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 ReVista OjOs.com   SEPTIEMBRE  DE 2015

COLABORADORES / JOAN SUÁREZ

EL AMOR ES SEMEJANTE Y DIFERENTE

En ti, encuentro el amor homeopático, gota a gota, dosis en partes por millón.

 

Quizás en Occidente, donde habita un hombre light con una vida sin valores, en la ausencia de referentes o la ignorancia del canon de su pasado, transitando por la sociedad de la diversión con un gran vacío moral, expresada en una cotidianidad inútil para su existencia y representada en una formula engañosa de la libertad, el consumismo, sea necesario evocar el lirismo poético y singular para el espíritu Deseando amar (2000), una historia universal y transcendental para el hombre, que ahora camina sin el sentimiento cosmogónico y que está en desuso, el amor, como deterioro de una experiencia enriquecedora y elevadora del Ser.

 

Con magistral actuación en un escenario de Hong Kong para 1962, los dos protagonistas Maggie Cheung y Tony Leung ofrecen una interpretación verosímil y contundente al ritmo sonoro de Nat “King” Cole y la composición dinámica entre Michael Galasso y Shigeru Umebayashi para dar un raro y extraordinario ambiente de pasión y desencanto, a través de la revelación y el descubrimiento sutil de una mirada y la cámara lenta en un callejón que conduce a momentos de roces y caricias.

 

Si bien el director Wong Kar Wai manipula con elipsis, el fuera de campo y aires de sueño cada escena, detrás de la complicidad fotográfica de Christopher Doyle, es preciso mencionar su genialidad para recrear el algoritmo del amor en tres películas que integran esta saga Days of Being Wild (1990), en un universo de color verde y nostálgico de tragedia griega. 2046 (2004), el recuerdo de un seductor como signo de la imposibilidad para olvidar, así sea en otras mujeres. Y en la mitad encontramos In the Mood for Love que pone en entredicho nuestros conceptos y códigos, como espectadores nos sumerge en el amor frustrado, el desencuentro e incomunicación, que pretendemos enviar intensamente a la basura del baúl: el olvido, dentro de la habitación del subconsciente.

 

Así, la tensión que emana desde el guión argumental en las emociones de los amantes se confabula con los intentos fallidos del espectador y sus eventos en el amor real, ese que cada uno lleva en su interior. Por eso la lógica maestra en la dirección, un rodaje a lo largo de quince meses (sin guión previo e infinitas horas de filmación) para deconstruir y edificar una resonancia entre los personajes, para culminar con una pieza visual sin vacíos, donde la ausencia de un evento es el resultado de pura poesía sugerente.

 

Sorprendente la cámara, que busca y se aleja, por medio de travellings sobre las paredes y las mesas, en ocasiones oculta para suprimir en el encuadre a Chow y Li-zhen pero el movimiento lento en los pasillos, describen a través del efecto de un diálogo musical en la habitación, entre la oscuridad y la lluvia, una atmósfera de melancolía, que se deduce en las conversaciones telefónicas, en otras secuencias la manifestación verbal en Off. Otro cine para los sentidos, allí la cantidad de planos no es revelador, pero si las ubicaciones de cámara.

 

Otro elemento imperdible, la relación del tiempo, ese paso pragmático de ralentí imperceptible, dejando a la deriva a los personajes y a los espectadores para disfrutar de una mirada, de un ruido o de una luz, como lo diría el propio director en una entrevista. Por tanto, asistimos a una trama de recuerdos significativos y las sensaciones que transmite en perturbar y alterar la perspectiva ante la vida, el recuerdo, los secretos y el amor.

 

Finalmente, Wong Kar Wai es la figura emblemática del cine asiático, al son de las categorías del amor y la nostalgia, inventor de un estilo con características fetichistas y mezcladas con los sentimientos, exhibe la belleza femenina en su más hermosa representación, impregnando un sello visual tras una formación en artes plásticas y prácticas de fotografía, le facilitan asociar un videoclip sentimental (estribillo en una escena de recuerdo) y la fotonovela, es decir, el vestuario como elemento de seducción y florecimiento al deseo.

Joan Suárez


(Colombia, 1988). Nació en Medellín por las mismas calles de narcotraficantes, pistoleros y políticos. Es antioqueño como Débora Arango, Porfirio Barba Jacob, Pedro Nel Gómez, Ignacio Gómez Jaramillo Augusto Rendón, Fernando Botero, Fernando Vallejo, Fernando González, Gonzalo Arango, Germán Londoño y muchos más que le han dado más gloria a Colombia que las bandas criminales infiltradas en los poderes políticos, judiciales, legisladores  y empresariales.

Egresado en Regencia de Farmacia de la Universidad de Antioquia.  “Allí aprendí de papas bomba, reacciones químicas callejeras, píldoras abortivas [diría Don Ordoñez], conocí la flora y fauna de varias vaginas en el quirófano de obstetricia y ginecología en mi práctica académica. Actualmente tengo 24 años y vivo el presente con lo que se me presenta. Un hombre cuasi virgen para la sociedad colombiana”. Su espíritu investigativo, analítico y su talento para expresar con palabras e ideas esta realidad apestosa lo respaldan para convertirse en un colaborador de la revista de la libertad y el desorden donde no hay censura y se exalta la belleza y el talento.

Fotograma del filme. Tony Leung y Maggie Cheung

Fotograma del filme. Tony Leung y Maggie Cheung

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