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ARTISTAS INVITADOS /  MARLÈNE BÍSSON

 ReVista OjOs.com    MAYO DE 2012

Marlène Bísson

MARLÈNE BÍSSON

 

Un día, en una braderia, encontré una muñeca rubia Barbie. De niña nunca tuve una muñeca pues tenía dos hermanos mayores y otros dos menores y jugaba más con los soldaditos de plomo que con las muñecas que siempre acompañan a las niñas de occidente.

 

Esa Barbie me sedujo y la utilicé en mis primeras fotos. Al principio las ubiqué leyendo libros de grandes autores con el propósito y el sentimiento extraño y excitante de “penetrar” en sus universos inspirada por los fotógrafos Ed Fox y Roy Stuart.

 

Poco después descubrí las muñecas Obitsu (que venían de la China), dotadas de numerosas articulaciones y con un físico que correspondía más a mi gusto. Efectivamente, de inmediato abandoné la rubia (referencia erótica occidental) para acercarme más a la morena, que para mí era lo más próximo al modelo asiático, desatándome así, un imaginario mucho mas abierto, erótico y artístico. Trabajé con fotógrafos como Nobuyoshi Araki y Ken Ichi Murata. Soy extremadamente sensible al erotismo japonés y en particular a aquel de la muñeca fetiche que desencadena sueños y fantasmas.

 

La muñeca es un objeto maravilloso y fantástico que posee un inmenso poder de sugestión. Contienen mis sueños y mis deseos. Cada una de ellas son mi otro yo. Ellas son el alma de mi trabajo artístico. Simon Yotsuya (creador japonés de muñecas articuladas) dice: “Las muñecas no son seres vivos, ellas no tienen la conciencia humana, es por eso que parecen tan extrañas y peligrosas”. Y Ryo Yoshidia (creador de BJD) dice: “Las muñecas no deben expresar la alegría, el enojo, el humor ni la tristeza. Sus rostros tienen que ser transparentes y como un espejo, deben reflejar vuestras propias emociones”.

 

Mientras pongo a mi muñeca en escena para fotografiarla, desato una transferencia de identidad. Atrapo la belleza plástica de mi muñeca y le doy a cambio, mi alma. Ella es “mi”objeto, en donde mi personalidad habita, dándole un cierto sentido de mí. Ella provoca en mí una cierta sensación de eternidad. Bee Kanno dice a propósito de las muñecas que ella misma crea: “A través de ellas yo me reencuentro”. Es exactamente esa necesidad que me empuja hacía este camino, pues yo puedo así realizarme a través de mis fantasmas y de mi arte.

 

Mis ideas nacen a menudo del encuentro de la muñeca con diferentes materias o elementos de la naturaleza como la luz, el agua y hielo; con los elementos vegetales, hojas, algas, corales; o animales, frecuentemente marinos como peces y pulpos. El trabajo de preparación consiste en vestir a mi muñeca con sus trajes, peinados y accesorios y luego en preparar el ambiente y la decoración en el cual ella tomará “vida”. Entonces la instalo buscando revelar en ella, una cierta sensualidad que se desprenda de su belleza y de su fragilidad desestabilizadoras, para no decir molestas, impregnadas de erotismo, todo esto brindando un extraño enlace o simbiosis del sujeto -“mujer objeto”- con la materia (agua, plástico, vegetales, papel, resina, vidrio...) como en ciertas fotografías de Francesca Woodman o Neil Craver. Y para terminar la envuelvo con preciosas luces que le engendran esa “inquietante rareza”.

 

En cuanto a lo fantástico, me permito todo. Al filo de mis exigencias y mi humor del momento, mi muñeca puede permanecer una noche entera congelada en un molde de tarta, quedarse bajo el agua durante largas horas; si un brazo me molesta, lo arranco; si por la ocasión ella debe ser cortada en dos... pues bien, ¡qué así sea! Tengo casi ganas de hablar de “la mecánica del placer” de Hans Bellmer. Yo la desmiembro a veces a su manera con el fin de crear cuerpos “Unheimliche” (“extrañamente inquietantes”). Dócil y sumisa, graciosa y discreta, ella depende de mí.

 

En mis fotografías, la utilización de mi muñeca de acuerdo a su materia plástica, no invita al espectador a resentir un erotismo tradicional, pero permite desplazar ese erotismo hacia otra esfera que es mucho más psíquica, sobre todo en mis escenografías con los elementos a los cuales yo hago afrontar a mi modelo ( luces, decoros, materias...). Bajo la empresa del poder de seducción que posee la muñeca, el espectador se abre al sueño que toma forma.

 

Celine Masson escribe: “La muñeca es un objeto híbrido entre lo animado y lo inanimado que da la impresión de vida entre lo verdadero y lo ficticio, el juguete y el ídolo, lo sagrado y lo profano” (La Fábrica de la muñeca en Hans Bellmer).

 

¿Sueño o realidad? Alguna vez escuché decir: “parece que está viva”, en cuanto a mí, me ocurre a veces pensar: “ella simula estar muerta”.

Marlène Bísson (Francia). Fotógrafa. Vive y trabaja en la ciudad balnearia de Sables d’Olonne en Francia, en la Costa de la Luz, perteneciente al departamento de la Vendée, en la región de los Países del Loira. Desde niña jugaba ya, con un aparato fotográfico. Le entusiasmaba mucho la Polaroid. Más tarde y con más seriedad comenzó a trabajar el nudismo.

Su principal modelo era su hijo. Trabajaba esencialmente en blanco y negro, y era ella misma quien revelaba sus fotografías. En ese periodo le encantaban la,s fotografías de Imogen Cunningham una excelente y longeva fotógrafa nacida en Portland, Estados Unidos, en 1883, quien es considerada una de las más importantes artistas visuales del siglo XX. Su etapa de la fotografía numérica coincide con la de fotógrafa/modelo que posaba y presionaba simultáneamente sobre el obturador. Durante mucho tiempo se ha expresado con estos procedimientos y ha gozado de la doble función de voyeurista y de objeto del deseo como diría Jean Baudrillard.

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