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 ReVista OjOs.com    DICIEMBRE DE 2012

COLABORADORES / JOAN SUÁREZ

ENTRE EL OLVIDO DEL AYER Y EL FUTURO

DEL PRESENTE

El hombre y la globalización

 

La Globalización, entre el olvido del ayer y el futuro del presente, es una mirada a nuestro hogar, la tierra, ante la presencia de tantos paradigmas desde lo político, lo económico y lo social, que rigen y condicionan nuestro comportamiento y pensamiento, acá está el anuncio del peligro del planeta, sin embargo, nos ocupamos menos del protagonista principal: El Hombre. Perfectamente la tierra tiene condiciones biológicas, químicas, físicas y demás leyes naturales para seguir existiendo ante la ausencia de nuestra especie animal. Así que el problema actual es el hombre y no el medio o el ambiente.

 

El ser humano a lo largo de la historia lo ha permeado el éxito, el poder y la acumulación,  el primero desde la superioridad ante sus semejantes, con la guerra, la conquista y el status; el segundo lo podemos ver en Estados represivos y totalitarios, con el afán de hacer transacciones de ganancia y pérdida, nunca en unas condiciones de equidad, en las que se respete la dignidad del otro, como consecuencia se expresa la desigualdad social y las manifestaciones que quieren reivindicar y expresar inconformidad con el sistema actual.

 

Es bien rara y complicada nuestra especie animal, no elige nacer, no sabe vivir y no quiere morir; nunca nos han enseñado los caminos para comprender las conquistas y realizaciones humanas, las grandes sociedad que nos precedieron: Mesopotamia, India, China, Egipto, Grecia y Roma, con sus transformaciones de revolución e ideas; quieren ser olvidadas y bajo el canon de la globalización no están presentes sus contribuciones al desarrollo de la humanidad. Como si fuera algo de novedad, las grandes naciones están mintiendo sobre la real ideología global, ahora todos podemos ser testigos de los cambios geográficos en un territorio, la alteración del cálido y húmedo ambiente de los bosques y las reservas naturales, por senderos y extensiones desérticas y secas, sin la posibilidad de habitarlas.

 

El hombre ha convivido desde su existencia en la caverna, luego la comarca, después la comunidad, más tarde la integración de una sociedad rural y hasta ayer la urbana, porque ahora es una totalidad envolvente: la globalización, con todas las herramientas digitales y virtuales de la comunicación para hablar, pero destruimos al otro, llevamos grandes proyectos para la destrucciones de comunidades indígenas y maneras terribles de emprender la vida: la contaminación industrial.

 

Globalización es un todo, holística e integral proyecto traducido en varios procesos para su ejecución que está generando confusión, duda, incertidumbre y desamparo en la sociedad, uno de sus grandes procesos es la sociedad de consumo, compramos objetos inútiles e innecesarios de invención por parte del medio (publicidad y televisión) y la masificaciones de información que crea necesidades, haciendo de la vida en cada ciudadano del mundo la ilógica preocupación por el bien material y dejar de lado la transcendencia espiritual. Nunca hubo en la historia como ahora tanta gente aburrida, los artículos no llenan la realidad, es decir, el contacto con el otro, la experiencia de la presencia de otro ser humano.

 

La mirada sobre nuestro hogar desde la globalización debe ser la aceptación de la diversidad y no la igualdad o estandarización de sus ciudadanos. Y reconocernos como única especie que está en problemas, no el planeta o el universo, ambos seguirán el curso de las leyes naturales sin la presencian de los mortales.

 

Hay que desterrar toda acción de destrucción y violencia, uno de los caminos para alcanzar maneras más sensibles y solidarias para habitar nuestra casa es el cuidado de sí, nunca hemos sido educados para curar nuestro cuerpo y prevenir la enfermedad, entender nuestro espíritu a partir de la autoestima, el autoconocimiento y la autorregulación; necesitamos seres independientes, autónomos y comprometidos con el planeta, desde la inclusión del cercano (amigos y familia), el lejano (de otros pueblos), el extraño (de otros países) y los demás (la humanidad) en aras de la libertad.

 

Estos hechos y situaciones no están en el protocolo de la globalización, sólo predominada el mercado, la bolsa financiera, la transacción moneda y en cuantos dígitos aumentó la rentabilidad; el dinero es una creación humana, no divina o natural. El ciudadano de nuestro tiempo no cuidad el cielo (las estrellas), la casa (el mundo),  la habitación (el bosque), la sala (el valle y la llanura), la cocina (el campo y la cosecha), el baño (ríos y lagos), el techo (la atmósfera), el patio (el mar y los océanos), el cuarto útil (los páramos). Habitamos un hogar, en su tercera posición universal y cósmica, luego del amigo sol y nuestros vecinos planetarios. Debemos

cuidarlo… ¿verdad?

 

PROPUESTA

 

El cuidado de sí en la cultura, una primera manera de hacerlo es la gratitud, la gran morada del hombre es el planeta Tierra, hacernos humanos en la humanidad, es decir, el despliegue de lo humano, paidea. Volver la mirada hacia las personas para el culto del coraje a la verdad, la denuncia de lo que está mal y no funciona.

 

Prestar atención y rendirse culto, al cuerpo por ejemplo. También ser honestos y no mentir, en procurar algo, en este caso, conservar el recuerdo y respetar la memoria.

 

No es una idea romántica o mucho menos imposible, porque siempre estará presente el conflicto en la comunidad y la convivencia, es inevitable, pero si podemos regularlo, porque en el caso de pretender anularlo hay cavidad al accionar bélico y militar, esto debemos evitar. De ahí que la amistad (sentimiento noble y humano) no sea una categoría que haga parte del siglo XXI y sus expresiones de ambición y de crueldad.

 

También la mente del hombre es terrible y fascinante, entonces la necesidad de lo humano en la cultura, formación a sí mismo, no información erudita. Este hombre actual debería preocuparse, envolverse, empaparse y pensarse a sí mismo. La cultura de sí es el cuidado del otro, las cosas, de lo sacro (tolerancia por el monumento y el patrimonio) y las múltiples posibilidades de la existencia a través del alimento, comer para vivir y no vivir para comer. Cuando queremos desconocerlo aparece el hambre, el descuido y la desnutrición.

 

Cultivar las pasiones, no son un vicio o un pecado, tampoco dominarlas, más bien afirmarlas para el cuidado de sí, para el ser y la vida, la alegría y la tristeza, con el fin de saber enfrentar la existencia de la enfermedad y la maldad, entonces, vivir como si fuera el primer día de la vida, no al contrario.

 

Las cosas cobran vida con el cuidado de sí, por que habitamos el mundo con todos los instrumentos científicos y es un deber venerarlos, cuidarlos, mimarlos para efectos de las reservas de alimento, la ecología, el medio ambiente y el trato minucioso con las basuras.

 

La globalización es consumo, por un placer efímero y fugaz que aumenta el derroche y el olvido de los bienes de la naturaleza, por eso la importancia de enfrentar el capital y hacerle resistencia, con nuestras experiencias existenciales, porque para vivir se necesita muy poco, y ese poco, muy poco.

Joan Suárez


(Colombia, 1988). Nació en Medellín por las mismas calles de narcotraficantes, pistoleros y políticos. Es antioqueño como Débora Arango, Porfirio Barba Jacob, Pedro Nel Gómez, Ignacio Gómez Jaramillo Augusto Rendón, Fernando Botero, Fernando Vallejo, Fernando González, Gonzalo Arango, Germán Londoño y muchos más que le han dado más gloria a Colombia que las bandas criminales infiltradas en los poderes políticos, judiciales, legisladores  y empresariales.

Egresado en Regencia de Farmacia de la Universidad de Antioquia.  “Allí aprendí de papas bomba, reacciones químicas callejeras, píldoras abortivas [diría Don Ordoñez], conocí la flora y fauna de varias vaginas en el quirófano de obstetricia y ginecología en mi práctica académica. Actualmente tengo 24 años y vivo el presente con lo que se me presenta. Un hombre cuasi virgen para la sociedad colombiana”. Su espíritu investigativo, analítico y su talento para expresar con palabras e ideas esta realidad apestosa lo respaldan para convertirse en un colaborador de la revista de la libertad y el desorden donde no hay censura y se exalta la belleza y el talento.

 

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