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ARTISTAS INVITADOS /  GILBERTO RAMÍREZ

 ReVista OjOs.com     DICIEMBRE DE 2013

GILBERTO RAMÍREZ

 

En septiembre de 1992, con motivo de la segunda exposición individual de GILBERTO RAMÍREZ PÉREZ, que se presentó en la Galería Ibarra de la ciudad de Bogotá, con el título de Realidad Alternativa, el ensayista y poeta William Ospina escribió:

 

 

“A muchos peligros debe sobrevivir en nuestro tiempo un pintor de talento. La mayor parte de esos peligros está, por supuesto en sí mismo. Cuando tiene resueltos los problemas elementales de su lenguaje, de su técnica, aún está asediado por imperativos de lo que es forzoso escapar si quiere alcanzar “el arduo honor” del arte.

 

Presenciar una exposición de un talento joven es ser testigos del modo como el arte va logrando evadir ese cerco y configurar un estilo, o va, por el contrario, sucumbiendo a él.

 

Yo diría que el primero de aquellos peligros es el de acallar la originalidad de las propias sensaciones, sometiéndose a los lugares comunes de la época, que todo lo tiranizan a nombre de la actualidad, o la modernidad. Otro es el de dedicarse, demasiado sinceramente a pintar ideas, o mensajes, subordinando la compleja superficie del cuadro y sus muchos misterios posibles, a un solo y prefigurado sentido. Otro, el de permitir que su natural timidez se enmascare en desplantes demasiado evidentes, énfasis o incoherencias más o menos vistosas. Otro el de creer en los críticos de arte, que suelen no ser lectores de las obras, sino enunciadores de preceptos y a quienes embriaga la ilusión de ser el Juicio Final. Otro, el deseo demasiado consciente de de alcanzar un tema que los “posicione” en el mercado y que les asegure su nicho en el mapa del arte.

 

No diré que Gilberto Ramírez haya superado todos estos peligros. Hay en su obra venias a los lenguajes de moda; conjuntos de formas caprichosamente dispuestos a la manera de Dalí o de Chirico; reflexiones acaso demasiado evidentes sobre los contrastes entre el naturalismo y el impresionismo. Incluso, un crítico a la moda podría decir que hay demasiados lenguajes, demasiados temas, demasiada ingenuidad, demasiadas intenciones. A mí, como espectador común dispuesto a dejarme conmover por las obras, no por el historial del artista, me complace esa. Abundancia. Tal vez no esté llena de definitivas realizaciones, está llena de claras promesas, de descubrimientos, de laboriosidad y de imaginación, y más de una vez sus obras ya se dejan mirar como creaciones singulares, ya nos permiten prescindir de referencias y analogías.

 

Ramírez ha renunciado holgadamente a soluciones sentimentales que, con sus recursos, serían una gran tentación. Hay un cuadro en el que aparecen en alguna caja algunos juguetes infantiles ante un paisaje más bien desolado (Juguetes y paisaje). La obra no impone soluciones de sentido: no es un mensaje social, no aboga por los derechos de la infancia, no parece querer llevarnos a ninguna edificante verdad. No es ni siquiera agradable: es extraña, con esa dosis de gratuita extrañeza que tienen los sueños y a veces los fragmentos deletéreos del día. Otro cuadro superpone a la escena gris de una ejecución, una lámina de feria infantil, con sus balones y tiovivos: el efecto es harto conmovedor y demuestra talento para interpolar la imaginación en la historia (Realidad Alternativa). Otro muestra un cuerpo de niña suspendido en el aire, junto aformas de cartón harto comunes que flotan también. El pintor se ha abandonado a un sueño original sin sentido evidente, y hasta la composición, que suele ser la principal deficiencia de los pintores nuevos, encuentra una solución equilibrada, con la suficiente tensión y el ambiguo dramatismo que conviene a su sueño. En otros cuadros se hace sentir el esfuerzo de Ramírez por ser un buen pintor, pero en estos yo veo algo más: la fidelidad de un hombre a sus misterios y sus obsesiones profundas; la entrega, no aun simple oficio sino a un destino arduo y prolongado, que promete desvelos y fiebres, que lo último que puede prometer es el éxito.

 

***

 

MIL MESETAS

 

Por Leonardo Agudelo

 

 

Gilberto Ramírez ha planteado en su obra pictórica un tratado para sumergir al espectador en la profunda ritualidad de la cultura.

 

De la lectura de Dumezil y Norbert Elias retomo la teoría del isomorfismo de las estructuras mítico religiosas de las diferentes culturas; sus lienzos exponen lo fundante en columnas cargadas de texturas graníticas, contrastes de color y figuras geométricas semejando un sistema solar, algunas plenas de negro sobre negro, fondos azules con ritmos líquidos que recuerdan el caldo de cultivo donde emergió la vida.

 

En la geometría de la conciencia humana que plantea su obra, siempre deja una ventana a lo figurativo: rostros, cuerpos de hombres y mujeres, el patio de su casa, -un autorretrato como Velázquez en sus Meninas- que recibe amablemente o “legiblemente”, la mirada de su espectador: “En un país como el nuestro con un grado tan grande de analfabetismo, es importante hablarle a todos desde la pintura, sean letrados o no, por ello procuro que cada pintura tenga algo figurativo”.

 

“Cuando voy a pintar divido una hoja en cuatro o seis partes, procuro liberarme del pensamiento, dejo que la mano hable como un remolcador, el continente sumergido del inconsciente”.

 

Cuando Stanley Kubrick en su aventura galáctica, apuntó al “gran cartucho negro”, de donde ha surgido la vasta experiencia del cosmos y la cultura humana, nos mostró un monolito negro, una materia opaca y sólida de forma cuadrangular para indicar un orden fundante que había de contener todos los elementos: el tiempo, el espacio, la cultura, y la historia.

 

Actualmente la ciencia intenta integrar todas las fuerzas conocidas: -electromagnéticas, gravitacionales, químicas y del interior del átomo- en una sola ecuación o corpus teórico provisionalmente llamado “supercuerdas”. El pincel de Ramírez indaga por el paisaje total del primer y último amanecer de la humanidad, un paisaje no planteado sobre la realidad de la cual no podemos escapar y donde se da la comunión entre especie y símbolo y dio origen a la cultura.

 

“La obra de Gilberto Ramírez apunta al vértice donde todas las líneas paralelas convergen. Ese lugar donde los teólogos medievales, que cristianizaron la filosofía de Aristóteles, escribieron la palabra Dios. Gilberto intenta pintar esa forma, ese símbolo, e imagen, que la metafísica designo la “analogía de todas las analogías”, llegando a ese lugar donde un artista arriba no solo por inteligencia, sabiduría o por sus sentidos, sino por ese remar de años con un pincel frente a ese otro yo: el lienzo en blanco, una nave que nos acerca al universo gracias a la dedicación de toda una vida en la voluntad de crear.

 

 

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