(57) 319 2930843

(57) 318 3269478

 ReVista OjOs.com    OCTUBRE DE 2013

COLABORADORES / JOTAMARIO ARBELÁEZ

EL ESPÍRITU ERÓTICO XXI

SEGUNDA VENIDA

 

I

     Sólo el espíritu es erótico, pues el cuerpo inerte es puro bagazo.

     Si en el erotismo radica la continuación de la vida, el ser humano no puede negarse a él, sin negarse a sí mismo, su origen y su futuro.

     Cuando el hombre entrega su espíritu, hasta allí llegaron los deseos de la carne y sus aspiraciones a lo bello y lo trascendente.

     Una vez se le desentiesa el principio vital, el hombre se queda tieso.

     Algún doctor de la Iglesia inventó que los ángeles no tenían sexo, cuando es sólo el ángel inmerso en la criatura quien le impele a penetrar o ser penetrado. A admirar o ser admirado.

A pintar o ser pintado. A cantar o ser cantado.

     El ángel es el sexo de los humanos. Es el demonio el que le aconseja abstenerse, celoso de que las criaturas sean como dioses.

     A mi amigo Gonzalo Arango, cuando andaba pleno de vida y de picardía, le preguntó un periodista: ¿usted cómo concibe el amor, física o espiritualmente?, y él respondió: de ambas formas, pero en la cama.

     Porque nadie hace el amor de una forma física, sin que sea la gasolina del espíritu la que le proporcione la fuerza en la empujadera.

     Algunos animales se huelen el sexo y se siguen, se hacen el amor en el aire, en la tierra y en el agua. Y los humanos hasta en el sueño.

     Tiene espíritu todo lo que se reproduce, sexual o asexuadamente, desde los enormes dinosaurios y torpes mastodontes hasta el autosuficiente ser unicelular.

     Vamos a limitarnos al ser humano, que es el que escribe, pinta y consume libros y cuadros, goza con ellos, algunos mucho más cuando son eróticos porque es el erotismo el gran satisfactor de los sentidos de que fue dotado por el gran arquitecto lúbrico.

     No es bueno que el hombre esté solo, pensó el Señor, y le dio a Eva (y Lilith), a Homero (y Virgilio), a Picasso (y Dalí).

 

     Hace veinte años uno de estos enviados de Dios de

quienes la humanidad sospecha porque vienen recubiertos de la pasión por el arte y la poesía y un sobretodo rijoso, Fernando Guinard se llama,

     me propuso la elaboración de un libro redentor, El Espíritu Erótico, para amantes estéticos.

 

     Sería una fusión, una difusión, una transfusión, jamás una disfunción y más bien una venida al tiempo, de obras pictóricas colombianas y poemas mundiales cuyo tema fuera el sexo manifiesto, el mandamiento que no figuró en las tablas:

Haz el amor bien y no mires a quién.

     (Lo siento con mis malquerientes, pero con la frase anterior acabo de superarme como pensador y como teólogo).

 Ahora el mismo personaje, que en el camino se atrevió con un envión similar titulado El Espíritu Creador, donde también le hice la segunda como creativo,

 se propone una segunda venida, con nuevas propuestas plásticas y conservando la mayoría de los poemas eternos.

 

     Es persistente, caramba, Fernando, como un buen polvo, pues en polvo eres estuvo a punto de convertirse en la última jornada,

     emergencia médica de la que lo salvó la obsesión con la obra y las manos milagrosas del cirujano que operó y las de una esbelta chiquilla que suturó, Emilce Rivera, encontrada en el momento que era en el camino de los elegidos,

     quien le ha sido derrotero no derrotable y brújula bruja. Y es quien ahora coordina a este descoordinado.

 

II

     El amor alcanza su premio de montaña en el erotismo y el erotismo por lo general comienza haciendo el amor.

     El amor ha tenido más prestigio que el erotismo, por cuanto la escuela del Cristo hizo su enseña del amor por el prójimo,

     condenando al sexo, si no a las tinieblas exteriores, por lo menos a practicarse debajo de la cobija.

     Con la emancipación de la mujer y la entronización

de orgullo gay, ya el camino parece allanado para que el sexo se dé con desparpajo en espacios abiertos, al aire libre, libre de tabúes, de restricciones.

     Antes era una trasgresión besarse en la calle, en un parque.

 

     Ahora vemos parejas haciéndose el amor en cabinas telefónicas, en cajeros automáticos, en terrazas, en las piscinas.

     ¿A quién se le olvidan los polvos echados en el parque Nacional de Bogotá, en el camino de Monserrate o al borde del Salto del Tequendama?

     Si pudieron implementarse las playas nudistas, ¿por qué no podrían establecerse barrios nudistas, o ciudades nudistas, como ya hay casas?

     Decía Gaitán Durán que a los poderes de la guerra y de la violencia sólo podría contrarrestárselos con un desenfrenado erotismo. Y con las potencias libérrimas del arte y la literatura.

Haciendo seguimiento al razonamiento de López Michelsen, de que nuestra atávica violencia radicaba en que éramos un país mal tirado. De allí que resultaran tantos mal paridos.

     Tal vez por las taras católicas inculcadas desde los púlpitos.

     ¿Qué puede suceder cuando un hombre y una mujer se miran en una calle y se opera el circuito de la atracción?

     Que con el policía de turno haciéndose el de la oreja gacha puedan dedicarse al abejorreo en la cola del metro.

 

     Ahora el erotismo se enseña desde las páginas de los periódicos, los programas de radio y televisión y los tableros de clase.

 

Como una expresión adelantada del amor, con el que no

pudimos desarmar los espíritus.

     Tal vez porque el erotismo, en los terrenos del amor terreno, todoterreno,

 implica a la vez un encuentro donde cada contrincante vence y es vencido, y disfruta por igual de su victoria y de su derrota.

     Cuando todas las ciudades eleven sus cantos a la vida a través del amor y del erotismo,

     comenzaremos a darnos cuenta que no vale la pena matarnos, que cada cuerpo es bendito,

     porque cada cuerpo puede ser para la celebración del cuerpo vecino.

Jotamario Arbeláez

 

(Colombia, 1940). Poeta, escritor y publicista. Uno de los más importantes representantes del Nadaísmo. Su primer libro, El profeta en su casa (1966), confirmó el ingenio y el talante mordaz que distinguiría a los nadaístas caleños. En 1980 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Oveja Negra y Golpe de Dados, con Mi reino por este mundo. En 1985 el Premio Nacional de Poesía Colcultura con La casa de memoria. En 1999 el Premio de Poesía del Instituto Distrital de Cultura con El cuerpo de ella. Ha publicado, además: El libro rojo de Rojas (1970), denuncia del fraude electoral que se le hizo al general Gustavo Rojas Pinilla, escrito en colaboración con Elmo Valencia; la antología Doce poetas nadaístas de los últimos días (1986), y El Espíritu Erótico (1990), antología poética y pictórica realizada con Fernando Guinard. En 2002 Aguilar publicó Nada es para siempre. Antimemorias de un nadaísta. En el año 2008 le fue entregado en Caracas el Premio Internacional de Poesía ‘Chino’ Valera Mora por Paños menores. Actualmente es columnista del periódico El Tiempo de Bogotá y el País de Cali.

 

 

 

 © ReVista OjOs.com

Se prohíbe la reproducción de cualquiera de los contenidos de la ReVista, así como su traducción  a cualquier idioma sin autorización de su titular. Email: fernando.guinard@gmail.com / Teléfono: (57) 318 3269478 - 319 2930843 Bogotá, Colombia