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 ReVista OjOs.com      JUNIO DE 2014

COLABORADORES / PEDRO PAUNERO

CARTAS A “LA CALIPIGIA” Historia de “K” (6)

 

Querida mía:

 

Antes que en tu carne incendiara mi carne ardí en el cuerpo delgadísimo de “K”. ¡Una dulce-amarga sumisa, sangrante y llorona! “K” con quien primero alcancé el Top Space. Una chica hecha de miel y cicuta quien a sus 19 años había vivido al borde del abismo y había visto el rostro de Pan antes de saber cuál era su naturaleza.

 

Todo comenzó aquel mes de marzo. El mes en el cual conocí la mulata de quien ya te he hablado. También ocurrió en la costa. Esta es la historia de “K” tal como la narré entonces. El tono es otro pues la escribía al poco de haber vivido los eventos que se describen y me era necesario tener una sana distancia de los mismos, una tercera persona en la narración, para mantener a raya la intensidad de lo vivido.

 

“Un día tres hombres que habían finalizado un cortometraje, ebrios, tocando una flauta y danzando -la viva imagen del Thíasos de Dionisio, pero aún sin sus bacantes-, se encontraron en la calle, camino de abordar un autobús que los llevaría a otra ciudad a continuar su arte surrealista, desencadenado. Entraron a un mercado dónde agradecieron a todos los extras que habían participado su absoluta entrega a la película. Al doblar la esquina encontraron a una chica delgada, con piercings y tatuajes, una darkie que volvió la cara en cuanto esos cineastas ebrios le dirigieron la palabra. Poco a poco fue abriéndose a ellos. Poco a poco se dejó conducir y terminó aceptando la propuesta de viajar con ellos que le hacían. “K” dijo llamarse y caminó bajo el sol con los tres, mientras hacían bromas por la calle sin dejar de danzar. Tal vez la locura inherente a ellos, su apariencia de neo hippies y conseguidores fáciles de marihuana o simplemente el ansia de experimentar peligros suicidas de ella, le convencieron de abordar el autobús barato que pagaron. El calor se hacía más intenso y caldearon aún más los asientos que, a propósito, habían escogido en la parte te trasera del vehículo. No les importaron ni las miradas de los pasajeros que de vez en cuando volteaban o la del boletero que caminaba a lo largo del pasillo y miraba excitado cómo ella pasaba de un par de manos a las otras, cambiando de asiento, dejándose besar los labios, las tetas y ser explorada con los dedos bajo el pantalón. Así siguieron, acariciándola todo el viaje y bebiendo mezcal barato hasta llegar a la playa. En esa ciudad cada quien, por turno, la cargó en los brazos, le besó los labios y a pocos en la calle les importó, tan caliente era la tarde y enloquecidos los turistas. Ya en la playa los sacaron del mar pues el lugar “cerraba” a las ocho de la noche y se prohibía entrar al agua con bebidas embriagantes y no habría salvavidas que los “salvaran” de su propia locura. “P”, el tercer dios borracho (mote con el que “K” les bautizó), tuvo que regresar a su ciudad porque le faltó el dinero y “K” no tardó en darle parte del que traía “sólo por verle otra vez”. “P” volvió y echó de menos a “K”, después de darle su número de móvil y gozando con la idea de que sus compañeros gozarían de la chica esa noche de playa y hotel. En verdad “P” no esperaba ninguna llamada, ningún otro encuentro, pero durmió con las endorfinas activadas y los sueños mojando el colchón. Al día siguiente, muy temprano, una llamada a su móvil le despertó. Era “K”. Rápido acudió averle para encerrarse con ella en un hotel y quedarse sin comer todo el día. Haciendo el sexo más salvaje le metió tres dedos en la vagina, explorándola un poco. “K” se dobló otro poco más. Él le enseñó lo que sabía, los dedos horadando, estimulando cual navajas hasta que ella se orinó en sus dedos dos veces. Entonces le penetró con dureza. “K” sangró y eso encendió más a “P” que le penetró con mayor intensidad, hasta hacerle pedir que parara. Cuando se retiraba ella sangraba orina y manchaba la sábana en la cual un charco rosado crecía. Así continuaron, inventando cosas cada vez, hasta que “P” le pidió que fuera su esclava y le explicó qué era eso y aún más. A “K” le fascinó la idea de ser esclava de alguien, la correa de cuero en el cuello, el látigo de 9 colas, el anillo de O y el resto de la parafernalia”.

 

Ese es el prólogo.  Así continúa:

 

“Gente nocturna. “K” llama a “P” a su móvil. Son las 2:45 a.m.

 

-¿Dónde estás? Te necesito.

 

-Estoy en casa. ¿Tú dónde estás?

 

“K” da una dirección del centro de la ciudad.

 

-¿Puedo quedarme contigo? -pregunta. “P” se ríe.

 

-¡Claro que no! No te daré el teléfono de mi casa, ni sabrás dónde vivo ni a qué me dedico… Basta con lo que sabes. Aún así, si quieres voy por ti y te llevo a un hotel.

 

-Aquí esperaré.

 

“P” llega a un parque. Un policía nocturno les mira suspicaz. “K” lleva una falda mini de mezclilla, una blusa café que le desnuda los hombros. Su bolso, también de mezclilla barata, le cuelga del hombro. “P” le mira las piernas y el trasero. Por la calle pasan unos perros persiguiendo a una perra. Van moteros que quizá sean “dealers”. Hay varias taquerías abiertas.

 

-Papito malo quiero una cerveza -dice ella, colgándose del hombre de él.

 

-Vamos, pero primero te encierro en el hotel.

 

En una calle oscura “P” rodea la cintura de “K”, la atrae hacia sí, la abraza y muerde sus labios. Ella se ha puesto el piercing en el labio. A veces no lo usa. Él tira con los dientes del aro, quiere que le duela pero a ella parece no importarle.

 

Encuentran un hotel barato. La habitación es simple. Sobre una mesa coloca la bolsa de cuero con los objetos, la abre y ella mira dentro.

 

-¿Qué es todo eso?

 

-Juguetes… Te explico: la primera vez fue para saber si estabas dispuesta a seguir. Lo supe entonces. Ahora quiero que pases una prueba. Dímelo de una vez: ¿estás dispuesta a seguir adelante, no tienes miedo? Jamás haré nada que te ponga en peligro a menos que me lo pidas… esto que ves parecen cosas horribles… lo son para alguien a quien no le gusta el dolor. Tú eres masoca pero apenas lo sabes. Quiero que explores y quiero explorarte. ¿Estás, pues, dispuesta a seguir con esto?

 

Ella le dedica otra mirada a las cosas. Asiente con la cabeza. Él sonríe. Ella es una exploradora. Él no se ha equivocado. Pasa las yemas de los dedos por las esposas, la mordaza o “ball gag” y el gato de 9 colas.

 

-Voy por tus cervezas antes de que cierren. Quédate aquí. Mira vídeos en la televisión. No tardo.

 

Sale. A una cuadra se localiza uno de esos establecimientos abiertos las 24 horas. Compra un six pack y cigarrillos. Vuelve. El tipo del hotel lo mira de arriba a abajo.

 

“K” abre la puerta. Él deja la cerveza sobre la mesa, coge dos y las destapa. Beben y charlan. Ella coge el látigo, le pasa los dedos  a lo largo.

 

-El gato todavía no…

 

-¿Qué es el gato?

 

-Este látigo…

 

-¿No me vas a pegar con el látigo?

 

-No, bebé… todavía no… antes tienes que pasar esta prueba. Es más… ¡Deja ya de hablar y quítate la ropa! Ella se desnuda aprisa mientras “P” ondea el látigo en el aire. Las puntas cortan, zumban, cantan en el aire enrarecido del cuarto. “K” queda desnuda. Enciende un cigarrillo. Le da varias caladas. Juguetea en los dedos con un dildo al que le ha puesto lubricante.

 

-¿Me prestas esto?

 

-Es tuyo… pero primero…

 

Él va al baño. Se desnuda. Orina. Contempla sus ojeras en el espejo. Entonces se abre una herida en la muñeca izquierda. Sale, le encuentra en la cama.

 

-A veces creo que soy switch… ven…

 

-¿Qué es switch?

 

“P” le impide hablar. Restriega la herida de la muñeca sobre la boca de “K”. Le frota la herida en la cara, en la nariz… “P” se abre los labios de la herida. Sangra más. Con la mano derecha abre la boca de “K” a fuerza. Deja caer unas gotas de sangre en su boca. Luego se pone una muñequera de cuero que oculta la herida. Sigue sangrando bajo el cuero.

 

-Acerca tu cara…

 

“P” extrae el condón. Obliga a “K” a deslizarlo con los labios hasta la base del pene. Ella apenas puede, luego le pide que se recueste bocabajo. Él tira de sus brazos hasta acercarlos a sus tobillos. Con una cuerda ata sus muñecas a sus tobillos. Luego la acerca a la cabecera de la cama. Ella gime un poco.

 

-¿Estás bien? Tranquila… respira profundamente cada vez, luego suéltalo… Es probable que el dolor provoque que veas cosas pero es más probable que sólo te duelan las articulaciones como si se fueran a romper. Todo eso es normal. Te dejaré aquí. Me iré y no tardaré en volver, entonces te desataré. Me contarás todo. Esto se hace en un tatami que es como un petate japonés… a falta de eso lo tenemos que hacer aquí. Más adelante, si logras pasar, te enseñaré más cosas…

 

Le abrocha la mordaza detrás de la nuca, acomodando la Ball Gag entre sus dientes. En esa incómoda posición se la folla por vagina y ano. Antes de correrse se retira. Se quita el condón de un tirón. Apenas desliza dos veces, muy fuerte, la mano sobre el pene, se corre sobre las nalgas de ella. Va al baño. Abre el agua caliente. Se sostiene de la pared. Respira con dificultad. Un escalofrío le pone la piel de gallina. Cree que va a desmayarse por un instante.

 

-No… -dice.

 

Se baña aprisa. Sale. Sin voltear a ver a “K” usa el desodorante, se peina, se pone el boxer, camiseta, la camisa de algodón, los pantalones de mezclilla, los zapatos sin calcetines. Termina. “K” hace ruiditos guturales. “P” le ignora. Echa todo de manera descuidada en la mochila y sale. Lleva la llave de la habitación consigo.

 

El reloj marca las 4: 45 a.m. Camina aprisa hasta abordar un taxi para volver a casa.

 

“P” llega, escribe su crónica en un blog y se va a dormir. A las 10:33 de la mañana despierta. Piensa que quizá se ha pasado un poco con “K”. No ha dormido mucho.

 

Siente una modorra exquisita. Se lava la cara. Desayuna una copa de vino tinto y una rebanada de pastel de chocolate que encuentra en la nevera. Ya hace calor. “P” se toma su tiempo, disfruta lentamente su ir y venir por la casa. Revisa entre sus papeles, encuentra una hoja en una carpeta que agrega al resto de las cosas que llevará al hotel, también el collar de prueba, el consolador, la venda negra y la vela blanca. Coge una rosa roja y una rosa blanca de un florero, las envuelve en periódico mojado y lo coloca cuidadosamente en la mochila. Sale.

 

Aborda un taxi.

 

Está un poco mareado por la excitación y la falta de sueño. El taxi le deja al borde de la calle. Va evadiendo el calor matutino. Llega al hotel. Saluda a la chica del turno de mañana. Trata de abrir la puerta, se demora algo porque la llave no entra. Por fin abre. “K” está dormida o eso parece. También se ha orinado y ha mojado la sábana y el colchón. La orina se extiende por debajo de su vientre y los pechos.  Ella abre los ojos. “P” apenas le mira. Desata las cuerdas de sus tobillos y muñecas. “K” hace ruiditos bajos a través de la Ball Gag. Los pies de “K” caen sobre el colchón.

 

-Tranquila… ya estoy aquí…

 

Le retira la Ball Gag. Entonces mira su cara. Ha llorado, tiene los ojos rojos y manchas de lágrimas. La saliva escurre por su mentón. Huele a orina, saliva y tiene sangre seca en los labios. Ella respira profundamente, suspira. “P” la abraza. “K” se queja.

 

-Estoy aquí, no te avergüences de nada, llora, grita. Hazlo ahora…

 

Ella suelta un suspiro profundo como un mar de pena y fluye, llorando. Llora y no deja de llorar. “P” goza, extasiado, conmovido, excitado. Le acaricia el pelo. Le acaricia las marcas de las cuerdas en muñecas y tobillos.

 

“K” sigue llorando.

 

-Eso es, bebé… llora… así, así, deja que salga…

 

Ella intenta decir algo pero los sollozos se lo impiden. “P” sigue acariciándola. Entonces escucha apenas lo que ella quiere decir.

 

-¿Cómo? ¿Qué dices?

 

-Vi… -es un mar interminable de sollozos, de lágrimas-, vi algo…

 

-Sí, sé que viste algo ¿Qué fue exactamente?

 

-¡Ahhh -con dolor en las muñecas ella abraza el cuello de “P”, arrobada le cuenta al oído-: Vi luces de colores…

luego un hombre en llamas…

 

-Sí, cuéntame… quiero saberlo todo…

 

-¡Ese hombre eras tú! –ella se encoge como un bebé, se acurruca en las piernas de él. Él la acuna. “P” percibe cómo brotan dos lágrimas calientes, que llegan hasta su boca, saladas, a través del bigote. Exhala de puro conmovido.

 

-No cualquiera ve la primera vez… eres privilegiada… ¡Y yo lo sabía! Te busqué mucho tiempo… tanto… incluso practiqué el matrimonio en busca de una esclava… ¡Y estás aquí, ahora!

 

Ella dice algo por lo bajo, sin dejar de abrazarse a su cuello, la cara hundida en el cuello de él. “P” llora sobre el cabello de “K”. Percibe que ella quiere decir algo.

 

-¿Qué dices nena? Eso crees ahora pero aún falta tiempo… te has rendido a mí… eres virgen para este mundo al que recién has llegado. Ahora me pedirás que te ponga en peligro: que te azote, que te marque con hierros candentes, que te corte la piel con navajas… Yo podría hacerlo pero este mundo se rige por reglas muy claras.

Ahora estás vencida. Tu voluntad se ha derrumbado. Has renacido…

 

-¡Sí, me siento viva! –Y vuelve a llorar.

 

“P” va desnudándose, se quita la camisa y la camiseta, pasa a “K” delicadamente a la cama mientras continúa quitándose la ropa.

 

-¿Quieres seguir adelante? –pronuncia sin verla.

 

-Sí…

 

-¿Quieres seguir adelante? -vuelve a tentarla.

 

-Sí, sí…-Ella titubea, baja la vista, levanta la cabeza, con los dedos toca el hombro de “P”-: ¿Veré cosas como las que vi esta noche?

 

-Muchas más… y sentirás cosas que nunca has sentido… esta noche te hundiste en lo que se denomina Sub Space… ¿Qué droga puede provocarte esto?

 

“P” se acerca a la cama. Coge de la mano a “K”. Tira de ella para que pise el suelo. La acerca a la mesa. Extrae el papel de la carpeta.

 

-Quiero que leas esto.

 

“K” lee con atención. Sus ojos se abren conforme lee.

 

-Te pregunto una vez más y por última vez: ¿Quieres hacerlo? El mundo en el que yo me muevo se rige por reglas, pero esas reglas se han escrito para que ambas partes lleguen a un consenso dónde el placer y el dolor, las antípodas del ser, se curven, se tuerzan en un círculo, un cabo de cuerda mediante el cual los amantes sepan hasta dónde apretar el nudo… ¿Accedes, pues, a entrar a mi mundo? En él encontrarás a muchos como nosotros y te sentirás protegida, amada y aprenderás muchas cosas… sobre todo de ti misma. Lee siguiéndome….

 

¿vienes a mí de tu propia voluntad?

 

-Sí, vengo libremente.

 

-¿Aceptas libremente que te someterás a mi hasta la medianoche del 5 de mayo, exactamente un año después de esta fecha?

 

-Sí, soy desde hoy tu esclava hasta entonces.

 

-¿Juras solemnemente por todas las cosas que consideras sagradas que me darás cuanto pida, totalmente, sometiéndote sin trabas, a mi disfrute de ti durante ese tiempo?

 

-Sí, lo juro por todo lo sagrado.

 

-Repite conmigo: juro solemnemente someter a tu voluntad mi corazón –ella toca su corazón y el de “P”-, mi mente –ella toca su frente y la de “P”-, y mi alma –ella toca sus labios y los él-. Juro solemnemente obedecerte inmediatamente, sin reserva y sin vacilación en lo que me pidas. Juro solemnemente parecer hermosa a tus ojos y sonar graciosa a tus oídos.

 

“P” le levanta la barbilla con dos dedos, de manera instintiva ella echa los pechos hacia delante. Él retuerce sus pezones entre sus dedos.

 

-Soy tu Señor.

 

-Eres mi Señor.

 

-Soy tu Amo.

 

-Eres mi Amo.

 

-Soy tu dueño, eres mi esclava, tu cuerpo es mío, tu boca es mía, sirves a mi voluntad, a mi palabra, a mi placer.

 

-Eres mi dueño, soy tu esclava, mi cuerpo es tuyo, mi boca es tuya, sirvo a tu voluntad, a tu palabra, a tu placer.

 

-De la misma forma que he hecho uso de esta flor hago uso de ti. Viniste desnuda a mi-. “P” extrae el collar de prueba y lo abrocha alrededor del cuello de “K”-: Lo usarás siempre que te lo ordene-. “P” amordaza la boca de ella con la venda negra-. Hablarás siempre que te lo ordene. Tu cuerpo está para mi placer. Muéstralo. Levántate y enséñame las nalgas. “K” lo hace. “P” inserta el consolador en su ano expuesto, hasta el fondo.

Pedro Paunero


(México, 1973) Narrador y ensayista nacido en Tuxpan, Veracruz. Parte de su obra ha sido traducida al catalán y al inglés y ha ganado algunos premios en el género del cuento corto. Como biólogo terrestre y como Pedro Paunero, ha ejercido el activismo en el área de la ecología como Director de una asociación civil ambientalista y blogger para la Fundación Bertelsmann de Alemania). Colabora con la revista Hontanar en Español de Australia. Ha  realizado crítica de cine para la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la web CorreCámara.com y la revista Cine Toma, de arte (en el terreno de la pintura, el grabado, la fotografía y el vídeo), como performer y conductor de T. V.

Ha trabajado como “freelance” para el IMCINE, el INAH y Europa Cinemas.

Su obra literaria erótica se ha comparado, a veces, a la de Jean Genet y Céline.

A partir de este número inicia su vinculación, con sus relatos eróticos, gracias a la sutil insinuación de una nínfula mexicana a quien trasnocha con sus exquisitos relatos de contenido erótico.

 

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