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 ReVista OjOs.com      AGOSTO DE 2012

COLABORADORES / FERNANDO MALDONADO

LA SECTA DEL LIMBO


Entrevista de Fernando Maldonado a Carlos Genaro Matus

 

 

El azar o los dioses hicieron lo posible para juntar a estos representantes del arte actual. Si nos atenemos a una razón más plausible, fue la evolución de las especies la que confabuló a fondo, para que se encontraran en mi casa. Carlos Genaro Matus, colaborador irregular de OjOS.com y Fernando Maldonado, cómplice evidente de nuestra ReVista, coincidieron gracias en parte a nuestros oficios, para llevar a cabo un diálogo desprovisto de prejuicios y con la necesaria lucidez para no cavar trincheras ni líneas de defensa en orillas opuestas del arte. He aquí la síntesis de su conversación.

 

FERNANDO MALDONADO - Este encuentro me hace pensar en una especie de acuerdo de paz entre bandas que se disputan el mismo territorio.

 

CARLOS GENARO MATUS - (Risas) Bueno, es algo así. Tengo muchos amigos artistas que son pintores y ahora me dicen que a pesar de mi MANUAL DEL ARTISTA HIPER-MODERNO, se sienten identificados con mis ideas.

 

F.M. - Yo pienso, lo mismo. Es curioso pero lo que lograste con el texto de ese manual fue generar una atmósfera mordaz que pone en evidencia la parodia del arte actual. Para mí es una pieza de humor que me recuerda textos como el famoso DEL ASESINATO COMO UNA DE LAS BELLAS ARTES de Thomas De Quincey  o el libelo  RATZINGER escrito para poner en evidencia al Papa actual. Supongo que conoces esos textos.

 

C.G.M. - El de De Quincey es un clásico total. El otro no lo he leído. ¿En dónde lo conseguiste?

 

F.M. - En la librería de la Universidad Javeriana. Como ves, hay paradojas sutiles en muchos lugares. Este  texto debería conocerlo más de un cristiano.

 

C.G.M. - Bueno, hace parte de la estrategia de los grandes conglomerados conceder espacios a la opinión contraria para fortalecer sus propios puntos de vista.

 

F.M. - Exactamente. Siempre he creído que la religión y el arte actual son muy semejantes. Algo que tú también has puesto en evidencia en tu manual.

 

C.G.M. - Así es. La estrategia es la misma. Generar convicción en algo que no ves.

 

F.M. - Más aún, podríamos cambiar la palabra convicción por fe y el efecto es el mismo.

 

C.G.M. - Totalmente de acuerdo. Son mecanismos del cerebro que operan del mismo modo.

 

F.M. - Mi amigo Ángel Beccassino  lo dice claramente: –“La gente necesita creer “. En este caso los integrantes de esa especie de secta del arte que tu llamas Hiper-moderno, son de un nivel socio-cultural en el cual el ateísmo o cuando menos el agnosticismo son una constante. De modo que necesitan creer que lo que afirman en ese engendro pseudo-metafísico de su discurso tiene sustento “per se” y además de ponerlo a trabajar deben hacer que otros lo validen y crean en él. Es una auténtica  estructura  de secta religiosa con gurús y oficiantes. Las catedrales son los museos de arte moderno y las galerías de arte. Pero hay más. Ahora está de moda oficiar ceremonias al aire libre o en espacios derruidos.

 

C.G.M. - Así sucede en muchos lugares. Anoche cuando nos encontramos con nuestro amigo Guinard cerca del barrio que ustedes me cuentan que es el más antiguo o histórico de Bogotá. No recuerdo cómo se llama…

 

F.M. - La candelaria.

 

C.G.M. - ¡¡Ese!! La candelaria. Estuvimos mirando una muestra en un lugar que fue teatro hace varios años. Ahora se llama Odeón.

 

F.M. - Ahí quedaba la sede del Teatro Popular de Bogotá. El T.P.B. Ahora es una sala de arte contemporáneo hiper-moderno.

 

C.G.M. - Es una estructura semi-demolida y perfecta  para hacer montajes de arte hiper-moderno. En muchos países uno ve la misma modalidad. Es casi un género en sí mismo. En realidad no es muy nuevo pero creo que aquí es reciente.

 

F.M. - Seguramente bastante más que en Berlín, París o Nueva York. ¿Qué opinas de lo que vimos allí?

 

C.G.M. - Bien, pues es todo lo que menciono en el Manual del Artista. Esa instalación con tubos de cobre podía ser un ejercicio de escuela de diseño o arquitectura. Lo mismo puede decirse de los  hilos tensados en medio de la sala en el segundo nivel.

 

F.M. - Te he contado que soy docente en dos facultades de Diseño y una de Artes. He visto docenas de proyectos basados en apropiaciones del espacio, mucho más complejas o (para usar un término bastante degradado) interesantes, que las de la sala Odeón. Lo paradójico además es que los proyectos que te menciono son de simples estudiantes de primer semestre o máximo de segundo ciclo, es decir de quinto o sexto semestre de carreras como Diseño Industrial o Arquitectura. Ni siquiera de estudiantes de Arte. Eso sí; el texto acompañante de la curaduría es inversamente proporcional a la simpleza de la obra.

 

C.G.M. -  De eso se trata. Ya lo sabes. El texto debe afirmar el hermetismo y crear la distancia intelectual para  validar lo que ves.

 

F.M. - Es perfecto decir que la gente necesita creer puesto que si examinas estos textos, el tema es tan superficial que raya en la tontería. Sin embargo el tono de trascendencia de lo que escribe la curadora parece un texto sagrado. No sé cómo puede creer que unos hilos tensados dentro de un edificio derruido puedan convocar en el observador “culto “o inculto, todo lo que dice. Lo mismo podría decirse de los tubos de cobre que estaban por toda la sala. Te conté que la semana pasada me invitaron como jurado de un evento social de Leo Burnett, para seleccionar junto con otros dos jurados, la mejor obra de quince ejecutadas por los empleados de la agencia, como parte de la celebración mundial de los setenta y siete años de existencia de esta famosa multinacional. Se trataba de un ejercicio lúdico de integración coordinado por la gerencia de la empresa. Arte como terapia social.

 

C.G.M. - Si. Me decías que en un momento dado se cruzaron las obras del concurso con las de la exhibición  oficial.

 

F.M. - Así es. Aficionados que no son artistas sino empleados de la agencia de publicidad Leo Burnett, quedaron al lado de los profesionales del montaje que había allí. Supongo que alquilaron la sala para el evento y no podían desmontar temporalmente las instalaciones con los hilos y los tubos de cobre de los artistas hiper-modernos que exponían allí. En un momento dado caminamos con los jurados y no veíamos la diferencia entre lo profesional y el trabajo de los aficionados. De hecho, creo que había más interés y propuesta en las obras de los de Leo Burnett. Una frescura y compromiso que hacía que nos detuviéramos a mirar.

 

C.G.M. - Apuesto a que eran más decorativas las obras de los artistas profesionales.

 

F.M. - ¡Claro! Era todo un montaje como para Architectural Digest o mejor aún, Vanity Fair. Pones modelos vestidas de Prada o Givenchy en medio de los hilos tensados o de los tubos ensamblados y obtienes bellas fotos de lo más snob que te puedas imaginar. ¿Cómo cabría reflexionar acerca de algo trascendental o intelectualmente complejo con obras así?

 

C.G.M. -  Es interesante pensar que justamente el mundo de la publicidad se cruzó por una tarde con el mundo del arte culto híper-moderno.  Quizá no lo hayan notado pero la cercanía es total en esas profesiones. Se nutren de las mismas necesidades humanas como la religión. Hay mucho que aprender de los publicistas y de hecho, en eso son discípulos notables artistas como Damien Hirst o Jeff Koons. No olvidemos a Saatchi. Un publicista metido de lleno al mundo del arte híper-moderno.  Los artistas no lo quieren ver o admitir pero ese es el perfil del éxito artístico actual. Bueno, la mayoría lo sabe pero los espacios son muy restringidos y como sucede con los políticos, si uno no hace parte de un círculo de poder, termina por engrosar las filas de la oposición.

 

F.M. - Aquí en Bogotá cada año se organiza la feria ARTBO. Allí está la élite de los galeristas. Al poco tiempo le apareció la oposición con una feria que se llama LA OTRA. Pero hay más. A LA OTRA le apareció otra. Es decir, la oposición de la oposición. Tal como sucede en el mundo de la política cada uno arma partido y defiende sus intereses, eso sí, diciendo que son la única y auténtica alternativa a las manipulaciones  del poder. Es ya una vieja historia.

 

C.G.M. - Sin ir muy lejos podemos citar otro ejemplo que nos atañe. Cuando apareció el cristianismo había un montón de sectas similares. Los romanos gobernaban su imperio con sorprendente laxitud. No se metían con ellos ni los perseguían. Los toleraban y convivían. Todo indica  que el problema comenzó cuando la secta de Jesús comenzó a hacer mucho ruido. De hecho no fue muy notable todo el evento de la crucifixión de no ser porque la única secta que ofrecía en su discurso la idea de un más allá después de la muerte lleno de complejidades y perfectamente estructurado, era  justamente esa. Sumado a lo anterior está el hecho de que  al parecer los romanos estaban adormecidos con sus deidades paganas. Deidades tan mundanas que no incidían en su necesidad interior de vivir luego de la muerte. La publicidad intervino en su forma más primitiva e hizo que la secta de los cristianos prevaleciera sobre las demás y lo que resta es dos mil años de permanencia con altibajos. ¿Qué otra idea o concepto ha podido durar tanto en occidente y tener todavía  incidencia en la conducta humana?

 

F.M. - Saatchi debe envidiar semejante vigencia  de un solo producto.

 

C.G.M. - Ese es un buen ejemplo. Saatchi creó la más clara fusión de profesiones. Arte y publicidad es una excelente combinación.

 

F.M. - Este es un mundo fusionado. La línea divisoria de las disciplinas se diluye y pone a tambalear todo. Creo que era inevitable que sucediera y no es del todo malo, ¿verdad?

 

C.G.M. - Claro que no. Somos una especie inquieta y curiosa. No nos gusta lo absoluto y sin embargo lo añoramos.

 

F.M. -  En un número anterior de OjOs.com, escribiste un artículo acerca de una  retrospectiva de Roberto Matta. Te encontraste con nuestra amiga Narda Fiori y de esa visita surgió la idea del surrealismo como una construcción artificial o forzada en la pintura.

 

C.G.M. - Si, fue en Santiago de Chile. Narda me deslumbró.

 

F.M. - Se te nota en la mirada. (Risas)

 

C.G.M. - Bueno, no es fácil hallar” fusiones” como esa. Belleza e inteligencia encarnadas  parecen asuntos utópicos. Había planeado continuar haciendo visitas a diferentes lugares del mundo en compañía de Narda, pero al parecer sus asuntos en  Argentina, en donde creo que está la mayor parte de su familia, no la han dejado continuar con esta idea.

 

F.M. - ¿Qué opinas de la pintura ahora que mencionamos todo este asunto de la publicidad y el arte?

 

C.G.M. - Mi idea no ha cambiado en muchos años. Hay y habrá siempre buena y mala pintura. Así mismo pasa y pasará con la instalación, la fotografía, el video-arte, etc., etc. Una cosa no anula a la otra.

 

F.M. - Eso es exactamente lo que siempre he dicho. Bueno, no soy el único. Varios  pintores de mi círculo de amistades como Miguel Moyano, Nicolás de La hoz e Iván Rickenmann opinan igual. Todos estamos de acuerdo en que no es en absoluto válido que la pintura, además figurativa; sea la forma de arte única y válida. Ahí está el malentendido. Muchos artistas y curadores hiper-modernos nos endilgan ese falso argumento para confundir más las cosas. Hay que ser francamente estúpido para decir que el arte moderno, pos-moderno e hiper –moderno no debe existir. Lo que siempre afirmamos es que todo sin exclusión debe existir, convivir y desarrollarse por igual. Ya no vivimos el siglo de las vanguardias. Esa fue una etapa de descubrimiento y riqueza sin precedentes pero ya pasó. Ahora lo que importa es hacer bien las cosas no importa si eres artista conceptual, performancista, fotógrafo o pintor. Y eso es lo que no vemos con mucha frecuencia en el medio.  Lo que se ve en estos países es una politización del arte en su sentido más peyorativo. Hay grupos de burócratas culturales que buscan estar “in” haciendo prevalecer sólo las modalidades, técnicas y conceptos del arte híper-moderno excluyendo de todo presupuesto y acceso a quienes no plantean propuestas dentro de su rígido perfil. Hacen creer al  escaso público que tiene la paciencia de Job para escucharlos, en el mito de una vanguardia  equivalente a la que vivió el público de los años veinte del siglo pasado. Encima les dicen que la labor que llevan a cabo es profundamente social. El público debe suponer que el arte va a cambiar la consciencia de los miembros del trust financiero o las multinacionales del petróleo, que dicho sea de paso son los que financian los eventos de arte hiper-moderno. En Bogotá una de las salas de arte hiper-moderno más exclusiva es patrocinada por el Banco de la República. Sin embargo a los artistas y curadores les parece que no hay ningún conflicto ético en que el gobierno y su banco emisor les paguen por hacer arte social.  Es algo así como si los accionistas de las empresas de armamento, patrocinaran las marchas de protesta de los pacifistas y estos últimos se hicieran los de la vista gorda y dijeran:-“es que lo que cuenta es hacer el rol de pacifistas”. Hay algo esquizoide en todo esto.

 

C.G.M. - Este es un negocio ambiguo. El arte es reflejo de la tendencia humana al engaño y la dominación. Algunos artistas tiene la virtud de remontar la superficialidad del mundo esnob del arte y pueden decir cosas maravillosas, incluso, políticas con impecables trabajos. Hace un par de años vi la muestra del surafricano  Kentridge en París y me fascinó. Y fíjate que incluso se puede decir que no es un gran dibujante. No necesita serlo. Hace lo que tiene que hacer y lo hace bien. Con toda honestidad. Todavía  hay personas así  en el mundo. Kentridge me hizo revaluar varias cosas que creía muertas.

 

F.M. - Algo así me pasó con la muestra que vi de Roy Lichtenstein en la galería Gagosian. No soy muy afecto al Pop Art porque fue justo el movimiento que permeó más la estupidez en el arte. Sin embargo visto de cerca algunas de sus figuras hicieron un estupendo trabajo. No me atraía mucho la obra de Liechtenstein, sobre todo sus esculturas pero cuando las vi allí, noté que merecía una nueva valoración.

 

C.G.M. - Los verdaderos artistas siempre prevalecen.

 

F.M. - Es cierto. Suena como un obituario pero es verdad. Ahora veo con conmovedora emoción lo que Degas decía de su epitafio. No sé si al final lo escribieron en su tumba.

 

C.G.M. - ¿Qué decía?

 

F.M. -  Decía – “AMO EL DIBUJO”.

 

C.G.M. - Bello y contundente. No hace falta más.

 

F.M. -  No hace falta nada más.

Fernando Maldonado

(Colombia, 1962). Pintor, dibujante, ilustrador, caricaturista.

Estudió en la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano de la cual egresó con honores. Le fue concedido el premio Jorge Tadeo Lozano por su extraordinario rendimiento académico. Su obra ha sido expuesta en importantes galerías y ha

representado a Colombia en la Bienal Internacional de

Pintura de Cuenca, Ecuador, y en el Salón Comparaissons

realizado en el Grand Palais de París en 2007 y 2008. Su obra erótica se caracteriza por la representación de escenas en mundos paralelos donde resalta el enigma y la atmósfera pictórica. Su pintura es una negación de los parámetros que tratan de imponerle. De hecho, seguir pintando es una rebelión pasiva. No cree en absoluto en ideas como la redención de las sociedades por el arte, ni mucho menos la ficción del artista como sacerdote o como ser superior inmerso en una actividad excepcional. Nada puede escapar de la inevitable y soterrada intención oportunista del arte y su quehacer social.

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