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COLABORADORES / MANUEL MONTILLA

 ReVista OjOs.com    MARZO DE 2017

CUADERNO DEL SUR (FRAGMENTOS)



Cuaderno del Sur- Fragmento 3

 

En las desmesuradas estepas del Sur, los bueyes poseen, a más de paciencia inaudita, una condición peculiar aun en estos parajes de maravilla: seis extremidades.

 

Es sólo el principio, atención: de estas extensiones corporales, dos son de fina madera con un particular aroma a Labiadas de Persia; dos se constituyen de un material ferroso muy semejante al hierro en su momento térmico del rojo-blanco, y dos son de huesos, tendones, ligamentos, sangre y carne.

 

Al fenecer estas criaturas, en general por causas naturales, los hombres del Sur asumen tres acciones consustanciales con sus creencias.

 

Primero: devoran las magras carnes, ceremoniosamente, sin cocción ni condimentos. Al parecer esto no les produce mayor placer. Se ha afirmado, incluso, el poco valor nutritivo de las mismas.

 

Segundo: con los componentes metálicos del animal, forjan, con técnica muy limitada, espadas burdas, pesadas, obsoletas (los hombres del Sur no hacen la guerra), cuyo único fin es enmohecer.

 

Tercero: el maderamen es sometido a un estricto y laborioso proceso en donde logran destilar una esencia etílica de exquisito sabor y penetrante olor. Se asemeja mucho al sándalo y con ella hacen abluciones para satisfacer y mitigar la terrible cólera de sus monstruosas divinidades.

 

Concluido el festín, las libaciones y las instancias rituales, los hombres del Sur se infligen muertes pavorosas, de suma violencia, escalofriantes. Se desconoce el origen de estas acciones funestas.

 

Las imágenes de los dioses de los hombres del Sur, asemejan fortísimos bueyes de séxtuples extremidades. Su físico se contrapone a su apariencia de tristeza y mansedumbre.

 

Sólo en sus ojos se vislumbra, en ciertas horas devenidas de la melancolía, la violencia, la sevicia y la lujuria que les son consustanciales.

 

Cuaderno del Sur - Fragmento 9

 

En el Sur es costumbre extendida que, a cierta edad y con ceremonial incluido, los hombres se mutilen, de propia mano, el órgano sexual.

 

Por regla general ocurre este suceso en su primera juventud, cuando son más recios y fornidos. Sirve esto, dice la conseja popular, para conjurar los malos pensamientos y los visajes de insana lujuria.

 

Receta antigua y efectiva, generosa aportación a su salud emocional, física y espiritual, les fue develada por amistosos y desinteresados viandantes provenientes del mítico Norte.

 

Los hombres del Sur se preguntan extrañados, pero no inquietos, los motivos de sus mujeres para emigrar, con tal empeño, al gélido septentrión.

 

(Otras serían sus preguntas si fuesen desconfiados, inquisitivos o celosos. Son padres orgullosos. El origen de sus vástagos les está claro: es un obsequio inapreciable de las deidades. No hay padres más amorosos.)

 

Las mujeres del Sur sonríen y continúan, por su virtud, siendo obsequiadas por los dioses.

 

Cuaderno del Sur - Fragmento 20

 

El hombre del Sur, tosco e ignaro, atrevido en su estulticia, de modales groseros y brutales, intentó unirse en un ósculo pudibundo con una mujer del Norte. Tímida acechanza.

 

Cual era de esperar, ella no sólo no apreció este gesto en su dimensión inocua y elemental, sino que lo consideró una agresión. Con su carácter excluyente y altanero ella ve, por expresarlo de alguna manera sensata, una figura horrenda, simiesca, babeante, repulsiva, tiznada, en un ataque frontal y personal.

 

Su ira, profunda y vindicativa, no se hace esperar. Gritos, denuestos, golpes. Todo un espectáculo de orgullo patrio mancillado, de honor vilipendiado.

 

A raíz de tales sucesos, los hombres del Sur llegan a la certidumbre de que las mujeres del Norte son hieráticas, cicateras e insensibles; como por tradición deben serlo las deidades más apreciadas.

 

Siendo la cinegética su pasión y entretenimiento predilecto, los hombres del Sur visualizan las amplias potencialidades deportivas y gastronómicas de la caza en los bosques invernales del Norte.

 

Allí, desastrados, se congregan en bandas ululantes para la aprehensión de mujeres del Norte. Ebrios y jocundos proceden con los rituales establecidos por la antigua ley y luego pasan a cortarles la testa, empalándolas para cocerlas en grandes fogatas.

 

En un festín heterogéneo comen esa carne dulce y suave, bebiendo amargas infusiones y con expreso griterío; como hicieron antaño con los viejos dioses.

 

Luego duermen ebrios y satisfechos, soñando que las fornican. (¡Una forma un poco bárbara de obtener un opíparo banquete!)

 

Es cuando las mujeres del Norte, los apresan, castran y dedican a las faenas más duras y ominosas. (¡Una forma un poco bárbara de obtener mano de obra barata!)

 

Cuaderno del Sur - Fragmento 22

 

Los hombres del Sur montan a sus mujeres como a yeguas salvajes en disoluta estampida. Las cabalgan desbocados por los páramos furtivos y abruptos de la noche, con la locura ebria de la luna llena en sus corazones.

 

Al despuntar el alba, desmontan feraces e iluminados. Entonces les escriben versos en un idioma arcano e irreconocible. Les cantan dulces melodías en esa misma lengua mítica y se duermen acurrucados y apacibles en sus brazos.

 

Ellas, sudorosas, cansadas, satisfechas, duermen enternecidas. En sus sueños son yeguas salvajes que galopan en inmensas planicies de verdor inigualable, acariciadas por un viento amoroso e incesante que les obsequia versos y canciones en un idioma asaz antiguo e irreconocible. Son felices.

Manuel Montilla

 

Panamá, 1950. Viandante, artista multidisciplinario, editor, investigador visual, emprendedor cultural, curador de arte, diseñador gráfico, comunicador social, bibliófilo, coleccionista. Director Ejecutivo de la Fundación para las Artes Montilla e Hijos, de la  Pinacoteca de Arte Contemporáneo de Chiriquí y del Sistema Editorial Fundación. Vive en David, Chiriquí, donde se dedica a las  investigaciones artísticas y literarias, a la edición alternativa, al diseño, a la fotografía conceptual, al arte público y a la gestión cultural y patrimonial. Es representante y curador para Panamá, desde el 2000, de la Bienal Internacional de la Acuarela del Museo Nacional de la Acuarela Alfredo Guati Rojo, en Coyoacán, México. Representante Nacional para Panamá de la International Water color Society (IWS). Deambula en silencio por los caminos de una Mesoamérica plena horizontes.

Etanislao Arias Peña

Etanislao Arias Peña

 

Pesé, Herrera, 20 de noviembre de 1952 - Ciudad de Panamá, Panamá, 21 de septiembre de 2003.

 

Arquitecto, escritor y  artista plástico panameño cuyas obras han sido expuestas en Panamá, Colombia, Puerto Rico, Cuba, México y Alemania. Durante su trayectoria artística y personal obtuvo varios premios y distinciones.

 

1977 Licenciatura en Arquitectura en la Universidad de Panamá. Posgrado en Planificación del Desarrollo Regional en la Universidad de Los Andes, Bogotá, Colombia.

1979 Maestría en Artes Visuales en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP San Carlos), Universidad Nacional Autónoma de México.

1986 Posgrado en Docencia Superior en la Universidad de Panamá. Cursos de grabado, Museo de Arte Contemporáneo, Ciudad de Panamá.

 

Catedrático de Expresión en la  Facultad de Arquitectura de la Universidad de Panamá, por más de 25 años, donde también fue profesor fundador de la Escuela de Artes Plásticas. Autor del libro La Pintura Artística Panameña y coautor del libro El Habitat Rural de Panamá. Publicó artículos sobre arte, vivienda, planificación y temas que revelan su permanente preocupación por la desigualdad y exclusión social. Impulsó la organización de los  panameños.

 

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