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EDITORIALES

 ReVista OjOs.com   NOVIEMBRE DE 2017

 

 

 

Fernando Guinard por Darío Ortiz

Un muerto viviente

 

 

Tengo una buena lengua. Ante todo hace falta mucho dinero para corromperla”.

 

Wilhelmine Schroeder

 

 

Es un placer saludar a los amigos y enemigos y contarles que para fortuna  de los primeros y desgracia de los últimos logré sobrevivir a un accidente que escorió mi cuerpo. Fueron quince días de tratamiento con plantas como la caléndula, que evita las infecciones, y la sábila que sella las heridas. Plantas cultivadas en un minúsculo jardín.

 

Y cero ingestiones de licores espirituosos, y mucha lectura de libros.

 

Y por eso me demoré, nos demoramos, un poco en subir esta nueva edición a la plataforma.

 

Me siento muy contento porque no tuve que pedir plata prestada a los amigos ni rogar a los reducidores y avivatos  que me compraran una obra a precio de huevo. Ya conozco a la humanidad y a los amigos. Hace seis años cuando tuve un problema diabético, los “amigos” desaparecieron como por encanto.

 

Y volví a recordar las palabras de mi tío Vincent van Gogh: “Mis pasos tambaleaban y nadie levanto ni un dedo”.

 

Con más ahínco continúo con mi investigación sobre la Historia no autorizada del arte colombiano, para desenmascarar a los pedantes, farsantes y envidiosos que sufren por mi buena suerte.

 

Unos dicen que el arte es belleza y tienen razón, así sus creadores sean más feos que algunas vedettes del arte colombiano, que no se las come ni el óxido y que siempre han mamado de la teta pública.

 

Escuché al vicepresidente Óscar Naranjo en una entrevista con periodistas de una cadena radial  y me gustó mucho su gran sencillez al hablar, que contrasta con los alaridos esquizofrénicos de los congresistas que se oponen al proceso de paz y gritan como putas borrachas para hacerse notar entre con sus patrones conductistas.

 

Decía el general Naranjo que teníamos que repensarnos y que había que cambiar las percepciones poco inteligentes y abrir las mentes a las nuevas realidades. Y cambiar las políticas con respecto a la legislación sobre las drogas cuya guerra ya está perdida.

 

También me he repensado pues el atractivo de seguir vivo es un ingrediente para renovarse y cambiar. Y con mi voluntad guerrera, la vida continúa.

 

Seguiré con mis clases a las ovejas descarriadas para proporcionar a sus sentidos los alimentos de la libertad y el desorden sin ningún tipo de censura.

 

Me produce risa la estupidez de la Empresa de Teléfonos de Bogotá cuya red Wi-Fi gratis considera al Museo Arte Erótico Americano MaReA como un veneno para las juventudes ansiosas que quieren vivir su vida y su sexualidad con inteligencia y placer estético. Y que su consulta es peligrosa. Pero no tanto como los contenidos de las fábricas de mentiras que exaltan a los bandidos y mafiosos enquistados en el poder. Lecturas más aburridas que irse de rumba con la candidata del partido conservador, o con la bella y sensual artista Beatriz González, o con el hermoso y simpático modelo Antonio Iginio Caro, o con el antipático Germán Vargas Lleras, o con Dilian Francisca Toro y su vocecita chillona que habla de la gallardía del número 82, o con  los hipoactivos, anorgásmicas y eunucos que deambulan por la burocracia.

 

El aspecto siniestro de estos figurines me inquieta y me pongo a llorar como un niño asustado por el coco.

 

Y leí una vieja entrevista realizada a algunas periodistas sobre Oriana Fallaci que tal vez pueda orientar a estudiantes de periodismo y a lameculos de las fábricas de mentiras.

 

Dice Margarita Vidal sobre la Fallaci: “Le importaba un higo si la aplaudían o la callaban. Gritó a los cuatro vientos lo que otros callaban, destapó lacras y corrupciones, defenestró ídolos de barro, destruyó mitos. . . Era contestataria, irreverente, provocadora, pedante y terca pero a la vez, profundamente humana, sensible y tierna.

 

"Respetó algunos cánones como la investigación exhaustiva, el contraste de fuentes, no tragar entero, contextualizar, cuestionar sin temor, controvertir y preguntar. No quería ser objetiva, tomaba partido y opinaba”.

 

¿Qué se puede  esperar de un país donde las entidades oficiales de justicia laboral están en contra de los derechos de los trabajadores? ¿Y de un ejército y una policía que asesina a los indígenas? ¿Y una fiscalía que recomienda la aspersión aérea para que la muerte por contaminación invada los terrenos de los campesinos? ¿Y de una justicia con los ojos vendados para lo que le conviene?

 

La mayoría de candidatos a la presidencia  y jefes de partidos corruptos son unos imbéciles expertos en pactar impunidades.

 

¿Cuáles son sus logros éticos y sus chirridos intelectuales?

 

Ser pillo, cínico, psicópata y sociópata, paga. No reconocen la culpa. Son artistas que eluden respuestas concretas.

 

Y leo en el libro Grandes entrevistas de la historia de La Vanguardia Ediciones, S.L, primera edición, enero de 2016, donde la entrevistadora Djuna Barnes, periodista autodidacta dice sobre James Joyce:

 

“En 1918 la novela había sido presentada por episodios a través de la revista literaria The litle review. El detalle y desparpajo con que se contaban las miserias, las bajezas y pasión de los protagonistas. . . Se terminó condenando a la revista a pagar una multa, no editar un capítulo más de Ulises y prender fuego a las copias existentes. . . Joyce es el único hombre del continente que sigue creando a pesar de la pobreza y la enfermedad, trabajando entre ocho y dieciséis horas diarias. . . Un hombre que ha sido más crucificado por sus sensibilidades  que cualquier otro escritor de nuestro tiempo”.

 

Leyenda que aparece en las redes Wi-Fi públicas de la Empresa de Teléfonos de Bogotá cuando consultan información del Museo Arte Erótico Americano MaReA

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