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 ReVista OjOs.com      AGOSTO DE 2015

COLABORADORES / PEDRO PAUNERO

LA MAÑANA DE TROYA

 

En lo alto, Ilión aún parecía inexpugnable y varias hogueras ardían sobre la amplia extensión del campo enrojecido. Alguien había dado la orden de recoger todos los cuerpos de las amazonas y ponerlos juntos sobre un promontorio. Los aqueos podían, de esta forma, contemplar la belleza absoluta de estas mujeres, caídas todas, pero envueltas en gloria y sangre como corresponde a los seres que avanzan sin temor a su destino.

 

Evandra tenía los ojos azules pero no podía mirar el cielo que reflejaban. Podarces se acercó y con dos dedos que temblaban bajó sus párpados, por un instante se congeló en la mañana calurosa, un ave giraba en las nubes y en la curva superficie del ojo de la muerta. Luego se llevó el dedo a su propio ojo y dejó caer una lágrima a la arena.

 

-¡De unos ojos de mujer a un ojo de hombre que llora! ¿Te has de convertir, a la vez, en mujer o es  que amas insensatamente, Podarces? – Gritó el cojo y enano Tersites  -¡Y tú, Aquiles, una vez clavada a tu lanza miraste los ojos verdes de la reina y casi caes al suelo! ¿Te has de transformar en el cojo Tersites, a quién no toleran la sinceridad de sus palabras? La pasión, pues, será tu pérdida.

 

El corazón de Aquiles sufrió una como picadura de insecto y recordó a Briseida pero no podía dejar de pensar, también, en el sobrecogimiento que la belleza de Pentesilea le causaba. Tenía algo de diosa y mucho de humana. Su olor era como de fuentes salvajes en el desierto. Fuentes deseadas tras mucho caminar y tras mucho hacer la guerra. Después fue como un rayo en el cielo despejado. Un momento antes el sarnoso Tersites estaba vivo y al siguiente yacía clavado a la arena por la lanza del hijo de Tetis. Y así habló el Pelida:

 

-Separen el cuerpo de Pentesilea a quien habré de sepultar con mis propias manos –Miró las orillas del Escamandro y también lloró. Después miró hacia Ilión y se recompuso.

 

-Todos hemos sido heridos no sólo por lanzas sino por los dardos de Eros, el más astuto y juerguista de los dioses. Ese demonio alado… -El Pelida cerró el puño- Tú lo sabes, Meríones amigo mío, campeón del lanzamiento de jabalina pero perdedor ante sus aguijones.

 

Habló entonces Meríones el cretense, quien también había amado a Helena.

 

-¿Qué es más fácil de conquistar, Aquiles, el corazón de una mujer o una ciudad?

 

 Aquiles no lo pensó mucho. Señaló Ilión y gritó en la mañana agitada:

 

-¡Mirad Troya y recordad a Helena! Entregó su corazón fácilmente a Paris pero nos ha costado diez años tomar la ciudad tras cuyos muros se esconde y se acuesta en lecho ajeno.

 

Se acercó entonces Áyax el Menor quien había dado muerte a Derinoe.

 

-Contemplad a la mujer cuya vida he tomado. Derinoe la de ojos grises como atardecer de invierno. Su cuerpo es tan deseable aún en la muerte como bajo el sol brillando en la batalla. Era ágil como cervato. Suaves las curvas de sus caderas y tan brava como las aguas que lamen las Rocas Giras.

 

Hizo un intento de tocarle un pecho, se inclinó para eso, apenas, pero se contuvo.

 

-Aquiles, Príncipe de los Mirmidones, tú lo has dicho, por Eros o la inquieta Afrodita, todos hemos de caer.

 

A lo lejos sonaban los martillos, los cepillos suavizaban la madera y la forma de un caballo comenzaba a levantarse. Odiseo se acercaba, pasando encima de los muertos.

 

-¡Aquiles! –llamó.

 

Todos miraron y fueron a su encuentro menos Áyax que recorría el cuerpo de la amazona con los ojos. Se inclinó, acarició el pecho frío y bello como escultura de Citera y subió la mano después a su cara. Suspiró y miró el mar desplegarse en un reborde de espuma que crepitaba como vestido de novia y tuvo uno como presentimiento; luego la certeza le cubrió la cara y se tocó el sexo.

 

-La culpa no fue de Helena… -Susurró y echó a caminar por la arena.

Pedro Paunero


(México, 1973) Narrador y ensayista nacido en Tuxpan, Veracruz. Parte de su obra ha sido traducida al catalán y al inglés y ha ganado algunos premios en el género del cuento corto. Como biólogo terrestre y como Pedro Paunero, ha ejercido el activismo en el área de la ecología como Director de una asociación civil ambientalista y blogger para la Fundación Bertelsmann de Alemania). Colabora con la revista Hontanar en Español de Australia. Ha  realizado crítica de cine para la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la web CorreCámara.com y la revista Cine Toma, de arte (en el terreno de la pintura, el grabado, la fotografía y el vídeo), como performer y conductor de T. V.

Ha trabajado como “freelance” para el IMCINE, el INAH y Europa Cinemas.

Su obra literaria erótica se ha comparado, a veces, a la de Jean Genet y Céline.

A partir de este número inicia su vinculación, con sus relatos eróticos, gracias a la sutil insinuación de una nínfula mexicana a quien trasnocha con sus exquisitos relatos de contenido erótico.

 

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