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 ReVista OjOs.com    OCTUBRE DE 2017

VENUS DEL MaReA  /   MERIDIANA SILVESTRE por FERNANDO GUINARD Y EMILCE RIVERA

Confesión de Meridiana Silvestre

 

 

Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos

que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

 

Yo confieso Oración católica

 

 

 

Nací y crecí en un contexto católico en donde la imagen ideal de mujer era la “no mujer”, la mujer desexualizada, la que fue concebida y a su vez concibió sin pecado, algo opuesto a lo que mi cuerpo necesitaba. Confieso que pasé gran parte de mi vida culpándome por no ser una mujer mariana.

 

Desde mi adolescencia huí sin saber muy bien de qué. Abandoné tantas cosas como pude cuando me sentía acorralada y condicionada sin saber muy bien por qué. Sin dinero y con dinero huí y viajé sola desde los 14 años, estudié, hice teatro y títeres, y amé.

 

Estudié Artes escénicas en Colombia y Teatro de títeres y objetos en Argentina. La primera carrera me enseñó el rigor militar y la sacrosanta búsqueda del artista que transgrede sus límites corporales. La otra fue un laboratorio maravilloso en el que se producía pensamiento, se conceptualizaba y se creaba, allí encontré un espacio para construir mis propias narrativas escénicas.

 

Estando fuera de Colombia estuve también “más adentro” deconstruyéndome, descubriendo de qué huía: de mi cultura, mi familia y del personaje que me había armado para sobrevivir.

 

Para liberarme de las voces que me señalaban empecé por librarme de la voz más fuerte: la mía. Dejar de verme como una enferma que ya de niña se masturbaba con sus muñecos, desnudaba a sus amigos de juegos, y disfrutaba  escandalizar con sus apariciones nudistas permanentes e impertinentes, no ser una “hembra latina” sino más bien una figura aniñada e insípida, la culpa de ser cazadora y no esperar a que el príncipe azul tocara la puerta para probarme la zapatilla de cristal.

 

Ahí nací de nuevo, pude liberar esos seres libidinosos, terrenales, supraterranales que me habitaban, dejé de negar mi sexo y mi capacidad de ser una perra feliz con todas las letras, aceptar mi sexualidad con descaro y desfachatez, ese fue el primer paso. Experimenté y amé en el colectivo Porno Porsi en Buenos Aires, exploté y exploré la desnudez a todo su nivel con múltiples discursos y pretextos, construí una familia con otros amigos fugitivos e incendiarios.

 

Recorrí y aún recorro muchos caminos en la búsqueda del cuerpo libre, la mente libre. El ser que puede reprogramarse, amar, poliamar y permitirse romper paradigmas idiotas y problemas heredados de la tradición. Me enamoré de la luz y las sombras, a ellas di mi ser completo. Junto con otros cuerpos y mentes hemos creado obras y performance en las que él  ser es el tema central. Lo que oculta y revela la sombra es misterio y muerte, un engaño para los sentidos que cuestiona lo real, cuerpos y objetos desproporcionados por una selección dramática, lenguas gigantes que lamen o devoran una figura humana, pornografía surreal que juega al cine en la caverna.

 

Y este engaño sensual me llevó a las atmósferas y al sonido, a lo multisensorial, a jugar con algunos patrones del cerebro como empatía y percepción, engañar los sentidos con el fin único de incitar, provocar, desestabilizar y reprogramar unos cuerpos violentamente reprimidos que responden a ideales divinos cuyos orígenes están en los miedos de la historia que terminan justificando el anular la otredad y crear una única verdad.

 

Creo propuestas para el robot citadino, hago apología a la erotización de la vida y a la pornografía de las sombras. Cachondear al público, romper la cuarta pared de manera literal, tocar, oler, saborear los cuerpos y escuchar sus respiraciones agitadas. Con las historias que llevo a la escena busco generar experiencias que desencajen y sacudan la programación corporal y mental del espectador, así como sacuden mi propia existencia reafirmando mi condición de hija de Eva, de mujer lujuriosa, cazadora, creativa, oscura, pasional y libre de culpa.

Emilce Rivera         Fernando Guinard

 

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