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COLABORADORES / PEDRO PAUNERO

 ReVista OjOs.com      JUNIO DE 2016

ENCADENADOS

 

 

En ese restaurante de las mil columnas de bambú que sostenían el ennegrecido segundo piso, en una atmósfera de nieblas de tabaco y vapores de vino sagrado derramado, yo me sentaba al fondo, desde dónde podía ver a quienes llegaban con curiosidad discreta, en soledad, y entre las sombras, ante una taza de té verde encerrado en paredes de porcelana azul.

 

Una tarde llegó un hombre triste, envuelto en seda, que caminaba despacio y con cinco fantasmas de mujeres que le rodeaban, como atormentándolo. Llamé al mesero y le pregunté al oído qué significaba tal portento que tenía lugar ante mí, pues el hombre se había sentado al frente, en otro lugar discreto y los fantasmas flotaban lentos, como hojas en agua calma, a su alrededor.

 

-¡Es una historia triste y conocida -dijo el mesero, en voz baja-, ellas son sus esposas, dicen que todas murieron por causas distintas pero, al final, por una sola: su indiferencia, y ahora le acompañan siempre, para recordárselo!

 

Otro día, mientras meditaba en asuntos del corazón ante la misma taza, la misma mesa, el mismo sitio, entró un hombre a quien acompañaba una mujer bellísima y de rasgos delicados, como una garza que pesca en la ribera de un río en verano y a través de ella podían verse todas las cosas que estaban más allá: el muro del fondo, las mesas, los clientes y meseros y los recuerdos atrapados en sus ojos de miel hirviente. Llamé al mesero y le pregunté el significado de aquello:

 

-¡Ah, es otra historia triste y hermosa, muy conocida -explicó lentamente, saboreando las palabras-, ese hombre amó intensamente a esa mujer, fue el amor de su vida y se la consagró pero ella siempre desdeñó su sinceridad, pues amó a otro que a su vez le engañó y la asesinó! Los dioses le hicieron ver su error y la condenaron a vagar a su lado, ahora que le ama, ya muerta y que no es más que un espectro hecho de aire...

 

Ella llora y se desgarra, pidiendo perdón, diciéndole "te amo, te amo, mírame", pero él no puede verla, solo el resto de la humanidad. Un día él encontrará un amor sincero, a quien amará por siempre, será entonces el máximo tormento para ella pero permanecerá castigada y atada a él, para que sea testigo de cómo y cuánto ama y que fue lo que perdió.

 

El hombre y la espectro se sentaron frente a mí, él levantó los ojos y los míos los encontraron, en un atisbo de eternidad, en un guiño al absoluto, supimos; él caminó hacia mi mesa y mis pechos se agitaron, respiré suspendida en el vacío... y él me tomó en la caída, mientras el espectro de ella desgarraba su carne de aire gelatinoso y lloraba...

 

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Pedro Paunero


(México, 1973) Narrador y ensayista nacido en Tuxpan, Veracruz. Parte de su obra ha sido traducida al catalán y al inglés y ha ganado algunos premios en el género del cuento corto. Como biólogo terrestre y como Pedro Paunero, ha ejercido el activismo en el área de la ecología como Director de una asociación civil ambientalista y blogger para la Fundación Bertelsmann de Alemania). Colabora con la revista Hontanar en Español de Australia. Ha  realizado crítica de cine para la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la web CorreCámara.com y la revista Cine Toma, de arte (en el terreno de la pintura, el grabado, la fotografía y el vídeo), como performer y conductor de T. V.

Ha trabajado como “freelance” para el IMCINE, el INAH y Europa Cinemas.

Su obra literaria erótica se ha comparado, a veces, a la de Jean Genet y Céline.

A partir de este número inicia su vinculación, con sus relatos eróticos, gracias a la sutil insinuación de una nínfula mexicana a quien trasnocha con sus exquisitos relatos de contenido erótico.

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