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 ReVista OjOs.com      ABRIL DE 2014

COLABORADORES / PEDRO PAUNERO

CARTAS A “LA CALIPIGIA” LA ARTESANA (4)

 

Fetichismo y lencería.

 

Recuerdo esa tarde en particular. Ella me había dicho que permaneciera en el baño, corrió la cortina y salió a su cuarto. Puso música sensual que yo había quemado en un CD especialmente hecho para noches de sexo desbocado. Bajo la regadera esperé unos quince minutos escuchando la música y preguntándome qué hacía ella. Cuando por fin me llamó y pasé a la habitación fue como una revelación el ver el tendedero de fina lencería que había colgado a través del cuarto como una exquisita telaraña hecha de prendas íntimas. Jamás ninguna mujer me había sorprendido así, ni las actrices, ni las escritoras, ni las poetas o alguna que otra puta con imaginación. Aquella mujer que se vestía con cara ropa perteneciente a distintas etnias indígenas, aquella artesana que iba de pueblo en pueblo, aquella mujer, en una palabra, que nadie imaginara una erotómana consumada, se plantó delante de mí con las piernas enfundadas en medias con liguero, el cabello suelto, negro, abundante y largo, un par de zapatillas negras de tacón de aguja, una raqueta para spanking en la mano, un dildo morado en la otra y un largo tubo de lubricante vaginal en la cama con sábanas de seda roja. El lugar olía a mar, ese olor orgánico que la mujer llevaen el sexo, prendido en las valvas blandas de su vagina. Cogí de inmediato a mi artesana por los hombros, le di la vuelta y le arrebaté la raqueta con la cual golpeé arrebatadamente sus nalgas hasta hacerlas enrojecer.

 

-¿Te gusta la verga, verdad?

 

-le dije.

 

-Me gusta tu verga -respondió.

 

-Buena respuesta. ¿Eres mi puta?

 

-Soy tu puta.

 

Le desprendí el sujetador. Maceré un poco las tetas desde atrás, culminando en el pezón que apreté entre dos dedos como cuando se aprieta una aceituna negra rellena de anchoas para que vacíe su contenido en la boca. Me bajé los pantalones como pude mientras tiraba de su cabellera y le penetré desde atrás, buscando primero con el glande mojado la hendidura, recorriéndola luego, así, con la cabeza, de arriba a abajo, y entrando en ella después, hasta tocar fondo. Me la follé ahí mismo hasta terminar. Mi cuerpo cayó sobre su cuerpo aplastándola contra la pared y enseguida, repuesto, la arrojé sobre la cama, la abrí con las manos y entré otra vez, más fieramente, hasta hacerla gritar.

 

A la artesana me gustaba poseerla desde atrás, jamás por el elusivo ano que negó abrirme siempre, pero me sirvió de grupa, de yegua fuerte, sosteniéndome encima o sentada a horcajadas de frente o dándome la espalda. Con mi artesana hice programas de televisión, entrevistamos a las tribus urbanas y hasta me hizo disfrazarme de “catrín” el varón de “la catrina”, ese personaje mexicano del Día de Muertos del cual ella se había apropiado cada noviembre. A la artesana la engañé con otra mujer que, en poco tiempo se convertiría en mi esposa, y cuyo cumpleaños es el día de muertos precisamente. Con la artesana viaje para estar en sepelios costumbristas, compré máscaras mexicanas y fui obsequiado con infinidad de collares artesanales. Y la artesana le escribió a quien sería mi esposa en el chat de una red social, cuando se enteró que me había acostado con ella y esta le escribiera él va a venir a vivir conmigo en la Ciudad de México: “Cuídate de él pues te dejará a los 3 meses, te engañará con otra y te dolerá”. No dejé a quien fuera mi esposa a los tres meses pero en todo lo demás sí tuvo razón la artesana. Mi artesana.  Sí, querida mía, como para mí la palabra novia y esposa ya carecen de significado semántico, creo que llamaré por teléfono a la artesana y le propondré sexo desvariado y sin amor. Y todo desteñido de recuerdos…

Pedro Paunero


(México, 1973) Narrador y ensayista nacido en Tuxpan, Veracruz. Parte de su obra ha sido traducida al catalán y al inglés y ha ganado algunos premios en el género del cuento corto. Como biólogo terrestre y como Pedro Paunero, ha ejercido el activismo en el área de la ecología como Director de una asociación civil ambientalista y blogger para la Fundación Bertelsmann de Alemania). Colabora con la revista Hontanar en Español de Australia. Ha  realizado crítica de cine para la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la web CorreCámara.com y la revista Cine Toma, de arte (en el terreno de la pintura, el grabado, la fotografía y el vídeo), como performer y conductor de T. V.

Ha trabajado como “freelance” para el IMCINE, el INAH y Europa Cinemas.

Su obra literaria erótica se ha comparado, a veces, a la de Jean Genet y Céline.

A partir de este número inicia su vinculación, con sus relatos eróticos, gracias a la sutil insinuación de una nínfula mexicana a quien trasnocha con sus exquisitos relatos de contenido erótico.

 

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