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COLABORADORES / JOAN SUÁREZ

 ReVista OjOs.com    ABRIL DE DE 2017

Joan Suárez

DESPERTAR DE LA CONSCIENCIA

 

 

 

Olvídate de esa escafandra deprimente que roba tu identidad.

Ya eres poesía.

 

 

 

 

Se dice que existimos ante la mirada del otro porque nos confronta y nos hace darnos cuenta de los errores y los aciertos con nuestra conducta, pero en estos tiempos de aislamiento y falsa privacidad, donde la intimidad se desnuda ante un usuario y contraseña para entrar a ese otro país virtual de las redes sociales, sórdidas y perturbadoras, esa interrogación se convierte en admiración y se rechaza la discusión, el debate o el diálogo. Nos quieren hacer olvidar que los ojos del otro son el telescopio al cosmos del entendimiento y el caleidoscopio de la cotidianidad. De ahí, que en sus formas coloridas y elocuentes sea refrescante una película como Los niños (2016) de la cineasta chilena Maite Alberdi.

 

Y en ese reconocimiento del otro, los chicos de esta historia, se hacen cargo de su existencia a la altura admirable de sus posibilidades y potencialidades como la de cualquier otro. Sus sueños son la órbita elíptica para su convicción, y por supuesto, para ocupar un lugar en el mundo. Entonces asisten desde hace más de 40 años a la misma escuela y aprenden en su taller de gastronomía lo importante del alimento y elaboran de manera artesanal dulces que salen a vender por el barrio.

 

Del mismo modo, se convive con la diversidad de gente y sus virtudes, así llega el despertar del amor, entre la timidez y la celebración, los enojos y la reconciliación, las lágrimas y la despedida. En ese infinito espacio, en el que cada lugar tiene un nombre, sin ser un aula, sin ser un salón, los chicos están aquí. Fortalecen la convivencia con una amistad leal y fraternal, vibran con el ejercicio democrático del orden y el límite, pero en el que también los vicios de la trampa y el juego son cuestionados.

 

Con cámara al hombro, luz natural y un seguimiento en primeros planos, la directora nos eleva ante la genialidad del lenguaje de los chicos y sus argumentos cuando ven vulnerados sus conquistas aparentes de «adultos conscientes». Por eso las decisiones transcendentales para la vida, según este contexto, como el matrimonio, el sexo y la planificación con anticonceptivos, la autonomía y la independencia económica, son un placebo sin posología para estos chicos. ¿La razón? Es un juego entre grandes cuyos protagonistas son niños, pero con una mirada menos maliciosa que la de aquellos.

 

Por eso, desde las líricas melodías que acompañan algunos momentos memorables, esa potencia que adquiere el relato y el ojo de la cámara al capturar la discusión familiar porque «yo quiero casarme», «yo quiero otro trabajo», «yo quiero dinero» y «yo quiero tener mi casa y una familia», son secuencias en las que emoción y razón tejen el dilema de este relato: ¿Cuándo crecen los niños?, ¿Quién soy yo?, ¿Qué es la autonomía? Y finalmente, ¿Quién depende de mí y de quién dependo? Ahí entendemos que los personajes de esta historia salen casi triunfadores para enfrentar el día a día con valentía e inventiva.

 

Sin sentir la punción los personajes de esta historia nos inoculan, y hasta nos cuestionan, ese laberíntico camino del deber ser, por eso Ricardo, uno de los más entrañables (como todos los demás) protagonistas, exclama, ante la pregunta de la profesora, al recibir su pago por el cuidado de los abuelos: «…algún día voy a tener mi casa, construir una familia…». Tratando de mantener una senda de serenidad, en realidad lo que vemos son las encrucijadas de la existencia y las barreras que debemos sortear para llevar una vida digna en este caótico hogar.

 

Por eso esta película es una ira y una desobediencia por parte de sus actores, logran conjugar sensibilidad y el despertar de una consciencia colaborativa, sin competencia, cada uno a su ritmo y en la aceptación del otro y siempre en aprendizaje. Con el acompañamiento de un tutor que saca las más lúcidas palabras en ellos y los hace pensar que son artífices de sus vidas. Y son en esas vidas, donde nos vemos reflejados los espectadores, porque cada uno de nosotros se mueve en las fronteras geométricas de un cuadrado, esas líneas que ellos (léase sociedad) han delimitado para el control y la manipulación. Por eso estos niños con Síndrome de Down son interesantes, geniales y hermosos. Su vida no es aburrida ni alienante, como la de los adultos.

 

Los niños

Dir. Maite Alberdi

Chile. 2016. 80 min.

Joan Suárez


(Colombia, 1988). Nació en Medellín por las mismas calles de narcotraficantes, pistoleros y políticos. Es antioqueño como Débora Arango, Porfirio Barba Jacob, Pedro Nel Gómez, Ignacio Gómez Jaramillo Augusto Rendón, Fernando Botero, Fernando Vallejo, Fernando González, Gonzalo Arango, Germán Londoño y muchos más que le han dado más gloria a Colombia que las bandas criminales infiltradas en los poderes políticos, judiciales, legisladores  y empresariales.

Egresado en Regencia de Farmacia de la Universidad de Antioquia.  “Allí aprendí de papas bomba, reacciones químicas caa pldoras abortivas [diría Don Ordoñez], conocí la flora y fauna de varias vaginas en el quirófano de obstetricia y ginecología en mi práctica académica. Actualmente tengo 24 años y vivo el presente con lo que se me presenta. Un hombre cuasi virgen para la sociedad colombiana”. Su espíritu investigativo, analítico y su talento para expresar con palabras e ideas esta realidad apestosa lo respaldan para convertirse en un colaborador de la revista de la libertad y el desorden donde no hay censura y se exalta la belleza y el talento.

Fotograma del filme.

Fotograma del filme.

 

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