amaral trabajó dibujos de temática erótica en la que mostró el espíritu de liberación de la generación Beat y el espíritu erótico del hippismo.

 

La contracultura californiana fue el movimiento de rebeldía que gestó una juventud desencantada de una sociedad hipócrita y desalmada a la que sólo le interesaba la guerra, el poder, el dinero y la farsa. No eran racistas ni odiaban a los extranjeros.

 

El blanco, inglés e irlandés, había gestado la muerte de 45 millones de negros. El Ku Klux Klan, un movimiento de asesinos encapuchados, eliminaba negros por el sólo hecho de ser negros. Luego se quitaban las faldas y las capuchas que cubrían sus rostros, se maquillaban y se disfrazaban de honorables jueces. John Fitsgerald Kennedy, quien había sido elegido presidente con el apoyo de los negros, había sido asesinado el 22 de noviembre de 1963. Martin Luther King, pastor protestante que defendía a los negros, también había caído bajo las balas asesinas. Los negros se revelaron: en las olimpiadas, cuando eran premiados por correr, saltar y pelear mejor que los blancos, para exaltar el poder negro, levantaban su mano izquierda forrada en un guante negro.

 

Los muchachos se amaban en los parques, fumaban marihuana para viajar por un mundo más irreal y más bello, tomaban ácido, o LSD 25, para modificar la percepción, volar como balas silenciosas y sin destino y evadirse de una realidad que los apabullaba.

 

No veían televisión, realizaban happenings en los que destrozaban los televisores a martillazos. A sus padres les decían: sigan emborrachándose y vivan su puta vida. No nos obliguen a ser como ustedes, llenos de propiedades materiales, trabajadores y egoístas. Déjennos vivir nuestra vida, no nos molesten, déjennos ser libres y no nos obliguen a matarnos en guerras donde no nos han llamado, y menos a defender los intereses de unos políticos de mierda a quienes no respetamos. No nos amen, no necesitamos de su amor pues ustedes lo único que paren es odio. No somos revolucionarios, solo evolucionamos y queremos vivir más cerca de nuestra madre naturaleza, la única que nos da y nos quita. El trabajo para la mierda. El consumo también. Ya no somos los autómatas que consumimos nuestra vida viajando del trabajo a la casa y de la casa al trabajo.

 

Los primeros hippies se establecieron en San Francisco. Se prendían la cabeza con marihuana, LSD o peyote, se sintonizaban con su interior, percibían las energías sin traumas, de frescura, y abandonaban el estilo de vida de la sociedad norteamericana. Usaban el cabello largo, las muchachas usaban vestidos largos y floreados con botas en invierno y sandalias en verano, los muchachos usaban bluyines y camisas floreadas. Eran los niños de las flores. En la Universidad de Stanford, en una mañana de mayo en la niñez de Hofman en un camino del bosque de Martin al norte de Baden Suiza, su espíritu vislumbró entre los espesos y frondosos árboles una luz clara que invadía el lugar y que empezaba a ser su nuevo lente para fundir su mirada con las siluetas de aquel lugar recorrido tantas veces, pero hasta ahora revelado de esa forma mágica.

 

Junto con ese luminoso hechizo, lo invadía un profundo sentimiento de felicidad, seguridad y pertenencia a la tierra, estado totalmente místico e inexplicable, que sembró en Hofmann la inquietud de saber cómo lograría comunicar y transmitirle a los otros lo que había descubierto en aquella experiencia alucinante de su niñez. Sin ser dado a la poesía o a la pintura, artes que pensó podrían ayudarle a transmitir lo que sintió aquella mañana, Hofmann con el paso del tiempo pudo encontrar en la química su profesión y pasión, la forma de develar aquel secreto que la naturaleza con la que tenía tan profunda conexión, le había encomendado.

 

De su exploración entre los secretos de diferentes plantas, surge el descubrimiento de la dietilamida del ácido lisérgico o LSD, sintetizada por primera vez en 1938, descubrimiento psicofarmacológico más importante en estas décadas, que tuvo lugar en los laboratorios Sandoz en el que ingresó a trabajar en el año 1929, el cual fue más cuestión del azar, ya que Hofmann lo absorbió inadvertidamente, para luego darse un paseo en bicicleta, un paseo que termino siendo dirigido en la vía de muchos secretos alucinados.

 

El LSD pasó a ser objeto de pasión e investigación por parte de Ernst Jünger, Aldous Huxley y por parte de la ciencia, la biología, la medicina y la psiquiatría, de la misma forma que fue una herramienta para algunos psicoanalistas y psicoterapeutas de la época, que encontraron en el LSD una manera en la que el paciente pudiera llegar a tener conciencia de sus problemas en su verdadera significación.

 

Espiritualmente, para Albert Hofmann el uso de ésta sustancia genera la posibilidad visionaria de percepción por parte de la consciencia de una realidad totalizadora en la que el hombre, la naturaleza y toda la creación forman una sola unidad, permitiendo así un reconocimiento distinto del yo que la percibe. con el exterior.

 

Los orígenes de esta dimensión espiritual del Ácido Lisérgico, Hofmann la sitúa en el centro espiritual más importante de la antigüedad Griega, el Eleusis, el cual reunía los misterios y secretos de la diosa Démeter, diosa del grano y de la comprensión de los orígenes de la vida, de su final y devenir. En este templo se le daba a sus adeptos, luego de un tiempo de preparación una bebida sagrada, reveladora del alma cósmica. La hipótesis de Hofmann, es que ésta bebida provenía del grano del centeno, el cual se cultivaba cerca de Eleusis y de todo el mediterráneo; este visionario junto con Wasson y Ruck, descubrieron que el grano del centeno tiene sustancias muy cercanas al LSD, el cual probablemente se mezclaba en la bebida sagrada del Eleusis.

 

El significado entonces de psicodelia, psico (gr. Alma-mente-espíritu) /delia (gr. visible), viene a ser entonces relativo a la manifestación de elementos psíquicos del alma, que normalmente están ocultos y que a través de ciertas bebidas, sustancias o estados mentales son reveladas. De allí que para el creador del LSD, esta sustancia que conduce a estados elevados de conciencia, a estados de iluminación, debe ser usada con respeto preparación y respeto, como la bebida sagrada del Eleusis, ya que a través de ella se experimenta una vivencia distinta del mundo y del propio yo, adentrándose en la creación; iluminación que también se alcanza a través de la meditación, del yoga y demás prácticas.

 

Así el Ácido Lisérgico, fue creado para ser usado con preparación, conocimiento y responsabilidad, más no para crear estragos en las conciencias de los no iniciados, que en medio del consumo compulsivo y del comercio irresponsable de esta sustancia, ha sabido dejar a más de uno sin norte y sin sur y con la conciencia dislocada en medio de alucinaciones ausentes.

 

Como es el caso de Syd Barret, un bitnik, creador de Pink Floyd una de las bandas psicodélicas más fuertes de la época, escritor, pintor, poeta, guitarrista y compositor, quien a raíz del consumo desacerbado de LSD y demás drogas, se quedo en el limbo de la inconsciencia perdiendo el norte de su mismidad y de la posibilidad de conexión coherente con el exterior.

 

Syd, luego de darle un toque muy particular a la banda en sus primeros álbumes, hacia mayo de 1967, empezó a ser protagonista de los efectos que generaba la toma frecuente de LSD, hacia el lanzamiento del álbum “See Emily Play”, se empieza a hacer evidente que Syd se iba ausentando tanto física como psicológicamente, al punto de que sus compañeros como David Gilmour, luego de varios meses sin verlo no le reconociera, había cambiado completamente, habida dejado de estar en este plano y como decía Roger Waters, “sus ojos eran agujeros negros” que miraban sin ver y sin anclarse con el exterior.

 

Sus compañeros de Pink Floyd le compusieron la canción “Shine on your Crazy Diamond” y produjeron el álbum y la película “The Wall”, en la cual la locura, la ausencia y las alucinaciones de Syd eran la inspiración de su protagonista, una especie de homenaje a un diamante loco lleno de creatividad y mundos más que paralelos, lejanos e inconexos.

 

En Berkeley, la Universidad de California, Mario Savio lideraba el free speech movement, movimiento de la libre expresión que involucró la libertad verbal, y sexual.

 

Thimothy Leary en compañía del psicólogo Albert crearon la Federación Internacional para la Libertad Interior. Se pensaba que el LSD curaba la esquizofrenia y el alcoholismo.

 

Pensaron que era la llave que abría el inconsciente. Cuando muchos de los viajeros sufrieron persecuciones paranoides y no pudieron aterrizar de nuevo a la realidad, lo declararon ilegal.

 

El precio subió, el consumo aumentó y el negocio mejoró. John Lennon confesó que todas sus canciones fueron escritas en ácido. Lucy in the sky with diamonds cuenta la historia del sargento Pimienta y es la cúspide de la percepción del espíritu hippie.

 

En la guerra de Vietnam murieron 550 mil muchachos del ejército norteamericano. Algunos se revelaron y no quisieron ir a que los mataran o a matar sin fundamento. Cassius Clay, el campeón mundial de boxeo de los pesos pesados fue despojado de su título y encarcelado por desobedecer las órdenes del establecimiento.

 

Entre 1965 y 1969 cayeron sobre Vietnam más bombas que las que destruyeron a Alemania en la II guerra mundial. Los niños quemados con Napalm se robaron las portadas de diarios y revistas de todo el mundo. Mataron ancianos y niños, arrasaron con las aldeas, destruyeron las selvas con desfoliadores químicos, sembraron minas por doquier, mataron tres millones de vietnamitas, pero no pudieron derrotarlos. Desesperados, los soldados norteamericanos asesinaban a sus superiores para evitar los combates.

 

Gabriel García Márquez dice que los gringos arrojaron sobre Vietnam 14.000.000 de toneladas de bombas y “fue el castigo de fuego más feroz padecido jamás por país alguno en la historia de la humanidad (...) En los pocos años de aquel frenesí de tierra arrasada, borraron del mapa 9000 pueblos, desbarataron la red nacional de ferrocarriles, aniquilaron las obras de irrigación y drenaje, mataron novecientos mil búfalos y devastaron cien mil kilómetros cuadrados de tierra de cultivo, o sea una superficie igual a más de ciento veces la ciudad de Nueva York. Ni las escuelas ni hospitales se salvaron de esa exterminación atroz: los dos mil quinientos leprosos de la colonia de Qhynlap fueron fulminados en una sola incursión aérea con una ducha mortal de fósforo vivo (...) El saldo del delirio causaba estupor: trescientos sesenta mil mutilados de guerra, un millón de viudas, setenta mil prostitutas, cincuenta mil drogadictos, en su mayoría menores de edad, ocho mil mendigos, un millón de tuberculosos (...)

 

Gonzalo Arango, el fundador del dadaísmo, el que despertó de la bobería a la aldea colombiana, decía: “Ya los gringos tienen 50.000 bombas nucleares contra los rusos y contra nosotros, y los bolcheviques tienen otras 50.000 contra los norteamericanos y contra nosotros.

 

“La juventud mundial está asfixiada en esta era nuclear. Los viejos sistemas idealistas se han derrumbado y sus errores se han pagado con dos guerras. “Que la libertad con pan...que el pan sin libertad... que les tiramos una bomba, gringos de mierda...que nosotros les tiramos dos bolcheviques de mierda, ¡Puuummm! ¡Puuummm! ¡Pumumumunnn!...

 

¡Socorro!

 

¡Viva la revolución!

Jim Amaral

Jim Amaral

Foto: Paolo Gasparini

Allen Ginsberg

Dr. Albert Hofmann en 2006,

con 100 años

Syd Barret

Diego Arango y Nirma Zárate

Agresión del imperialismo, 1972.

Serigrafía. Taller 4 Rojo

 

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