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ARTISTAS INVITADOS /  OCTAVIO MARTÍNEZ CHARRY

 ReVista OjOs.com     AGOSTO DE 2016

Octavio Martinez Charry, ReVsta OjOs.com

Foto: Fernando Guinard

OCTAVIO MARTÍNEZ CHARRY

 

CAMPEÓN DE LAS PENETRACIONES DE VOLÚMENES VACÍOS

 

Por Fernando Guinard

 

Colombia no es sólo el país de los pintores y los poetas sino también el de los escultores. Los grandes maestros de la historia son los artistas anónimos prehispánicos que plasmaron sus cotidianidades y fabulaciones en exquisitas piezas de orfebrería, cerámica y esculturas gigantescas.

 

No es mucho lo que se conserva del espíritu erótico de los indígenas de América y en Colombia es casi nulo por la bobería colonizadora y cristianizadora. Sin embargo, el antropólogo Álvaro Chaves Mendoza realizó una deliciosa historia sobre los usos y costumbres de estas culturas encantadoras y creativas que envidiaría cualquier representante excelso de las vanguardias europeas y norteamericanas.

 

Ver enlace: www.museoarteeroticoamericano.org/elespirituerotico_erotismoprehispanico.html

 

Ya en el ámbito erótico contemporáneo y en el espíritu de este homenaje podemos resaltar a los siguientes: Rómulo Rozo, Marco Tobón Mejía, Roberto Henao Buriticá, Josefina Albarracín, Hugo Martínez, Rodrigo Arenas Betancourt, Edgar Negret, Eduardo Ramírez Villamizar, Miguel Sopó, Fernando Botero, Feliza Bursztyn, Hernando Tejada, Nijole Sivickas, Germán Botero, Hugo Zapata, Lidia Azout, Octavio Martínez Charry y Guillermo Melo, entre otros, quienes han llevado esta herencia a los más altas expresiones de la contemporaneidad.

 

Octavio Martínez Charry (1949), es filósofo y escultor con grandes premios y reconocimientos en Washington, San Francisco y Nueva Orleans. Es un viajero incansable por el espíritu y los procesos eróticos que plasma en deliciosas esculturas que son rapadas con avidez y a la velocidad del relámpago por coleccionistas europeos y norteamericanos.

 

La entrevista realizada al maestro escultor Octavio Martínez Charry, que da vida a este reportaje construido con las inquietudes de su espíritu curioso, se realizó en su estudio, ubicado frente al cementerio del concurrido barrio bogotano de Usaquén. El santuario donde trabaja está plagado de herramientas y esculturas expresionistas no hieráticas en las que ha plasmado su espíritu investigativo, creativo, erótico y festivo en cientos de bronces que danzan al ritmo de sus deseos inmersos entre sus libros y sus chécheres.

 

¿Cuál ha sido su aporte a la historia del arte? Fue la primera pregunta que le disparé, con premeditación y alevosía. La pregunta es una de las más difíciles de responder porque la mayoría de los artistas y de los farsantes pasan por la historia sin romperla ni mancharla. Y más en estas épocas donde la banalidad habita la atmósfera y las verborreas de las guacamayas conductistas brotan como llamas de fuego que arrasan a quienes no penetran en sus entrañas.

 

Dice que su aporte es la valoración del vacío. Los volúmenes vacíos de las formas corporales penetran en una matriz y proyectan sombras que crean mundos paralelos que existen por los poderes de la alquimia y de la observación, cómplices principales de su creatividad, transpiración y buena suerte.

 

No sobra decir que a Octavio Martínez Charry le conozco desde la adolescencia cuando habitaba en el barrio Divino Salvador, muy cerca al parque Lleras, donde estaba ubicada la casa del famoso periodista Enrique Santos Montejo, más conocido como Calibán, el tronco de los Santos que están en el poder.

 

Como buen niño de familia de estirpe religiosa y aconductada, estudió en el Instituto del Carmen donde no aprendió nada de escultura. Pero con el introvertido maestro Miguel Sopó, que habitaba en una casa de es quina, en la calle 56 con carrera 17, fue de quien percibió que se podía pensar el mundo en tres dimensiones y hacerlas reales.

 

Y se convirtió en un artesano autodidacto vacunado contra la bidimensionalidad de la percepción, y estudió Literatura con una beca que le duró seis semestres en la Universidad Javeriana de Bogotá, y lo echaron por hippie. Allí tuvo la oportunidad de conocer a Carlos Pizarro Leongómez, (Cartagena de Indias, 6 de junio de 1951 - Bogotá, 26 de abril de 1990) el comandante del M 19, entre 1986 y 1990, y candidato presidencial asesinado por mafiosos de las autodefensas con la complicidad del estado que no cumple ni respeta los pactos realizados con quienes dejan por ingenuidad las armas y se dedican a la popolítica.

 

Y sus deudos se convierten en víctimas que deambulan por la existencia como zombis desadaptados. Trabajó con el maestro Enrique Grau Araújo a quien le realizó vitrales para las casas de los arquitectos Gastón Lemaitre y Manuel Delgado; también le colaboró en la elaboración de las cajas de plexiglás donde ubicó sus esculturas en acrílico y el Diario de Humboldt. De Grau, además de aprender la perfección en el trabajo también grabó en su memoria las recetas del gran cocinero que era. Se acuerda de carne con berros y róbalo a la diabla. Tuvo la oportunidad de disfrutar al maestro Alejandro Obregón repellándole paredes y afinándolas para plasmar sus murales en la Casa Lemaitre del Pie de la Popa, al son de ron Tres Esquinas y en compañía de un ser de una generosidad exquisita.

 

En 1974 el maestro Martínez Charry participó en el Primer Congreso Mundial de Brujería como organizador de la exposición de Arte mágico y brujo en la que participaron más de doscientos artistas y él con dos vitrales.

 

En 1975, Octavio Martínez ingresó a la Universidad Nacional de Bogotá, en 1979 terminó sus estudios y un año después se graduó exento de tesis por el diseño y elaboración de una escultura de una mano que sostenía un edificio del Park Way en Bogotá. En la actualidad, mano y edificio están desaparecidos y nadie sabe por dónde andarán.

 

De su paso por la universidad recuerda el poco espíritu didáctico de sus maestros a excepción de Ángel Loochkartt, Dioscórides Pérez y Jorge Riveros que se destacaban por compartir sus conocimientos y espíritu creativo al lado del maestro Tiberio Vanegas (1937-1983) elegante y talentoso director de la Escuela de Bellas Artes de la U.

 

Las influencias primigenias de Octavio Martínez son los pictogrifos de las Cuevas de Altamira y Lascaux, y las formas escultóricas de la cultura Tumaco, la de más acción y movimiento de las culturas prehispánicas. Sus esculturas parecen modeladas por las garras de un felino o de un monstruo intergaláctico que captura las vibraciones de la materia en un ambiente de libertad y desorden en medio de yesos y lavas rugientes que se convierten en bronces. En esta atmósfera habitan espíritus, cabezas, perfiles y bustos que nunca concretaron su destino por culpa de la desaparición de los deudos que las encargaron.

 

Su obsesión es plasmar la acción y el movimiento de cuerpos dinámicos que danzan y copulan en el espacio vacío para engendrar materia iluminada cuyas sombras proyectan otros seres, y así, sucesivamente hasta el fin de los tiempos, como en las cavernas.

 

El gran escultor Giacometti es hierático y estático, al contrario del maestro Octavio, pues su obra es movimiento e hiperactividad, como son su temperamento y carácter.

 

Como amante de la poética obtuvo en la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano un premio de poesía universitaria. Sus vates preferidos son Raúl Gómez Jattin, Jotamario Arbeláez, Mario Benedetti, Pablo Neruda y su pariente Fernando Charry Lara. Octavio tiene en su estudio un exquisito libro que tuve la oportunidad de saborear, una edición de lujo de 1951, con ilustraciones del maestro Fernando Botero.

 

Y quiero reproducir algunas páginas con los poemas e ilustraciones de estos maestros colombianos. (Págs 86-87).

 

Su primera exposición individual la realizó en 1977, en el Salón XX del Banco de Colombia que dirigía Leonor Holguín de Davidson, muestra sugerida por Jaime Michelsen Uribe quien era el presidente del Banco y quien le enseñó que en los lugares donde hay flores siempre habrá prosperidad.

 

En Suiza, país que resuma arte en sus lagos, parques y avenidas, su obra es muy apreciada. La gente convive con el arte en una placentera complicidad.

 

Ha mostrado su obra en innumerables galerías y clubes de Colombia, Suiza, Francia y Estados Unidos.

 

Obra permanente se puede encontrar en: Gallery Joe Miller Fine Arts, Washington, EE.UU; La Cadrerie en Ginebra, Suiza; Fils du Soleil, París, Francia; Torpedo Factori y Galería Michel, Virginia. EE.UU.; Crisolart Gallerias, Barcelona España; Museo Arte Erótico Americano MaReA y Galería Guinard, Bogotá, Colombia.

 

Ha obtenido numerosos Primeros Premios en escultura otorgados en Centros de Convenciones de Arte en Washington, San Francisco, Nueva Orleáns; The Art League, Alexandria, Virginia, EE.UU. Y una Mención Especial de Reconocimiento, Green Peace, Zurich, Suiza, 1994 Hammer Prize.

 

***

 

“Siempre he creído que el escultor Octavio Martínez Charry es capaz de traspasar las paredes. Él mismo es una puerta por donde pasa, abierta a todas las maravillosas mañanas del mundo. Tal es su compenetración con el vacío, al que ha sido capaz de erigir el monumento de su propia obra. Especializado en manejar los metales, en doblegar la dureza del elemento con pinzas de fuego, el alma dura de su obra por un privilegio de la inexistencia deviene inasible, se apoya en la nada para plantear la presencia contundente de lo fantasma... Nos atrapa en los sentimientos un dibujo en el aire como un tatuaje imborrable.

 

Jotamario Arbeláez

 

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