(57) 319 2930843

(57) 318 3269478

 ReVista OjOs.com     ABRIL DE 2014

COLABORADORES / JOTAMARIO ARBELÁEZ

PEGGY PEGOTES

 

Una vez concluida mi conferencia nadaísta en el consulado, en Miami, quiso mi amigo Rafael Vega-Jácome que lo acompañara a Coconut Grove, y parar en un sitio donde, podía jurarlo, vendían las hamburguesas más apetitosas de los Estados Unidos. Quería además que conociera, conociéndome, a la reina de las hamburguesas. Lo acompañé porque estaba en su patio y porque, donde fueres, haz lo que vieres.

 

Debo ante todo dejar sentado que, en cualquier país de Europa, no me como una hamburguesa ni a palos. Y no es porque me sobre dinero, ni padezca resentimientos comunistoides, sino porque me parece que estoy haciéndome el gringo en el viejo mundo, por más que la hamburguesa -como su nombre lo indica, procedente de Hamburgo-, fuera el inmigrante alemán con más suerte en USA, por cuanto desde su llegada a la Feria Mundial de San Luis, hace 100 años, devino a convertirse en la típica comida del gringo invasor del mundo, acompañada de la Cocacola -inventada por Pemberton- que cumplió los 100 hace 8.

 

Claro que el bolo alimenticio de carne apelotonada había llegado a Alemania en el siglo XIV, a través de los tártaros de origen ruso que la invadieron, y que llevaron la carne de barato ganado asiático picada en tiras para hacerla más comestible, el famoso steak tártaro, que se comía crudo hasta que comenzaron a asarlo. Fue un genio, Fletch Davis, de Texas, quien tuvo la idea de incorporarla entre dos tajadas de pan tostado, añadirle unas rodajas de cebolla fresca, y dedicarse a engordar la economía norteamericana, y de paso a sus habitantes, necesitados de una comida rápida, económica y práctica, posible de consumir sobre sus escritorios o mesas de  trabajo. La Coca-Cola, por su parte, llegó a convertirse en el summun de la democracia, cuando quedó establecido que “un pobre bebe cerveza, un rico bebe champaña, pero con seguridad que los dos beben Coca-Cola.”

 

El amigo Rafael me dejó sentado en el sitio donde despachaban el comiso, y me dijo que fuera comiendo mientras él iba a buscar a Luis Zalamea, que quería saludarme. Yo había reparado en una gorda morena que daba vueltas en el fogón a las masas cárnicas, a las que miraba con los ojos aún más ardientes. Solicité una cerveza. Y a los pocos minutos allí tenía a la bastante a mi lado, colocándome la super hamburguesa de frente.  “Perdón, señora, pero yo no he pedido algo que no puedo comer.” “¿Por qué, señor?” “Mi religión me lo prohíbe”, atine a decirle. “¿O no sabe usted que trece religiones del mundo son ofendidas por la existencia de la hamburguesa, la hinduista, la taoísta, la judaísta, los hare-krishnas, los budistas, los shiks, los monjes rusos y los griegos ortodoxos, los adventistas del séptimo día, los zoroastristas, los mormones, los musulmanes, los católicos romanos los viernes santos, los rastafarios, los jainitas, casi todos por repudio a la carne de cerdo y a las carnes en general? Puede que el nadaísmo no sea todavía una religión, pero yo también me siento ofendido por este preparado para salir del paso.” “Pues usted se va a comer mi hamburguesa, mi querido señor nadaísta caleño, como que me llamo Peggy Pegotes, y como que nadie me ha dejado nunca con el bocado servido. Y si no quiere no me la pague, que con las que vendo tengo suficiente para tirar para el techo. Yo también soy colombiana y desde que llegué a este sitio soy una reina. Y sé despertar cualquier apetito. Mire cómo respira la carne, hágame el favor y me mira el pan, mire estos pepinillos picados, y estas cebollitas asadas, ¿quiere que le ponga más salsa?”

 

Huelga decir que cuando llegaron Rafael y Luis Zalamea, me encontraron en plena orgía con Peggy Pegotes, entregado a la deleitosa carne de su hamburguesa.

Jotamario Arbeláez

 

(Colombia, 1940). Poeta, escritor y publicista. Uno de los más importantes representantes del Nadaísmo. Su primer libro, El profeta en su casa (1966), confirmó el ingenio y el talante mordaz que distinguiría a los nadaístas caleños. En 1980 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Oveja Negra y Golpe de Dados, con Mi reino por este mundo. En 1985 el Premio Nacional de Poesía Colcultura con La casa de memoria. En 1999 el Premio de Poesía del Instituto Distrital de Cultura con El cuerpo de ella. Ha publicado, además: El libro rojo de Rojas (1970), denuncia del fraude electoral que se le hizo al general Gustavo Rojas Pinilla, escrito en colaboración con Elmo Valencia; la antología Doce poetas nadaístas de los últimos días (1986), y El Espíritu Erótico (1990), antología poética y pictórica realizada con Fernando Guinard. En 2002 Aguilar publicó Nada es para siempre. Antimemorias de un nadaísta. En el año 2008 le fue entregado en Caracas el Premio Internacional de Poesía ‘Chino’ Valera Mora por Paños menores. Actualmente es columnista del periódico El Tiempo de Bogotá y el País de Cali.

 

VOLVER A COLABORADORES         

 © ReVista OjOs.com

Se prohíbe la reproducción de cualquiera de los contenidos de la ReVista, así como su traducción  a cualquier idioma sin autorización de su titular. Email: fernando.guinard@gmail.com / Teléfono: (57) 318 3269478 - 319 2930843 Bogotá, Colombia