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 ReVista OjOs.com      NOVIEMBRE  DE 2013

COLABORADORES / FERNANDO MALDONADO

SOMBRAS EN EL SENDERO

 

"Los críticos (curadores) son como los lacayos apostados  a las puertas de la sala de baile de una corte: pueden rechazar a las personas no autorizadas y dejar pasar a las otras, pero ellos mismos, nunca harán parte del baile".

Heinrich Heine

 

 

Estamos ensamblados por pequeños destellos del recuerdo y esta armazón frágil sostiene el peso de la razón. Hacia 1995 conocí a Fernando Guinard en una visita que me hizo un viejo amigo, quien lo trajo cuando yo vivía en Cajicá. Creo recordar que llovía mucho y nos refugiamos en lo que por entonces era mi taller; una habitación corriente de aquella casa llena de cacharros, bastidores y materiales de pintura. Ese día nuestra conversación se articuló de inmediato en torno a los asuntos del arte mientras les mostraba lo que estaba pintando. Guinard me pareció un tipo directo y sensible. Su dureza de carácter fungía como rasero para descartar “por lo sano” todo contacto con aquellos que no tuvieran sensibilidad humanística y permanecieran en esa zona de penumbra, gris y monótona que es la vida cotidiana. Todos hacemos parte de esa zona, claro está, pero una cosa es tener que asumirla como estructura de las apariencias y otra es creer a ciegas que es la única realidad posible. Quienes desconfiamos del mundo y su apariencia, estamos actuando en otro punto de la realidad. Para hacerlo todos los caminos y procesos creativos son válidos. La pintura o el arte es sólo uno de ellos de modo que no hace falta hacerse artista o pintor para vivir una suerte de expansión de la consciencia. De hecho, una parte considerable del arte que puebla el ancho mundo, carece de toda profundidad ontológica. Para Guinard el destello creativo o como quiera que se le llame, había llegado años atrás e invadido con sus secuelas toda su vida. Ahora luchaba por darle cuerpo, por lo que su temperamento traslucía la ansiedad que nos invade cuando todo está por hacer y el tiempo nos consume. Es la marca del auténtico delirio, de la sinrazón y de una fuerza que puede convertirse en autodestrucción si no damos respuesta a su imperativo. Varios años han pasado desde ese comienzo de modo que hoy cada uno de nosotros ha tenido lo que podríamos considerar como un avance en la ruta. Aún si solo logramos victorias pírricas a los ojos de los demás, en especial a los ojos de nuestros detractores, son victorias. Creo que tenemos una ventaja y es el saber que en esencia, todas las victorias son ilusorias porque viajamos a la nada. Saberlo de antemano y asumirlo es otra cosa. Todos empujamos la piedra de Sísifo; pocos saben que hay que seguirlo haciendo pese a que rodará una y otra vez por la cuesta. Mi interés por Camus encontraba de vez en cuando una encarnación de sus ideas en diversas personas y menciono a Guinard como una de ellas. Yo mismo en comparación he carecido del valor suficiente para encarar la ruta con la intuición y la energía necesarias. En parte por que a cada rato resuena en mi memoria la frase de Camus: “No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio”. En parte porque no tengo suficiente velocidad para dejar de lado el discernimiento, esa fea muerte en vida de doble faz que los Griegos domaron a la perfección en el mundo clásico. Hoy pediría a quienes lean esta nota, amigos y enemigos, que piensen en las horas, días y años que se han sumado en el conteo del tiempo para darle vida a un libro como El Espíritu Erótico XXI. Una sólida voluntad ha logrado materializar un objeto que será visto de muchas maneras. El que esté aquí, materializado luego de varios años de trabajo es una demostración clara del mito de Sísifo, de un indicio de vida cercano, de una respuesta a la masa informe de nuestra especie que vive embelesada con la apariencia. El erotismo como tema en sí, es un pretexto para hablar de otra cosa. Eso otro es el lado oscuro, lo innombrable, la nada. Por eso es tan importante considerarlo como fundamental al punto de crear en honor a su objetividad, un museo, un espacio que aglutina la voluntad de vivir latente en sus más extraños pliegues, porque el erotismo es lo más opuesto al no ser. En la paciente recopilación del MaReA se evidencia de primera mano, el placer documentado en todo su espectro. Placer a la manera quizá de Epicuro, es decir, con una amplia consciencia de la finitud del ser. Tan amplia que se contempla a sí misma y nos dice que ha incluido a la muerte en sus variables y que se ha fusionado en ella como alternativa desesperada. Hay una suerte de ascetismo en Guinard, producto de su residencia en las fronteras del absurdo y es ese sentido el que lo guía. Hoy algunos hacemos parte de su inventario y agradecemos su tozudez.

Fernando Maldonado

(Colombia, 1962). Pintor, dibujante, ilustrador, caricaturista.

Estudió en la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano de la cual egresó con honores. Le fue concedido el premio Jorge Tadeo Lozano por su extraordinario rendimiento académico. Su obra ha sido expuesta en importantes galerías y ha

representado a Colombia en la Bienal Internacional de

Pintura de Cuenca, Ecuador, y en el Salón Comparaissons

realizado en el Grand Palais de París en 2007 y 2008. Su obra erótica se caracteriza por la representación de escenas en mundos paralelos donde resalta el enigma y la atmósfera pictórica. Su pintura es una negación de los parámetros que tratan de imponerle. De hecho, seguir pintando es una rebelión pasiva. No cree en absoluto en ideas como la redención de las sociedades por el arte, ni mucho menos la ficción del artista como sacerdote o como ser superior inmerso en una actividad excepcional. Nada puede escapar de la inevitable y soterrada intención oportunista del arte y su quehacer social.

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