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 ReVista OjOs.com     MARZO DE 2015

COLABORADORES / JOAN SUÁREZ

UN LIBRO MEDIÁTICO CON UNA PELÍCULA

PROMOCIONADA

 

Sin ir por tu camino,

entre el silencio y la soledad.

 

La misma propaganda de manipulación que emplea la censura para juzgar cualquier expresión de realización humana, es decir, de creación e inventiva, se encarga a través de las formas de control, los medios de comunicación y la era digital, de persuadir y obnubilar al espectador desprevenido. De igual manera, los grandes estudios cinematográficos conspiran para determinar las sensaciones eróticas del público.

 

 Bien es sabido, que el cine además de una industria puede usarse como un medio de formación y entretenimiento. Sin embargo, asistimos al escenario de un libro mediático con una película promocionada, Cincuenta sombras de Grey, un relato de hadas que incluye supuestos encuentros eróticos entre un hombre joven y millonario con una estudiante universitaria.

 

Tras su éxito en librerías y pasillos se anunció una adaptación cinematográfica, que tuvo dificultades en la producción, luego de la renuncia del papel protagónico por parte del actor Charlie Hunnam, lo que retrasó durante ocho meses el tan anhelado estreno mundial. Por si fuera poco, los estudios Universal Pictures que habían comprado los derechos para hacer la adaptación del libro al cine, en una carrera contra reloj, emprenden una lógica de mercadeo sin encontrar el principio del relato, a saber, la historia de un magnate y la mujer cándida, termina en un postre para el ocio vulgar y de masas, aquel que no enaltece la existencia. El resultado final es una película de narración clásica con un esquema ya visto.

 

Estas formas son ambiguas y demoledoras que confunden el criterio y el análisis en algunos, porque buscan homogeneizar la inclinación hacia una creación artística o condicionar con ademanes y un mismo lenguaje el comportamiento del sujeto, incluso de cronómetro sexual, esto es, el imperio del cuerpo ultrajado y no de la exploración sensorial, esa manera diversa para disfrutar y sentir. Como si la vida solo existiera en la imagen.

 

Y esta película, tiene poco demasiado de lo anterior, es la típica relación del chico que conoce una chica, la aparición del encantamiento, el frenesí taimado e incontrolado, el esnobismo alrededor del hombre light, caso particular de esta historia, las ínfulas de persuasión y seducción se reducen a una retórica de diálogos poco contundentes, que al entorno visual o la condición existencial de sus personajes, ingenuos y débiles. De ahí, quizá lo permisivo y el éxito en la preventa y la taquilla. No hubo trinos en contra de tal secuencia perturbadora para la sociedad, porque están ausentes, varias sombras rondan al eslabón publicitario. Nada de extraordinario ofrece.

 

Entonces, tenemos un pomposo melodrama supuestamente de amor y sadomasoquismo. En el que hay más de 50 sombras posibles en escenas ausentes y nunca rodadas. Y el hilo conductor es tímido y poco romántico. Y como no, en un mundo convulsionado la distracción es la estrategia mediática para convocar al público a las salas, en este caso, por un drama cuasi de príncipe y reina. De este modo, la recaudación la tiene asegurada, no por ser una buena película, sino por tratarse de un producto promocionado a través de la preventa, y esa ridícula manía actual del deseo fugaz se torna en el olvido, una sombra mental, hasta el placebo de las siguientes entregas que anunció la directora, y que despertó en riña con la autora del libro. Con este teorema posiblemente siga inflando las cifras de gente y dinero.

 

 Insisto, no hay alegría entre los personajes, ni siquiera son sinceras las interpretaciones y la pasión del acto se reduce a la humillación, en ningún momento existe la relación dominado y dominador. Y la tal carga erótica de una escena de sadomasoquismo no deriva en una intervención del rol de mujer, sumisa que blande el poder, y el hombre que cae bajo el placer más exquisito.

 

Y como nada de novedad tiene su relato la censura se queda sin trabajo, abren el telón del chisme de alguna revista por las diferencias que existen entre escritora y directora, pero con ganas de ir a verla y pensar en su clasificación de edad. Por eso, las personas se asomarán a las salas y quizá los clérigos griten por no complacer los sentidos. Es una película para la juventud de esta época, de casi dos décadas en digital que ignora algunas de las maravillas humanas: la intensidad de un abrazo desnudo, como una ola acaricia la arena de la playa, o el lenguaje implícito tras una mirada.

 

Fifty Shades of Grey

Dir. Sam Taylor-Johnson

Estados Unidos. 2015. 124 min.

Joan Suárez


(Colombia, 1988). Nació en Medellín por las mismas calles de narcotraficantes, pistoleros y políticos. Es antioqueño como Débora Arango, Porfirio Barba Jacob, Pedro Nel Gómez, Ignacio Gómez Jaramillo Augusto Rendón, Fernando Botero, Fernando Vallejo, Fernando González, Gonzalo Arango, Germán Londoño y muchos más que le han dado más gloria a Colombia que las bandas criminales infiltradas en los poderes políticos, judiciales, legisladores  y empresariales.

Egresado en Regencia de Farmacia de la Universidad de Antioquia.  “Allí aprendí de papas bomba, reacciones químicas callejeras, píldoras abortivas [diría Don Ordoñez], conocí la flora y fauna de varias vaginas en el quirófano de obstetricia y ginecología en mi práctica académica. Actualmente tengo 24 años y vivo el presente con lo que se me presenta. Un hombre cuasi virgen para la sociedad colombiana”. Su espíritu investigativo, analítico y su talento para expresar con palabras e ideas esta realidad apestosa lo respaldan para convertirse en un colaborador de la revista de la libertad y el desorden donde no hay censura y se exalta la belleza y el talento.

Dakota Johnson and Jamie Dornan, en el filme.

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