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 ReVista OjOs.com    JULIO DE  2014

COLABORADORES / JOAN SUÁREZ

EL MUNDO (LA VIDA) SOBRE RUEDAS

 

 

Guy: No puedo tenerte devuelta conmigo. Todavía no.

Cyril: Sí no me llamas, volveré aquí.

 

 

Sorprenden cada tanto que hacen una película, por el ingenio puesto en marcha, lo característico en sus personajes, la ola de giros, las vicisitudes por resistir, el dilema por despertar, el anhelo de encontrar y las ansias por llegar, sin importar pedalear, éste es el corolario de El niño de la bicicleta (Le gamin au vélo, 2011), una película pasiva, tranquila y conmovedora de los Hermanos Dardenne.

 

Algo ya visto en su obra, por ejemplo, en La promesa (La promesse, 1996), el paralelo del hijo social y con aficiones en contraste con un papá sin principios o prejuicios, es la muestra de ausencia en sensibilidad humana, familiar y una acción correcta. En Rosetta, 1999, la joven que vive en una caravana con su mamá, mujer alcohólica y desjuiciada, allí está la preocupación por convivir y soñar. Como si necesitaran un círculo familiar por explorar de vuelta nos ofrecen El hijo (Le fils, 2002) en torno al respeto y la distancia, germinando el amor y la verdad.

 

Luego regresan con El niño (L’Enfant, 2005), el habitante de una ciudad cualquiera inmerso en la multitud de la soledad con un trabajo ilegal (delincuencia) para una mujer madre salvar y cuidar; y ser capaz de ser un buen padre. De nuevo el espíritu de su propuesta, humana y cruel, se ve en su historia desgraciada y conflictiva de El silencio de Lorna (Le silence de Lorna, 2008), con un relato duro y tierno ante la esperanza en medio del conflicto de un mundo mejor, la opción de cambiar de vida y la posibilidad de dejar un pasado atrás, y someter a los personajes a situaciones cotidianas para enfrentar dilemas éticos y morales.

 

Y recientemente, con su última obra Dos días, una noche (Deux jours, une nuit, 2014) describen la vida citadina de la clase obrera en Bélgica, a través de una narración menos sórdida, pero con la fuerza y el ritmo de un sufrimiento humano en medio de la crisis económica. Con cámara en mano, viajando de lo íntimo a lo social, dejando que solo los actos hablen.

 

Los personajes en las películas de los Dardenne son semejantes, marginales, excluidos, casi iguales, pero no parecidos, los encuadra la búsqueda de la aceptación, seres marginales en espera de conciliación, sin importar si hubo traición, ante la oportunidad brindada por la madre adoptiva, el asalto al ventero por el reconocimiento de amistad a un amigo bandolero, o la salida de un reformatorio tras la pena de un homicidio.

 

Sin embargo, en la película El niño de la bicicleta, la vida y el perdón se hacen más latente en comparación a otras de sus historias, es un relato natural, continuo y real, porque de nada vale vivir sin el beso y el abrazo de quien sabemos (o creemos) es el padre, hombre joven, inseguro, desposta, con intención de amar con rabia y rechazar la búsqueda inicial para ser nombrado: papá, no quiere aceptar el rol. No ser descubierto es la huida a responder y querer ocultar el deber. Toda una incertidumbre moral.

 

Alejarse de la ternura, y simplemente dejar que suceda, es la premisa de un par de directores que saben del mundo y el hombre, no en la casa, sino en la calle, allí transitan el común de los ciudadanos de cualquier parte del planeta.

 

Es una realidad global la confrontación ética y moral ante la droga, la inclusión grupal, el desamparo, la tristeza, el olvido, y el reclamo del amor, en cuerpo ajeno al paternal, pero de ilusión infantil por expresar: quiero estar contigo, tras la nostalgia de no ser bienvenido.

 

Dilemas, encrucijadas del perdón y la disculpa, deparan en esta historia un tono de reconciliación, en un mundo de confusión, servidumbre y humillación. Mantener atento al espectador, para no lanzar juicios de valor, sin entrar a defender uno u otro comportamiento (padre-adopción-hijo), es la magia de los Dardenne, que nos alertan de la responsabilidad humana, porque todo rueda, sin regresar, sólo avanzar, como las llantas de una bicicleta, que nunca recorren el mismo asfalto pero a veces se pinchan, como la vida, para detenernos y pensar ¿de qué me hago responsable?

 

Le gamin au vélo

Dir.Jean-Pierre Dardenne,

Luc Dardenne

Bélgica. 2011. 87 min.

Joan Suárez


(Colombia, 1988). Nació en Medellín por las mismas calles de narcotraficantes, pistoleros y políticos. Es antioqueño como Débora Arango, Porfirio Barba Jacob, Pedro Nel Gómez, Ignacio Gómez Jaramillo Augusto Rendón, Fernando Botero, Fernando Vallejo, Fernando González, Gonzalo Arango, Germán Londoño y muchos más que le han dado más gloria a Colombia que las bandas criminales infiltradas en los poderes políticos, judiciales, legisladores  y empresariales.

Egresado en Regencia de Farmacia de la Universidad de Antioquia.  “Allí aprendí de papas bomba, reacciones químicas callejeras, píldoras abortivas [diría Don Ordoñez], conocí la flora y fauna de varias vaginas en el quirófano de obstetricia y ginecología en mi práctica académica. Actualmente tengo 24 años y vivo el presente con lo que se me presenta. Un hombre cuasi virgen para la sociedad colombiana”. Su espíritu investigativo, analítico y su talento para expresar con palabras e ideas esta realidad apestosa lo respaldan para convertirse en un colaborador de la revista de la libertad y el desorden donde no hay censura y se exalta la belleza y el talento.

 

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