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COLABORADORES / JOAN SUÁREZ

 ReVista OjOs.com     SEPTIEMBRE DE 2016

UNA MÁS EN LA CASA

 

Es mejor cualquier cara de hipocresía, que no tener ninguna.

 

 

 

La estigmatización por alguna orientación sexual, el tributo al odio y el canto a la calumnia, el deterioro de la amistad, las energías envidiosas, el sucumbir de la cultura entre trámites y fichas de seguimiento asistencial, la risa del tiempo con quienes se olvidan de un segundo para besar y abrazar, la multitud en el cementerio que no pierde minutos en la tarima del chisme sobre el difunto. Y una espiral de ambigüedades en titulares, alejan un tanto la mirada sobre el amor y la vida. Casi todos estamos tirando el mismo día y a la misma hora. Está en agonía el ceremonial del eros. Y crece, dizque, el mercado de tiendas eróticas.

 

De ahí una mirada oriental, para refrescar un poco los sentidos sobre la identidad y el pasado de un pueblo. Alejándose del cine propagandístico, definiendo una temática y con estética, decide mirar a profundidad la cultura de la nación china, es el caso de Zhang Yimou con su película La linterna roja (1991). Un relato marginado por las ideologías del momento (la censura), porque trataban sobre el momento presocialista y su antiguo régimen.

 

Se centra, especialmente, en la década de 1920, un periodo difícil en China y el fin del antiguo imperio. Esta película, junto a Sorgo rojo (1988) y Semilla de crisantemo (1990) las une la ruta que conduce a las mujeres ante la sociedad feudal china: ahogar la libertad. En la primera, el amor coincidente entre una chica y un escolta, y la enfermedad del propietario de una bodega de vino (década del treinta). En la segunda, el maltrato, y un amor apasionado es prohibido por la impotencia del administrador de una tintorería que está frustrado por su incapacidad de tener un hijo con la joven que compró (década del veinte).

 

De este modo, vuelve a su espacio preferido, el rural, para marcar un ritmo pausado y exigente al espectador, con bellos fotogramas que componen la historia, sus colores primarios y los encuadres que refuerzan su riqueza visual y hablarnos de la experiencia de una joven concubina, que ha perdido a su padre y debe abandonar sus estudios universitarios e ir al castillo del señor Chen Zouqian para ser la cuarta esposa. Y vivir la sumisión, la envidia y la intriga que rodea las relaciones entre las mujeres, cada una de las cuales vive en una casa independiente dentro de ese gran castillo de control político y económico.

 

Esa sumisión, está marcada por su frustración y este tipo de vida que debe enfrentar, de mala gana en servir al amo en sus noches y sus reglas ancestrales. La envidia, esa competencia indescifrable con las otras concubinas en ser la mejor y ganar el respeto de las otras. Y la intriga, por su complicidad indirecta con la muerte de dos chicas, que la conducen levemente al vértigo y la caída del peso en su consciencia. Paradójicamente, esa vivienda de tradición en China y su arquitectura (sanheyuan), aísla del peligro a sus moradores y brinda protección. Además de formación en poesía y filosofía. Allí habitan con las necesidades básicas satisfechas, vestuario, alimento, medicina y ocio.

 

Pero hay una invisible celda en ladrillos. Es una prisión que seguimos de cerca con la cámara que no sale más allá del tejado. Anclados en el monte. Una atmósfera claustrofóbica decorada con una luz roja que distancia el entendimiento de lo que allí sucede. Esa jaula. Porque el coraje y la valentía para huir es eliminado con la tortura, dándole un vástago heredero al señor, o asumir el destino de la mentira, el miedo, la locura y la muerte.

 

Las linternas rojas, en una especie de metáfora, simbolizan la trayectoria, la tradición y la relación de las concubinas con su señor. Es la dualidad de una estancia cálida y sexual para el amo (encendidas) o el sometimiento como reclusas (apagadas). La primera dama es la más antigua, obediente, conformista y madre del niño. La segunda dama es frágil, de ahí que mienta y manipule. La tercera dama canta ópera con gran energía entre pasillos y rompe el orden con un romance. Y la última dama, Songlian, encarna a la mujer joven, universitaria, culta, rebelde e inteligente, por eso no soporta ni comprende las viejas costumbres que debe obedecer.

 

Y en este ambiente, se destaca la temporalidad, a través de un ciclo inmóvil, queriendo sugerir que nada avanza para el espíritu de estas mujeres, con el paso de cada estación. Songlian, llega en el verano con su belleza y juventud. En el otoño es melancólica y triste su mirada. En el invierno es temor y ocurre la tragedia. Y sin esperanza para la vida, se suprime la primavera. El director Zhang de forma mágica y fría termina con la llegada de una nueva concubina joven y hermosa, como lo era Songlian.

 

La linterna roja

Dir. Zhang Yimou

China. 1991. 125 min.

Joan Suárez


(Colombia, 1988). Nació en Medellín por las mismas calles de narcotraficantes, pistoleros y políticos. Es antioqueño como Débora Arango, Porfirio Barba Jacob, Pedro Nel Gómez, Ignacio Gómez Jaramillo Augusto Rendón, Fernando Botero, Fernando Vallejo, Fernando González, Gonzalo Arango, Germán Londoño y muchos más que le han dado más gloria a Colombia que las bandas criminales infiltradas en los poderes políticos, judiciales, legisladores  y empresariales.

Egresado en Regencia de Farmacia de la Universidad de Antioquia.  “Allí aprendí de papas bomba, reacciones químicas caa pldoras abortivas [diría Don Ordoñez], conocí la flora y fauna de varias vaginas en el quirófano de obstetricia y ginecología en mi práctica académica. Actualmente tengo 24 años y vivo el presente con lo que se me presenta. Un hombre cuasi virgen para la sociedad colombiana”. Su espíritu investigativo, analítico y su talento para expresar con palabras e ideas esta realidad apestosa lo respaldan para convertirse en un colaborador de la revista de la libertad y el desorden donde no hay censura y se exalta la belleza y el talento.

 

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