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 ReVista OjOs.com      NOVIEMBRE DE 2013

COLABORADORES / PEDRO PAUNERO

CARTAS A “LA CALIPIGIA” LA POSESIÓN

 

Querida mía:

 

Ocurrió hará unos tres días, cuando estabas demasiado ocupada para que nos encontráramos. Me cité con “R” al pie de la doble escultura femenina que representa a “la Juventud”, a la derecha del pórtico del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. Después de beber algunas cervezas y comer algo en uno de los restaurantes de la Calle Madero que tanto me agrada recorrer fuimos a un hotel. El aroma del cuerpo de ella cuando se quitó la ropa fue una delicia. La habitación pareció absorber el olor del cabello recién soltado, el leve aroma natural de las axilas debajo del desodorante, el olor único de su sexo cuando lo abrí con los dedos. Entré en ella con placer aletargado, demorándome en percibir cómo me deslizaba dentro, cómo se envolvía mi pene con su humedad viscosa. Cómo me apretaba en su interior mucoso. Lentamente le gocé como quien goza el sabor de una fruta madura bajo el sol del verano…

 

Antes de dormirnos me puse a escuchar un mantra escogido de la música almacenada en el teléfono móvil, con audífonos. Ella ya estaba dormida a mi lado, bocabajo, la cara vuelta hacia el otro lado. Tiernamente deslicé la sábana sobre su cuerpo no sin antes acariciar ligeramente la curva de sus nalgas. Me recosté sobre la almohada, cerré los ojos.

 

No sé en qué momento pasó, ni si soñaba. En todo caso abrí los ojos. La música aún sonaba en lo más profundo de mis oídos. El olor a sexo se diluía en el aire. Y yo estaba en otra habitación a la vez que en esa, con “R” a mi lado, a la vez que recostado al lado de “M” mientras a ella le penetraba un desconocido cuya cara no podía ver y el cuerpo de “R” se borraba lentamente. El olor de sus fluidos orgánicos era otro y otros los gemidos.

 

Vi las piernas abiertas de ella, casi tocando mis propios muslos, y la espalda mojada de su amante. Vi el sudor en la frente de ella y las gotas brillar y resbalar desde la frente de él sobre el cabello de “M”.

 

Y en un torrente de fuego o hecho de la materia del alma encendida, entré en el sexo de ella. Sentí la humedad y su canal mucoso, subí por la tibieza mojada de sus vísceras y alcancé la percusión rítmica del corazón. Al llegar a su cabeza la propia forma de mi cabeza tomó la forma de la de ella. Me di la vuelta, dentro suyo, y mis ojos se abrieron en sus ojos y sus párpados entornados se humedecieron sobre los míos. Tenía las piernas abiertas a su endurecido falo y percibía cómo me abría por la mitad y era tal la sensación que las palabras faltan… y mis uñas se clavaban en su espalda, mi cuello se hinchaba y no podía respirar.

 

Percibí mis pezones erectos y su boca que chupaba. Y en un chorro de fuego dorado entré por el ducto de la uretra. Seguí hasta encontrar el calor de los testículos dónde me alojé en forma de esfera. Algo tiró de mí hacia arriba y me extendí cuan amplio era su cuerpo, dentro de su cuerpo. En los omóplatos mis omóplatos intangibles se abrieron cual alas. Y sentí, ampliado, cómo le penetraba. Yo era él, yo era el pene. Yo era él y era su pene.

 

No tenía control en los brazos que, con propia voluntad, se alargaron a los lados, brotando en forma de flamas azules de sus propios brazos y los abracé a ambos. Y supe lo que se siente penetrar y ser penetrada a la vez. Fui ambos y era demasiado, tanto, que como un resorte me retraje hacia la anatomía candente y sudorosa de él, me amplié una vez más a su total anatomía y fui aspirado al saco escrotal, a los testículos y en un chorro vomitado en blanco, latigueando, como el rayo, abrí el glande, marea de semen y penetré otra vez la vagina de “M”, golpeé las puertas del útero y alcancé su orgasmo que en un impulso poderoso como el ariete que momentos antes le penetrara, fui devuelto, escurriendo y débil, hasta los labios, el Monte de Venus y resbalé por la sábana… Abrí los ojos. Temblaba. Boqueando busqué aire. Me fui calmando poco a poco no sin antes creer que moriría por falta de aire. Deseaba agua, alcohol, de golpe me arranqué los audífonos y perdí el piso al dar con el pie en el frío del suelo. “R” se movió en la penumbra y bajo las sábanas. Me preguntó qué pasaba.

 

-Duerme, necesito aire y agua…

 

-Estás temblando…

 

-Tener sexo diariamente y varias veces en un día, a la altura de la Ciudad de México siempre me afecta… -dije.

 

Me eché una vez más en la cama. Aún experimentaba las visiones de “M” y su amante. Ahora, traslúcidas, eran siluetas no ya de ellos sino de otras y otros. De varias de mis parejas actuales, de varias de mis ex parejas. Supe quiénes eran y el olor y el sabor de sus sexos en un segundo que duró lo que cae un meteoro, lo que ondea la aurora. No pude tocar otra vez a “R” y pensó que, de alguna forma, me había ella decepcionado. Bajó la vista.

 

-Prometo ser activa la próxima…

 

Sonreí. Nos despedimos en la calle. Caminé con miedo, aun escuchando gemidos. Bajé las escaleras del Metro y llegué con bien al apartamento. Te he hablado antes de la Teolepsia: la posesión, por parte de un dios, de un cuerpo humano. De cómo este dios puede arrinconar el alma del mortal y ampliarse a las venas y la sangre. Pan era un dios que poseía a sus acólitos en una forma específica de Teolepsia: la “Panolepsia”. Acaso haya sido este fenó meno el que he experimentado. Ahora debo aprender a controlar estos arrebatos, estas posesiones.

 

No quiero que me ocurran en el medio de una calle o abordando el Metro o, incluso, en la ópera o una sala de conciertos… Aunque pensándolo bien ¿por qué no? Yendo en el Metro quizá pueda ampliarme a la misma memoria de tantos viajeros, ser y experimentar tantos orgasmos y provocarlos a la vez en medio del gemido –al unísono-, más grande que esta desangelada ciudad haya atestiguado jamás en pleno subterráneo.

Pedro Paunero


(México, 1973) Narrador y ensayista nacido en Tuxpan, Veracruz. Parte de su obra ha sido traducida al catalán y al inglés y ha ganado algunos premios en el género del cuento corto. Como biólogo terrestre y como Pedro Paunero, ha ejercido el activismo en el área de la ecología como Director de una asociación civil ambientalista y blogger para la Fundación Bertelsmann de Alemania). Colabora con la revista Hontanar en Español de Australia. Ha  realizado crítica de cine para la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la web CorreCámara.com y la revista Cine Toma, de arte (en el terreno de la pintura, el grabado, la fotografía y el vídeo), como performer y conductor de T. V.

Ha trabajado como “freelance” para el IMCINE, el INAH y Europa Cinemas.

Su obra literaria erótica se ha comparado, a veces, a la de Jean Genet y Céline.

A partir de este número inicia su vinculación, con sus relatos eróticos, gracias a la sutil insinuación de una nínfula mexicana a quien trasnocha con sus exquisitos relatos de contenido erótico.

 

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