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EDITORIALES

 ReVista OjOs.com     JUNIO  DE 2013

Fernando Guinard por Darío Ortiz

RENACIMIENTO DE LOS DIOSES

 

Hace unos meses, por esas cosas del destino, en Yahoo apareció una pregunta que parece que fue realizada por una Lolita con espíritu de entrevistadora.

 

La pregunta decía así:

 

Necesito que me digan 20 nombres de escritores colombianos a partir de 1950. Que sean literatos contemporáneos. (Poetas, narradores, teatreros o ensayistas). Muchas gracias.

 

Y otra Lolita respondió con la lista que enumero a continuación, a la que añadí los años de nacimiento de los exaltados y los de muerte de quienes ya están alejados del mundo de las vanidades.

 

Ver enlace: https://espanol.answers.yahoo.com/question/index?qid=20111006145831AAYoIgC

 

Esta es la lista:

 

1. José Asunción Silva (1865-1896)

2. Rafael Pombo (1883 -1912)

3. José Marroquín (1827-1908)

4. Gabriel García Márquez (1927)

5. Álvaro Mutis (1923)

6. Andrea Cote (1981)

7. Mario Mendoza (1964)

8. Aurelio Arturo (1906 -1974)

9. Carlos Serrano (1976)

10. Fernando Guinard (1949)

11. Germán Arciniegas (1909 -1999)

12. Antonio Caballero (1945)

13. Héctor Abad Faciolince (1958)

14. Santiago Gamboa (1965)

15. Jorge Isaacs (1837-1895)

16. Germán Santamaría (1950)

17. Fernando Vallejo (1942)

18. Manuel Zapata Olivella (1920 - 2004)

19. Juan Gabriel Vásquez (1973)

20. Antonio Ungar (1974)

 

Se percibe que la Lolita es buena lectora pero no comprendió bien la pregunta en lo referente a escritores nacidos después de 1950, razón por la cual los únicos que se salvan son: Andrea Cote, Carlos Serrano, Héctor Abad Faciolince, Santiago Gamboa, Germán Santamaría, Juan Gabriel Vásquez y Antonio Ungar.

 

Me queda la gran satisfacción de quedar con los viejos maestros José Asunción Silva, Rafael Pombo, José Manuel Marroquín, Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis, Germán Arciniegas, Antonio Caballero, Fernando Vallejo y Manuel Zapata Olivella.

 

Bueno, esos errores y horrores de percepción de las Lolitas son muy parecidos a los de los intelectuales que respondieron a la ilustre encuestadora y periodista de la Silla Vacía. A quienes veo como pavos reales o aves del paraíso que extienden sus alas y colas puritanas y se asustan con un coito de penetración anal.

 

La burocracia cultural es como la mala hierba, crece en la superficie de las tierras abandonadas. Son flores diurnas que no exhalan aromas como los habitantes de la noche que huelen a jazmines y perfumes de caballeros.

 

No me importa que las Lolitas no me quieran a pesar de que se encanten con mis sortilegios, es preferible que amen a sus novios que responden a sus caricias. Pero cuando están conmigo deben comportarse como mujeres eróticas y sensibles que tienen un proyecto para ayudar a desembrutecer a sus compañeros de generación caracterizados por el aconductamiento de los padres que piensan que los hijos son sus esclavos, y de los maestros que se molestan cuando no tragan entero sus mentiras.

 

Clarissa Pinkola en su libro Mujeres que corren con lobos dice:

 

Todas las criaturas deben comprender que existen depredadores. Sin este conocimiento, una mujer no será capaz de transitar con seguridad su bosque sin ser devorada. Entender al depredador es volverse un animal maduro que no es vulnerable por ingenuidad, inexperiencia o tontería.

 

Una persona predatoria abusa del juego creativo de una mujer, tomándola para su propio placer o uso, dejándola en blanco y preguntándose qué sucedió, mientras que ellos mismos se vuelven, de alguna manera, más vigorosos y robustos.

 

Estoy muy contento porque tengo mi mayor hinchada entre la juventud con cerebro, criterio e independencia. El espíritu provocador, el lenguaje procaz, y el hecho de mandar a la mierda todos los códigos establecidos de glamur y comportamiento es un elemento de seducción.

 

Por eso me encantan las Lolitas, esas niñas perversas que se alejan de los artistas convertidos en hombres de negocios cuya fórmula rentable los ha posicionado en el mercado del sabor comercial y les impide la búsqueda de nuevas expresiones.

 

El arte es una expresión personal con un poquito de habilidad. La originalidad no existe, las influencias dan origen a nuevos estilos así como la mezcla de razas las mejoran.

 

Camille era una niña adorada por su padre y desdeñada por la familia. En París, cuando tenía dieciocho años, tuvo la desgracia de conocer al escultor Auguste Rodin, de 42 años, famoso por sus besos y por un matrimonio que le había dado un hijo.

 

El gran escultor admiraba su talento y su sexo. La talentosa muchacha se convirtió en su alumna, modelo y amante.

 

Rodin se convirtió en el depredador despótico y egoísta que mareado por su talento le robó la autoría de muchas obras, y ella lo abandonó cuando la indujo al aborto.

 

Se retiró a rumiar su tragedia en la soledad de su taller, destruyó sus bellas esculturas ante la mirada de sus gatos que la observaban con asombro. Su padre se sintió impotente, y su puta madre celosa por la relación amorosa con su padre, indujo a su hermano para que la internara incomunicada en una casa de locas donde vivió por treinta años y donde se salvó del famoso pero casposo escultor.

 

Por eso con mis amadas Lolitas comparto sus encantos y escuchó sus trinos que hablan a sus adoradores y muerden los labios, para que las féminas hombrunas, los hombres afeminados, las anorgásmicas y los hipoactivos sientan envidia.

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