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 ReVista OjOs.com     SEPTIEMBRE DE 2012

COLABORADORES / FERNANDO MALDONADO

LA IMAGEN DEL ESPEJO


He creado un mundo paralelo, hecho de pigmentos, de texturas de suaves capas de aceite seco. También he trazado millones de líneas (puedo decir ahora que son millones) formando un camino que no tiene fin ni objetivo. No voy a concluir nada. La tarea es demasiado grande y demasiado árida.

 

Pero es un mundo paralelo. Otra cosa no es porque cada segundo invertido en construirlo está allí, fijado en el anonimato que avasalla y ahoga. Es un préstamo que no puedo devolver. ¿En qué he gastado la vida? En este frágil fantasma plano formado por cientos de telas, tablas, papeles que no sirven de nada. Que no atenúan la culpa de vivir.

 

Se puede sentir orgullo de lo hecho sólo porque pocos humanos parecen tan dispuestos a ejercer el vacío. Esta idea consuela como remedo de expiación. Abjuro de algunas cosas de mi época. La primera de ellas es la frialdad obtusa del arte. Su asqueroso y distante esnobismo.

 

Su inteligencia rebuscada, su afán por trascender.

 

La segunda es mi propia y retrasada marcha hacia la nada. Sin medallas en el pecho. Condenado a un ostracismo que sin proponérmelo me domina y debilita. Que quede constancia aquí de mis intentos. Varias veces he querido escribir sin parar. Hay fragmentos que lo prueban.

 

Intentaré armar un horario. Crear una rutina. Pintar de 5 a 9 los días que tenga clases. En las tardes libres de los jueves, los sábados, los domingos, también.

 

Luego, dejaré que aparezca la duda, la mentira, la esperanza; todas ellas son viejas conocidas. Las he tenido al lado casi desde el momento en el que tomé distancia de mi propio monólogo interior. Ese al que llaman espíritu o alma o alguna de las absurdas dualidades en las que estamos atrapados. Se puede vivir en la aridez del pesimista lúcido. No lo puedo afirmar tajantemente, hasta ahora parece que sí. La tarea no es sencilla.

 

Comenzando por negarse a prolongar en otros el mismo vacío. Negarse a ser padre es una forma de renunciar al espejismo. A quienes no tenemos hijos debían agradecernos los que son padres. Hemos contribuído cediendo nuestro espacio. Cada nuevo humano conlleva desde el comienzo el consumo de energía. No sólo la propia. La de todos los demás esta implicada. Producimos desechos corporales y basura cada minuto sobre la tierra. La mejor forma de sentir el vértigo de la vida y su sentido es simplemente mirar la multitud. Caminar por una calle o una avenida de ésta o de cualquier otra gran ciudad al medio día. Tomar un transporte público en la hora más agitada. Hordas humanas desplazándose. El ir y venir de pasos de respiraciones de cuerpos. Por un instante imagino la muerte de cada rostro de esa masa humana. Todos sin excepción estaremos un día fríos, rígidos. Todas las funciones terminadas. No más voces, no más alegrías, no más dinero ni deudas, no más odio, no más amor. Es importante retener la sensación de tránsito, de estar por unos años caminando con algo por hacer, como si significara una prórroga un paso más hacia otro estado. ¿Cuál? No hay otro estado. La gente no se va para otro lado cuando muere. Es tonto decir que alguien al morir nos deja. No… no nos deja. Simplemente ya no es. Así se debería tomar la vida. Seríamos más felices. Quizá respetaríamos  más la vida. Entenderíamos que justamente porque no hay otro existir distinto a este que ahora compartimos, no debemos despreciar la vida de los otros. Pero nos empeñamos en inventar el más allá con sus reglas y sus dioses. Grave asunto. Los creyentes fanáticos piensan que no importa matar al enemigo de su fe porque hay otra o incluso otras existencias. En algunas religiones se propaga la idea del paraíso después de una muerte violenta. ¿Puede haber una idea más estúpida, peligrosa e infantil que esa? Tan peligrosa instintiva e inconsciente como la paternidad o el reflejo del miedo a la muerte. Nos hacemos padres para no estar solos y olvidamos el abuso que supone engendrar a otros que no han venido a la existencia por voluntad propia. ¿Con qué derecho los convocamos a continuar la línea de la especie? Este es uno de los actos más egoístas de la existencia. Ahora capto mejor el estado de los jóvenes, su incongruencia y fragilidad. Cada instante parecen hacer la misma pregunta ¿qué hacemos aquí? atrapados en un laberinto que no se puede descifrar. Condenados a ser adultos algún día, condenados a repetir de nuevo el mismo acto de réplica, el mismo coito. Es comprensible, sólo somos otra especie animal y el único sentido lógico de la vida es la vida misma de modo que la reproducción es la explicación a todas las preguntas. El instinto animal nos conduce a repetirnos, pero nos negamos a admitir esa simpleza.

 

Por ahora el balance no nos favorece. Yo asumo mi rol con lo único que puedo hacer. Llenar un espacio del mundo con imágenes. Abrir una dimensión paralela temporal y aguardar respirando el aire denso de una época (otra más) de una línea con final.

Fernando Maldonado

(Colombia, 1962). Pintor, dibujante, ilustrador, caricaturista.

Estudió en la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano de la cual egresó con honores. Le fue concedido el premio Jorge Tadeo Lozano por su extraordinario rendimiento académico. Su obra ha sido expuesta en importantes galerías y ha

representado a Colombia en la Bienal Internacional de

Pintura de Cuenca, Ecuador, y en el Salón Comparaissons

realizado en el Grand Palais de París en 2007 y 2008. Su obra erótica se caracteriza por la representación de escenas en mundos paralelos donde resalta el enigma y la atmósfera pictórica. Su pintura es una negación de los parámetros que tratan de imponerle. De hecho, seguir pintando es una rebelión pasiva. No cree en absoluto en ideas como la redención de las sociedades por el arte, ni mucho menos la ficción del artista como sacerdote o como ser superior inmerso en una actividad excepcional. Nada puede escapar de la inevitable y soterrada intención oportunista del arte y su quehacer social.

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