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 ReVista OjOs.com    DICIEMBRE DE 2016

COLABORADORES / JOTAMARIO ARBELÁEZ

MONTEVIDEANA


Y el tango moderno, cuyo príncipe es

Horacio Ferrer, acude a él con sabiduría,

más que como lenguaje, como toque literario.

 

Historia y glosario de lunfardo

 

 

 

A María Clara Isaza y

Gustavo Wojciechowski


 

   1. A despecho de Jean Paul Sartre, filósofo bisojo exitoso a rabiar por sus biografías de Baudelaire y de Jean Genet,

   quien no tuvo empacho en manifestar que "la poesía es la elección del fracaso"

   —término que fue la ruina de las mejores mentes de mi generación que terminaron destruidas amén de por la locura por la escasez de editores—,

 

   reitero que la poesía es la perpetración de los sueños de la vigilia, en particular de los sueños húmedos, comprendidos entre éstos no sólo los obvios de las extremidades dispuestas,


   sino el anclaje en esos puertos de la memoria oceánica tocados por algún mito,


   como en mi caso actual es Montevideo, enclave del Conde de Lautréamont, o del otro mundo, o del otro monte,

 

   que es el monte VI de este a oeste, como bien me ha cotorreado la pebetapapusa que orejeé anoche en el boliche La Ronda, al pie de la Rambla.

 


   2. De la regia festichola que ofreció la embajadora de Colombia en su residencia de Carrasco,


   para celebrar mi aterrizaje en el majestuoso Festival Ñ América, vetado para países que no utilicen esta letra,


   salí con mi editor, el gran Maca, y los poetas Martín Barea y su percanta, esa hermosa vampira llamada Valeria, Luis Bravo y Agamenón,

 

   en busca de calmar la sed de aventuras cerca de donde el río de la Plata rinde su tributo al dios de las aguas. Así escribía sus 'Poesías' Lautréamont,

 

   afanando un poquito de aquí y otro poquito de allá.

 

   Hay que reconocer que andábamos empedados con el escabio de la última botella de licor oficial del presidente Uribe y la primera del presidente Santos.

 

   Nos los bebimos a los dos en la misma entente,

 

   donde quedó fijado un tácito pacto de no agresión entre los poetas de los dos países.

 

   Algo así habíamos hecho años atrás en Caracas, cuando nadie nos hacía caso.

 

  3. A poco de estar, entró ella;

    era apenas una piba, con el cabello rubio alborotado de tanto decir que no,

   forrada en su segunda piel de bluyín que magnificaba su bombo, lo que puso de presente ante todos el título del libro que me publicaba Uruguay,


   los balancines que se llevaban por delante las miradas más atrevidas,


   una chaqueta de piel de ante antediluviana para protegerla de la inclemencia de los 3 grados centígrados,

 

   un aroma de árbol recién talado, una línea de desencanto sombreando sus ojos.


   Noté con estupor que los poetas saludaran como quien no quiere la cosa a la naifa que parecía venir de Laputa,


   ese promontorio o isla de Gulliver donde sus habitantes a través de un espejo podían conversar con cualquier personaje histórico. Como yo querría hacerlo con Isidore. Preguntó si podía sentarse.

 

   El caballero que me asiste le ofreció la mitad de mi asiento, y el despertar de mi afrecho la mitad de mi corazón y, si era del caso, elanaana de todos mis bienes. Porque de todos mis males estoy curado.


   Me dijo que por hoy, porque no habría mañana —nunca la había—, la llamara Isa.


   El editor le dijo en solfa que estaba nalga con nalga con uno de los mejores poetas del mundo, autor de Culito de rana, tras del cual había llegado a Montevideo.

 

   La cachada de Maca me situaba entre los poetas del monto, porque “los mejores” son incontables, son todos.

 

   4. Su primer comentario fue un latigazo: "Detesto la poesía y los poetas; del mundo, mejor no hablemos".


   Ante tan detestable criatura, y en medio de la corte de plateados rapsodas, me sentí obligado a recordarle cuán atrevido era el analfabestialismo poético


   y ella, sin mostrarse caracúlica me contestó con agayas: "La carne es triste, ¡ay!, y he leído todos los libros de versos.


   Hablo con conocimiento de efectos. Soporto algo de Keats, y completos sólo a John Donne y al primer Milosz.

 

   De resto, no son sino unos palabreros engrupidos y unos pedigüeños de mierda".

   "¿Querés un whisky?" "O varios, si no te importa". Media de Chivas.

   ¿Quién será este personajillo que viene a denigrar del misterio poético que impide que la tierra se desorbite

 

   y a despojarme del manto con que me arropa la rosa de los vientos y de los vientres, ahora cuando Culito de rana croa en todas las charcas?

   A lo mejor ella tiene razón y no hay que pedirlo, ofrecerse. "¿Quisieras degustar un poeta con ancas de rana?". "Gracias, ¡pero no como carroña!"

   Bárbaro, con eso quería decir que había leído de mi libro el poema Una carroña. Pero también cabía que se refiriera al de Baudelaire.

 

   5. Todos hablábamos al tiempo como en el arrabal de un pesebre.


   Apostando a quién recordara el verso más sugestivo, cada cual soltaba el de su poeta;


   Martín aventuró el de Supervielle: “¡Deseándote en la tierra, ya en el aire fascinas!”, con el que me imaginé que calificaba a la cigüeña lacrimógena que había entrado;


   Luis Bravo espetó el de Laforgue en francés “Mon corps, o masoeur, a bien mal a sa belle ame”. “Para mi cuerpo, hermanita, es demasiado peso tu alma tan pura”, me tradujo ella, y comentó: “Puro cuento, no hay almas puras”.


   Maca propuso el de Herrera y Reissig: “De un largo beso te apuré convulso / ¡hasta las heces, como un vino sacro!” “Bárbaro, eso sí es amor, beber hasta los residuos de su digestión”, acotó ella.

 

   Y Agamenón aventuró el de Idea Vilariño, que le dedicó a Onetti antes de pirarse: “No te veré morir”. “Esa sí le     supo cobrar al macho sus desplantes suspendiéndole la final y fatal mirada”, conceptuó ella.


   Tal vez por padecer eso que llama Bachelard “el complejo de Lautréamont”, consistente en posar de ser más malo de lo que realmente se es,

   yo seguía monotemático con Isidoro Ducasse, fabricante en su cuarto de hotel innominado en el número 23 de la calle Notre-Dame-des-Victoires, de ese monstruo de Maldoror, considerado sin atenuantes el enemigo público número 1 de Dios.

   “Cómo no pensar en hacerse uno con el hombre de saliva salobre que dijo que la poesía debía ser hecha por todos, no por uno;

 

   que es sucio, los piojos lo roen y los cerdos vomitan al mirarle,

 

   y que hacer daño a un ser humano y al mismo tiempo ser amado por él: es la mayor dicha que pueda concebirse”.

 

   “Lautréamont no existió, por lo menos no para la poesía uruguaya —prosiguió ella para mí sólo—. No existe aquí una calle, ni una estatua que lo recuerde, lo cual es consecuente con él, pero no con el Uruguay.

 

   Ni siquiera hay una placa en la casa donde nació, ni nadie sabe con seguridad cuál es esa casa.

 

   En fin, escribió en francés. Y con un raye que ningún gobierno acogería para la educación escolar”.

 

 

   6. Traté de retomar la imposible parola con los aedos portuarios.

 

   Falseé el postulado: “Sobre la mesa del hospital donde vine al mundo copularon una sombrilla y una máquina de  planchar.”

 

   Parodié su aventura: “Cuando era chico playero en la isla de San Andrés abracé a una feroz tiburona que  terminaría embarazada.”

 

   Me descaré reiterando como mía la más tierna confesión del monstruo. “Nadie sabe la cantidad de amor que  contienen mis aspiraciones hacia lo bello.” Era imposible,

 

   estábamos en una torre de ajedrez de marfil de babel y todos tenían la lengua en ebullición pero ninguno el oído.

 

   “Debés ser uno de esos cancheros a quienes el batacazo se les sube a la calabaza.

 

   No tenés pinta de cafisho y así te hinche no se te nota el tuti.

 

   Desde que envainaste tus claraboyas en mis faroles supe que eras un acollarado en busca de argoya. Atenti. Que por más que te des banderola conmigo no vas a contar con orto. Segurola”.

 

   “Ya me estás oxidando con tu alacranseo pero no vas a lograr que me ponga neura. Tan sólo te digo que tu cadera me está sacando de quicio”.

 

   Se levantó diciendo que iba a la número 100 a cambiar el agua a las aceitunas.

 

   Que si quería que volviera le fuera buscando puesto a mi siete.

 

   7. Tardó más de la cuenta en regresar del meódromo;

 

   según mis celosos cálculos biliares no debería andar de micción sino de zumbada,

 

   o en sobajina vertical con alguna percanta rara, porque balconié que no entraron hombres en su retrete.

 

   Ella ni siquiera había manifestado el mínimo interés en mi dragoneo y yo ya de cabrero encelado.

 

   La recibí con estas palabras giles: “Me dio en los forros eso de que odiabas la poesía, pebeta—dándole a entender que también podía con esa jerga de arrabal, el lunfardo,

 

   aprendido en mis noches adolescentes de tangos por si un día venía a conocer a los orientales—,

 

   parecías una chirusa chupada, y ahora empiezo a percibirte como una macanuda garabalunfaverseante.”

 

   Como no había más sillas le ofrecí mis dos piernas enhiestas. Previendo la sobatina

 

   mecontraofertó que la dejara asentar su pan dulce y me aposentara en las suyas. Me sentí un poco ridículo,

 

   ¿qué iba a decir la indiada? Pero no me podía quedar parado. Una vez tomé asiento en sus paralelas me habló al oído.

 

   “Si lo que quieres es nariguetearte la cosa no va conmigo. No me gusta el malandrinaje. A decir verdad no me gusta nada.”

 

   Mi as de bastos comenzaba a pedir bombeo. “No vine en busca de atorrantas leonas en paraísos artificiales sino de poetas de garra. Pero como podemos ver, ya están en el limbo.

 

   A mí me interesa tanto tu viaraza contra el mundo como la proximidad de tu regadera. Vayámonos a rolar por la rúa”.

 

   Esta pequeña Isa era una especie de Isidoro repintándose los labios en el espejo. Estaba bien de gambas, la repisa exhibía las mellizas en posición firmes, tenía el ortelano a pedir de boca.

 

   Una buena fifada al pie de la playa, tal vez de paso una falopiada

 

   y podría retornar con el batatazo en la calabaza, a seguir de garufa con mis compadres.

 

 

   8. Noté que por primera vez se animaba, y no quise desperdiciar su parloteo salpicado de puyas y lunfardismos, que aunque ofensivo me iba gustando.

 

   “¿Y me podés decir desde cuándo te sentiste catequizado por el espíritu santo de Maldoror, que es la criatura literaria más infernal que pudo pasar por la tierra, de la mano de un poeta más bien pasivo?”

 

   “Cuando leí adolescente a Ducasse, de la mano de mi amigo y mentor Jaime Jaramillo Escobar, el miasma de la maldad de quien dedica su panfleto a los humanos de verga roja se nos inoculó entre la sangre,

 

   y así él se convirtió en el monstruo X-504 a quien visitaban la ballena y su hijo a contarle su triste historia hasta terminar ahogados

 

   y yo en este fantasma de la opereta que anda saltarín por el mundo en busca de fierrazos y de nalgas que aplaudan.”

 

   “Mirá, así la letra sea la misma, los ritmos franceses de Lautréamont no saltan al castellano, de modo que tú no lo has leído y por tanto no puedes tener influencia de él sino, a lo sumo, de su traductor Pellegrini.

 

   Y si la tuvieras tendrías que aclararte si es la del misterioso autor o la de su áspero personaje. Y de ser del primero, si es de los Cantos tremendos o de las Poesías casi antípodas.”

 

   “Te doy razón y en ese caso es poco lo que realmente he leído porque mis paredes están plagadas de traducciones, pues no comulgo con las obras escritas en castellano desde Berceo.

 

   Me conmueve además que mi fe no obedezca a las palabras del espíritu santo sino a las de Cipriano de Valera revisadas por Casiodoro de Reina.”

 

   “Chamuyeta, ¿y no estás participando en el tal festival Ñ que proviene de España para promover esa letra que no figura en el 90% de los computadores mundiales?”

 

   “No me invitaron para hacer la apología del idioma sino para expresar en español mis desacuerdos con la existencia. Y eso que no soy Cioran.

 

   Estoy en el Uruguay confesando la veneración que sentimos en Colombia por sus tres más altos poetas que son de lengua francesa, pero los tres de Montevideo,

 

   como lo son los que están con nosotros en esta mesa, así sea sólo en apariencia.”

 

   “Con ese tema quedate mosca, jovato sabandija. Aquí todo el mundo es poeta, los clientes y los meseros. Y la poesía de cada uno termina donde empieza la del vecino.

 

   Pero para no correr riesgos de bronca cambiemos de tema, mi dandy de manos de dátiles, voy a ser afiladora contigo, si es que no te molesta.”

 

   “Como tú digas, mi pulpo de mirada de seda”.

 

 

   9. El boliche se había colmado de terneras bienabrigadas  pero con los péndulos a la vista.

   Se sentaban a la mesa con los poetas, apuraban un whisky y cuando no pelechaban por la pavada parnasiana emigraban a otra mesa de sólo naifas.

   Entre ellas se acariciaban el chucho y sin catrieles disfrutaban su conga.

   Como no podía darme por galleteao, fue por eso que le pedí a la papusa que fuéramos a pulsar el arremeter oceánico, abrigados con otra media botella.

   Calé sobre mi sotana el abrigo susheta negro y peludo y me puse el capelún en la chimenea.

   En la tarde, mientras rolaba bajo la garbia en busca de algún ángel empilchado de peatón,

   reparé en que debajo de las escalas de cemento que van de la Rampla Sur a la arena espumosa había una especie de refugio,

   a todas luces con baranda de orines de gato. Ya quedaría oliendo a quiveve cuando soltara mi guasca.

   Dijo que no, que para qué, que siempre era lo mismo, pero se acomodó la bufanda y vino conmigo.

 

 

   10. "Tengo mala leche con los poetas —aceptó, en tantole echaba el brazo sobre los hombros para protegerla del hielo—. A todos me les entrego después de advertirles que no me interesan y todos me piantan.

   Ninguno ha logrado rescatarme de la tortiyera con la que ando metida tirando el carro. Me chamuya del peligro de los poetas tilingos y ésa sí que nunca se borra.

   Si de verdad querés tu matraca en mi cotorra, tenemos que zafar rápido porque podría aparecer súbito, armarme la camorra, pegarme mi socotroco y hacerte pomada.

   Por eso frente a ella les entra el jabón. Y estos gavilanes gayinas a la primera garchada toman el olivo en avión, otros en barco y otros se piran caminando para su casa."

   "No va a pasar conmigo, Isa, atención, a pesar de mis carreteles me gusta dar boliya a las bombas si tengo el calce, soy un mishe que no abandona la partida", le dije,

   mientras verificaba que tenía en el bolsillo del tapamugre el tiquete calentito para hacerle mañana el espirajuse, luego de haberme desafrechado. Kaput.

 

 

Glosario lunfardo

(Según Eduardo Sadier)

 

1- cotorrear, chismear; pebeta, muchacha; papusa, muy bonita; orejear, adular; boliche, cantina;

 

2- festichola, fiesta; percanta, mujer, amante; afanar, robar; empedados, ebrios; escabio, bebida alcohólica;

 

3- piba, chiquilla; bombo, nalgas, asentadera; balancines, senos; naifa, jovencita; afrecho, apetito sexual; anaana, partición por mitades; isa, atención, ¡cuidado!;  cachada, broma, mofa, burla;

 

4- analfabestia, ignorante; caracúlica, enojada; de agayas, valiente; engrupido, fatuo, vanidoso;

 

5- pesebre, prostíbulo; pirarse, irse; raye, locura;

 

6- parola, charla; canchero, conocedor, perito; batacazo, éxito inesperado, triunfo; calabaza, cabeza; cafisho, gigoló, vividor; hinchar, fastidiar; tute, enojo; envainar, clavar; claraboyas, ojos; faroles, ojos; acollarado, casado; argoya, crica; atenti, palabra para llamar la atención; darse banderola, aspaviento; orto, suerte, ano; segurola, seguro, exacto; oxidar, extenuar, cansarse; alacransar, hablar mal de; neura, neurasténico, contrariado; la número 100, retrete; cambiar el agua de las aceitunas, orinar; siete, posaderas;

 

7- meódromo, retrete; zumbarse, drogarse; sobatina, roce amoroso; percanta, mujer, amante; balconear, observar, mirar; dragoneo, galanteo; cabrero, enojado; gil, tonto; dar en los forros, fastidiar, caer mal; pebeta, muchacha; chirusa, muchacha (despectivo); chupada, borracha; macanuda, excelente; garaba, muchacha; lunfaverseante, poeta lunfa; pan dulce, posaderas, cola, ano; indiada, pandilla; paralelas, piernas; nariguetearse, drogarse; malandrinaje, delincuencia; as de bastos, pene; bombear, fornicar; atorrante, sinvergüenza, persona vil; leona, beldad; viaraza, enojo, resentimiento; regadera, crica, cargoso, pesado; rolar, caminar acompañado; rúa, calle; gambas, piernas; repisa, pecho; mellizas, tetas; ortelano, ano; fifar, fornicar; falopiarse, drogarse; batatazo,  éxito inesperado, triunfo; calabaza, cabeza; garufa, fiesta, diversión, muchachito divertido; compadre, amigo familiar;

 

8- fierrazo, coito; chamuyeta, charlatán, persona que habla de más; mosca, quedarse, impasible, quieto; jovato, viejo; sabandija, travieso, pícaro; bronca, rabia, pelea; dandy, correcto, buen mozo; dátiles, dedos; afiladora, galante, cortejante;  

9- boliche, cantina; ternera, mujer, jovencita; péndulos, tetas; pelechar, progresar; pavada, tontería; naifa, jovencita, mujer; chucho, cabello; catriel, hombre, amante; conga, fiesta; galleteao, rechazado por una mujer; papusa, muy bonita; sotana, traje, saco; susheta, elegante; capelún, sombrero; chimenea, cabeza; garbia, garúa; empilchar, vestir, emperifollarse; rolar, andar, funcionar; baranda, olor desagradable; quiveve, prostíbulo; guasca, pene, semen;

10- mala leche, mala suerte; piantar, quitar, dejar;  tortiyera, lesbiana; meter, encariñarse; tirar el carro, vivir a expensas de alguien; chamuyar, hablar; tilingos, cursis; borrarse, irse; matraca, pene; cotorra, vagina; zafar, escapar, liberarse; camorra, pelea, riña; socotroco, puñetazo; hacer pomada, asesinar, matar; jabonera, miedo, susto; gavilán, picaflor, seductor; gayina, cobarde; garchar, fornicar; tomar el olivo, irse, huir; pirar, irse; carreteles, años, edad; dar boliya, atender; bomba, beldad; calce, ocasión; mishe, hombre mayor y generoso que paga sus servicios a las mujeres; espirajusar, irse, huir; desafrecharse, fornicar; kaput, acto final, terminación.

Jotamario Arbeláez

 

(Colombia, 1940). Poeta, escritor y publicista. Uno de los más importantes representantes del Nadaísmo. Su primer libro, El profeta en su casa (1966), confirmó el ingenio y el talante mordaz que distinguiría a los nadaístas caleños. En 1980 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Oveja Negra y Golpe de Dados, con Mi reino por este mundo. En 1985 el Premio Nacional de Poesía Colcultura con La casa de memoria. En 1999 el Premio de Poesía del Instituto Distrital de Cultura con El cuerpo de ella. Ha publicado, además: El libro rojo de Rojas (1970), denuncia del fraude electoral que se le hizo al general Gustavo Rojas Pinilla, escrito en colaboración con Elmo Valencia; la antología Doce poetas nadaístas de los últimos días (1986), y El Espíritu Erótico (1990), antología poética y pictórica realizada con Fernando Guinard. En 2002 Aguilar publicó Nada es para siempre. Antimemorias de un nadaísta. En el año 2008 le fue entregado en Caracas el Premio Internacional de Poesía ‘Chino’ Valera Mora por Paños menores. Actualmente es columnista del periódico El Tiempo de Bogotá y el País de Cali.

 

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