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ARTISTAS INVITADOS /  OCTAVIO MENDOZA

 ReVista OjOs.com    AGOSTO DE 2017

 

 

 

Octavio Mendoza

Preguntas descarnadas al pintor
Octavio Mendoza

 

 

Octavio Mendoza: ¿De qué vamos a hablar?

 

ReVista OjOs.com: De lo simple a lo complejo. Depende de usted.

 

Octavio Mendoza: Vamos, pues.

 

ReVista OjOs.com: ¿Quién es usted? ¿De dónde viene? ¿Para dónde va?

 

 

OM: Llegué a Bogotá con mis padres y hermanos, seis décadas atrás, con pocos meses de edad.  Algunas vivencias tropicales en la ciudad de Cali, durante tres o cuatro años, matizaron mis recuerdos infantiles. Fue allí donde, en la noche temprana, jugueteando con otros pequeños tras un árbol, me encaramé como niño-araña a la reja de una ventana. La cortina estaba corrida. Tras la ventana, había una alcoba. Y en la alcoba, una lámpara iluminaba el fondo. Y en el fondo una mujer se desvestía sola, en cámara lenta, como si lo hiciera para mí. Palpaba con sus manos algunas partes de su cuerpo. Sus prendas caían al piso imitando una cascada. Luego me descubrió, y miró de frente mi figura de seis años colgada de la reja. Todo derivó en conmoción de sensaciones desconocidas para mí. Me bajé de la reja saltando al andén, huí y atravesé despavorido la calle, como si hubiera presenciado un crimen. Me refugié en mi cama, tras haber asistido por primera vez en mi vida al teatro de la sensualidad femenina. Eran mis últimos días en Cali. Mi familia decidió un nuevo retorno a Bogotá. Trece años más tarde supe que traía la fuerza de unos recuerdos pegados en los ojos sin saber aún con claridad qué era eso, ni su razón de ser.

 

Mis primeras impresiones gráficas me llegaron de temas bíblicos, estudiando primaria en una escuela pública. En algún cuaderno de religión elaboré, a los ocho o nueve años, un dibujo con lápices de colores sobre la escena del Antiguo Testamento en que Moisés, tras bajar de la montaña del Sinaí, imprecaba a los paganos celebran tesis raelitas por idolatrar la estatua refulgente del becerro de oro en ausencia de su líder. Fue mi primer encuentro con la culpa y el pecado. Después, en medio de serpientes, tigres y caballos, dibujé una familia, padre, madre, hijos. Fue mi primer encuentro con lo social. Duré diez años más concluyendo mi condición judeocristiana y católica en  un país bipartidista y tercermundista. Fue mi primer encuentro conmigo mismo .De la Biblia me empezó a gustar su forma narrativa. Y su mezcla curiosa con la historia. Vinieron luego mis primeras pinturas, elaboradas a los catorce años, hechas sobre pedazos de sábanas almidonadas y tensadas. En la primera representé una pequeña villa multicolor. La segunda fue una composición con la figura de Veruschska, la modelo rusa del momento, y ahí tropecé de nuevo con mi idolatría por la sensualidad, los brassieres, la historia de todo tipo de sucesos, y el color desaforado, el mismo que encontraba en las telas con que mi madre diseñaba vestidos, y que luego encontré en el expresionismo. Comencé a imaginar los momentos en que sus clientas quedaban en bragas para probar sus prendas. . . Luego, invitado por un listo amigo mayor, y lleno de pavor, resulté entre los colores fosforescentes de una casa de mujeres. Me acolcharon como a un infante entre bustos y cruces de piernas. Comencé a entrar en los mitos de la ciudad y la mujer, que siguen reapareciendo en mi trabajo.

 

También había aparecido el artificio de la poesía en mis libretas. Vinieron, tras el fin del bachillerato, los devaneos con la ingeniería, y estudios de arquitectura en el departamento correspondiente de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Bogotá, con figuras destacadas del arte y la arquitectura del siglo XX en Colombia. Supe en sus aulas que la posmodernidad artística internacional no comenzó con el arte, sino con la filosofía posestructuralista, sintetizada en el deconstructivismo de Jaques Derrida y Peter Eisenman que partió del análisis del sentido etimológico de la filosofía y concluye que en el mundo occidental todo tiene que tener sentido, y esto limita el pensamiento. De las ideas del francés Derrida, ya asentadas en Estados Unidos, se derivó, a través de otros teóricos norteamericanos, el uso de la contradicción entre lo racional y lo irracional como método deliberado en la arquitectura, y el lenguaje formal ecléctico planteado con precocidad en algunos edificios icónicos de Estados Unidos, hacia los años setenta del siglo pasado. Estos reciclaban, como hoy, estilos arquitectónicos históricos de centurias atrás, mezclando, incluso con desfachatez, espacios y materiales disímiles de manera atrevida y divertida, con dislocaciones, rupturas y experimentos en el diseño. Como estudiantes de arquitectura, pues, diseñábamos edificios posmodernos antes de que esto se generalizara como un pensamiento crítico que abarcaría la moda, el arte y las sociedades del mundo. Más adelante retomaré este asunto. No era la primera vez que la arquitectura iniciaba cambios decisivos en la humanidad; también sucedió en los inicios  del Renacimiento. Por entonces me interesé aún más en el tema al tomar cursos de grabado, dibujo y pintura. Ejercí la arquitectura durante quince años, en forma paralela a la pintura. Luego quedé sumergido por completo en el mundo irresponsablemente delicioso del arte, tras esfuerzos por juntar la arquitectura con la poesía. Persistió siempre el recuerdo de mi madre. De la ciudad de mi padre no queda casi ningún rastro.

 

RO: ¿Qué artistas de otras geografías admira, y por qué?

OM: Casi todo el arte moderno influyó en mí, entre tinieblas y a tientas, como en muchos artistas, desde aquél que caracterizó a Edgar Degas, hombre de espíritu libre, pintor de lo bello y lo “desvergonzado”, hasta el que concluyó con la muerte de Picasso, también libre pintor de lo bello y lo “desvergonzado”. Por algo Picasso recordaría a Degas hasta su día final. Pero también estuve atento, de manera natural, a los diferentes ismos, y todo tipo de abstracciones, informalismos, quiebres de puntos de vista y de filosofías de los primeros setenta años del siglo XX, que luego desembocaron en la postmodernidad. Esas obras siguen en mi cerebelo. Incluyo aquí los artistas del expresionismo abstracto, del pop, de la transvanguardia, del arte conceptual, etc., etc., aunque yo no pertenezco por completo a ninguno de estos. ¡Pero algunos pedazos de mis obras sí! ¡Y, de pronto, alguna obra completa! Con esto quiero decir, en forma sencilla, que estoy abierto a esos movimientos, y que, incluso, no falta algún observador que hable del carácter posmoderno de algunas de mis obras. No sé si alcanzaré a pertenecer por completo, y de hecho, a algún movimiento artístico. Ni siquiera sé si mi trabajo como pintor tiene una ruta que yo persiga con determinación. ¡Pero el anhelo si es claro: me encanta la imaginería loca del mundo contemporáneo! Declaro que todos los movimientos nombrados también están en la palma de mi mano, o como sueños que me acompañan en el tiempo.

 

Pasaron algunos años en mi vida hasta aprender que debía desembarazarme de algunos procederes propios de los conceptos de la arquitectura. Entendí que se podía llenar de manchas azarosas lo que parece ser simple figuración en una obra, o pintar una obra abstracta, dejarla así, si me satisface, o, de pronto, imbuirla luego de figuraciones o de las señales particulares que llevo en mi memoria, como también las tiene cada quien. Supe entonces que nada impide la especulación sobre lo mismo en un montaje tridimensional con materiales.

 

Hilando bien las cosas. . .  ¿Dónde está la gracia de cada artista en nuestros días, y, en particular, la pretensión de mostrar personalidad en mis obras? Consiste, a mi entender, en pintar como si hubiéramos olvidado todo lo visto, aunque nos acompañe de lejos en nuestros procesos de arte, entre el silencio y la soledad. Confío en el poder de la intuición personal para cruzar el puente que nos lleva a nuestro mundo interior. Con esta misma confianza puedo decir que mi decisión, si es que hubo alguna, de tomar la pintura como algo serio, se dio tras descubrir, hace ya décadas, una pintura de Francis Bacon, a su vez influida por la sobras sobre crucifixiones de Picasso de los años veinte del siglo pasado. Luego conocí buena parte de las enormes pinturas del anglo- irlandés en una exposición individual suya en Caracas. Ya era el año 78. Lo volvería ver en museos norteamericanos y europeos. Pasé tres años bajo la conmoción que los pedazos de carne multicolor de Bacon me causaron, y que me indujeron a pintar algunos cuadros de parejas en movimiento sobre colchones. Mi última apertura, tras las vivencias museísticas usuales para los artistas en Europa y Estados Unidos, y estudios posteriores en Corea del Sur, consistió en dejarme untar, como muchos, del shop-swey de conceptos artísticos norteamericanos que antecedieron la posmodernidad artística, hoy extendida a todos los rincones del planeta Es importante tener en claro, en definitiva, que la posmodernidad social y artística del planeta nació en Estados Unidos, tras las obvias presencias del arte europeo convertido en pastiche, y, desde luego, tras los procesos de globalización industrial, también impulsada por esa misma potencia. El arte posmoderno se expandió desde allí a todo el mundo, tal como lo hicieron con el marketing de las hamburguesas, las cirugías plásticas, los reinados de belleza, la Coca-Cola, los dispensadores de conos, las lavadoras, secadoras, hornos microondas y demás artículos de la “línea blanca”, autos, autopistas, y el internet, por nombrar lo más sencillo de una lista verdaderamente infinita de creaciones industriales, modas y conceptos que nos abrazan día a día.

 

En forma algo equívoca, las galerías “de punta” prefieren llamar “contemporáneo” al arte posmoderno que exhiben, cuyos conceptos nacieron después de 1975. Leyendo sus declaraciones, se nota una indeterminación entre los propios seguidores de este arte, que califican de “ambiguo”. Todo surge de que la denominación “arte contemporáneo” involucra en realidad, y de manera genérica, el arte creado desde el comienzo del siglo pasado, es decir, el de los últimos ciento quince años, iniciado con el fovismo y el cubismo, o, incluso, se vincula con el de los últimos doscientos años, según otras clasificaciones.

 

Cito el anterior hecho porque es imposible sustraerse a algunas de las prácticas sociales de la posmodernidad, y a muchas del propio arte posmoderno, como las reinterpretaciones o resignificaciones del arte del pasado, tanto como lo hace la arquitectura, tras el lejano ejemplo de Duchamp con su Fuente (orinal o mingitorio) de 1917, presentado por primera vez en una galería de Nueva York. Acudo en ocasiones a este recurso, como lo hago en una serie “resignificada” de “madonasen óleo o acrílico sobre lienzo, pensando en los tiempos de Rafael y sus contemporáneos renacentistas. En otras obras mezclo imaginerías actuales con las de diferentes épocas que me interesan, o acudo a la fragmentación figurativa, mezclada con manchas o chorreones.

 

Pero sucede también que en nuestros días los terrícolas despertamos tropezando, de frente, con el calentamiento climático global, los derechos humanos, la destrucción del medio ambiente, la continuidad de la globalización, incluso de las costumbres y las modas, y el abrazo sobrecogedor del internet. Estos problemas fueron convertidos en caballo de batalla del arte de la posmodernidad, pero asumidos de forma crítica para hacer reaccionar al público. No obstante, con frecuencia resultamos envueltos en los laberintos mentales de este arte, y en obras de desigual calidad, mediante la utilización de máquinas y basuras, trapos, videos, luces, sonidos, montículos de lo que sea, o sillas y muebles metálicos sencillos, o de palo, con las ya usuales camisas y ropas almidonadas y pintadas de blanco. Una de las mayores inconsistencias del arte posmoderno es que, con frecuencia, más importante que la obra misma es la explicación sobre sus significados por parte de los curadores, y, en no pocas ocasiones, el verdadero creador es el comprador, quien las dignifica al comprarlas por altas sumas. Esto no impide afirmar que la posmodernidad artística también produce obras sorprendentes y majestuosas, como la escultura del artista hindú Anish Kapoor en el Parque Millenium de Chicago, o el Pabellón de Conciertos Jay Pritzker, en el mismo lugar, una obra del gran arquitecto Frank Gehry donde se juntan los conceptos posmodernos de la arquitectura y la escultura. Con frecuencia, la calidad de estas grandes obras dependen del desarrollo tecnológico y de las fuerzas productivas de los países donde se sitúan, incluyendo en este juicio a Latinoamérica.

 

En resumen, mirando distraído hacia la fragua de nubes que me hablan del destino, rescato para mí mismo, como tabla de salvación de mi actividad artística, una disposición que comencé a ejercer de manera inconsciente  en los últimos diez años, surgida, con probabilidad, de mis años de arquitectura, o del mismo movimiento postmodernista: la necesidad de pintar con entera libertad, incluso dando la impresión de que cambio de conceptos de unas pinturas a otras. Declaro también que casi pasó inadvertido para mí el momento en que empecé a escribir libros, desde hace nueve años, luego de ejercicios de estilo con la poesía, los relatos cortos, los artículos de arte para otros artistas, y de bebedizos imaginarios con mi literatura favorita.

 

RO: ¿Qué artistas colombianos admira, y por qué?

 

OM Variados artistas colombianos han llamado mi atención por algunos conceptos parciales de sus obras, incluyendo los de jóvenes generaciones actuales. En gracia de la síntesis, admiro la contundencia y eficacia de la obra escultórica de Ramírez Villamizar, y conservo un gusto especial por las obras de Botero en su segunda etapa, aquellas influidas por el expresionismo abstracto.

 

En retrospectiva, también me complace la obra de Santiago Cárdenas, por la simplicidad y alcances de su concepto pictórico, conectado con el arte norteamericano de los sesentas y setentas del siglo pasado, y las de Carlos Rojas y Bernardo Salcedo, por abrir caminos nuevos al arte colombiano. Especial atención he prestado a las obras  del artista antioqueño Germán Londoño, pintor y escultor a quien siempre otorgué una “dación de forma” verdaderamente notable en el arte colombiano de los últimos veinticinco años.

 

RO: ¿Quiénes fueron sus maestros y qué le aportaron a sus procesos artísticos?

 

OM Carlos Rojas y Bernardo Salcedo. Son ejemplos de sencillez, cohesión y gracia en los conceptos artísticos planteados en sus obras, no exentos de belleza, surrealismo, y recontextualización de materiales. Del primero, aparte de su obra abstracta, recuerdo con predilección su serie de Mujeres en faja, donde la ironía, el ahorro de medios, y la convergencia de los materiales utilizados, son toda una lección. Asunto curioso es que las mismas características afloran en las obras de Salcedo. Sus cajas no dejan de ser un cálido refugio donde caben todos los sentimientos humanos. De ambos recuerdo también su simpatía personal y verbalización conceptual, acompañadas en forma permanente con su disposición para hablarnos con gracia de asuntos que siempre parecían nuevos, aunque ya rodaran por universos culturales internacionales.

 

RO: ¿Quiénes han influído en su proceso creativo?

OM Tengo la certidumbre de haberme referido al tema en las respuestas anteriores.

RO: ¿Cuál cree usted que ha sido su aporte a la historia del arte y al arte en Colombia?

OM Es una respuesta que preferiría dejar a otros. Aunque parezca gracioso, la adquisición de obras mías en otros países, incluso en otros continentes, por gente de otras culturas, y la falsificación de algunas en Colombia, son hechos que indican, de cierta manera, que lo que se podría llamar mi imaginería personal tiene la potencialidad de invadir, con alguna fuerza secreta, las sensaciones de muchos observadores y seguidores del arte, aparte de los que hablan directamente conmigo. Mi sensación personal es la de estar inmerso en una continua indagación sobre los medios de representación, o, valga decir, las diferentes maneras de ejecutar un trabajo personal, sin adoptar una en particular para todos. Esto se relaciona con decisiones acerca de la gestualidad de la figura humana, el espacio, la luz, la relación entre fondo y forma de la imagen, los aspectos sicológicos y, en ocasiones, políticos, etc. También implica, desde luego, cambios estilísticos deliberados y giros en la decisión de pintar determinados asuntos en cambio otros, de acuerdo a sus potencialidades y a mis “intereses” personales como artista. Detrás de estas decisiones íntimas, hijas del silencio y la meditación, sé que está en el inconsciente la  acumulación de diferentes visiones de la vida, la filosofía, la historia, la estética y el sentir del ser humano en general. Al final, verbalizando lo que podría ser una contribución, declaro que, en consonancia con una respuesta anterior, me aburre estar pintando de la misma manera durante tiempos muy largos, y que, en este sentido, propendo por considerar que el arte también participa de las características de un juego en el que apostamos en búsqueda de la eficacia, o en búsqueda de ese tipo de sorpresas donde también cuenta el azar.

 

RO ¿Cuáles han sido sus grandes temas?

 

OM La ciudad, la mujer, el paisaje, la abstracción y la historia del arte en sí misma, involucrando en ocasiones el volumen físico.

 

RO: ¿Qué opinión tiene de los gestores culturales, críticos, curadores y galeristas?

 

OM Son agentes de la cultura creados por la misma dinámica de las sociedades en la Tierra, de acuerdo a los diferentes sistemas de valores de la condición humana, los sistemas de organización social, y, desde luego, los cambios conceptuales del arte mismo. No es extraño, en este sentido, que los llamados curadores del arte sean también un producto de  la globalización y la posmodernidad norteamericana a partir de los años setenta del siglo XX. Los curadores aparecieron en el arte de Estados Unidos para servir, entre otros asuntos, como intérpretes entre el público y los artistas que yo insisto en llamar posmodernos, en cambio de contemporáneos, por razones dadas en otra respuesta. Los artistas que después se llamarían posmodernos se sintieron libres en Estados Unidos, y luego en el resto del mundo. Libres para hacer arte en cualquier sentido que desearan, y por cualquier propósito, con una exacerbación del individualismo nunca antes vista. Es curioso, sin embargo, que, aunque han querido romper con los artistas del pasado, siguen manipulando sus obras con el uso que le quieran dar, reutilizando o “resignificando” el pop, el realismo francés, el art povera italiano, el arte conceptual, el minimalismo, el expresionismo abstracto, el hiperrealismo, la neofiguración, las instalaciones y el arte conceptual ---conceptos formados desde los años cincuenta del siglo XX---. Esta catarata de conceptos explica el libertinaje que se otorgan para experimentar con todos los estilos, olvidando la “pureza” del arte anterior ---gesto que me atrae en lo personal---. En lo demás, al arte de la posmodernidad no le interesan las fórmulas, y elimina la idea de que sus “obras” sean técnicamente hábiles, originales y novedosas, o muy involucradas con la personalidad individual, como en el anterior arte moderno que venía desde Manet. Prefieren dar una imagen generalizada. Pero el resultado nos conduce a la antinomia antes comentada. El producto artístico de los artistas posmodernos, en general ---y por ahora---, está desconectado del gusto de la sociedad, y es visto como un conjunto de extrañezas elaboradas, en la mayoría de los casos, con materiales desechables que se convierten en basura al final de las exhibiciones, o en material de depósitos. Nadie niega que también produce obras enigmáticas y atractivas, a su manera, como las que cité con anterioridad, y otras de menor escala.

 

Sabemos que la tarea del curador, ahora tan generalizado en todas partes, es servir, en gran medida, de relacionista entre artistas y críticos, e instituciones públicas y privadas, aparte de documentarse, investigar, poner en marcha la elaboración de catálogos, entrar en contacto con coleccionistas y visitantes de museos y galerías, dictar alguna conferencia sobre lo expuesto, y se suponen sus conocimientos de arte e historia, y del entorno social en donde se hacen las muestras. La interpretación que hace lo preparó de manera inevitable para convertirse también en la figura principal del medio artístico del momento. Y esto se da porque, si bien el acto creativo del artista es consciente, el proceso es de naturaleza inconsciente, propicia para ser interpretada, y éste es el nicho donde el curador se siente cómodo para intervenir. Pero. . . ¿Está bien que muchos curadores posmodernos también se conviertan en críticos de arte? ¿Está bien que se conviertan en directores exclusivistas de un grupo de artistas que sólo creen en lo que él cree? ¿Está bien que, de pronto, sin que esto sea público, resulten proclives a entrar en el comercio de obras de sus artistas favoritos? ¿Está bien que se conviertan en críticos-actores-vedettes de una vanguardia crítica que sólo admite a los iniciados en su secreta cripta estética? ¿Está bien que sean la ficha central de la camaradería entre dealers, artistas, críticos ---si existen--- directores de galerías, y merodeadores de este círculo exclusivo de camaradería y confraternidad? ¿Está bien que todos estos actores de la vanguardia crean en lo mismo? ¿Y que olviden detectar otras verdades estéticas que están en formación? ¿Y que crean al unísono en lo que todos creen? ¿Y por qué todos sus seguidores son jóvenes de cierta estética, y da la impresión de que no admiten viejos, salvo algunos que se visten como si lo fueran hasta el fin de sus días? ¿Y saben que, al fin y al cabo, son agentes de una estética expandida en el mundo por Estados Unidos? ¿Y que esta pregunta surge porque hay algunos respetables intelectuales seguidores  del comunismo entre sus huestes? ¿Está bien que ya no quieran saber nada de pintura? ¿Está bien que su objetivo se convierta sólo en presentar obras según sus cánones? ¿Y que valga más su concepto que la obra misma? ¿Y que, de pronto, también acepte cobrar dos o tres millones por escribir un artículo para algún elegido? ¿Y cómo es su proceso interventor? Consiste en vender, coleccionar, invitar coleccionistas, actores, o grandes esteticistas del cuerpo, asistir a fiestas organizadas por quien mira el arte, vende o compra y colecciona, y aparecer en los medios sociales. Los curadores del arte posmoderno son miembros de un ghetto cultural donde los artistas son, en la inmensa mayoría, hijos de la universidad más nombrada, y retoños del organigrama de las clases económicas y políticas dominantes. Así han sido en toda la historia humana las cosas con el arte. Pero… ¿No se podría romper ese círculo? En resumen, en el arte actual que se considera “de punta” todo comienza con el curador-estrella de un arte que insisten en llamar contemporáneo. Sucede también que éste es especialista en interpretar, y conceptualizar sobre la tendencia que pretende favorecer, pero el arte es un hacer. Y él no sabe nada del hacer. Por tanto no puede controlar del todo lo que se vuelve tendencia, como el desconsolador vacío de cierto arte posmoderno tan generalizado entre los jóvenes…

 

Acerca de la crítica de arte, hoy en día su influencia es muy discreta, exceptuando en algo la del arte comentado en los párrafos anteriores. En general carece de tribunas adecuadas y suficientes  para emitir sus opiniones, y tampoco cuenta con revistas especializadas, ni espacio en la prensa diaria, ni en la radio y la televisión. Aunque es verdad que muchos directores de galerías y ferias aprenden de los críticos de arte, y los miran con respeto, a otros no les interesan. Tampoco al artista, quien sólo quiere disponer de textos y declaraciones favorables. ¿Cómo reaccionan los artistas ante la crítica? Mal, si no son tan favorables. Algunos ni las leen. Otros felicitan al crítico, si son favorables. Pero, relanzando el asunto, ¿por qué ya no hay crítica en las galerías privadas y sí se presenta, con efusividad, en museos y espacios institucionales? ¿Y por qué se escucha con frecuencia la opinión acerca de que “ya no hay críticos de arte, sólo curadores? Dejo a otros las implicaciones de esta pregunta. También asistimos impávidos a la evidencia de que, pasando por encima de los críticos, son los medios de comunicación los que deciden quien triunfa. Cada vez es más normal constatar la certidumbre sobre auténticas campañas en los medios para exaltar artistas y escritores conectados con las distintas manifestaciones del poder. También es sottovoce que algunos artistas deben pagar al crítico sumas de algunos millones por exaltar su labor con un buen artículo, sabiendo que van a circular en algún medio de comunicación, o en varios. Pero también ha tomado curso la evidencia de que son los pocos coleccionistas existentes quienes agitan la marea social conectada con el arte. Ni qué decir tiene, son quienes llevan la punta de lanza en esta actividad, porque, al fin y al cabo, todas las estrategias de venta concluyen en ellos. Sabemos que un gran coleccionista puede de cuando en cuando emitir opiniones sobre tal o cual artista de su colección, y relanzarlo en las fuerzas del mercado, o convertirlo en objetivo de su redil estético. Circunstancia especial sucede con cierto tipo de artista no preocupado por ninguno de los agentes nombrados dentro del flujo del arte, convertido él mismo en el verdadero agente de sus ventas y exposiciones nacionales, e incluso internacionales.

 

¿Y el galerista? ¿Qué decir del galerista? De entrada, según los variados aspectos de su personalidad, y en su condición de agente entre la sociedad, el comercio y los artistas, y dependiendo del tipo de galería que regentan, e incluso de la estética de su arquitectura, y de la gente que asiste a sus eventos, puede suceder, y sucede, que algunos de ellos alcancen el estatus de gente “IN” en la sociedad. En tal condición, algunos pueden convertirse en personas empalagadas por los medios. No es muy común que un galerista sea una figura intelectual, caso en el cual es aún más atractiva para los medios de comunicación, junto con su capacidad de convocar un pequeño o gran club de personas polivalentes socialmente “interesantes” ¡Pero esto corresponde sólo a unas pocas galerías, emparentadas con el poder socio-económico del país! ¡Obligan a otro tipo de galerías a convertirse en recuperadores del espíritu mediante la provocación y la disidencia cultural!

 

El promedio de las galerías de medianía no son objeto de los medios informativos en Colombia, si exceptuamos en algo la revista Arteria. El grueso de estas galerías tampoco colocan sobre el tapete sus comentarios y problemas, habida cuenta de los más de setenta años de experiencia del galerismo en Colombia. Estos se deberían destapar frente al público para crear nuevos esquemas de crecimiento. Tampoco hay una gran tradición de coleccionistas en Colombia. Los que existen parecen pertenecer a una pequeña secta secreta colonizada por las pocas grandes galerías con poder socio-económico. El público no conoce, en general, el papel de las galerías, ni su colaboración con el artista, y el mecenazgo es casi desconocido en el país. Sólo se habla de los porcentajes que cobran al artista. La otra gran manía de las galerías importantes, y de algunas oficinas culturales gubernamentales, es su casi exclusiva dedicación a trabajar con jóvenes artistas, la mayoría en su década de los veinte años de edad, con precios bajos y obras de extraña calidad que, de cara al público, los separa conceptualmente de éste. ¡Y colocan el límite de edad de los artistas “defendidos” en los cuarenta años! ¿Y por qué, entonces, a los ministros de cultura, o a los directores de galerías, o a quienes ejercen de críticos, no se les  exige también que tengan menos de cuarenta años de edad? ¿Por qué no apoyan también a los artistas de media carrera? ¿Y los demás? ¿Y los que superan esta edad es porque se han convertido en cretinos?

 

Los problemas siguen. ¿Tienen presencia en certámenes internacionales las galerías de tipo medio? ¿Es esto sólo para el gran capital? ¿Y por qué el mercado de subastas ha “pobreteado” el poco mercado existente entre artistas? ¡¡Obligan a estos a crear su propio mercado, incluso fuera del país!! ¿Y por qué no se subasta el trabajo de los abogados, o los médicos, o los odontólogos? ¿Y por qué no se enseña el aprecio por el arte en la primaria de los colegios? En fin, reitero que es mejor hablar de estos problemas de frente al país, porque, como decía Churchill, “¡el que hable mal de mí, mi culo contempla!”

 

RO: ¿En qué proyectos editoriales ha participado?

 

OM He escrito los libros Amando a la hija del Chacal, Días que también fueron la vida, El Einstein desconocido”(los dos últimos ya editados), y del libro de poesía en preparación Sueños diurnos. Obras mías han aparecido en variados libros de las editoriales Confabulación, Erika Letra editores, Caza de libros y Espasa

 

RO ¿Quiénes han escrito sobre su trabajo?

 

OM Jota Mario Arbeláez, René Pérez Arévalo, Fernando Guinard, Olga de Villegas, Francisco Gil Tovar, y otros dos cuyo nombre se me escapa en este momento.

 

RO ¿Para usted qué es el erotismo y qué la pornografía?

 

OM “Sin prohibiciones no hay erotismo”, dejó escrito el poeta francés Georges Bataille, “el rey de la transgresión erótica” en el París surrealista de los años veinte, treinta y cuarenta, con quien Dora Maar había vivido todos los sortilegios de la carne antes de conocer a Picasso en 1936. Bataille imaginaba los prostíbulos como “las auténticas iglesias de París”. En cuanto a su aventura con Picasso, Dora Maar lo recordaría luego como coprógrafo declarado. Desde luego todos los anteriores personajes eran pornógrafos en ciernes. Sucede también que, “en privado”, a la mayoría de las mujeres con que establecemos relaciones afectivas “sanas” les gusta el erotismo, y esto puede significar abrir la puerta a la sexualidad. Luego descubrimos que también le gusta la “sana” perversión íntima, y este hecho nos conduce a otra complejidad. En la intimidad, todas las partes del cuerpo de los amantes interactúan, hay penetraciones y caricias, y el hecho es visto de manera explícita, no como pornográfico, sino como expresión sexual del amor. En otras palabras, esto es erotismo. Si por alguna razón el mismo acto se realiza en público, eso ya se enfrenta a lo cultural, a las costumbres aceptadas y, por tanto, es considerado como pornografía, y prohibido. Si el sexo se relata en forma escrita o hablada, mostrando el mundo interior del acto, también puede romper los límites de lo que puede ser exteriorizable, y también ser considerado pornografía, al enfrentar lo cultural. En general, hay un erotismo público aceptado por la sociedad, porque se ve como expresión del amor, y está insertado en el arte, la poesía, la literatura y el cine. La poesía erótica, por ejemplo, muestra lo que puede ser exteriorizable, no lo que se interioriza. Si el acto sexual sugestivo se muestra, incluso en el cine y los videos, ocultando las partes íntimas tras cortinas o vidrios poco translúcidos, aun hablamos de erotismo. Pero si las partes íntimas se exhiben abiertamente, esto ya es pornografía, etc,etc, etc.

 

Yo creo que las sociedades del mundo no aceptan la pornografía como una reacción inconsciente que apunta a la conservación de la especie. Según esto, atenta, por ejemplo, contra los valores familiares y la educación de los hijos. Por todas las consideraciones anteriores se identifica el erotismo con el amor, y la pornografía con el comercio del sexo, porque se potencializa la presencia de genitales y la actividad sexual explícita. Pero es posible que un producto artístico de gran calidad sea considerado pornográfico, como alguna escultura del norteamericano Jeff Koons, el recordado artista norteamericano, ex esposo de La Chicholina. Pero los límites delo pornográfico se diferencian de una cultura a otra y, en alguna de éstas, el hecho de que una mujer de algún país exótico muestre un pie, o su cabeza y sus hombros, puede ser considerado pornográfico, y padecer castigos como  apaleamientos o lapidaciones. Un museo erótico puede presentar obras abiertamente pornográficas, pero no recibe sanción social porque está mediando su aparente privacidad, y la libertad individual de ir o no ir a este lugar. ¿Pero no es dable creer que el noventa y cinco por ciento de los seres humanos son pornógrafos reprimidos?

 

RO: ¿Qué artistas admira que hayan trabajado el tema del erotismo en el mundo y en Colombia?

 

OM En el mundo, Miguel Ángel, Michelangelo  Caravaggio, Pedro Pablo Rubens, Jean-Honoré Fragonard, Henry deToulouse Lautrec, Edgar Degas, Egon Schiele, Pablo Picasso, Richard Hamilton, Tom Wesselmann, Gustav Klimt, Balthus, Fernando Botero, Salvador Dalí, Andy Warhol, Francis Bacon, Eric Fischl, David Salle, Roy Lichtenstein, Jeff Koons.

 

En Colombia, Carlos Granada, Norman Mejía, Luis Caballero, Leonel Góngora, Pedro Alcántara Herrán, Álvaro Barrios, Germán Londoño, Gilberto Cerón, Fernando Maldonado, Rafael Dussan.

 

RO: ¿Qué opina de las religiones?

 

OM Nadie puede negar su importante papel en la sociedad. Ni los regímenes totalitarios, de izquierda, o de derecha, las pueden suprimir. Ni siquiera los embates de los surrealistas de París. Ni siquiera la frase terrible de uno de ellos, Benjamin Peret, en 1948: “La religión cristiana, la más evolucionada y la más hipócrita de todas las religiones, representa el gran obstáculo espiritual y material del mundo occidental". Pero yo recuerdo que ir a misa los domingos, en nuestra adolescencia, tenía sus ventajas: también nos servía para descubrir en la iglesia del barrio los mejores cuerpos y rostros entre nuestras vecinas contemporáneas, con algún  propósito puramente animal. Por otros motivos aún me gusta entrar a las iglesias: las veo también como el lugar donde se protagoniza un gran performance, entre sagrado y pagano.

 

Quiérase, o no, la religión juega un papel importante en la sociedad, en las políticas de los gobiernos y en la vida de los seres humanos, para bien o para mal. Ejemplo de un papel negativo de la religión católica es su insistencia exagerada en la antinomia pobre-rico, y en el papel casi unívoco que le adjudica a la vida gloriosa después de la muerte. Es casi nula su evocación y convocatoria en pro del trabajo, la ciencia, la técnica y el trabajo material como una de las bases del desarrollo social y la redistribución de la riqueza, asunto que es muy normal entre los países protestantes, luteranos y confucionistas, favorecedores del emprendimiento laboral y empresarial, porque. . . ¿Qué sentido tiene redistribuir la pobreza, como hasta ahora ha pretendido la izquierda latinoamericana, también heredera de la antinomia católica pobre-rico, sin dar importancia a los programas sustitutivos de desarrollo? Podemos reinventar el socialismo latinoamericano, porque hasta ahora ha cometido la equivocación, con alguna excepción, de desmontar la empresa, la industria y la agricultura que encuentra en los países de su accionar, en lugar de transformarlos con eficiencia ¡Se olvida del ejemplo chino! Entre tantos ejemplos de países desarrollados figuran, en forma llamativa, países protestantes y luteranos como Suecia, Dinamarca, Finlandia y Noruega, que se cuentan entre los más exitosos del mundo, y son refugio, a propósito, de gente de izquierda latinoamericana. Pero no se propaga en nuestro subcontinente la verdad de que los países citados ejercen un socialismo muy diferente a lo esperado, porque combinan las políticas redistributivas con un serio régimen de impuestos y gran liberalismo general, comercial y empresarial, base de ese desarrollo que permite educación, salud y facilidades materiales gratuitas, y pensiones atractivas. Muy famosas son las propias multinacionales de Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca, con filiales en Latinoamérica y el resto del planeta. Considerando criterios de bienestar, de libertad o de corrupción, esos países superan incluso a Estados Unidos y el resto de Europa. Pero... ¿No comenzamos hablando de religión?

 

Las religiones están en todas partes. Ni qué decir tiene que han formalizado las relaciones hombre-mujer en Occidente, dándole preeminencia al hombre, incluso en los ritos y ceremonias religiosas, así como asuntos de la reproducción humana conectados con la sexualidad, el tamaño de las familias, y su supervivencia. No olvidemos lo relacionado con las obligaciones en la vida matrimonial e, incluso, han definido el rol de las mujeres en la sociedad como madres y esposas. Juzguen ustedes. Pero también las religiones influyen con sus ritos en la creación del arte de las civilizaciones. Para no ir muy lejos, el desarrollo del arte occidental le debe mucho a la Iglesia católica romana, porque lo utilizó en su lucha contra el protestantismo a través del barroco, el manierismo y el rococó. Casi nada. Y cómo dejar de pensar que la religión  incide en forma permanente en manifestaciones culturales, experiencias, creencias y conductas de los seres humanos, la mayoría de las veces en forma inconsciente. A propósito. . . ¿No estaré, de manera inconsciente, cruzando los límites morales de algunos con estas declaraciones sobre la religión? De conocerlas, Jean Louis Bédouin, otro intenso surrealista parisino, ya me habría atacado, porque dejó escrito en 1950, en unas notas sobre Bretón, que “es preciso destruir definitivamente la abominable noción cristiana del pecado, de la caída original y amor redentor. . . Una moral basada en la exaltación del placer barrerá tarde o temprano la innoble moral del sufrimiento y de la resignación” Pero las honras fúnebres de Bedouin no se llevaron a cabo en un prostíbulo, como lo hubiera deseado, sino en la iglesia de su barrio en París, por recomendación de su familia.

 

RO: ¿Qué opina de la clase política colombiana y de las otras geografías?

 

OM Esto daría para varios tomos. Todo se resume en la más escueta verdad: Colombia es el segundo país en Latinoamérica en desigualdad social y económica, y el séptimo en el mundo. La explicación es una sola: sólo hay tres organigramas  político-social-económicos en Colombia. Uno es el de la costa; otro, el del centro del país, un tercero en la región antioqueña y centro-occidental. Los tres tienen ancestros dominantes familiares de 3, 4 y 5, con vasos comunicantes entre ellos, y no pocos descienden de los fundadores de la nacionalidad. Y no se crea que los países de izquierda se salvan del nepotismo político y social. --- Es mejor decirlo ---. Examinen el caso chavista de Venezuela, Bolivia y Nicaragua, también con corrupción rampante desde la punta de la pirámide. De paso, miren el del resto de Latinoamérica. Regresando a Colombia, los que ganan 4 millones son el 1 por ciento, y sólo el 0,1 por ciento ganan entre 8 y 9 millones. El 3,1 por ciento de las viviendas en Colombia son de estratos 5 y 6. Sólo el 2.5 por ciento de la población gana 2 millones. Alrededor de 700 personas tienen más 54.000 millones. En Bogotá, por ejemplo, los que ganan 4 millones son el 1 por ciento de su población, y 10 por ciento recibe más que el 80 por ciento. Y. . . con el temor de atiborrar esta lista, dejo aquí las cosas. Me retiro para sumar lo que tengo en la cartera. Debo hacer una invitación a una amiga, y los restaurantes buenos, con precios por las nubes, también pertenecen al 0,001 por ciento de la población bogotana. Alguna solución surgirá, tarde o temprano, y que no consistirá en destruir lo logrado, sino en transformarlo con eficiencia para todos. Pero tengo claro que no deseo tener al mando de mi país a ningún dictador de derecha, ni de izquierda, ni de centro. Las dictaduras son peores de corruptas, por obvias razones, como la de anular la vigilancia de sus presupuestos y gastos.

 

RO: ¿Qué percepción tiene del Museo Arte Erótico Americano, MaReA,y la ReVista OjOs.com?

 

OM Ambas creaciones suplen una necesidad de Bogotá y el país, como otras grandes capitales del mundo. Es un epicúreo lugar de rejas abiertas donde cada artista amigo puede dejar sembrado en sus salones un mensaje de desalienación a través de sus obras. Éste museo es un lugar icónico adelantado, situado en el barrio menos sospechado, en medio de la santa paz de hogares pequeño burgueses. Pero hierve por dentro con sus esculturas de sexo explícito, divertidas formas del Kamasutra, incitaciones gráficas para la actividad sexual, y no sería extraño que en el momento menos pensado exhiba películas y sea dotado de un fosforescente sex-shop. Todo en el Museo Arte Erótico Americano, MaReA, nos recuerda que el sexo no debe ser una promesa de matrimonios entre las sábanas, sino un acto creativo  entre el arte y la vida a través de una de sus mayores manifestaciones, la lascivia. Detrás de todo está el soporte de la gran carrera editorial de su fundador y director, cuyo testimonio son los llamativos libros de arte sobre El Espíritu Erótico, publicados durante treinta años, que confirman lo anterior.

 

Tras este museo, la ReVista OjOs.com apareció como nicho digital con variados artículos donde dejan de ser secretos los gestos de la carne, mezclados con inéditas dimensiones del sentimiento. Sirven también de incitaciones para los artistas y escritores que resultan convocados, y que desatan allí las sensaciones de culpa y pecado en pro de exaltar la dimensión dionisíaca del espíritu humano. O que adquieren la forma de confesiones que se atreven a decir las verdades guardadas detrás de las puertas, amenazando convertirse en olvido. La ReVista OjOs.com también nos convoca en la poesía y la literatura, o nos enseña lo acaecido en algunas exposiciones, o en espectáculos, o happenings donde el encuentro del hombre y la mujer, mediante  dinámicas teatrales, recuerdan que el tiempo nos reclamará si dejamos guardadas las tiranías emocionales que nos acosan. O donde se labra el futuro del arte erótico en América con la única ayuda de “la capacidad de aguante y la dulzura de la inteligencia”, como dice su director, Fernando Guinard, en uno de sus editoriales. O da cabida a relatos de escritores nacidos para desacomodar la tranquilidad. Nos recuerdan que la existencia también puede consistir en los riesgos de vivir el amor en un bosque con árboles de incendio, o en gloriosos derrames de “putería”, o en invictas aventuras de errancia para encontrar en el camino nuevas verdades. O nos informa de obras de teatro en que sucede que el mundo cotidiano no es lo que las suegras desean a sus hijas, sino el súmmum de las grandes batallas de aguante con corazones de lata. Y no olvida relatos sobre las vidas de artistas que se atrevieron a pintar obras maestras que aún hieren los ojos, o que iluminan dulces pozos de escenas que a otros pueden parecer violaciones, cuando se trata de simples incestos entre el lienzo y las tiranías emocionales que amenazan ser torturas íntimas. En fin. Hay que leer la ReVista OjOs.com para siempre. Nos vuelve independientes, arriesgados, o poseedores de la sensación de serlo, y deja salir de nuestro cerebelo algunas clarividencias que de otra forma serían materia oxidada. Más allá de eso, nos recuerda que la verdad no puede ser solo la medianía del mundo ordinario y cotidiano.

 

RO: ¿Quiénes coleccionan sus obras?

 

OM He cometido el error, según amigos, de no anotar todos los nombres de los coleccionistas de mis obras. Me reprimo de contar cuántas personas poseen obras mías, óleos y acrílicos sobre lienzo, y variadas otras técnicas gráficas. En algo me ha favorecido la globalización del planeta, sin darme cuenta, sin proponérmelo, porque ya se encuentran obras mías en colecciones de Madrid, Miami, Houston, Nueva York, Princeton, Lima, París, Barranquilla, Cartagena, Cali, Medellín, y, desde luego, Bogotá. Sucede con variados aristas colombianos. ¿Por qué ha sucedido esto? ¡Son las seducciones impensadas del arte! Si las obras llegan a personas de diferentes idiomas y nacionalidades, es porque hay en nuestros trabajos artísticos una carga emotiva y estética que va más allá de nuestros propios orígenes, y de las ideologías personales. No olvidemos que Facebook cumple también una función democrática planetaria que comprueba el gusto de personas de nacionalidades exóticas por la visión estética de los artistas colombianos.

 

RO: ¿Quiénes son sus escritores y poetas favoritos?

 

OM Hummmm. Qué larga lista. Escritores como Miller, ¡Anaís Nin!, Cortázar, Borges, García Márquez, Rulfo, Savater, Kundera, Kafka, Joyce, Proust, Faulkner, ¡Dalí escritor!, Yourcenar, Sartre, Camus, Freud, Ospina, Benedetti, Chopra, André Breton. . . Poetas como Whitmann, García Lorca, Neruda, Antonio Machado, ¡Nicanor Parra!, Aurelio Arturo, ¡Vicente Aleixandre!, Vidales, Eduardo Escobar, ¡Jota Mario Arbeláez!, Bradbury, Luis Cernuda, Salinas, Louis Aragón, Apollinaire, Éluard, Ospina, Octavio Paz.

 

RO: ¿Quiénes son sus columnistas preferidos, y por qué?

 

OM Muy pocas veces leo a los columnistas de la jauría política colombiana. Me aburren. Tampoco me atraen las columnas de ideología política extrema, sea la que sea. A propósito de esto, repudio la situación política actual de Colombia, y propendo por un socialismo moderno, como el de los gobiernos de Mujica y Lula, en Uruguay y Brasil. La propia naturaleza del arte me imbuyó de un espíritu pluralista, y prefiero leer los columnistas de prosa desestresada, revestida de humor, como los de Luis Noé Ochoa. Otros me invitan a informarme de variados asuntos inesperados que enaltecen el conocimiento de forma agradable, como Esteban Constaín, Moisés Wasermann, o Alberto Donadío, entre los que recuerdo.

 

RO: ¿Cómo es la mujer ideal?¿y el hombre?

 

OM Aprecio mucho la capacidad de la mujer para desempeñar al mismo tiempo varias actividades, y encuentro sobradas razones para destacar su talento a la hora de dirigir y gobernar, como lo vemos cada vez más. También admiro su memoria emocional, y comprendo su interés en los asuntos materiales. Esto viene, por motivos antropológicos, desde la época de la convivencia en las cuevas. Estoy seguro de que los desacuerdos entre ellas y nosotros se deben, en gran medida, al desconocimiento de nuestras distintas naturalezas. No olvidemos que los hombres fomentamos, por razones culturales, la visión de las mujeres como objetos sexuales. Ellas lo saben, cuidan su cuerpo, y extienden esto al cuidado del medio ambiente, asunto derivado de su instinto maternal. Pero, con frecuencia, y lo percibo en mis amigos, el lenguaje de los hombres es simple y visual, acompasado con el silencio. Nuestra naturaleza masculina nos mantiene pensando en la solución de los problemas profesionales y de competitividad, mientras la mujer entiende el mundo desde un sentido profundo, afectivo, emocional, sensible. Por esto busca el diálogo. La mujer quiere ser escuchada y compartir sus sentimientos, mientras el hombre se refugia en un nicho imperativo para resolver sus asuntos, y no necesita consejos ni reflexiones. Lo escribo de nuevo: se refugia en el silencio. Conocer lo anterior es clave para resolver los desencuentros, que, con frecuencia, terminan en agarrones y destrucción de la convivencia. Todo el análisis anterior me sirve para decir que de aquí se deriva lo que el hombre debe hacer y dejar de hacer, incluyendo el compañerismo en los oficios al interior de la relación ¡Para qué negar esto! En lo demás, la naturaleza de la mujer me cala perfectamente, porque me encanta a morir la mujer conversadora, graciosa, irónica, tomadora de pelo, cuenta chistes, bailarina, vanidosa, activa, pero trabajadora y productiva. Caso especial es el de las mujeres ejecutivas, quienes tienden a adoptar algunas características que la desconectan de su lado maternal. ¡Cuidado con decirlo en público! En caso de implicarme con alguna de ellas sí le rogaría que me facilitara el espectáculo práctico y maravilloso de verla cocinar! Es, además, una buena incitación para comenzar a hacerlo nosotros mismos.

 

RO: ¿Cuáles son sus grandes logros?

 

OM ¡Qué pregunta tan “grande”!. Mi mayor logro es haber aprendido del arte a convivir conmigo mismo, conociendo mis propios límites.

 

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