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 ReVista OjOs.com     OCTUBRE DE  2013

COLABORADORES / JOAN SUÁREZ

ENTRE EL ESPÍRITU Y EL CUERPO

¡QUÉ BELLA ILUSIÓN!

 

 

Quizá no tienen que hablarse porque están conectados…

 

Y a ese hombre nunca lo besó una mujer, se perdió la vibración corporal del roce entre los labios, el abismo de la lengua y el torbellino de saliva. Así podríamos comenzar por describir la frustración de Brandon, interpretado por Michael Fassbender, quien de la mano del gran director Steve McQueen, en la película Shame, nos harta del deseo y la fricción de intercambios sexuales esporádicos, no para los sentidos, sino para la razón, ante preguntas como el amor y el placer. Mejor dicho, el buen pecador es el que peca hasta no soportarse a sí mismo, y esa es la desgracia de Brandon, un hombre light de la modernidad: empleo, apartamento, estatus social y confort, pero se ve cuestionado por la presencia frágil y cariñosa de su hermana Sissy, la bellísima actriz Carey Mulligan, interpretando a una chica problemática y rebelde.

 

Brandon, luego del trabajo, sale a seducir mujeres, encuentros sin futuro, cópulas sin amor; ni siquiera el deseo,  simplemente la adicción, cortos momentos durante la noche en la Gran Manzana. Sin compromiso, sin entrega y sin arriesgar, es el tríptico de la vida de Brandon, adicción sexual como a cualquier otro narcótico. El director con primeros planos nos muestra un auténtico recorrido psicológico por el lado oscuro de la necesidad humana de Brandon, la forma en que lleva su vida y las vivencias que acumula, llena de cruda sexualidad; así levantará en el espectador una curiosidad por el cuerpo, el erotismo, y la sensualidad, pero también la desdicha, el desconsuelo y la vergüenza.

 

Vergüenza y sentimiento de culpa se deslizan por la delgada personalidad de Brandon, cuando él mismo nota que ha vulnerado una regla de juego, el autocontrol. Ello suele provocarle remordimiento, sin embargo, es tan corta la sensación, que de nuevo regresa al círculo vicio de la adicción, para comenzar el desprecio hacia él mismo, por lo que hace y no es capaz de detener. Como es una conducta tan invisible, casi que su sombra, termina por hacer parte de su identidad.

 

Como su apetito sexual es inagotable, invierte su tiempo libre en pornografía, prostitución y chicas que más o menos están buscando lo mismo que él y sin comprometer emociones. Sin embargo, con la llegada de su hermana, ahora su conducta está siendo vulnerada. Ella, una cantante de blues, es opuesta a él: pone sus sentimientos en manos de otro, es alegre y voluble.

 

Ambos comparten el centro de la vida, la infancia, pero un recuerdo terrible se sugiere en las discusiones que tienen, donde se nota la incapacidad de Brandon de autorregularse o estrecharuna unión de amor.

 

De ahí, entonces, que nos acerquemos a la tesis de la película: a Brandon pueden destruirlo no tanto sus compulsiones sexuales, sino la soledad a la que lo conducen, y esa estancia solitaria solo se acepta cuando vuelve al sexo. Cada plano nos describe la miseria humana de un hombre en el encierro reptil, a través de la visita a un burdel, la seducción a una chica en la barra, la mujer en el vagón del tren, la cena con su compañera de trabajo o consigo mismo en el baño de la oficina. Y no hay placer, está preso en su propio cuerpo.

 

Cuando se presentan la culpa y la vergüenza, es posible transferir la primera al otro en un acto de egoísmo; sin embargo, la segunda es intransferible, te acompaña con tu sombra, te atormenta bajo la sábana, fluye en la mente a cada instante, es un demonio individual. Esa es la vida de Brandon, un neoyorkino que quiere exorcizar sus vacíos y se fuga en la autodestrucción corporal y espiritual: ¡qué bella ilusión!

Joan Suárez


(Colombia, 1988). Nació en Medellín por las mismas calles de narcotraficantes, pistoleros y políticos. Es antioqueño como Débora Arango, Porfirio Barba Jacob, Pedro Nel Gómez, Ignacio Gómez Jaramillo Augusto Rendón, Fernando Botero, Fernando Vallejo, Fernando González, Gonzalo Arango, Germán Londoño y muchos más que le han dado más gloria a Colombia que las bandas criminales infiltradas en los poderes políticos, judiciales, legisladores  y empresariales.

Egresado en Regencia de Farmacia de la Universidad de Antioquia.  “Allí aprendí de papas bomba, reacciones químicas callejeras, píldoras abortivas [diría Don Ordoñez], conocí la flora y fauna de varias vaginas en el quirófano de obstetricia y ginecología en mi práctica académica. Actualmente tengo 24 años y vivo el presente con lo que se me presenta. Un hombre cuasi virgen para la sociedad colombiana”. Su espíritu investigativo, analítico y su talento para expresar con palabras e ideas esta realidad apestosa lo respaldan para convertirse en un colaborador de la revista de la libertad y el desorden donde no hay censura y se exalta la belleza y el talento.

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