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 ReVista OjOs.com      FEBRERO DE 2014

COLABORADORES / PEDRO PAUNERO

CARTAS A “LA CALIPIGIA” LA ARTESANA (2)

 

Libros, sexo y playa.

 

Algún día escribiré sobre esos días mexicanos de huapango, sexo y pueblos mágicos. Algún día le haré a ella el homenaje que se merece: tierna y buena mujer hecha de aromas, entregada en sexo y alma a mi satisfacción. Por ahora te cuento todo esto olvidando detalles, ahorrándome anécdotas, olores y colores. Dejaré de lado y a propósito sabores y sonidos para rememorarlos luego. Hoy te contaré, a pesar de la distancia y lo que pueda dejar para mañana, sobre la presentación de un libro, una antología dónde aparecía yo representado por un cuento. Se trata de una obra bilingüe, en castellano y catalán: Voltant Per Catalunya i Mexic (L´art a la motxilla); Dialeg entre cultures V, tomo quinto de una serie de libros dedicados a hermanar literariamente a México con Cata-luña. He olvidado por completo la presentación pero no así la presencia de ella, vestida de negro y plata, sonriente, entre el público y la fotografía de ambos que existe para atestiguarlo. Recuerdo también a Roberto y cómo salimos a buscar a “J” para invitarla esa noche a la playa a celebrarme y celebrarnos. Nos acompañaba mi hermano y una buena dotación de cerveza. En confianza le había dado las llaves del auto a nuestro amigo que iba con “J” a su lado. En el asiento de atrás mi artesana iba en medio y mi hermano su lado. En algún momento me encontré besándola en los labios y el resto del camino se convirtió en abrazos.

 

La noche cayó y yo indiqué que nos refugiáramos en la palapa de una amiga que se convertiría en un lugar recurrente a lo largo de los años más significativos de mi vida y dónde hasta llegaría a celebrar la primera de mis bodas. La palapa en la playa… Tres cabañas, un baño, un pozo, una cortina de casuarinas, grandes macetas con agaves, plantas espinosas y una salida al mar. Estacionamos el auto y salimos a la playa. Una noche marina hecha de estrellas pero ¿quién quiere ver las estrellas cuando el deseo ronda entre los dedos y se refugia en medio de las piernas? La artesana y yo entramos en la zona delante de las cabañas, detrás del cerco que las separa de la playa. En medio de las macetas y sobre la arena, tiré del brazo de ella para sentarla sobre mis piernas. Los demás fueron muy cautos para desaparecer o, quizá, no se los he preguntado, lo suficientemente discretos para espiar desde algún escondite oscuro.

 

Disfruté de la piel tibia de esa mujer encendida con los ojos abiertos. Nos levantamos y le llevé a la larga mesa baja de madera en medio de los pilares que sostienen el alto techo de palma dónde disfruté de las tetas morenas de esa mujer ardiente con los ojos cerrados. La sal marina se le había pegado y sabía, a la vez, a cenizas. O quizás era la fogata o quizá el mar que entraba a través de los sentidos y a través de la piel de la artesana. El resto de la noche es trivial más no el regreso. Pedí quedarme con ella en su casa. “Mi madre no está -me dijo-, puedes quedarte conmigo”. Así fue cómo disfruté de la artesana con el cuerpo desnudo, entregado, sobre una cama cubierta de plástico en un cuarto alto que daba al río.

 

Recuerdo ir tras ella, escaleras arriba, mirándole los muslos y la forma de las nalgas bajo la falda, como el cliente en el burdel y eso me encendía aún más. Recuerdo haberle quitado la blusa y volver a lamer sus pezones. Recuerdo una larga felación y un acostarnos más breve, más no recuerdo la primera penetración.

 

Recuerdo que no recuerdo… como me había sucedido antes ya varias veces… que mi memoria ha borrado el primer contacto del pene con los labios vaginales, el primer gemido, la primera eyaculación. Tan asombrado ha sido el momento, tan convertido en un shock, que la memoria lo ha ocultado como si ocultara un accidente o una terrible manera de morir.

 

Recuerdo, sin embargo, las siguientes veces y el haberme presentado a su madre. Cómo su madre consintió en las largas visitas a altas horas de la noche (la madre, viuda, se acostaba con el novio en el cuarto de al lado) y que su familia conocía a mi familia. Recuerdo que no pasó mucho tiempo y que estábamos los cinco sobre el bulevar, a un lado del río, y el haberme invitado a uno de sus viajes a lo que se denomina “huapangueadas”: fiestas dónde la música llamada huapango es la base y la venta del folklore su turística perdición. Recuerdo -¡qué bien lo recuerdo!- que para ella era muy importante el otorgarme un título ante sus amigos huapangueros y fue cuando le dije “preséntame cómo tu novio” y su largo y apasionado abrazo y cómo hundió su rostro en mi pecho. Recuerdo perfectamente un auto que se emparejó a la acera y la cabeza de un chico imbécil asomado por la ventanilla que nos gritó: “¡hippies apestosos!” y el haberle  dedicado una mirada de odio de mi parte, cómo el auto arrancó luego arrojando humo y al chico aquél mirándome asustado.

Pedro Paunero


(México, 1973) Narrador y ensayista nacido en Tuxpan, Veracruz. Parte de su obra ha sido traducida al catalán y al inglés y ha ganado algunos premios en el género del cuento corto. Como biólogo terrestre y como Pedro Paunero, ha ejercido el activismo en el área de la ecología como Director de una asociación civil ambientalista y blogger para la Fundación Bertelsmann de Alemania). Colabora con la revista Hontanar en Español de Australia. Ha  realizado crítica de cine para la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la web CorreCámara.com y la revista Cine Toma, de arte (en el terreno de la pintura, el grabado, la fotografía y el vídeo), como performer y conductor de T. V.

Ha trabajado como “freelance” para el IMCINE, el INAH y Europa Cinemas.

Su obra literaria erótica se ha comparado, a veces, a la de Jean Genet y Céline.

A partir de este número inicia su vinculación, con sus relatos eróticos, gracias a la sutil insinuación de una nínfula mexicana a quien trasnocha con sus exquisitos relatos de contenido erótico.

 

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