(57) 319 2930843

(57) 318 3269478

COLABORADORES / MANUEL MONTILLA

 ReVista OjOs.com    FEBRERO DE 2017

PAULINA BONAPARTE COMO VENUS*

(Antonio Canova, mármol, tamaño natural, 1808. Roma, Galería Borghese)

 

 

(Del pernicioso arte de lo imaginario

o de como la irreflexiva ingesta cultural

deviene en nocivo vicio secreto)

 

 

Quedo, me deslizo, lamiendo su pie. Perfección alevosa de luengos, presuntuosos, dedos. Su tobillo, nácar, de divina conformación, es un obsequio de luz, de fragante sopor.

 

Acaricio, entre cauto, atrevido y obseso, la espléndida pierna extendida que se me ofrece onírica. De rubor misterioso, de sensaciones plenas. ¡Oh, agonía venturosa!

 

Desfallezco. Ella inmutable, cual ondina tormentosa, me ignora, me deja hacer. Me permite la postración del genuflexo. Me enerva con su fría altivez marmórea.

 

Electrizado toco, leve, su rodilla. Sortilegio pavoroso de piel extinta, de seda núbil, evanescente, consustancial. Tiemblo, erizado, en pánico gozoso.

 

Incontenible, aterrado. El llanto surge, natural, al colocar mi cabeza en su entrepierna. El dulce textil alabastrino no externa otra intimidad que la evocación incondicional.

 

Quiero presentir que su mano, fría y sosegada, ha dejado la fruta y, airosa, acaricia mis cabellos sudorosos, en desorden. Conturbado cierro los párpados con frenesí.

 

Sé que es inconsciencia. Desahucio. Temblor del alma. Promesa hereje, humo veleidoso que me conforta, me concita. Me exige la entrega.

 

El camino, azar y devaneo, hasta su ombligo, extensa perfección, es agobio e insensatez. En este vientre tibio, por la gracia de la pasión, consecuente, encuentro del universo la majestad de su centro. En éxtasis devastador, desfallezco.

 

¡Ay, pero lejos estoy de cumplir mi dulce condena! ¡He de entregarme intachable, voluptuoso!

 

Ahogado en lágrimas exultantes le bendigo y, entre preses obscenas, pueriles, asciendo, lento, a sus senos invictos, turgentes. Suaves, únicos, insumisos, duros. Me reciben vencedores, hospitalarios.

 

Claudica mi cuerpo, entrego banderas. En esfuerzo por sobre mis magras fuerzas, descanso lánguido. Mi sien en su níveo hombro. Ella, maternal y cómplice.

 

A mucho mis ojos, engarzados de abundantes lágrimas, están compulsivamente sellados. Percibo en todo mi cuerpo desnudo el cálido aliento del mármol que exulta incólume su esencia divina.

 

Opulencia cruel, desenfrenada. Mitiga, encubre, exculpa, estos desvaríos, despropósitos y necedad. Envilecido espanto, alevoso, ante el fragor iracundo que orada, corrompe, todo remanente de cordura. Declinación e infortunio.

 

En el precario filo del paroxismo me estremezco suplicante. Bendigo la dureza atroz de su carne y convoco lo incorpóreo de mi vacío, de mi nada.

 

Último arrojo de inconsciencia. Desaforado. Exacerbo el fundirme en sus labios. Carnación estólida. Estallo, suplicante, en miradas de fragmentos e impudor.

 

Insensibles estos miembros, temblor y vileza, enardecen concupiscentes. Decrepito, incontrolado. Todos mis esfínteres, en incontinencia orgásmica, son vaciados en rotundo aquelarre priápico.

 

Yerto, trémulo, grosero, entre orín, semen y excretas, me cubre un postrer resuelto: no transaría este instante por reino alguno, potestad o riquezas. Patético, jocundo, yacente a plena piel y miserias, exhausto, liberado, escindido, cumplido.

 

No me posee la fantasía. Sé que no es real, que ella, hetaira, es piedra, desdén, soberbia, intemperancia. Pero ¿qué puedo hacer? ¡Así es el amor!

 

Mañana, al ocaso, cerraré la Galería, iniciaré en nueva data el ritual de limpieza (es un espacio amplio, hermoso, pletórico de imponentes mármoles, de antiguos y raros bronces, de magnificentes, desmesurados lienzos). Disfrutaré agradecido mi labor humilde, gratificante.

 

Ella, portentosa, divinal, me urgirá sin mirarme. Me atrapará sin mediar palabra. Fija por siempre, altanera, su mirada al horizonte que no vislumbra por los altos muros. Ensoñadora.

 

Sin dignidad, sin voluntad alguna, sin ápice de vergüenza, me entregaré a su requiebro imperativo. ¿Qué puedo hacer? ¡Así es el amor!

 

*Antonio Canova

(Possagno, Treviso 1757 - Roma 1822)

Paolina Borghese Bonaparte como Venus Victrix

1805-1808

Mármol de Carrara, altura 92 cm, con una cama de 160 cm

Galería Borghese

Procedencia: por encargo de Camilo Borghese (1804)

Manuel Montilla

 

Panamá, 1950. Viandante, artista multidisciplinario, editor, investigador visual, emprendedor cultural, curador de arte, diseñador gráfico, comunicador social, bibliófilo, coleccionista. Director Ejecutivo de la Fundación para las Artes Montilla e Hijos, de la  Pinacoteca de Arte Contemporáneo de Chiriquí y del Sistema Editorial Fundación. Vive en David, Chiriquí, donde se dedica a las  investigaciones artísticas y literarias, a la edición alternativa, al diseño, a la fotografía conceptual, al arte público y a la gestión cultural y patrimonial. Es representante y curador para Panamá, desde el 2000, de la Bienal Internacional de la Acuarela del Museo Nacional de la Acuarela Alfredo Guati Rojo, en Coyoacán, México. Representante Nacional para Panamá de la International Water color Society (IWS). Deambula en silencio por los caminos de una Mesoamérica plena horizontes.

 

VOLVER A COLABORADORES                           VOLVER A SUMARIO

 © ReVista OjOs.com

Se prohíbe la reproducción de cualquiera de los contenidos de la ReVista, así como su traducción  a cualquier idioma sin autorización de su titular. Email: fernando.guinard@gmail.com / Teléfono: (57) 318 3269478 - 319 2930843 Bogotá, Colombia