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ARTISTAS INVITADOS /  JUDTH IBÁNEZ BURGA

 ReVista OjOs.com    AGOSTO DE 2017

"Sex

identifica al  sexo en una nueva configuración

se apertura como una guía perceptiva de estados anímicos

avidez exultante se emite del cuerpo del espectador

transita velozmente formado en holograma

se disgrega evaporándose en contacto con el sexo

 

proyectados en posturas del cuerpo

 

he percibido en continuos asistentes al sexo, dejando mi nervio activado para graficar, bajo el dolor que conlleva el equilibrio

evidenciando un nuevo régimen de visibilidad

 

me interesa el individuo lo que pueda absorber y como lo contiene o repele".

 

 

Judith Ibánez Burga

Judith Ibáñez Burga

Ama la libertad sin tenerla

 

 

JUDITH. . . nació rebelde. . . ama el desafío, hija de pintor y pedagoga, felizmente lloró por primera vez en Lima. Su infancia transcurrió en el taller de su padre en compañía de música clásica, libros en todos los rincones y películas escrupulosamente seleccionadas.

 

Esa niña de anteojos y muda leía mucho y jugaba poco. Era una gran observadora y se transformó en un ente que percibía atmósferas extrañas. La hostilidad de su papá, la indujo a convertir las emociones y sentimientos en objetos. Hermoso no sentir nada.

 

No tenia y no tiene amigos. En el colegio era la “primera” y todos eran fans de sus dibujos (se salvaba de las matemáticas porque hacia “estampitas” para las monjas).

 

Adolescente, le creció un espigado y hermoso cuerpo que ella no veía porque era anoréxica. Comenzó su ansiedad dedicándose a consumir anfetaminas, y mientras crecía se envició al alcohol que aún la enloquece, luego al cigarrillo y al café.

 

A los 16 años, abruptamente sufrió violencia sexual, se convirtió en una muchacha muda pero perversa con ella misma. El loco de su papá estaba enamorado del dibujo de su hija. Encerrada dibujaba al grafito caras de artistas de cine, literatos, y gente famosa de la ciudad de Chiclayo, todo lo que le gustaba a su papi. Vivía aburrida pero le gustaba ver la cara rosada de su papá que aprobaba todo y fue quien concibió su primera muestra individual de pintura a los 16 años. Viajó con ella por diferentes ciudades. Le resultaba aburrido estar como un poste de luz recibiendo reverencias de gente que nunca había visto. En su casa todos le auguraban un luminoso porvenir. No sabían que deseaba conocer el mundo y se aburrió de ser sumisa y obediente. A escondidas se escapaba a escuchar música de moda, atrás quedó la música clásica, se hacia la “vaca”, no comía y dibujaba al grafito caras de formas tan reales que bien podrían pasar por fotografías cuyo sombreado era plano, y las hermosas capas transparentes daban la impresión de profundidad. Más tarde esta técnica se vuelve abstracta y en su trabajo plasma el espacio y la atmósfera.

 

Su primer amor fue una hermosa escultura renacentista del dios Zeus que dibujó. Se quedaba días observando la bella cabeza y alucinaba besarlo con sutileza.

 

Ingresó a la Escuela de Bellas Artes de Lima y a la facultad de Pintura de la Católica con los primeros puestos en dibujo y pintura. Su papá eligió la Escuela pues era egresado de esa institución.

 

Judith sufrió su primera decepción con la informalidad, era la década de los ochenta, época del terrorismo político en su país, la Escuela estaba politizada, todo era un caos, encolerizada la abandonó y decidió  auto-formarse, tenía la técnica, solo le faltaba conocer mundo. Mientras estuvo en la Escuela hizo el carboncillo del calco de Voltaire con la sonrisa jodida que nadie sacaba. Se ganó el respeto y un enamorado por esta hazaña. En la clase de pintura había una flaca que siempre se peleaba con ella por el mejor sitio para pintar al modelo que ponían en clase. Un día visitó el taller el pintor Víctor Humareda (uno de los grandes) y la flaca toda zalamera le invitó a ver su cuadro. Judith estaba trabajando al lado, el maestro sin ni siquiera ver el cuadro de la flaca, se dirigió hacia Judith y sorprendido le manifestó su admiración por lo que estaba pintando y se inició una simpática correspondencia.

 

Comenzó su periplo por el mundo sosteniéndose con el retrato ambulatorio (sus papás le suspendieron la mensualidad, para obligarla a regresar a casa) y ahí conoció la  violencia del mundo. A manera de ritual, se cortó el cabello a lo punk, usaba una camisa roja que su mamá le había diseñado y jeans Lee que le quedaban bien con su espigada figura y zapatillas. Y no se despegaba de su tablero portátil pintando todo lo que percibía como extraordinario.

 

Solo una vez, hizo el intento de retratar en las plazas. ¡Horrible! El modelo era estático como una momia.

 

Necesitaba plasmar sus expresiones corporales. Y pensó que en los bares encontraría dinamismo y espontaneidad en los gestos. Avergonzada, pedía permiso para sentarse a la mesa a retratar y siempre fue así.

 

Llamaba la atención por su belleza y sorprendía por su habilidad. Y, bendita acción, a mesa que iba siempre tenía que beber con los retratados. Se convirtió en costumbre.

 

Se volvió violenta, precisa, objetiva. Pues de otro modo sucumbiría a los denuestos de la gente para la que pintaba. Tuvo miles de broncas con los mozos que atendían en el lugar, siempre la botaban. Rompía botellas en las mesas que no le querían pagar, quebraba vidrios de las ventanas en las pizzerías que no la aguantaban.

 

Cuando la ciudad quedaba devastada se retiraba a otra ciudad. Un día, ya serena encontró que había desarrollado un adiestramiento único, una percepción fina cuyo resultado inmediato era muy osado mientras miraba los trazos impelidos en ese trance.

 

Automatismo puro, método que ha acogido como herramienta en su trabajo actual.

 

“He  caminado directamente al objeto, me he ataviado de antiguas supersticiones y he cazado el instante”.

 

 

***

 

 

"Mi pintura trata sobre el espacio

oxigenar el entorno de los objetos que acondiciono es mi tendencia

el ámbito es el mediador que diseña subjetividades

aislando insistentemente los elementos que en él se desplazan

 

Mi factura es textura y pulcritud

dibujo y pintura actúan con unísono

 

Me activo a partir de la percepción

la percepción la situó como rastros visuales

los objetos  procesados son incorpóreos por ende

 

Capturo mi objetivo en el preciso instante

utilizo como mecanismo en el proceso creativo al automatismo

tomando la impresión primaria de la escena, manufacturada a través de la percepción"

Imperceptible Dante.
Óleo sobre  lienzo, 76 x 52.5 cm

Fiat lux . . . Celeste. Rebelde. Le gusta ese color. ¿O el blanco? En su interior no le va el rojo, dice ella. Se miente. Le quedaría bien a esa piel morisca de semita nombradía. Judith. Que logra la luz en mí. Hace mil meses. Porque la he conocido en las obras de teatro o películas vistas y en las páginas de Rayuela donde es la maga que un millón de hombres han esperado para quedársela siempre a pesar de la contrariedad de sus madres freudianas tan represivas como la mía. ¿Acaso me importa? No. solo es una confesión de parte al cabo de guardia de tres neblinas en Londres o Roma. Soy feliz. He logrado hacer un París en el norte. Y arrepentirse es perder. Eso lo sé como judío que soy.

 

Que he visto películas con ella en su rostro pero que no las sentí de verdad tan real como esa sintonía que llaman conexión cerebral y que voy aceptando levemente. Levedad del ser cuando camina. A paso de lady, gatuna, felina. Única. Elegantísima fuma. Bebe. No tose. Se recortó las pestañas. Le donaré las mías. Dice ser sobria. Mesurada. Muy british. No es invasiva. No me ha preguntado mi pasado. Eso ya no interesa. Ella exclama ´´que eso no importa´´. Solo el presente. Y tiene toda la razón. De que me ha valido a mí la falsa biblioteca que dizque poseo. Jo jo. Impostores todos sus autores. A veces no tiene memoria. Y le ayudo a completar las palabras. Por último que no diga nada. Me acusa de no ser el de la iniciativa erótica. - Más le gusta mi piel. A mi mas la suya. Y su cuello.- le digo que lo hice por más de 30 años. Que ella comparta también esa métrica. ¿Por qué no?

 

Devota de los ochentas. Stones. Doors. De su música, de Tilsa, de Caral. Ha paseado por todo el Perú. Sabe más cosas que yo, pero está esperando zarpar para reformarme. A mí que soy un chico burguesito. Angelado, criado en las vetustas aguas de un colegio vicentino de oligárquico nombre civilista. Y que se deja besar en la boca hasta el ensueño.

 

Pinta. Me hará un semidesnudo. Con ropa puesta. Y lo hará porque su imaginación es lo más fuerte que hasta hoy he visto y protegido. Es el cristal más puro que mis ojos han ambicionado. Son testigos los días jueves, los baños de hoteles y garajes abandonados que se voy a tener que conseguir pronto como la nueva misión. Seré mi brújula encima.

 

Dante Ramos de Rosas

 

 

 

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