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 ReVista OjOs.com    ABRIL DE 2015

COLABORADORES / JOAN SUÁREZ

SU MISTERIO PERMANECE…

 

 

La dignidad es la sencillez del orgullo.

 

Hoy parece que el ser humano duerme solo, la historia humana dentro de 100 años se sorprenderá por la transformación de la epístola en un medio electrónico, de la voz simultánea al otro lado del teléfono por la grabación de un audio en wassappe o el exhibicionismo de las redes sociales, es decir, los instantes ya no son tan presentes, el consumo de datos hacen parte del pasado que ha transcurrido tan solo unos minutos atrás: al leer el correo electrónico, ver un mensaje de texto o escuchar el buzón. Dentro de este panorama hay cavidad a la banalidad en la narrativa audiovisual, ya el cine está desgastado y agotado, como el mismo modelo económico.

 

Por eso una mirada a las dos últimas décadas nos remiten a contemplar la majestuosidad de un autor que hizo de la imaginación un templo de la exploración para involucrarnos en los secretos de la mente humana.

 

Retornemos a la placenta y echémosle un vistazo al film Eyes Wide Shut del maestro Stanley Kubrick, quien el 7 de marzo de 1999 murió mientras dormía, una semana después de la proyección en privado para los ejecutivos de la Warner Bros y los protagonistas Tom Cruise (William “Bill” Harford) y Nicole Kidman (Alice). El esnobismo de la farándula y la prensa esperaban ansiosos una exuberancia pornográfica, pero el asombro los dejó atónitos.

 

Desde entonces, está la leyenda que Kubrick consideraba esta película como la mejor que había hecho, y los adeptos aumentaron poco a poco para esta historia, y la vigencia y ganancia de público se mantiene.

 

En este relato el espectador identificará la evocación de una época que ya cambio, su personaje principal, Bill Harford, un médico acomodado de Manhattan, es el sirviente de ricos clientes. En una ocasión, asiste en la noche de Navidad a una fiesta y resucita a una de las amiguitas de su anfitrión filántropo, una prostituta que entro en coma por sobredosis. Luego, Bill pasa una noche atormentado tras la confesión de una fantasía sexual que le ha hecho su esposa, Alice. Inseguro y consumido por su imaginación escapa una noche, tras el regreso con su mujer, tiene la sensación de volver a ocupar un lugar en el espacio marital, sin embargo, la estampa erótica de un engaño lo debilita y lo atormenta.

 

Dos secuencias sobresalen a lo largo del relato, y ya se empieza hablar de obra maestra (y lo es). Al inicio el vals, Alice está sola y de pie junto al bar, un movimiento de cámara de ciento ochenta grados hace que aparezca en el encuadre Sandor, un seductor. Tras besarle la mano, con un plano de corte de otros ciento ochenta grados, inicia la conversación. Siguen fundidos encadenados de la pareja bailando, girando constantemente y cambiando a cada instante su posición en el encuadre. En realidad ellos giran alrededor de la sala, pero la escasa profundidad de campo convierte su trayectoria en rectilínea. Así parece que la cámara les sigue en un travelling lateral, capturando los intercambios verbales, con pausas ralentizadas de Alice y las miradas de coquetería y galantería de Sandor.

 

Y la segunda, es la impresionante y meticulosa secuencia del encuentro clandestino entre un grupo de personas que se convocan para una ceremonia de sexo, una pequeña sociedad misteriosa y secreta que acomete un ritual orgiástico, con frases en clave, música, coros, máscaras, trajes y disfraces, hay un deleite cosmogónico por los instintos humanos. De este modo, aprendemos a través de la película el límite de los celos, un tormento irracional e inquieto que puede conducir al trance de control y manipulación del poder en unos pocos, así que el amor es más que una careta, la cual puedes tener bajo la almohada.

 

Recordemos que este film es un remake de la película alemana Die Strasse, rodada por Karl Grune en 1923, pero en esta versión tiene el poder mágico y sutil de un ritual que parece un cuento, lo único que añade Kubrick es el personaje de Ziegler, un puente entre el baile de Navidad al principio y el baile de máscaras, un espectáculo de disfraces y un escenario de orgía. De ahí que algunos vean esta película como una historia llena de esperanza que trata las profundidades ocultas de la vida cotidiana y la imaginación como una habitación muy grande, sin paredes. Ahora, esa monotonía se conspira con la fatiga, el rendimiento, el aburrimiento y el cansancio.

Joan Suárez


(Colombia, 1988). Nació en Medellín por las mismas calles de narcotraficantes, pistoleros y políticos. Es antioqueño como Débora Arango, Porfirio Barba Jacob, Pedro Nel Gómez, Ignacio Gómez Jaramillo Augusto Rendón, Fernando Botero, Fernando Vallejo, Fernando González, Gonzalo Arango, Germán Londoño y muchos más que le han dado más gloria a Colombia que las bandas criminales infiltradas en los poderes políticos, judiciales, legisladores  y empresariales.

Egresado en Regencia de Farmacia de la Universidad de Antioquia.  “Allí aprendí de papas bomba, reacciones químicas callejeras, píldoras abortivas [diría Don Ordoñez], conocí la flora y fauna de varias vaginas en el quirófano de obstetricia y ginecología en mi práctica académica. Actualmente tengo 24 años y vivo el presente con lo que se me presenta. Un hombre cuasi virgen para la sociedad colombiana”. Su espíritu investigativo, analítico y su talento para expresar con palabras e ideas esta realidad apestosa lo respaldan para convertirse en un colaborador de la revista de la libertad y el desorden donde no hay censura y se exalta la belleza y el talento.

Stanley Kubrick,

Tom Cruise

y Nicole Kidman en Eyes Wide Shut, (1999).

 

 

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