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EDITORIALES

 ReVista OjOs.com   ABRIL DE 2017

 

Fernando Guinard por Darío Ortiz

THIS IS LOCOMBIA

 

 

En este país uno sabe a qué horas sale de la casa pero nunca sabe si va a regresar sano y salvo. Por eso es tan difícil planear actividades porque la muerte acecha en una ciudad invadida por sicarios, secuestradores y ladrones, ratas cínicas bien entrenadas que dominan a su antojo las calles de la ciudad.

 

Iba muy orondo, como Rin Rin Renacuajo, muy tieso y muy majo, con una chaqueta de color pantallero cuyas mangas muy cortas dejaban ver los puños de una camisa deportiva. Y no llevaba los pantalones altos para que los habitantes del día pudieran observar mis torneadas pantorrillas, y llevaba mis medias de dos mil pesos y mis zapatos viejos y usados que me regala un amigo gestor cultural, con el objetivo de estar mejor presentado para lograr penetrar, con mayor profundidad, en las grandes ligas del arte, la intelectualidad y la política.

 

Tenía una cita, a las diez en punto de la mañana, en la casa de un amigo pintor que enseña arte en uno de los colegios más distinguidos de Bogotá. Como siempre soy muy cumplido en las citas, llegué con veinte minutos de anticipación y me dediqué a caminar por el barrio observando las grandes construcciones, hermosas algunas, y otras inmundas como el edificio de la Pacific Rubiales ubicado en la avenida novena con calle 108. Y faltando treinta segundos para las diez me disponía a timbrar en la casa de la cita y de pronto dos sujetos en un carro pararon y el copiloto me mostró un carnet de la DIJIN, con su asquerosa foto, y me dijo que acaban de recibir un informe sobre el asalto a un señor que había sacado una gran cantidad de dinero en efectivo de un cajero automático cercano. Y me solicitó la cédula de ciudadanía y se la entregué con sumisión por tratarse de la autoridad secreta. Observó los datos de la cédula y luego me ordenó que vaciara mis bolsillos para mirar si yo tenía el dinero en efectivo del asalto al ingenuo señor que retiró su dinero sin protección policial.

 

Y por arte de magia apareció un manteco, calvo, bajito y descalsurriado a quien inmediatamente también le ordenaron que se identificara y mostrara todo el dinero que llevaba consigo y las tarjetas débito que tuviera, para ver si entre ellas estaba la del señor asaltado. Y el señor con mucha obediencia extrajo un fajo de billetes de $50.000.00 y lo entregó a la autoridad con gran desparpajo y confianza. Y yo también entregué el dinero que llevaba, un billete de $5.000.00 que tenía reservado para el transporte de regreso. Y el agente secreto con el fajo de billetes del otro señor y mis cinco mil pesos nos dijo en tono muy enérgico y autoritario que miráramos bien si teníamos más dinero y que no le dijéramos mentiras porque si nos esculcaba y descubría las mentiras tenía que llevarnos a una Comisaría para la investigación respectiva. Lo que en realidad era un secuestro para un paseo millonario y todas las acciones relacionadas.

 

Y el otro señor, cómplice de los falsos agentes secretos dijo: “Sí, yo tengo más dinero”, y sacó la cartera del bolsillo trasero del pantalón y la entregó muy solícito sin ningún rebuzno. Y el agente secreto falso me devolvió el billete de $5.000.00 que guardé en el bolsillo izquierdo del pantalón de drill que tenía puesto. Y en tono golpeado me dijo de nuevo que colaborara mostrando todo el dinero que tenía. Me esculqué bien y le volví a entregar el billete de $5.000.00, y le repetí que era para el bus. Entonces vi en su expresión una sensación de desencanto y le dio por no requisarnos, y tan correcto, me devolvió los $5.000.00, mi cédula, y mi obsoleto celular. Y lo mismo hizo con el otro señor a quien le devolvieron su fajo de billetes, su cartera con tarjetas débito, su cédula y su celular de alta gama.

 

Por fortuna no me esculcaron porque hubieran encontrado mi carnet del Club Militar cuando tenía 17 años, y mis tarjetas de director de la ReVistaOjOs.com, y me hubieran secuestrado, asesinado y tirado en un potrero para que no hablara. Y no estaría aquí vomitando que la ciudad está plagada de bandas como la de taxistas que asesinó al agente de la DEA en Bogotá que como era un ciudadano estadounidense, las autoridades realizaron la investigación, extraditaron a los asesinos y están encarcelados pagando sus delitos.

 

Y está banda que me quería hacer el paseo millonario está integrada por secuestradores, asesinos y ladrones, que se pasean con frescura y alevosía por las áreas comerciales de los barrios burgueses de Bogotá, y deambulan, según me comentó el artista a quien visité, en tres carros, un Wolkswagen Jetta de color gris, un Wolkswagen Gol de color uva, y un Chevrolet Spark de color negro. Y no han podido cazarlos ni siquiera con los videos de las cámaras instaladas en los alrededores.

 

Y después del incidente, sonreí. Me vieron cara de millonario y facha de extranjero.

 

No tienen buena percepción ni OjOs .

 

Y pobrecitos los vecinos, niños, señoras, señores, turistas, viejitas, viejitos y jovencitas hermosas que caminan bamboleando las caderas a la medida de su deseo, cuando se encuentren con estas ratas.

 

Esto es Locombia.

 

En la segunda quincena de Mayo el MaReA, la ReVista OjOs.com y la Galería Guinard realizan LiterArtEros un evento cultural que integra la literatura, el arte y el erotismo.

 

Ver Convocatoria e Información General. https://emimarea.wixsite.com/literarteros-2017

 

Y en este número publicamos poemas de Rocío Obregón, un homenaje a su espíritu metafórico y a su gran calidez humana. Y rendimos un homenaje póstumo al maestro Ismael Olabarrieta, artista que se largó sin despedirse.

 

Y buen viaje al querido amigo y maestro del arte y de la vida Diego Arango Ruiz, quien al fin descansó.

 

 

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