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 ReVista OjOs.com      MARZO DE 2014

COLABORADORES / LUISA FERNANDA SANTAMARÍA

CÁTEDRA CINEMATECA

 

Los actores de formación de la Universidad de Antioquia y La vendedora de rosas de Víctor Gaviria.

 

Quiero hablar sobre un tema que encontré al asistir a la Cátedra Cinemateca, la película La vendedora de rosas de Víctor Gaviria la cual comentamos en una sección de debate, para la cual había que leer escritos, documentos y entrevistas sobre el tema, momento que me motivó muchísimo a escribir este ensayo. En él quiero llegar a una conclusión, examinando el proceso de mi experiencia como actriz de formación y el proceso de los actores naturales de La vendedora de rosas.

 

Cuando me presenté a la carrera de Teatro en la Universidad de Antioquia, para poder pasar, primero me tocó realizar un examen de inducción que duro quince días. Allí había pruebas de cuerpo, voz, canto, aptitud y actuación. La prueba de actuación consistía en presentar un fragmento de una escena que el jurado le asignaba a cada participante. Todos los días se entrenaba el cuerpo y la voz, alrededor de tres horas para después pasar a realizar las pruebas. Fue muy agotador, pero mi motivación era más fuerte que los cansancios del cuerpo, ya que cuando decidí estudiar Teatro, abandoné una primera carrera que no me satisfacía. Entonces sabía que me estaba jugando el destino de mi vida. En mi infancia y durante mi adolescencia había perdido varios seres queridos como mi padre y mis dos abuelos, suceso que me marcó para siempre; este fue mi motor principal para someterme a tales pruebas. Finalmente las pasé, pero no había pasado como tal a la carrera, pues faltaba hacer el Preparatorio que duraba seis meses. Sólo después de superar esta fase, según los jurados, comenzaba la carrera de teatro.

 

Inicié el preparatorio y por suerte me dio clase un profesor que se llama Elkin Holguín, fue muy interesante porque trabajamos la parte emocional en la creación; era un preparatorio muy estricto, pues las clases comenzaban a las seis y media de la mañana y se terminaban a las ocho de la noche y a veces programábamos ensayos hasta las diez. Sus clases de actuación siempre comenzaban con el calentamiento del cuerpo; además veíamos otras materias como Taichí, Expresión corporal, Música y rítmica, Técnica vocal, e Historia del teatro. La prueba final la presenté con una compañera y montamos una obra con los momentos más dolorosos de nuestras vidas. El trabajo fue bastante complejo pero contamos con el acompañamiento y la asesoría del profesor, quien además nos enseñó muchos códigos y conceptos para llegar a la puesta en escena de todos esos sentimientos y emociones a través de imágenes poéticas. Finalmente después de tener listo el ejercicio, se presentó al jurado y al público.

 

Una vez me avisaron que había pasado a la carrera de Teatro, comencé el primer semestre, en donde aprendí lo que era una acción dramática. Allí no se trabajaba a partir de nuestras historia personales, leíamos a Stanislavski y demás autores para comprender la teoría y después la practicábamos en la escena.

 

Ya en el segundo semestre vi Situación, en el tercer semestre Estructura, en el cuarto semestre Improvisación,

en el quinto Personaje, en el sexto Nuevas Tendencias, en el séptimo Montaje y en el Octavo Proyección.

 

En el semestre de Montaje, construimos la obra Telaraña de Eduardo Pavlovsky, que escogió la directora. El tema de la obra eran los conflictos entre madre e hijos y la ausencia del padre. Esta obra fue creada a partir de nuestras búsquedas personales; era un trabajo experimental y con acciones de carácter fuerte y realista al tratar un tema o un problema que inmiscuía a cualquiera persona en la sociedad. Para este montaje final con el que terminaba la carrera se contaba con un equipo técnico: director, diseñador de escenografía, diseñador de maquillaje, diseñador de vestuario, luminotécnico y un músico que compusiera la música para la obra de acuerdo con la atmósfera y lo que se quería transmitir en cada escena. Ya en el octavo y último semestre, llamado Proyección, presentábamos la obra Telaraña durante una temporada de seis meses, adentro en la Universidad y en diferentes teatros de Medellín como: Caja Negra, Hora 25, Porfirio Barba Jacob y en diferentes Festivales Universitarios de Medellín, en el Festival Internacional de Teatro en la ciudad de Manizales, el XVI Festival Interuniversitario de Teatro en la Alianza Francesa, XVI Festival Interuniversitario de Teatro en la Casa de la Cultura de Rionegro, Festival Municipal de Teatro en Sabaneta, Festival Municipal de Teatro en Caldas y en dos Festivales de Bogotá: el Festival Internacional Mujeres en Escena por la Paz y el Festival Alternativo. Después de todo este proceso y una vez terminando el proyecto de grado que era parte del trabajo actoral, me pude graduar, recibiendo el título de Maestra en Arte Dramático. Ya se suponía que estaba lista para actuar.

 

Aprender todos estos elementos como herramientas en la actuación es muy útil e importante pero también existen otros caminos como es el de los actores naturales, tal como se ve en la película La vendedora de rosas, en donde se comienza un proceso también de rigor y de mucho compromiso, pero en el cual se crea partir de lo experimental: los actores no conocen a primera instancia el guión, no conocen técnicas, pues ellos son los personajes; por tanto no deben aprender gestos y lenguajes, ni construir partituras de movimiento, pues ellos son el material que el director debe saber poner a actuar. Es un proceso que busca conceptos y estos guiarán la intuición del equipo técnico, pues el guión de la película se construye simultáneamente en el proceso de casting y ensayos, los personajes resultan también durante las improvisaciones en donde los actores narran sus vivencias e historias y estos relatos arrojan los lugares, los textos y los conceptos de la película. Y si un actor en su entrevista da características para el personaje principal o ya sea que les falte poner más intensidad a otros personajes lo adoptan de allí. Los conceptos se abstraen en la mayoría de los casos de frases o dichos populares que los niños de la calle expresan en determinada anécdota. He aquí lo valioso de los personajes narradores que cuentan pero al mismo tiempo hablan de lo que son y de esta forma inconsciente ya están actuando.

 

Quería hablar de los actores de formación y de los actores naturales no sin antes hacer una lista de lo que debe uno aprender en la escuela para poder simplemente actuar, pues no quiero decir que un camino está mal o el otro bien. Lo que quiero es hablar del rol social que cumple el actor, independiente de si logra ser una persona exitosa. Obviamente cuando uno entra a la Universidad ocurre un cambio y este es debido al entrenamiento constante, pues el ideal es el llegar a ser el actor perfecto en el sentido de que no puedes tener vicios, debes cumplir con los horarios, ensayar los parlamentos y aprender las partituras de movimiento. Son técnicas que te hacen dejar de vivir, de conocer a otras personas, te aíslan de la realidad a tal punto que logras creer que de esta profesión se puede vivir y que con ella vas a solucionar los conflictos sociales del país.

 

En cambio los actores de La vendedora de rosas continuaron su realidad, unos continuaron viviendo en las calles y a otros los mataron y la protagonista terminó en un final que no es propiamente de cuentos de hadas, a pesar de que se vuelven momentáneamente famosos y son vistos por muchos directores y gente importante del medio. A lo que quiero llegar es a que mientras a nosotros los actores de formación nos mantienen aislados y nos quitan nuestras vidas reales dizque para poder ser otros, hay trabajos como La vendedora de rosas, donde el actor se mantiene cerca de su realidad, sabe qué pasa a su alrededor y no se está inventando un mundo fantástico.

 

Porque después de que uno se gradúa como actor de la Universidad de Antioquia y sale al mundo real a buscar oportunidades, se da cuenta de que en Colombia no existe ese mundo fantástico, el de poder ejecutar el arte como parte esencial de la humanidad, finalmente se da uno cuenta que salvar el mundo a través del arte es muy difícil, pues hay que estabilizarse primero en todos los sentidos para poder proponer y es esa la dificultad que se presenta no solo en los actores de formación sino también en los actores naturales, nos demoramos bastante para alcanzar la estabilidad, debido a nuestra realidad, a nuestro entorno y si le sumamos a eso la mala concepción que las familias tienen con el ser actor, pues siempre están presionando, quieren verlo a uno en la televisión, en la pantalla grande y nuestras búsquedas personales son indiferentes a ese sueño que la sociedad idealiza en un actor y que todo el sistema presiona para que vean que lo importante de ser actor es lograr conseguir la fama, el reconocimiento e ignoran que detrás están otros valores más importantes que el llegar a ser famoso, como es el poder pensar positivamente en medio de un país tan violento como el nuestro, querer ayudar, ser sensible ante el dolor ajeno, ser una persona humana que siente y que no es capaz de hacer daño, este es uno de los grandes valores, además de poder cultivar en la sociedad valores que se han perdido por el afán de conseguir dinero.

 

Otra parte que se desconoce o que no se tiene en cuenta es el origen del teatro y de los actores, que esta práctica artística nace en nuestro país más que todo es en los barrios para beneficiar personas de escasos recursos que desean soñar y plasmar y transmitir todos sus sentimientos a la sociedad a través de la expresión artística o en otros casos son jóvenes que están metidos en bandas, que viven en las calles, que tiene un mal hogar, que sus padres son violentos y encuentran en el teatro en la actuación, un lugar o un refugio en donde pueden pensar y sentirse diferentes, en donde pueden cambiar su forma de habitar el mundo y estas búsquedas personales son mucho más valiosas que ser famoso, no solo la forma o lo exterior es lo que importa en el oficio de la actuación, también los objetivos personales son vitales para que cualquier ser humano pueda ser feliz y ser digno de su realidad, independiente de cual le haya tocado vivir.

 

Bibliografía

 

-Gaviria, Víctor, Como poner actuar pájaros, Colombia, 1998. (Detrás de cámara de La vendedora de rosas)

-Zuluaga, Pedro Adrián. Entrevista a Víctor Gaviria, Carlos Henao y Diana Ospina.

-Osorio, Oswaldo. El actor Natural siempre lleva su vida a cuestas.

Entrevista con Víctor Gaviria”, por Oswaldo Osorio. Revista Kinetoscopio # 81. Diciembre de 2007.

Luisa Fernanda Santamaría

 

*Actriz, Maestra en Arte Dramático egresada de la Universidad de Antioquia

y actualmente haciendo la

Maestría en Escrituras Creativas -énfasis Guión Cinematográfico de la

Universidad Nacional (Sede Bogotá).

La vendedora de rosas, Víctor Gaviria, 1998.

Fuente: www.proimagenescolombia.com

La vendedora de rosas, Víctor Gaviria, 1998.

Fuente: www.proimagenescolombia.com

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