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COLABORADORES / HÉCTOR CEDIEL

 ReVista OjOs.com    MAYO DE 2016

SEXO AMOROSO Y SALVAJE

 

Hay pasiones que imbuyen sublimes versos: éste es un indiviso. Siempre espero sentado de cada texto, un poco de luz esperanzadora. Hay relaciones que ni siquiera deberían explicarse; creen que he perdido el juicio y que es imprudente, mi actuar; ninguna relación amorosa es poco digna, cuando nos sentimos enamorados. Mi corazón no le pide permiso, a tus necesidades aceitosas para pasar. Concibo el placer como la vida en el cielo o el indispensable maná para sobrevivir; sin amor vivimos muertos, secos como almendras de un río de espinas. Sé que tengo que cumplirle, todas las citas al destino; el amor recorre a la vida con los ojos vendados y debe encontrar la puerta entreabierta, para no pasar de largo. El amor siempre será más un ardid de la naturaleza, que una trampa fullera del demonio. ¡Me he enamorado de los deliciosos goces de tu cuerpo, mi amada guerrera!

 

Nuestro amor alquila por algunas horas, un espacio de este pequeño oasis de ardor dorado, de ilusiones, encantos y desencantos; aquí algunas historias de pasiones comienzan, otras emprenden una lenta agonía, otras simplemente se mueren. Los gemidos dolorosos de amor-placer, traspasan los silenciosos pasillos y algunas paredes. Hombres bestia y mujeres ensalvajadas, se aparean y se satisfacen en lujuriosas orgías inimaginadas. Eres la musa de mis versos; contigo he esculpido cada imagen y patinado para siempre, cada recuerdo. Todos buscamos en el cuerpo de la persona amada, un camino más corto hacia la felicidad; una mujer ardiente alcanza a morder las estrellas del cielo y otras prefieren hacerlo con las llamas del infierno. No sé si soy una excusa para tu cuerpo o la luz que desgarra tu alma. Me encanta agarrarte los glúteos, para sonreír con tu cara de sorpresa. El amor es así: Loco, apasionado e irreverente, como el sabor de un beso de enamorados.

 

Déjame usar la voz, para romper cadenas. Eres la fábrica de los demenciales sueños, que me transmite las emociones más hermosas. Mi soledad se desmorona, cuando penetro como una llamarada a tu vida. Un aroma sensual se esparce fragante sobre tus ropas y prendas íntimas. Los sonidos del amor son polifónicos como las palabras amorosas y los motes cariñosos, que poco a poco te dejan completamente desnuda sobre el altar del holocausto. Bajo la ducha nos acariciamos hasta el clímax, como cuando se imagina realizar una loca fantasía. Déjame tocarte y cubrirte, con estrellas de la locura. La música me ha servido de excusa, para buscar con más ardor tu cuerpo. Las sensaciones desgarran con pasión mi mente, para que te ame con la fogosidad impetuosa y el orgullo, de un burro en calor. Más temprano que tarde, llega la primavera que transforma a mi amada, en una ardiente zorra; no luchará engrandecida contra la vergüenza y se sentirá siempre orgullosa, hasta de las repugnantes hazañas amorosas.

 

El amor inventa sus propios conciertos, derrochando los sonidos de los colores que llueven como cascadas de asonancias eufonicas, que retumban dentro del alma. Vivimos en la edad de los espectáculos, para sentimientos ingenuos. A algunos enamorados, todo nos llega tarde: Hasta el ocaso de los artistas que nos enseñaron a enamorar, con sus melodías y canciones. El romanticismo se ha dejado arrastrar por el snob, mientras la soledad le arranca hojas secas a los sentimientos y a los recuerdos; las melodías se liberan de sus pesados abrigos y marchan como muchos enamorados, hacia citas a ciegas; se interpretan los versos de las amorosas baladas, que se improvisaron en un ardiente y lejano verano. La nostalgia suspira con las melodías de las añoranzas, mientras los recuerdos se deslizan como caricias en agonía o besos sin una esperanza. Escucho los sonidos violetas de los violines deslizándose por el Sena, mientras mi soledad imagina tu regreso incondicional, como la entrega de una ciudad abierta. Dejemos que las ilusiones se levanten embriagadas, excitadas como las pieles de los peces y de las ninfas, que se deslizan como los rojos y los azules de una florida primavera. Así como el viento borra las huellas de las arenas, poco a poco se borran las imágenes de los recuerdos y la memoria va quedando sumergida una vez más, en el limbo de un blanco profundo.

 

Nos hemos derretido con mimos voluptuosos, que nos amarran esposados a una delirante dependencia. Mis dedos como mariposas se embelesan, con los olores de tu cuerpo. Desanudan uno a uno tus miedos, para que nos entreguemos por completo a la danza seductora de las caricias. Cierra los parpados y naveguemos el mar de nuestros sueños. Mis ojos de tanto recorrer tu piel, se han llenado de felicidad y atiborrado con hermosas iconografías. Ya se lo que deseas cuando tus besos ronronean, como una gata caliente alrededor del ardor del fuego. He aspirado y me he embriagado con el aroma y la savia de tu floresta, lujuriosa y salvaje como una islita en la polinesia. Como una serpiente mi lengua te recorre y te estremece, hasta alcanzar el punto más alto de tu resistencia y me tomas, para que te haga el amor. “el amor no se hace… se vive” te digo y beso la sonrisa de tu belleza.

 

Te has devorado con fogosidad el tallo de la vida, como un pistilo que injerta sueños; como un naufrago que se entrega a la somnolencia, dentro de la corola de la fuente de sueños dorados. Deshojo las amapolas venustas, con el delirio de los gemidos de hembra aparejada. Como a las mejores hembras, te excita el sentir amados, los pétalos de tu rosa; la más roja y apasionada de las hermosas. Te acaricio como un volcán que se desboca sin resabios, por tus devoradores laberintos. Entre la penumbra de la habitación, te tomo como cosa mía o como un fruto que conjuro con el esperma, que penetra la boca de tus sueños. Conserva y recuerda a mis caricias vivas, cuando tus pezones erectos, les dirigían a mis dedos los mimos lisonjeros. Acaricia tu floresta pensando en mí, rebósate como la pasión que humedece las sábanas de tu cama; abrázate a mi recuerdo, hasta que te desbordes en excesos como un río.

 

Nuestras caricias se deslizan como gnomos descalzos, que se resbalan sobre las curvas desnudas de nuestros cuerpos. Entrelazados como un solo cuerpo y una sola sombra; acoplados y conectados al mismo sueño, éramos: mitad macho y mitad hembra. Eres la irreverente, la agresiva, la salvaje mujer felina que domina como el domador que somete a las fieras; como el mago que te convierte en seda, en arena, en agua… te enloqueces ¡deslizándote entre mis dedos! He besado y lamido los dedillos de tus pies, de tus manos; te he cubierto con ósculos amorosos de pies a cabeza. Tu cuerpo complacido y sudoroso, se entregó en el dulce e íntimo ágape, una y otra vez, brindando con la miel hechizadora y afrodisíaca, de los besos tibios; después… más y más ardientes, hasta ensordecer a la respiración con su hervor y el deleite sensual del huracanado disfrute.

 

Los besos de mi boca suspiran sobre tu pecho, como anhelos desenmascarados, como el néctar que transpiran los sexos desnudos, como el vino perverso que enloquece a los besos que se eslabonan y nos anclan, a los delirios alucinadores de las caídas esenciales en los pecados capitales. Nuestros labios ansiosos se buscan y se devoran con amorosa hambruna, con el desespero del frenesí ardiente que se engulle sin masticar la razón y la realidad que nos acecha. Tus dientes me atrapan con la luz de sus destellos y con la coquetería de las palabras atrevidas y traviesas, que con una prudente permisividad entreabierta, me permite deslizarme como un lobo hambreado y con muy poca abstinencia, por entre la floreciente y pudiente alacena. Déjame descifrar, la lascivia del veneno. Como un río en movimiento el semen se desliza, como carne viva puesta al fuego. Nuestros labios soportan el efusivo ímpetu suave de los besos, que derriten como chocolate al sol, a nuestras voluntades de mantequilla. Poco a poco se deslíen nuestros cuerpos y se hacen una sola carne y un solo cuerpo, como los bronces ensoñados por las manos de la Claudel.

 

Mis caricias te recorren y te redescubren con ansiedad; se aferran a tus senos y estrujan con cariño los pezones. Las amorosas somnolencias de tus insanos goces, descifran los misterios que afloran de ese sexo salvaje, que no respeta el sexo de los labios, ni de los cuerpos. Nos atrapamos como fieras hambreadas por el celo, bestias que se penetran sin fatiga ni malicia, porque somos como extraños náufragos citados por los absurdos de esas circunstancias grises, que nos enredan como rosas sin espinas, como fieras capturadas por el destino y aprehendidas por el absurdo de las circunstancias y los deseos al rojo sin compuertas. Tus glúteos en un rítmico y sensual movimiento encadenado, alcanzan galopando un delicioso y acompasado orgasmo; espasmos del éxtasis y movidos como un tsunami bajo la superficie del mar… confuso y velado como la tempestad submarina, de unas almas desolladas.

 

La miel del amor como la canción del bronce, martilla sobre el falo del yunque, a la luz plateada de los luceros desnudos. Siento tus cabellos entre mis dedos embrollados, como si intentaran enredar entre una amorosa urdimbre, a mis sentimientos enrevesados. Tus piernas sedientas de amor, me enrutan hacia una pequeña muerte en la manigua, en donde el compás de las caderas se devora a las aguas sensuales del río; mientras se deslizan para saltar como Ángeles desde las ingles, hacia un Iguazú de sensaciones. He escudriñado y saboreado todo tu cuerpo. Hemos empapado con el sudor del amor, las sábanas y las almohadas. Como una amazona, has cabalgado el fuego de mi pasión; me exprimes con vehementes estrujos y le extraes todo el néctar, a tu media naranja.

 

Tus ojos reflejan el fuego del deseo interno, que te devora. Como a un colibrí libando olores íntimos, le regalo a tu sed, toda la humedad del sudor transpirado y los frutos cosechados, del paradisiaco vergel. Disfrutas, absorbes y te tragas los cristales de tu consentido y amado falo, como si fuera el cuerpo de la exquisita modelo de la Chiquita banana tropical; la saboreas y la mordisqueas con una sensible suavidad para que se erecte, cuidando que no se vaya a escapar ni una gotita de semen de tus excitados labios; como cuando me devoro la policromía de la luz, de tus orgasmos fata morganos. Ingle contra ingle, los pensamientos voluptuosos se empapan, con el sudor sensual del erótico ritual. Uno sobre el otro, saciando la sed de los besos, en la boca de nuestros sexos. Nuestros cuerpos se entrelazan como serpientes apareándose; es la ruleta del frenesí loco de los mamíferos, cuando las feromonas se enlutan o cuando el olfato percibe, a la ardorosa arrechera interna de la ansiedad. Los cuerpos como locos se devoran y se fascinan, mientras la naturaleza se enreda y el cariño se regala o se le encima un sexo salvaje, a los besos que esculpen las hermosas imágenes de la naturaleza, sobre las miradas alunadas del espejo voyerista. El amor es y será siempre así: salvaje como la pasión de las fieras, citadas por el celo. No cierres los ojos, déjame observar como se dibuja el placer como un arco iris en tu mirada, mientras destilo la fuerza viril que tu cuerpo atrapa con ansiedad, como si la simiente fuese: lágrimas de vino o el mosto del amor.

 

¿Qué tiene tu cuerpo para brillar, como la estrella más bella de toda esta constelación? Descubrimos en la lujuria, un mar de sensaciones y de sombras locas, desordenadas como nuestras caricias, como nuestras palabras amorosamente soeces, como el fuego de la pasión que nos devora. Déjame devorarme la flor de tus muslos y sembrar semillas de sueños. Sin premeditarlo, ideamos una sola y hermosa escultura, patinada por la saliva y las caricias; fraguamos hermosas y sensuales sombras, donde los besos y los arrumacos están esculpidos, en una soberbia e insolente obra figurativa. Los cuerpos convulsionan, como si el Sol penetrara la carne y brotaran estrellas de las expresiones de nuestros sexos. Te he amado como una bestia, respondiendo a la ansiedad de tu vagina, como un verraco semental. Ardo como un sentimiento lírico, atrapado por el grito de las letras del amor.

 

La noche se desvela como una chimenea encendida y alimentada continuamente, con leños aromatizados con amorosa poesía. Me encanta hacer el amor cuando llueve; imagino una cascada y me veo contigo, creciéndonos como un río, transpirando jadeos huidizos mientras navegamos momentos, que se reducen a chispitas de instantes fugitivos. Nos queríamos y nos amábamos, pero nuestros cuerpos poseídos se liberaron, sin considerar que aún estaban ebrios. Ya no escucho tu respiración, ni siento tu ardor con la inocencia de una ráfaga gélida de viento polar, ¡desapareciste! ¡Ya no percibo tu locura de mujer enamorada! La noche nos cubre con la mantilla de la oscuridad de sus silencios, mientras nuestros cuerpos ahítos después de saciar su sed y sus hambrunas, piensan en la inaplazable separación, que nos apartará una vez más de la vida. ¿Qué hiciste con lo que quedaba, de nuestro amor?

 

Una vez más, amanecemos abrazados, agotados como dos guerreros náufragos sin viento, exhaustos… con los corazones empalagados por las delicias inocentes del pasional pecado. Disfrutamos de las travesuras eróticas del santo pozo. Ignoremos los infernales remordimientos que como algunas necedades, asesinan la magia de los pactos íntimos que se dieron paso a paso. Ahora las caricias son más lánguidas, desganadas… poco a poco se extinguen las palabras y los besos. Nada hay más tonto que las excusas del desamor, cuando se ultraja nuestra felicidad. Con la última mirada recojo lo que sobró del festín de nuestros deseos. El olor del apasionamiento, solo me inspira un leve cosquilleo de ímpetu. Me había perturbado tantas noches, imaginando que te amaba, que me parece un sueño tenerte como te tengo. Una amante siempre llena muy diferente sus deberes, a una esposa o una compañera permanente. Recuerdas cuando me preguntaste un día: ¿Qué tiene ella, que no tenga yo?

 

¡Todo! ¡Todo, amada mía! ¡Tú eres mi amor, pero ella es mi adorada Amorita!

 

Anoche al navegarnos nos vivimos, como las sombras surrealistas de nuestras anónimas oscuridades. Anoche nos bañamos con fuego en la fruición encantadora, de un interminable y delicioso holocausto. Solo sobreviven las cenizas de las llamas sobre la alfombra, reducidas a nuevos recuerdos. Es hermoso despertar y comprobar que no fue un sueño, todo lo vivido. Tu ahí recostada sobre mi pecho, como la pintura de una escena amorosa. Ahora sé cuanto me amas; te entregaste toda hasta satisfacer, los deseos más fantásticos del imaginario. Sé que nunca olvidaré ni tú podrás ignorar la sensación de tu dulce intimidad, impregnada con sumo cuidado sobre nuestros  labios. Una noche más, he memorizado con besos tu cuerpo. Siempre creemos que ya hemos visto y vivido lo peor, pero nunca nada es suficiente como para partir, como si nada extraordinario pudiera sorprendernos con asombro. Hay personas incomprensibles que enamoran para gozar del duelo y de la muerte, de esas ilusiones que prometen: una despreocupada placidez. Una persona enamorada no tiene necesidad de aceptar a sangre fría, el sacrificio en una absurda relación sin futuro. ¿De qué sirve taparse los ojos?

 

Solo los enamorados necios persisten en cubrir el sol con una mano. Me estoy cansando de mendigarle a la vida: ¡un gran amor! Estoy fatigado de embarcarme en ilusiones sin sentido y de regalar pedazos de mi alma, por quiméricas aventuras; absurdas como el deambular de los sentimientos que se anudan como estrellas, al azar galáctico. No imagino una llaga más en mi corazón, ni otro lamento de mi vida. Me siento reventado de caminar, rebuscando una ilusión para siempre. Me enerva el sentirme pulverizado y que la nostalgia escriba con tristeza, los versos ocres de mi bitácora o los entristecidos y doloridos relatos, de mi vivencidiario. ¡Cuanto alivio generaríamos y de cuantos momentos maravillosos gozaríamos, si nos conociéramos mejor, unos a otros! Recuerda: Hay conquistas amorosas que inspiran excelentes versos ¡casi perfectos! y el nuestro es uno de esos apasionados apegos. ¿Cuándo te meterás en la cabeza y te convences de una vez por todas, que el mundo no gira a tu alrededor? ¿Te cansarás algún día de experimentar conmigo y de fastidiarme, con el sospechoso veneno de tus odios silenciosos y celajes? ¿Tendré que aprender a recordarte, como la amante que se cansó de aguardarme para disfrutarnos, deteniendo los sueños de su destino o interrumpiendo los ensueños alucinadores, de la placidez del sosiego íntimo?

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