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 ReVista OjOs.com     OCTUBRE DE 2013

VENUS DEL MaReA  /   SATANIA RAMÍREZ

SATANIA RAMÍREZ

 

Fotografía de Fernando Guinard

 

El espíritu Erótico

 

El arte me apasiona, me genera emociones indescriptibles, me hace encontrar belleza en lo horroroso. El arte puede llegar a ser sublime y en definitiva el arte que más me divierte y me hace sentir viva es el del sexo y por eso lo llevo conmigo a donde quiera que vaya.

 

Creo en el placer del sexo con fervor absurdo.

 

Una vagina que nunca es lamida, acariciada, explorada y penetrada es mustia.

 

La mía es alegre y colorida.

 

Cuando se habla de sexo es con circunloquios y tabúes, pero en realidad lo que se liga al sexo es la libertad, el placer, la curiosidad y el erotismo.

 

Un cuerpo desnudo deslumbra belleza extrema.

 

Dos cuerpos desnudos, cómplices, jadeantes, danzan a la medida del deseo y al ritmo de fluidos que brotan incluso como una candorosa obra de arte.

 

El arte me apasiona, me genera emociones indescriptibles, me hace encontrar belleza en lo horroroso. El arte puede llegar a ser sublime y en definitiva el arte que más me divierte y me hace sentir viva es el del sexo y por eso lo llevo conmigo a donde quiera que vaya.

 

El pudor es superfluo y en mi caso es una reminiscencia que en buena hora perdí.  Apisonadora invisible que alguna vez tuve sobre mi pecho pero desapareció sin dejarme compungida.

 

El arte del sexo sin pudor alguno no es displicente ni escamado, es más bien variado y majestuoso, folclórico y sombrío, dulce y salvaje, un cianuro que mata pero que conlleva a habitar en nuevos y desconocidos universos. Siento gran conmiseración hacia aquellos que tienen pudor y sienten gran recelo a todo lo relacionado con el arte del sexo. Han de ser seres lacios, apopléticos, arredrados (ya sea por Dios o por la sociedad), que tienen ratos de placer lacónicos y aburridos, seres crédulos y con mentalidades estropiciadas.

 

Somos seres vivos y nuestros cuerpos no sólo nos son útiles para mear, cagar y tragar. También tenemos agujeros, orificios y miembros que gritan con ansía que desean y esperan ardientemente ser explorados y usados, que quieren zambullirse en un frenesí cálido de pasión.

 

Las posibilidades son y serán siempre amplias y más cuando de sexualidad se trata. Personalmente me agradan los prostíbulos, y ya que estoy tocando este tema aprovecho para decir que así como la iglesia es considerada como un templo, el cuerpo también lo es, así como las iglesias cobran la entrada a dicho templo a escuchar la palabra del señor (aunque le pongan otros nombres) muchas mujeres e incluso hombres también cobran la entrada y el uso de su templo. Asocio a las iglesias con la prostitución y me parece más sensata y coherente la segunda. En los prostíbulos siempre se encuentran buenas historias,  los personajes crecen y se desarrollan, es posible verlos como sacan a relucir su lado más oscuro. Senos de todos los tamaños, traseros de diversas proporciones y vaginas exploradas incansablemente es lo que me atrae de los prostíbulos.

 

Me gustan los ambientes diferentes, que brinden nuevas experiencias, ya sean buenas o malas, pero es que conocer lo desconocido es excitante. Experimentar no sólo consiste en hacer. Muchas veces observar y analizar es más instructivo que participar.

 

Me gusta el sexo variado, me agrada conocerme y conocer otros cuerpos en todas las facetas posibles. Es como un juego de placeres incontrolables en donde se pueden interpretar infinidad de personajes que se desenvuelven en incontables situaciones. Disfraces, accesorios, juguetes y maquillaje adecuado son algunas de las cosas que me gusta utilizar para complacerme y complacer.

 

Uno de los placeres más exquisitos es comer, pero cuando el comer y el sexo se unen, un squirt es el resultado mínimo. El sexo en la ducha también es de mis favoritos aunque el orgasmo se confunda con el agua.

 

Muchas de mis fantasías incluyen homosexuales y travestis debido a que la naturaleza es tan condescendiente que siempre ofrece opciones y hay muchas que me gustaría probar.

 

Mis gustos y pasiones son diversos aunque muy arraigados y el erotismo logra generar en mí un impacto fuerte. Soy una mujer a la que le gusta jugar y disfrutar y tengo muy claro que mi función en este mundo no es complacer sin que me complazcan, tampoco es seguir órdenes ni estar en función del placer y demás deseos  masculinos. Disfrutar del sexo es algo que no todas las mujeres logran con facilidad porque están más atentas de cómo pueden ser excluidas y señaladas por la sociedad, que en realidad pasan por este mundo sin descubrir el verdadero éxtasis del sexo. Un texto de la brasileña Claudia Regina dice: “Mientras usted, hombre, comparaba su pene con el de sus amiguitos, a mí, mujer, me enseñaban que masturbarse era muy feo y que si usaba faldas cortas no me estaba dando a respetar. ¿Cuánto tiempo me demoré para librarme de la represión sexual y convertirme en una mujer que le gusta tirar? ¿Cuánto tiempo me demoré para soltarme en la cama y conseguir venirme, mientras varias de mis compañeras continúan preocupándose por si su pareja está viendo la celulitis o el gordito de la cintura y por eso no consiguen llegar al orgasmo? ¿Cuánto tiempo demoré para conseguir mirar una verga y tirar con la luz prendida? ¿Cuántas veces escuché mientras manejaba un “tenía que ser mujer”? ¿Cuántas veces usted cerró a alguien y escuchó “tenía que ser hombre”? Todo eso para, al final del día, ir a cenar a un restaurante y no recibir la cuenta cuando yo la pido, pues desde hace 5 mil años soy considerada incapaz. Y todo eso ¡Coño!, para escuchar que estoy exagerando, que ya no existe el machismo”. Me entristece que muchas mujeres continúen siendo unas machistas en la cama, me resulta bochornoso además de ser una vergüenza para mi género pero como buena representante que soy del mismo doy el mejor de los ejemplos y por eso escogí la ReVista OjOs.com para dar mi punto de vista sin reatos ni censura.

 

Agradezco a los precursores de este hermoso proyecto del que pude ser parte. Me siento muy feliz de que en una sociedad en la que no se tienen las bases culturales para distinguir entre el arte y la pornografía todavía existan personas que hacen la diferencia.

 

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