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 ReVista OjOs.com     SEPTIEMBRE  DE 2016

COLABORADORES / FERNANDO MALDONADO

Fernando Maldonado, ReVista OjOs.com

Foto: Sergio Trujillo Béjar

LA MUERTE DEL YO



Una pila rasgada de hojas ardía a plena luz del día en el espacio abierto detrás de la casa  cercana a  los suburbios del pueblo. En el lugar no se escuchaba  otra cosa distinta al sonido crujiente, seco y relajante de los bordes encendidos en color naranja y el humo ascendente con algunas cenizas levitando en el aire caliente. Así habrían de arder cerca de diez mil láminas de papel delgado; la totalidad de los estudios de varios temas que el autor desechaba en su  catarsis. Una pira de leña alimentaba el fuego confundiendo su olor a madera con el de la tinta y otros elementos con los cuales habían sido dibujados cientos de cuerpos, artefactos, escenarios y animales imaginarios. Terminada esta primera fase vendrían las pinturas. También ellas serían aniquiladas porque correspondían al mismo origen. Eran la consecuencia directa de los dibujos y tampoco merecían seguir poblando con su presencia un espacio superfluo. Si dibujar era la tentación de eternidad materializada, pintar era el más fuerte de los  espejismos. Sólo los humanos ven ese evento al que llaman color con la configuración que parece tener para todos, pero es un simple pacto sellado con palabras. En todo caso, también las pinturas debían convertirse en ceniza.

 

 Nadie había ordenado esta destrucción. A nadie beneficiaba o afectaba más que al autor. Si alguna vez tuvo sentido el acto de trazar líneas y untar telas con  pigmentos, fue en tanto que abarcaba un lapso de tiempo paralelo a su vida. El tiempo era el tema aquí y como en el caso del color, también era un pacto sustentado por palabras. Le tomó varias horas quemar cerca de seiscientas pinturas. Ya era de noche cuando el último lienzo inició su combustión incorporándose a los fragmentos de la pira. Siguió mirando en calma las llamas soportando con estoicismo la muerte total de su ego. Nadie vería nunca su obra porque hacerla, era el objetivo y destruirla, su sentido secreto. A estas alturas de su vida la muerte del yo era el único camino aceptable digno de experimentar. No podía evitar sentir un cierto éxtasis semejante al de los mártires sólo que aquí no había verdugo.

 

Durmió con total profundidad soñando que era un niño en medio de un campo de maíz, siempre bañado por una luz de penumbra que parecía tangible como su cuerpo. Presentía a su padre caminando entre los surcos pero no lo alcanzaba a ver. Entonces buscaba tocar los muros de una torre de ladrillo que soportaba dos tanques de agua. Los tocaba diciendo una y otra vez que eran reales, materiales, y que podía continuar allí en esa realidad paralela porque había dado el salto y ya no había muerte ni vida sino un estado abstracto de consciencia. Tomó de nuevo el camino por donde parecía haber marchado su padre y el resplandor que comenzó a ver se hizo más intenso al fondo del cultivo. Separó las últimas cañas que le impedían ver el origen de aquella luz y pudo ver al hombre que quemaba dibujos y pinturas. Estaba absorto rasgando hojas para arrojarlas a las llamas y no vio al niño que corría directamente hacia el fuego.

Fernando Maldonado

Fernando Maldonado

(Colombia, 1962). Pintor, dibujante, ilustrador, caricaturista.

Estudió en la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano de la cual egresó con honores. Le fue concedido el premio Jorge Tadeo Lozano por su extraordinario rendimiento académico. Su obra ha sido expuesta en importantes galerías y ha

representado a Colombia en la Bienal Internacional de

Pintura de Cuenca, Ecuador, y en el Salón Comparaissons

realizado en el Grand Palais de París en 2007 y 2008. Su obra erótica se caracteriza por la representación de escenas en mundos paralelos donde resalta el enigma y la atmósfera pictórica. Su pintura es una negación de los parámetros que tratan de imponerle. De hecho, seguir pintando es una rebelión pasiva. No cree en absoluto en ideas como la redención de las sociedades por el arte, ni mucho menos la ficción del artista como sacerdote o como ser superior inmerso en una actividad excepcional. Nada puede escapar de la inevitable y soterrada intención oportunista del arte y su quehacer social.

Fernando Maldonado
Hombre examinando su sobra
, 2016. Óleo sobre lienzo, 20 x 20 cm

 

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