(57) 319 2930843

(57) 318 3269478

COLABORADORES / JOAN SUÁREZ

 ReVista OjOs.com    SEPTIEMBRE DE DE 2017

Joan Suárez

Joan Suárez


(Colombia, 1988). Nació en Medellín por las mismas calles de narcotraficantes, pistoleros y políticos. Es antioqueño como Débora Arango, Porfirio Barba Jacob, Pedro Nel Gómez, Ignacio Gómez Jaramillo Augusto Rendón, Fernando Botero, Fernando Vallejo, Fernando González, Gonzalo Arango, Germán Londoño y muchos más que le han dado más gloria a Colombia que las bandas criminales infiltradas en los poderes políticos, judiciales, legisladores  y empresariales.

Egresado en Regencia de Farmacia de la Universidad de Antioquia.  “Allí aprendí de papas bomba, reacciones químicas caa pldoras abortivas [diría Don Ordoñez], conocí la flora y fauna de varias vaginas en el quirófano de obstetricia y ginecología en mi práctica académica. Actualmente tengo 24 años y vivo el presente con lo que se me presenta. Un hombre cuasi virgen para la sociedad colombiana”. Su espíritu investigativo, analítico y su talento para expresar con palabras e ideas esta realidad apestosa lo respaldan para convertirse en un colaborador de la revista de la libertad y el desorden donde no hay censura y se exalta la belleza y el talento.

Estudiante de la Escuela de crítica de cine, un proyecto de formación de Cinéfagos.net y la Revista Kinetoscopio, con el respaldo de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia.

Uno de los objetivos es elaborar textos producto del proceso de formación para ser publicados en diferentes medios, especialmente en el blog Cinéfagos de El Colombiano y en la revista

Kinetoscopio. De esta manera, encontrarán algunas veces también ejercicios de escritura en este portal. http://bit.ly/2shSZlj

Cíclico detalle

 

 

En el bosque puede estar la savia para la poesía,

tras la dicotomía de la ciudad.

 



La materia y el espíritu, la razón y el instinto, la luz y las tinieblas, una bipolaridad presente que constituye una lucha constante disponible en estos tiempos de alteridad e incertidumbre. La noción de rutina asusta y espanta. Identificarse con un ritmo determinado aniquila la posibilidad del asombro y el despertar de la consciencia, de ahí que se decida por alimentar el deseo con lo fortuito y la banalidad. Tal vez por esto Paterson (2016) sea un corolario contra la rapidez del ahora y el imperio de la monotonía.

 

La espera afectiva en esta relación es el valor de las pequeñas acciones y no tanto el frenesí de dos cuerpos desnudos. Cada movimiento, traducido en una mirada, un beso o una palabra, se convierten en un oasis luego del regreso monótono y agotador del trabajo. Ella es creatividad, plasma sueños y amor, es el ímpetu y la sensibilidad. Él es firmeza, repetición, suavidad, serenidad y esperanza. A veces respira un desasosiego confuso.

 

Para combatir la bomba del aquí y el ahora, Paterson lucha con su libreta y la ansiedad creativa por elaborar un poema de lo más mínimo: una cerilla o una cascada que cae entre las piedras. Estos versos se plasman en su libreta personal, en ocasiones con la complicidad inspiradora de su autor favorito, William Carlos Williams. Su pasividad es inexplicable, pero es quizás la fuente para persuadir y mantener la atención del espectador. Ya que este hombre, como cualquier ciudadano del mundo y su asfixiante ambiente laboral, hace seis cosas: despertar sin alarma, desayunar cereal, trabajar como conductor, regresar a cenar con su esposa, pasear su perro e ir al bar a tomar cerveza. Un esquema alienante, estimulante y etéreo.

 

Cada intertítulo de la jornada que pasa abre con dos cuerpos sobre la cama, una dualidad permanente que se impone en la pantalla por segundos repetido, ya vivido. Pero las palabras de sus hojas se abren entre las decoraciones y recetas de su chica. Así, desafía al espectador desprevenido que apela al entusiasmo y al control de sus sentidos. Si bien recurre a momentos memorables, es impaciente la trama por algún momento, aunque poco podría esperarse de un cotidiano y poco atractivo lugar con el mismo nombre: Paterson, rodeado de gemelas, como si los protagonistas fueran esas almas inseparables y casuales.

 

De pronto la esencia de este relato sea el instante presente. Aunque casi todas las noches su chica recuerda lo que ha soñado, cada plano es de por sí una fuga para el tedio. Y en sus variaciones se aprende un algo de ese pequeño poblado y su gente. Y por supuesto, los sutiles detalles en tiempo y circunstancias cargados de complicidad y curiosidad entre sus habitantes. Es el conflicto caprichoso de no pasar nada ni cautivar, pero que en realidad han sucedido una docena de hechos y situaciones en las causalidades poéticas de la vida, entre ellas: conversar con un amigo mientras se bebe o hablar con una niña.

 

Tenemos entonces una lucha de contrarios, el imperio de la rutina y la sobriedad creativa que emerge, justamente de esos momentos del día, sin pretensión y con soltura Paterson intenta escribir un poema de amor para su amada, ya que no es la típica musa dadora de oraciones y hechizos, sino una sugerente, envolvente, simpática y hermosa muchacha, que para efectos de esta película funciona, con el característico estilo de Jim Jarmusch: ni poco ni demasiado, todo es cuestión de medida. Ahí está el deleite de este poema cinematográfico.

 

Paterson

Dir. Jim Jarmusch

EE.UU. 2016. 113 min.

Fotograma del filme. Adam Driver y Golshifteh Farahani

Fotograma del filme. Adam Driver

 

VOLVER A COLABORADORES                      

 © ReVista OjOs.com

Se prohíbe la reproducción de cualquiera de los contenidos de la ReVista, así como su traducción  a cualquier idioma sin autorización de su titular. Email: fernando.guinard@gmail.com / Teléfono: (57) 318 3269478 - 319 2930843 Bogotá, Colombia