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TEXTOS DE FERNANDO GUINARD

UN EXTRATERRESTRE INMERSO EN EL CAOS DE LA REALIDAD INEXISTENTE

 

Escribir sobre la obra de un artista integral, pintor, dibujante, escultor, narrador gráfico, ilustrador, escritor guionista, cinéfilo y lector consumado, es un despropósito, no solo por la inutilidad de la faena, sino porque, los “resortes íntimos” que catapultan el potencial expresivo de un artista son muy enigmáticos.

 

Mi intención no es escribir o explicar lo inexplicable, sobre todo tratándose de la obra y del espíritu culto, refinado inquieto y curioso de mi amigo y maestro Fernando Maldonado, con quien he compartido, desde los tiempos del paleolítico, una amistad de la cual he aprendido cómo son los sueños de un demiurgo.

 

Con sentido del humor bien sabroso y con un espíritu crítico que disecciona contundentemente el cadáver de las prácticas artísticas contemporáneas, he descubierto el lugar común donde esta camuflada la verborrea teórica que minimiza el espíritu revolucionario de Duchamp y Beuys.

 

No son muchos los amigos que han cumplido la función de ser maestros del arte y de la vida. Uno de ellos fue el maestro Augusto Rivera Garcés, quien partió para otra dimensión en 1982, después de beberse la vida de un sorbo, quien me enseñó a no tragar entero las mentiras que fabrica el establecimiento: Decía: “toda pintura es un abstracción de la realidad”, y citaba constantemente al Martín Fierro de José Hernández: “Lo que pinta este pincel, ni el tiempo lo ha de borrar, no pinta el que tiene ganas sino el que sabe pintar”.

 

Maldonado es un pintor, no se cree artista, en este país quien no se cree artista se cree importante, por eso hay pocos pintores y muchos artistas patrocinados que repiten como guacamayas ideas que no son propias.

 

Maldonado no es de ningún país ni practica dogmas que coarten la libertad. Ha escrito cartas a Duchamp donde exalta su espíritu revolucionario y su ingenio, pero al mismo tiempo le ha comunicado que considera el arte conceptual como un “débil ejercicio de la voluntad” debido a la horda dudosa de seguidores que carecen del espíritu del maestro.

 

Sin embargo, Maldonado deconstruye y descontextualiza. Sus pinturas con escenas de la anunciación, transcienden el efecto propagandístico y embrutecedor de la dogmatica religiosa, elevan la narración a una realidad paralela donde el enigma circula en atmósferas mutantes.

 

En las pinturas eróticas hay escenas de erotismo desenfrenado, en otras el erotismo sugiere y profetiza coitos multiorgásmicos, en otras se observan escenas íntimas de performancistas solitarias, en ambientes decorados con papeles de colgadura y tapetes que representan pinturas descontextualizadas realizadas por genios de diferentes ismos. “No me gusta el mundo como es, así que lo reconstruyo a mi manera”.

 

Como apropiacionista del espíritu de Borges y de los embrujos de los chamanes, con los pies bien puestos sobre la tierra pero levitando en un mundo paralelo, Maldonado ha pintado escenas, de inverosímiles perspectivas, con personajes extraídos de sus sueños, que no son otra cosa que los sueños de un pintor que existe sólo en los sueños de un loco que cada noche es soñado por un soñador pletórico de embrujos.

 

Siempre me han gustado las extraterrestres. Me enamoré de una princesa intergaláctica. Maldonado también se enamoró de ella. La princesa, con su carita cubierta de lascivia y sus labios entreabiertos, le decía al maestro Maldonado que su pintura no era de este mundo. Se fueron y me dejaron con los crespos hechos. Yo, de todos modos, también la amé. Para eso sirve la imaginación. Y por eso se comparten los sueños con los amigos.

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