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 ReVista OjOs.com    JULIO DE 2015

COLABORADORES / JOAN SUÁREZ

Joan Suárez


(Colombia, 1988). Nació en Medellín por las mismas calles de narcotraficantes, pistoleros y políticos. Es antioqueño como Débora Arango, Porfirio Barba Jacob, Pedro Nel Gómez, Ignacio Gómez Jaramillo Augusto Rendón, Fernando Botero, Fernando Vallejo, Fernando González, Gonzalo Arango, Germán Londoño y muchos más que le han dado más gloria a Colombia que las bandas criminales infiltradas en los poderes políticos, judiciales, legisladores  y empresariales.

Egresado en Regencia de Farmacia de la Universidad de Antioquia.  “Allí aprendí de papas bomba, reacciones químicas callejeras, píldoras abortivas [diría Don Ordoñez], conocí la flora y fauna de varias vaginas en el quirófano de obstetricia y ginecología en mi práctica académica. Actualmente tengo 24 años y vivo el presente con lo que se me presenta. Un hombre cuasi virgen para la sociedad colombiana”. Su espíritu investigativo, analítico y su talento para expresar con palabras e ideas esta realidad apestosa lo respaldan para convertirse en un colaborador de la revista de la libertad y el desorden donde no hay censura y se exalta la belleza y el talento.

INSOPORTABLE PRISIÓN

Inocularon el emprendimiento a merced del capital para desvirtuar los sentidos y alterar la contemplación.

 

Cuando el Ser Humano se aproxima a los treinta años de vueltas cíclicas alrededor del anillo cósmico y estelar, el Sol, irrumpe el pensamiento de agotamiento y fragilidad espiritual, porque los primeros homínidos a su mismo calculo y nivel ya habían envejecido para la misma primavera hace 300.000 años, ahora la pirámide de acumulación de cosas (objetos) y la especulación onírica (ideas deshilvanadas de riqueza) alteran los centros cerebrales y producen un desprecio hacia el conocimiento del ayer (el tránsito de los planetas), el aquí (movimiento cosmogónico) y el mañana (disciplina y espera impredecible) que se expresa en un tríptico de tiempo y espacio de paredes

neuróticas y de multiniveles financieros en la compra de combustibles y alimentos que deterioran las células, pero hacen porcentajes de efectividad en hojas de Excel para ganar. En este panorama del siglo XXI transcurre la película El empleo del tiempo (2001), una estampa familiar de un hombre que pierde su trabajo.

 

El director Laurent Cantet tiene una perspectiva sociológica de la actualidad, desde un salón escolar de confrontación y diversidad en Entre les murs (La clase, 2008), antes había ilustrado el sainete de los sindicatos y prebendas con Ressources humaines (Recursos humanos, 1999) y en medio del extremo paralelo del mundo laboral y la discusión en la escuela nos enfrentamos con el tic tac del reloj de la existencia y la angustia en un clima doméstico y familiar.

 

La personalidad oculta que ha instaurado el actual modelo económico en el comportamiento se evidencia con esta puesta en escena con música de cámara que ambienta la melancólica situación de encierro laboral y frustración ante las ilusiones del confort y el refuerzo positivo al ego: la victoria. Un argumento sencillo y no tanto visceral, cuando el personaje Vincent (Aurélien Recoing) pierde su trabajo y construye un escenario de diplomacia laboral y de ficción, porque teme informar a su familia de su derrota universal: el despido como fuerza productiva. Entoncesse deprime y al mismo tiempo se desprecia por temor a reconocer el error, lo agobia la sensación de perder.

 

El protagonista se siente desolado y atormentado por la crisis en su existencia material, de consumo desbordado, acumulación de dinero, automóvil y núcleo marital. No tiene ningún oficio, ha sido una pieza de la estructura en serie y especializada en un área de trabajo, donde impera el narcisismo a través de la imposición de obligar a otros a hacer lo que “el yo” quiere ser: fatiga y de ambulante en silencio, acatador de la norma estandarizada y rutinaria al cronómetro, sin cavidad a la pregunta o disertación.

 

El dilema de Vincent radica en su movilidad que ha tenido su propiedad privada, la soledad del hogar y la reducción geométrica de un ambiente de oficina, lo cual confronta su zona de bienestar y ante la carencia de instrumentos que convoquen al diálogo se aísla del otro y se torna peligroso para el clima de la comunidad. Tal vez no sea la extraordinaria historia del momento, pero si una estampa delicada y pulida de la condición miserable enmascarada de individualidad y afirmación victoriosa ante los demás.

 

Quizá sea el retrato de la imposibilidad por construir una estética de la vida y una decencia hacia el entendimiento. Sus locaciones y personajes son habitantes de sociedades solitarias y del miedo, sin digestión ante el ritual de la cena y la falta de asombro en las ideas, en consecuencia, un degradante panorama.

 

L’emploi du temps (El empleo del tiempo)

Dir. Laurent Cantet

Francia. 2001. 133 min.

Fotograma del filme. Vincent y su hijo Julien

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