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TEXTOS DE FERNANDO GUINARD

LGBTI

 

La sigla LGBT designa a comunidades de lesbianas, gais o gays, bisexuales y transexuales, culturas basadas en la sexualidad y la identidad de género y se aplica a quienes no son heterosexuales. Una variante incluye la letra Q de queer y la sigla es LGBTQ que incluye a los pansexuales e intersexuales. Algunos intersexuales desean pertenecer a grupos LGBT y sugieren LGBTI.

 

Algunos piensan que las causas de los transgéneros y transexuales no son las mismas que las de los homosexuales y bisexuales. Este argumento se centra en la idea de que las personas transgénero y la transexualidad tiene que ver con la identidad de género o con el hecho de sentirse hombre o mujer, no con la orientación sexual. En cambio, los temas de los LGB son percibidos como un asunto de orientación sexual o de atracción, no de identidad.

 

«Queer» tiene muchas connotaciones negativas para las personas mayores, que recuerdan el uso de la palabra como un insulto y una provocación. Muchos entienden que la palabra «queer» tiene más carga política que «LGBT».

 

En la segunda mitad del siglo XIX la sodomía era considerada un delito en la mayoría de los países occidentales y sus colonias, sólo estaba despenalizada en los países que habían seguido el ejemplo del código penal francés que consideró delitos solo aquellos comportamientos que perjudicaran a un tercero.

 

En Europa estas excepciones fueron además de Francia, España, Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal, Italia y Baviera (antes de la formación del imperio alemán), y en América Brasil, México, Guatemala y Argentina. En el resto de países los homosexuales sufrían penas entre 5 y 10 años de prisión, y en algunos países cadena perpetua y la pena de muerte.

 

La pederastia idealizada por los griegos era una relación entre adolescentes y adultos. Era una tradición aristocrática educativa y de formación moral que consideraban esencial en su cultura.

 

Los disturbios de Stonewall producidos en el Greenwich Village en protesta por el acoso policial a la comunidad gay de Nueva York fue la piedra angular de la lucha a favor los derechos civiles de los homosexuales de todo el mundo. Se desencadenaron el 28 de junio de 1969 como reacción a una redada policial en el bar de ambiente gay, el Stonewall Inn, que se extendió a las calles adyacentes durante tres días. Fue la primera vez que la comunidad homosexual se enfrentaba de forma contundente contra las fuerzas policiales, y causaron gran conmoción en la comunidad.

 

Con objeto de conmemorar el primer aniversario de la revuelta de Stonewall se organizó una manifestación pacífica desde Greenwich Village hasta el Central Park con la participación de 10.000 personas. Desde entonces y hasta hoy, la mayor parte de las festividades del Orgullo gay se celebran alrededor de esta fecha.

 

El éxito y consecuencias de los disturbios de Stonewall se debieron al cambio de mentalidad. En la mayor parte de Europa y América se ha despenalizado la homosexualidad. En Estados Unidos el tribunal Supremo derogó las leyes de sodomía que persistían en 2003. Ahora se han reconocido las uniones civiles y el matrimonio entre personas del mismo sexo para equiparar los derechos con los de las parejas heterosexuales que hacen referencia a la seguridad social del cónyuge y a las herencias.

 

BDSM

 

Cuando hay violencia, sexo extremo y dominación sin consentimiento previo el BDSM es un viaje a los cimientos de un mundo impío, atroz y a veces letal. Placer equívoco y sufrimiento equívoco.

 

BDSM es una sigla formada con las iniciales de las siguientes palabras de prácticas y fantasías eróticas conocidas como sexualidades no convencionales o alternativas: Bondage; Disciplina y Dominación; Sumisión y Sadismo; y Masoquismo.

 

Como práctica erótica el BDSM se apoya siempre en el consenso y complicidad de los participantes y se distingue radicalmente del sadismo criminal.

 

En todas las actividades enmarcadas en el BDSM son consensuadas porque los participantes están de acuerdo sobre la forma y voltaje con que se realicen para construir de forma voluntaria, relaciones de placer mutuo; sensatas en lo que se refiere a la capacidad razonable de decisión de los actores no alteradas con drogas o bebidas y que se puede rescindir en cualquier momento; seguras con marcado traspaso de poderes donde uno es el dominante y otra el sumiso.

 

La ética del BDSM prefija que en todo momento la parte dominante respetará los deseos del sumiso e interrumpirá la actividad. Quienes ejercen los dos roles se conocen como activistas switch.

 

Los tutores son aquellos que inician a los novatos sumisos. Los maestros son aquellos que enseñan a la perfección a los sumisos quienes los exaltan por su maestría; y los amos o dominantes que tienen su harén de sumisos que también se conocen como esclavos pero sin ninguna escena de violación sino más bien de amor.

 

El metaconsenso es una forma evolucionada de consenso, propia de algunas relaciones BDSM muy avanzadas en el mutuo conocimiento y donde se producen situaciones de profunda confianza entre la parte sumisa y su dominante, además de suponer una amplia experiencia por parte de esta última.

 

En dichas relaciones, la parte sumisa manifiesta explícitamente que no desea asumir la responsabilidad de interrumpir la sesión en el caso de sentir que ésta supera sus límites o su capacidad, sino que desea que sea la parte dominante quien tome esa responsabilidad y decida en todo momento al respecto.

 

Cristianos practicantes y militantes, agnósticos y de otras sectas religiosas o ateas asisten a estas ceremonias encaramadas en tacones de aguja de 15 centímetros de altura que se quitan para practicar el bondage o practica de amarres sobre el cuerpo con fines estéticos o sexuales en las que se inmoviliza a la persona pasiva. También el bondage incluye la inmovilización con esposas, cadenas, cabuyas.

 

Los floggers o pequeños látigos de colas, las varas finas, las fustas, se emplean en los rituales de flagelación que también pueden ser con las manos abiertas y en especial en las nalgas o en las piernas, tórax y senos.

 

Una sesión durante un ritual Dominante – sumiso puede prolongarse muchas horas e incluye bondage, disciplina, fetichismo, suspensiones, sexo explícito, uso del binomio placer-dolor, etc. El fetichismo es el uso de símbolos o fetiches a los que se les asocia, por parte de quien lo practica, un valor especial, más allá de su uso cotidiano o de su valor intrínseco. Puede ser una figura religiosa que lleva consigo para protegerse de los accidentes o una prenda que trae la buena suerte o unas medias de malla posadas sobre unas piernas femeninas, que despiertan en quien las contempla una fuerte motivación erótica.

 

Hay juegos en los que se asumen diferentes roles sociales o de género a través de fetiches la condición dominante y sumisa que incorporan elementos al vestuario que refuerzan la intencionalidad de control y entrega. Uno de los juegos de rol más comunes es el de feminización, situación en la cual la mujer dominante obliga al Dominado a vestir atuendos y maquillaje femenino.

 

El concepto de juego es muy usual en una parte importante de la comunidad BDSM. Se trata de personas que consideran las prácticas relacionadas con su afición como algo de contenido, forma y fondo eminentemente lúdico-sexual, escénico.

 

Hay otros que representan papeles dentro de escenografías de pares complementarios: maestroalumna, cuidador-mascota, enfermera- paciente, amo-esclava, etc. Hay otros como los juegos de edad o Age play, Adulto/a o Cuidador/a y bebé, y otros. Un elemento esencial de este tipo de relación es el EPE (Erotic Power Exchange o Intercambio Erótico de Poder). Este tipo de fantasías escenifican en la práctica una situación no-igualitaria como elemento de juego sexual, pero se enmarcan en relaciones que suelen ser más igualitarias (fuera del juego) que muchas otras del resto de la sociedad.

 

Durante la sesión (o más bien, en este caso, durante el juego) los practicantes actúan siguiendo los modelos de comportamiento supuestos en el personaje que interpretan: si se trata de un rol cuidador-mascota, aquel utilizará el lenguaje propio de quien habla cariñosamente (o con enfado) con su mascota, mientras que quien se atribuye este último papel, imitará en parte los movimientos, comportamientos e incluso sonidos de dicha mascota. Al finalizar la sesión, la pareja recobra su relación habitual.

 

Algunas parejas dentro de la comunidad BDSM enmarcan su relación basándose en las estructuras de poder configuradas en el llamado Intercambio Erótico de Poder. La forma más extrema de este tipo de relación sería la denominada 24/7, donde la pareja (generalmente en los roles Amo/a-sumiso/a) extiende la escenificación de su vivencia hasta la totalidad del tiempo disponible, es decir, como si vivieran permanentemente (24 horas al día, siete días a la semana) en la situación escenificada.

 

La importancia del sexo (entendido como sexo directo) en las prácticas BDSM es variada. Coexisten en la comunidad dos tipos de sensibilidades hacia la cuestión. Por un lado aquellos que opinan que el BDSM es algo que trasciende lo directamente sexual y no precisa de su concurso, y por otro quienes lo consideran una parte no ya importante, sino insustituible de la vivencia BDSM.

 

La poliarmonía es un concepto derivado y relacionado con el poliamor, un estado donde coexisten más de una relación íntima y simultánea, con el pleno consentimiento y conocimiento de todas las partes involucradas, en el cual se enfatiza las esencias de sinceridad y compromiso. Pero a diferencia de esta última, la poliarmonía pone el énfasis en el mantenimiento armónico de una relación constituida por una persona dominante, y dos o más que desarrollan el rol sumiso.

 

En el BDSM, por su fuerte implicación con el sexo, se encuentran también una serie de ofertas de servicios contra pago, por las que una mujer (generalmente) ofrece determinado tipo de servicios relacionados con las prácticas del BDSM, en el rol de Lady, Dómina o Dominatrix (en un 95 % de los casos) o en el de sumisa (muy infrecuentemente). Mucho menos frecuente es la oferta de servicios de varones tipo “dominante” o “sumiso”, y casi siempre relacionados con la homosexualidad masculina. En todos los casos anteriores se dan las premisas de la prostitución especializada: acuerdo previo sobre el precio y delimitación de los servicios que se ofrecen. No siempre se incluye el sexo penetrativo en ellos, incluso esto es poco frecuente en el tipo más conocido (el de las dominatrix), en el que -caso de solicitarlo el cliente- a veces se encomienda dicho servicio, sustitutoriamente, a otra profesional que actúa como doncella o sumisa de la primera. Las actividades se suelen desarrollar en los llamados estudios, con mayor o menor acondicionamiento estético-fetichista. Los no-profesionales prefieren para esos lugares la denominación de mazmorra o sala de juego.

 

La sensibilidad de la comunidad BDSM hacia la llamada dominación profesional oscila entre la comprensión, la aceptación forzada, el rechazo y la adoración.

 

Cuando un sumiso se coloca un collar entrega su corazón, su cuerpo, su mente y su alma.

 

Las activistas usan ropa de látex, cuero, vinilo, y elementos fetichistas como corsés, medias de rejilla, ligueros, botas o zapatos de tacón alto, collares y medallones como señales de código estricto. Los heterosexuales pantalones y camisas negras de seda o cuero.

 

El colectivo BDSM ha recorrido un complejo camino desde la ilegalidad ribeteada de leyes punitivas, hasta el estatus actual de “un poco locos pero no peligrosos”.

 

Como todo grupo cultural con identidad propia, la comunidad BDSM desarrolla sistemas de comunicación directa, en forma de clubes, fiestas privadas o públicas, pubs, asociaciones y federaciones, etc. Internet es un buen cómplice en la difusión del conocimiento del BDSM y como medio de relación entre personas a través de foros, canales de chat, grupos, redes sociales y blogs personales.

Bandera LGBTI

Bandera LGBTI

Umberto Giangrandi

La doce, 1979. Serigrafía, 76 x 56 cm

Bandera del orgullo leather.

Katt Domínguez, Lina Durán, Karen Luna y Oscar David Tamayo.

En un evento de BDSM, Bogotá, 2013

Foto: Fernando Guinard

 

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