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EDITORIALES

 ReVista OjOs.com     NOVIEMBRE DE 2012

Fernando Guinard por Darío Ortiz

POR FAVOR, NO MÁS VIDA A LA MUERTE

 

Los humanos se reproducen como ratas, como las bandas criminales, los popólíticos, los dogmáticos y los ignorantes.

 

La Tierra tiene una superficie que puede albergar una cantidad limitada de especie humana.

 

La tasa de crecimiento de la población desbordó las predicciones de Malthus quien se quedó corto cuando pensó que ésta crecería en proporción geométrica y no exponencial como de veras crece.

 

La población se incrementa porque la medicina ha alargado el nivel promedio de vida en los humanos, porque hay mucha publicidad que incita a consumir sexo placentero con poca anticoncepción, porque las guerras mundiales están adormecidas, por el deseo de heredar a sus hijos las miserias que los agobian.

 

Los humanos ejercen el placer de la sexualidad sin planificación familiar ni sentido común. Una política de educación sexual mitigará la siembra de semillas en los vientres fértiles de los objetos del deseo, y permitirá al hombre dar rienda suelta a su sensualidad y gozar de su sexualidad.

 

Algunos líderes despistados predican que los métodos anticonceptivos no deben ser utilizados, y que si el planeta llegara a colapsar es porque sus dioses inexistentes así lo decidieron.

 

¡Auxilio!

 

Hay otros que dicen que el excesivo crecimiento de la población se puede mitigar con la mutación a otros estilos de vida sexual en los cuales la reproducción es imposible y no se corre ningún riesgo para traer más vida a la muerte.

 

Si usted quiere saber cuánta población hay en este momento que lee estas líneas, vaya al enlace http://www.census.gov/ un servicio que presta la Oficina de Censos de los Estados Unidos de América. Quizás se sorprenda.

 

Llegará el día en que la producción de alimentos será incapaz de satisfacer la demanda total de la población a pesar de los grandes avances en la tecnología agrícola.

 

Más población significa más acción de la economía para satisfacer las necesidades de vivienda, alimentación, salud, energía, educación, confort, y consumos innecesarios.

 

Los cambios en el clima afectan a todos los sistemas físicos y biológicos de todos los continentes. El incremento de la temperatura causa grandes problemas ambientales, económicos y sociales.

 

Se derrite el Océano Glaciar Ártico y los inlandsis de Groenlandia y la Antártida, se eleva el nivel del mar, inunda ciudades y zonas habitadas por la especie humana y otros seres vivos, se derriten los glaciares de montaña, se disminuye el suministro de agua para los humanos que dependen de ellos, se alteran los ciclos hidrológicos, las tormentas y sequías son más frecuentes e intensas, se arrasan las selvas y bosques de montaña, desaparecen los corales por la contaminación y acidificación de las aguas, muere la vida marina, disminuye la reproducción de la materia alimenticia.

 

¡Qué horror! ¿Qué le vamos a dejar a nuestros hijos y a nuestros nietos? ¿Miseria y desolación?

 

Hay que hablar claro, poner el dedo en la llaga.

 

La realidad es que hay un cáncer. Y como está muy avanzado hizo metástasis y expande sus células mortuorias como una pandemia.

 

Ignorancia, insensibilidad, egoísmo, soberbia, corrupción y terquedad son algunos de los ingredientes del caldo en que se cocina el salto hacia la nada.

 

El hombre contemporáneo habita en una cultura donde el valor predominante no es el ser sino el no ser. La posesión de bienes materiales es más importante que la posesión de espíritus finos.

 

Es más reconocida la banalidad que la trascendencia.

 

Más rentable el negocio que la solidaridad.

 

Más deseado el trabajo que el ocio.

 

Más vital el estrés que la calma.

 

Y los insulsos dicen que hay que vivir el momento, con intensidad y con locura.

 

Porque nada, ni nadie es eterno en el mundo, porque el futuro no existe, y si existe, está cargado de incertidumbre.

 

Y tarde o temprano, dicen, nos vamos convertir en manjar de los gusanos.

 

Se inflan los humanos por alimentarse con productos que los matan con lentitud pero con eficiencia.

 

Las comunidades científicas, académicas, sociales, empresariales, políticas, intelectuales y estéticas, que están inspiradas en la ética, insisten en que el actual modo de producción capitalista debe cambiar sus procesos económicos, de lo contrario el planeta, la civilización actual y la economía colapsarán.

 

Lo más triste es que en el cosmos nadie se dará por enterado y tampoco habrá sucedido nada.

 

Los intelectuales, los ecologistas, los académicos y los empresarios éticos deben repetir y repetir estas verdades con el objetivo de realizar cambios radicales en los espíritus de los políticos que mandan, dictan las leyes y están por encima de ellas.

 

Las mentes perspicaces tienen la sensación de que la política no tiene ética, por fortuna, esta actividad es un recurso renovable.

 

Por tanto la única alternativa es la revolución ambiental, como antes fueron las revoluciones francesa, industrial, espacial, informática y genética.

 

La economía debe convertirse en un insumo del proceso ambiental. Hay que darles donde más les duele a quienes causen deterioro ambiental. Hay que cobrar duro, en dinero contante y sonante sus inconsecuencias.

 

La epigénetica es la ciencia que va más allá de la genética. Cambiar nuestra manera de vivir y de percibir el mundo es cambiar nuestra biología.

 

Si cambiamos las percepciones que tenemos en el subconsciente, cambiará nuestra realidad. Al reprogramar las creencias y percepciones que tenemos de cómo es la felicidad, la paz, la abundancia, podemos conquistarlas.

 

Los pensamientos positivos y el efecto placebo afectan a nuestra biología, existe el efecto nocebo: si crees que algo te hará daño, acabará por hacerte daño.

 

La química que provoca la alegría y el amor hace que nuestras células crezcan como los proyectos con aires de positivismo.

 

Hay que activar el espíritu erótico y el placer de vivir. Para prosperar necesitamos buscar de forma activa la alegría y el amor, y llenar nuestra vida de estímulos que desencadenen procesos de crecimiento.

 

El desembrutecimiento no es una batalla perdida mientras los ignorantes se esfuercen por cambiar.

 

Desháganse de los miedos infundados y procuren no inculcar creencias limitadoras en el subconsciente de sus hijos, clientes o amigos.

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