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COLABORADORES / JUAN DAVID QUINTERO

 ReVista OjOs.com    NOVIEMBRE DE 2016

Juan David Quintero, Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá MAC

Foto: Megric Pacheco Z

ARTISTAS, TENDENCIAS Y ESTUDIOS DEL TATUAJE

Con base en sus textos publicados en el libro Curadurías Visiones Contemporáneas publicado por el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá MAC, con motivo de los 50 años de su fundación, publicamos este texto cuya curaduría fue realizada en compañía de Santiago Rodríguez.

 

 

Hay un momento en la historia donde el hombre traslada las pinturas rupestres hacia su propio cuerpo. “la pintura corporal nace de una manera más instintiva y antecede al tatuaje que aparece recién en una segunda fase cuando las imágenes son granadas en la piel como signos permanentes”. (Rossi, 2011)

 

La historia del tatuaje es una práctica euroasiática que se ha realizado durante cinco mil años y va de la mano con la historia de la humanidad. Su función ha estado relacionada con procesos de modificación corporal con diferentes funciones como la jerarquía social, el erotismo, el simbolismo, la protección, la guerra, la marcación, la sanación, guardando una carga simbólica y valor social concretamente definido. Ciertamente, la piel representa un elemento bastante importante de conexión, genera un umbral entre lo desconocido y lo conocido, los espacios astrales, naturales, gnósticos y espirituales crean un vínculo con lo terrenal y personal; se impone como instrumento simbólico y cultural; se crea un estatus que proyecta simultáneamente al espacio de la ritualidad y la sociabilidad.

 

El sociólogo británico Michael Atkinson, plantea una división por épocas evolutivas. Primero, el tatuaje atraviesa una época colonial (1760 a 1870), que según sus apreciaciones resulta pionera en la práctica occidental; luego a este inicio le sigue un periodo circense (1880 a 1990, que se proyecta hasta casi 1990) y resurge en el ambiente de la clase trabajadora; a partir de ese momento, el tatuaje pasa por diferentes fases de rebeldía y renacimiento hasta que arriba a la era del supermercado, en concordancia con la moda y el consumo.

 

El tatuaje se ha visto como un proceso y una práctica netamente masculina en occidente hasta los años sesenta y setenta, cuando las mujeres se apropian de él como signo político, una forma de modificación corporal libre, personal y voluntaria que expresa la clara oposición femenina a los discursos sociales patriarcales. Desde los años sesenta las mujeres tatuadoras desarrollaron un papel decisivo en la evolución histórica del tatuaje occidental. Su irrupción desmantelo el dominio tradicionalmente machista de la práctica (Lautman, 1994) una supremacía contrapuesta a las tradiciones de los pueblos indígenas, aborígenes y asiáticos que en ocasiones fijan en la figura de la mujer la persona más idónea y respetada para efectuar el proceso ritual del tatuaje.

 

La última etapa que va desde los noventa hasta el presente, como lo señala el sociólogo Michael Atkinson es la era del supermercado, entendido bajo el marco del marketing y el consumismo.

 

Existen una serie de antecedentes previos que generan una reacción consumista en la sociedad occidental. La primera fue la exposición titulada Tattoo realizada en 1972 en el American Folk Art Museum, sin lugar a duda la primera exposición que se realizó en un museo sobre la historia del tatuaje, acontecimiento que generó una difusión de esta práctica.

 

La segunda fue la muestra Body Art: Marks of identity que se realizó en 199-2000 en el American Museum of Natural History de Nueva York; el objetivo por parte de los directivos y curadores de la exposición, se centro en atraer a los jóvenes que no asistían al museo, una intención directa de marketing. Otro evento que favoreció la inclusión y divulgación del tatuaje y del piercing en los círculos de la moda, fueron los espectáculos sadomasoquistas en Estados Unidos e Inglaterra donde se realizaron en especial escarificaciones corporales en las que la relación directa con el dolor es bastante obvia.

 

En este orden de ideas, la transculturación como lo cita la profesora Sandra Martínez Rossi en su libro La piel como superficie simbólica: procesos de transculturación en el arte contemporáneo (2011); muestra el proceso inicial que se manifestó en el campo social y luego en el contexto artístico que implícitamente contiene una transformación semántica desde referentes estéticos occidentales, los mismos que delimitan las obras instauradas en el mercado del arte contemporáneo que responde a premisas establecidas por occidente. La transformación de los recursos simbólicos inherentes a prácticas como la pintura corporal, el tatuaje, o cualquier otro tipo de manipulaciones del cuerpo humano formula nuevos fenómenos e instrumentos culturales.

 

“Estos cambios se concretan inicialmente a partir de las prácticas ejecutadas en grupos indígenas de América del Sur, pero el grado de jerarquía simbólica que este tipo de transformaciones corporales adquiere en otras regiones geográficas, proyecta y amplía el análisis a ritos consumados en África y Oceanía, una extensión imprescindible para poder arribar a los componentes y estrategias que engloba la transculturización en el ámbito del arte contemporáneo”. (Rossi, 2011).

 

Actualmente, los tatuadores se han incorporado a un proceso de preparación académica desde las universidades, las escuelas de arte y los mismos estudios donde los profesionales en la materia se han encargado de entrenar a sus aprendices. Por lo tanto la exposición Tendencias, artistas y estudios del tatuaje contará con el trabajo pictórico, de grabado y dibujo de un grupo de artistas que se han dedicado al arte de tatuar.

 

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