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 ReVista OjOs.com     MAYO DE 2014

COLABORADORES / MARÍA FLORENCIA DAVIDOVICH

COMO DOS PERROS ANGUSTIOSOS, EL CONTAGIO ES SU MÉRITO

 

Por las dudas ajenas él miraba su reloj y comprendía de a poco que el tiempo es algo así como infinito. Sus dudas corrían en sentido contrario a las agujas.

 

En su habitación las paredes lucían verdes, azules, a veces amarillas. Sus pies no encontraban sitio, cualquier brisa era capaz de movilizarlos.

 

La belleza vista al revés puede resultar fea.

 

Los árboles si se miran al revés son como batatas.

 

Los días vistos al revés se vuelven noches.

 

La miel vista al revés es amarga.

 

Él tampoco lo terminaba de creer.

 

De tanta duda era necesaria una respuesta y decidió caminar en sentido contrario al mundo.

 

Escribo una carta y pido al destinario que la lea al revés.

 

Hace tiempo deseaba escribirte, no lo hice, tal vez solo porque no tenía qué decirte.

 

Hoy me levanté temprano y a la luz de las 7 mi habitación estaba azulada. Busqué en los rincones algo para beber y solo encontré vino ¡Que hermoso contraste del tinto azulado! Me quedé observándolo, se pasó mi tiempo y era mediodía ¿A vos te pasa eso? ¿No crees que las horas se comportan como infinitas? Lo creo y no lo creo. Ellas se comportan como infinitas pero están mostrándonos siempre un límite.

 

Tomé el vino y lo disfruté, preparé algo de comer. Arroz con pollo. Cuando estaba de vuelta en mi habitación, ésta me sorprende amarilla.

 

Entonces miró el techo de lindas maderas. Mi abuelo lo construyó con sus propias manos y esa madera se sumó a un amarillo familiar. La familia es de un amarillo que nos abraza. En esta carta no hay anécdota, hay preguntas, hay escapes de mi imaginación. Salí a la calle y el mundo estaba al revés, mis ojos en él distinguían cada error, cada falla de la naturaleza. Las personas seguían derecho su ruta y yo, paso a paso, me dirigía al fondo. Fue gracioso, para volver a mi puerta, caminando hacia atrás, tuve que dar una vuelta manzana, todo había cambiado. Mi ventana ahora parecía bajo el agua, el atardecer mojó mi cama, mi suelo, mis pies algo sudados.

 

¿Cómo puedo mantenerme inmóvil si a cada minuto el azul se vuelve celeste, el amarillo se anaranja y el verde termina en negro?

 

Los colores se contagian de las horas, y las horas me contagian a mí.

 

Que tengas una tarde a tono.  Cuando termines, piensa un mundo blanco y negro.

 

Si algo te responde mis dudas, solo espero recibir las tuyas.

María Florenvcia Davidovich


Argentina, 1991.

María Florencia, también nacida de la espuma del mar,  es una muchacha fuera de serie que despierta a los soñadores y no deja dormir con su presencia a los sonámbulos y noctámbulos,  preciosa modelo, talentosa escritora, experimental fotógrafa, voraz lectora  y  Venus del MaReA que a su corta edad es una de las más reconocidas y queridas modelos por su sencillez, simpatía,  profesionalismo y versatilidad. Es fuego al viento, manjar suculento para quienes tienen el placer de compartir su aliento y su espíritu inquieto y curioso. Grandes fotógrafos argentinos y de otras nacionalidades han plasmado su espíritu erótico entre los que se puede citar nuestros queridos colaboradores y amigos Daniel Medina, Jorge Pogorelsky, Alicia Hendler y Susana Mutti, entre otros. Y a partir de este número colaborará con sus fotografías de autor y sus textos delirantes y su espíritu erótico para el placer de los amantes estéticos. En este número  colabora con un relato de espíritu bizarro plagado de colores, vinos y dudas.

 

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