(57) 319 2930843

(57) 318 3269478

 ReVista OjOs.com       AGOSTO DE 2014

COLABORADORES / PEDRO PAUNERO

CUANDO EL FALO SE VOLVIÓ FASCINANTE (1)

Para Fernando Guinard y Emilce Rivera en el Tercer Año gozoso de OjOs

 

En el principio fue el falo. Se lo sabía el Axis Mundi. Era un árbol de la vida. Era la vida. Era un eje. El eje del mundo. Todo giraba a su alrededor e incluso surgía de este. Los griegos se inclinaban ante el phallus con ceremonias gozosas, con risa y hasta con la angustia de la espera de la naturaleza fecunda y fecundante. Como dios límite, como Pan, como Artemisa, a Dionisio (detentador del phallus divino) se le recibía en la carne a través de un proceso que hoy los antropólogos y psiquiatras denominan la Teolepsia, es decir, la posesión divina. El alma humana se hace a un lado y permite que lo divino ocupe su lugar. Recibir a la musa (o abrirse a la musa, como el rapsoda Homero) es parte del mismo proceso. La Teolepsia devino en simple posesión demoníaca cuando el Gran Dios Pan fue asimilado a un vulgar demonio al que las supuestas brujas medievales adoraban, si hemos de creer en la desacreditada hipótesis de Margaret Murray que, sin embargo, aporta una serie de ideas incendiarias dignas de tomarse en cuenta. En los aquelarres las hembras de Pan-Satán se entregarían a orgías y asesinatos contrarios a la moral cristiana según sus detractores. En Grecia, con la llegada de la filosofía, Dionisio, el señor del éxtasis, dador y arrebatador de las máscaras de la percepción, de la personalidad, del arrebato del Yo hacia la vorágine del vacío en y por el sexo, fue transformándose en el dios de la tragedia, del teatro. El phallus de Dionisio adquirió carácter y estatus de mito. Ya no se trataba de una verdad asumida sin juzgarla. Ya no la visión por la visión. Para Gorgias, el primer escritor, lo que escribía adquirió característica de arte, es decir, de algo capaz de cambiar la realidad desde su factura como medio artificial. En ese nuevo tiempo, pues, los dioses ya no invaden el cuerpo de los visionarios ni de los poetas. Ya no vivía un Homero capaz de abrir su cuerpo a la musa. La belleza suprahumana de las esculturas que eran cinceladas bajo inspiración divina se torna humana con el Pathos del período helenista. Los dioses abandonan las obras humanas. Es el tiempo del hombre y su larga caída. Luego vino el cataclismo de Roma. El phallus se convirtió en Fascinatio (lo fascinante). Lo que fascina espanta. Su naturaleza es inmovilizadora. Se le mira largo tiempo de manera reverencial y con miedo. Para los romanos estaba bien visto violar a las mujeres no casadas y a los esclavos. En Grecia “ser pasivo” implicaba dejarse someter al falo, ser “femenino”, aún siendo varón, cuando se tenía la edad de un niño sin vello en el cuerpo. En Roma, en cambio, un varón de cualquier edad pero libre no podía ser tocado. Lo fascinatio deviene así en instrumento que funda el imperio. Lo fascinante domina lo bajo, a los esclavos y a lo femenino. Una mujer romana preñada de su marido podía acostarse con quien quisiera pues la semilla ya había sido implantada. Marcial entonces pudo decir:

 

“Quiero una chica fácil, que se entregue delante de mí a mi joven esclavo y que por sí sola haga gozar a tres a la vez. En cuanto a la que habla fuerte (grandia verba sonantem), que vaya a hacerse azotar por la verga de un imbécil de Burdeos (mentula crassae Burdigalae)”.

 

“Quiero una chica fácil, que se entregue delante de mí a mi joven esclavo y que por sí sola haga gozar a tres a la vez. En cuanto a la que habla fuerte (grandia verba sonantem), que vaya a hacerse azotar por la verga de un imbécil de Burdeos (mentula crassae Burdigalae)”.

 

Cuando llega Ovidio, a inicios del Imperio, la sociedad lee ávidamente su Ars Amatoria dónde exige la voluptas (el placer) recíproco entre hombres y mujeres: Odi concubitus qui non utrurnque resoluunt (“Odio los abrazos en que uno y otro no se entregan”) y añade: Officium faciat nulla paella mihi (“No quiero servicio en una mujer”). La sociedad romana se sacude. Augusto, el hipócrita, fingió no leer la obra y condenó a Ovidio al exilio, dónde moriría en las riberas del Danubio. Las feministas deberían reivindicarlo como un gran feminista avant la letre. Julia, la libertina hija de Augusto que había leído también a Ovidio, cae bajo la casta ley de su propio padre. Es desterrada. Moriría como Ovidio, lejos de Roma.

 

Las virtudes romanas se levantaban sobre la potencia sexual masculina. “Virtud” era igual a potencia amatoria. La romana fue una sociedad extrañamente discordante para nuestros ojos. Se exigía castidad pero no para los que no fuesen libres en quienes estaba bien visto otorgar el “obsequio”, es decir, una sumisa entrega sexual ante lo que fascina, en otras palabras “empinar el culo” ante el amo. Contemplar el pene desnudo y ser penetrado era ser sometido al instrumento de fuerza, al látigo, a aquello que les era impuesto.

 

Cuando el desenfreno de Dionisio se hizo evidente en Roma, los romanos se entregaron ya no a las dionisíacas sino a las bacanales (el dios cambió de nombre de Dionisio a Baco) y la sociedad exigió leyes y decretos. La bacanal se retiró a los bosques más oscuros. El misterio constituyó su éxito y su tragedia. Si algo acontecía en la oscuridad debía ser, pues, indebido. Corrieron los rumores, se habló de asesinatos y canibalismo. La tragedia, que en Dionisio tiene a su padre teatral, acabó por condenarle. La risa se volvió sarcasmo derivado de una palabra, lubridium, que nos ha dado esta otra que les hace agachar la cabeza a los hipócritas y a los mojigatos: lo lúbrico. La risa, el jolgorio de los dionisíacos griegos devino en simple pornografía. Así Tiberio daba en coleccionar los cuadros y dibujos de Pharrasios de Éfeso, el pintor griego padre de la pornografía (es decir, de “las pinturas de las putas”) cuya amante, Teodota, era una prostituta a quien había pintado sin ropa. Cita Suetonio:

 

“(Tiberio) llamaba “pececitos” (pisciculos) a niños de la más tierna edad que había acostumbrado a permanecer y jugar entre sus piernas mientras nadaba para excitarlo con sus lenguas y sus mordiscos (lingua morsuque). Daba de mamar a manera de seno sus partes naturales a niños aún no destetados a fin de que lo descargasen de su leche. Es lo que prefería”.

 

La caída de Dionisio, dios del éxtasis, ser andrógino y arrebatador se resuelve en un simple Baco que se levanta borracho. La misma borrachera ya no es fuente de deleite sino de crimen obsceno. Luego llegó el cristianismo, la quema de “brujas”, la representación del alegre dios Pan (otra cara de Dionisio) como Satán y todos hemos pagado las consecuencias de un “pecado original”, palabra y concepto que los griegos ni siquiera conocían.

 

Los siglos posteriores a la caída de Roma mantienen los elementos dionisíacos en un estado latente o subterráneo. Denis de Rougemont, curiosamente un autor católico, o precisamente por ello, en su hermoso ensayo Amor y occidente (1938) demuestra que desde el Medievo una iglesia herética, oculta, se abre paso a través de las sombras bajo las que se cobija para ocultarse del cristianismo: La Iglesia del Amor que tiene su máxima expresión en el mito de Tristán e Isolda. En el Siglo XX, lo dionisíaco es deseado por Jim Morrison, quien lo anuncia a los cuatro vientos:

 

-¡Habrá orgías fabulosas como cuando Dionisio arribó a Grecia, enloqueció a las mujeres dejaron sus hogares y se fueron a bailar a las montañas!

 

En el epitafio de Morrison se puede leer en griego: Kata ton daimona eaytoy (“Fiel a su propio daimon” [espíritu]). Hoy en día  los dionisíacos celebramos dos fechas importantes relacionadas directamente con el nacimiento y muerte de Jim Morrison: La fiesta de los artistas dionisíacos, celebrada el 8 de diciembre que es la fecha de su nacimiento; es el tiempo de la celebración de la creatividad y de todos los que hemos tenido en Dionisio un motivo de inspiración artística y La fiesta de los profetas dionisíacos, celebrada el 3 de julio que es la fecha de su muerte, tiempo dedicado al éxtasis y a las visiones artísticas, a la meditación en la obra más que en su consecución. Sobre Morrison dijo Ray Manzarek, baterista de The Doors:

 

Yo era Apolo y el era Dionisio. Lo apolíneo y lo dionisíaco, como en Nietzsche. Eso es lo que éramos. Yo mantenía el control, él era el salvaje. Sin mí, él habría sido un borracho, un alcohólico, nada. Sin él, yo no habría sido conocido como el tecladista de los Doors. Nos necesitábamos unos a otros, y eso era lo hermoso del grupo.

Pedro Paunero


(México, 1973) Narrador y ensayista nacido en Tuxpan, Veracruz. Parte de su obra ha sido traducida al catalán y al inglés y ha ganado algunos premios en el género del cuento corto. Como biólogo terrestre y como Pedro Paunero, ha ejercido el activismo en el área de la ecología como Director de una asociación civil ambientalista y blogger para la Fundación Bertelsmann de Alemania). Colabora con la revista Hontanar en Español de Australia. Ha  realizado crítica de cine para la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la web CorreCámara.com y la revista Cine Toma, de arte (en el terreno de la pintura, el grabado, la fotografía y el vídeo), como performer y conductor de T. V.

Ha trabajado como “freelance” para el IMCINE, el INAH y Europa Cinemas.

Su obra literaria erótica se ha comparado, a veces, a la de Jean Genet y Céline.

A partir de este número inicia su vinculación, con sus relatos eróticos, gracias a la sutil insinuación de una nínfula mexicana a quien trasnocha con sus exquisitos relatos de contenido erótico.

 

 © ReVista OjOs.com

Adonis del MaReA

Textos de Fernando Guinard

Otros textos

Se prohíbe la reproducción de cualquiera de los contenidos de la ReVista, así como su traducción  a cualquier idioma sin autorización de su titular. Email: fernando.guinard@gmail.com / Teléfono: (57) 318 3269478 - 319 2930848 Bogotá, Colombia