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COLABORADORES / JOAN SUÁREZ

 ReVista OjOs.com      JULIO DE 2016

SUFRIMIENTO Y SUBORDINACIÓN

 

 

En este homenaje contemporáneo,el protagonista es el cuerpo.

 

 

Las coreografías que nos presenta la cotidianidad, por el uso adictivo de los teléfonos móviles, definen nuevas conductas ante el otro y posiciones ergonómicas de herida en las vértebras, el recetario en monólogos al hablar, el desuso de la palabra y el silencio que solemos encontrar en la amistad, de ahí la subordinación ante el medio, una maquinaria que alimenta el sufrimiento a través del placer controlado de las cosas. Así, el cuerpo sensible recibe estímulos del exterior y comunica de forma dolorosa su expresión corporal. Signos y síntomas de rabia, ira, rencor y odio.

 

De este modo, nos invade las fronteras visibles e invisibles del consumismo, la posibilidad de la individualidad, en cualquier latitud, insinúa un dilema de vida y lucha, la máxima es la extenuación del Ser. Éstas características describen un poco la película del prolífico cineasta austriaco Ulrich Seidl, quien con Import/Export (2007) recurre al universo doméstico de sus personajes, las pasiones humanas, el crecimiento y desarrollo de un engañoso progreso social, en el que sus protagonistas sostienen el espejo de la realidad y buscan el reflejo de un sueño que se devuelve en frustración.

 

En esta historia hay dos víctimas del modelo económico, dos mundos diversos y contados en paralelo, en uniformidad de participación: un chico y una chica. Ella, cansada del día eterno de cada instante, enfermera en un hospital geriátrico y madre desdichada que huye (esa ruta de salvamento habitual de irse de su país natal, la globalización es un eufemismo) a Occidente, y ese deseo efímero conduce a encontrase en el camino como limpiadora, y a través de una amiga, como chica porno en Internet. Un cuerpo que sin ser lacerado ha sido ultrajado por la captación de una red, pero rentable para el mundo cínico que rodea a Olga (EkaterynaRak). Su mente está muerta, sucumbe ante el sistema.

 

Él, un agente de seguridad y en un eterno retorno de pereza al intentar levantarse cada mañana, en su permanente desencuentro con el entorno sufre caídas y golpes, angustias e intenta también huir. Llega a Ucrania como maquinista, pero su Ser está vacío, es una tuerca de la cadena de producción, no piensa y lo acompaña el juego, la competencia y las deudas (virtud del ahora, quien no las tiene es un sospechoso) que atormenta a Paul (Paul Hofmann).

 

Ambos comparten el narcisismo que alimenta la sociedad actual, la necesidad de fantasear, las emociones primarias, la separación y el dolor de su morada, nunca llegarán a encontrase. Y sin duda, la deshumanización y la precariedad, una pintura que sus rostros no requieren de la palabra para trasmitir caos y desolación, quizá por la larga duración de la película que puede parecer insoportable en una atmósfera gris: ancianos esqueléticos, salvajismo, sexo frío… Y demás expresiones humanas que genera la actualidad neoliberal: robots, emigrantes y reprimidos con tendencias suicidas.

 

Tenemos entonces una historia que trata sobre el ciclo espiral de la humanidad, sexo y vida, muerte, triunfo y derrota. Son dos países, dos mundos opuestos, dos sentidos cardinales (Este y Oeste), una escala de oscuridad que se confunde el uno con el otro, dos personas, dos existencias ante el cosmos, una que inicia en Austria y acaba en Ucrania (Él). La otra inicia en Ucrania y termina en Austria (Ella).

 

La Europa actual es retractada en la vida de estos dos seres humanos, con planos desagradables al espectador, con secuencias descarnadas de asco y vergüenza, pero justamente ese es el objetivo de Ulrich, con esta expresión artística nos toca el espíritu y proyecta un hecho perturbador, que se repite en cada rincón del planeta: sufrimiento y subordinación, una metáfora de los mal llamados tiempos modernos.

 

Import/Export

Dir. Ulrich Seidl

Austria. 2007. 141 min.

Joan Suárez


(Colombia, 1988). Nació en Medellín por las mismas calles de narcotraficantes, pistoleros y políticos. Es antioqueño como Débora Arango, Porfirio Barba Jacob, Pedro Nel Gómez, Ignacio Gómez Jaramillo Augusto Rendón, Fernando Botero, Fernando Vallejo, Fernando González, Gonzalo Arango, Germán Londoño y muchos más que le han dado más gloria a Colombia que las bandas criminales infiltradas en los poderes políticos, judiciales, legisladores  y empresariales.

Egresado en Regencia de Farmacia de la Universidad de Antioquia.  “Allí aprendí de papas bomba, reacciones químicas caa píldoras abortivas [diría Don Ordoñez], conocí la flora y fauna de varias vaginas en el quirófano de obstetricia y ginecología en mi práctica académica. Actualmente tengo 24 años y vivo el presente con lo que se me presenta. Un hombre cuasi virgen para la sociedad colombiana”. Su espíritu investigativo, analítico y su talento para expresar con palabras e ideas esta realidad apestosa lo respaldan para convertirse en un colaborador de la revista de la libertad y el desorden donde no hay censura y se exalta la belleza y el talento.

 

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