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ARTISTAS INVITADOS /  DARÍO ORTIZ ROBLEDO

 ReVista OjOs.com      NOVIEMBRE DE 2014

Darío Ortiz Robledo

ABECE…DARIO

CONVERSACIONES CON FAUSTO PANESSO

 

Publicamos un adelanto de Abece... Darío, el último libro de Darío Ortiz Robledo, en el que se cuenta con pelos y señales los resortes íntimos de su periplo por el mundo de las artes. Son conversaciones sostenidas con el periodista Fausto Panesso. El prólogo es de la crítica Avelina Lesper, quien es una de las principales contradictorias del arte contemporáneo junto con Fernando Botero, Carlos Genaro

Matus y el mismo Darío Ortiz.

 

“Este cuerpo de grabaciones, tuvo como motivación, dado mi interés por la Pintura, conocer de la boca misma del artista —y no desde lo que se podría llamar mi propio discurso— las incidencias de su carrera; su modo personal de abordar la obra, es decir su “carpintería”, su “cocina”; además de sus dudas, sus incertidumbres, sus hallazgos, sus formulaciones; como un mirón, o un curioso bien aceptado, en tanto la grabadora, como la “magdalena” Proustiana, actuaba como detonador y registro de la memoria, a lo largo y ancho de las horas...

 

Aunque privadas del “sabor” de la cosa hablada, las resonancias de la voz, los énfasis, las pausas, el gesto y los silencios, ¡esos intersticios tan dicientes a veces! como también sin esquemas preparados, sin planes ni pretensiones mayores, de éstas palabras surge la imagen de un pintor carismático, aunque todavía insatisfecho consigo mismo; voraz de conocimientos y de vehicular nuevas propuestas, dentro de la intrépida ambición por alcanzar un arte proyectado al futuro y universalizado.

 

Por un acuerdo “de principio”, las entrevistas no estuvieron destinadas a confesiones personales, y si las hay son circunstanciales, adventicias. La tentación biográfica renunciada de antemano por la juventud del artista, o suficientemente atemperada entre palabras que funden al hombre, las circunstancias, la obra, ya que para el pintor maduro que es Darío, vida y arte no son polaridades: entran en simbiosis y se comportan como un todo; incluso parecería, la obra, confiriéndole a la vida su condición conductora.

 

Esculcador apasionado del Arte; excelentemente dotado para la investigación, la gran otra de sus pasiones, y con un espíritu espontáneamente crítico, habla sin agua en la boca, en el río de sus palabras, con impresionante sinceridad, de algunas de las extravagancias, singularidades, equívocos y peligros del Arte. Entre otros, de la desorientación, la inercia y los condicionamientos, dentro del pomposo ámbito del Abstracto, en el momento de su gran eclosión como Vanguardia en el contexto Colombiano. Cofradía o Capilla que hubo de abandonar, sin verdad revelada alguna, con el deseo de hablar con otra voz, con otro lenguaje, el que, hoy despliega con el aplomo de la coherencia consigo mismo, en la necesidad de “vida concreta”, desde ese misterio que le permite incursionar en el exterior - interior del hombre; mirarse sutilmente como otro, en el ardiente y velado espejo de la condición humana, legitimando así el título original de este, su libro: “LA PIEL DEL ALMA”.

 

Las grabaciones, herramienta de mi trabajo periodístico, estuvieron interrumpidas, postergadas varias veces, por altibajos de las circunstancias. Congeladas en mi propia alma, sobrevivieron a los trasiegos de mudanzas de domicilio, a las presencias y ausencias de un Darío, cosmopolita y viajero internacional, y a los silencios enormes y ásperos subsiguientes a la muerte de su padre. Por lo demás, un periodista cultural obra generalmente como antólogo: elige, o recupera del texto verbal, lo que prefiere o considere imprescindible. Pero para mí, en éste caso, fue sólo cuestión de echar a andar la grabadora, y atizando apenas un poco, dar plena autonomía de vuelo, a éste viajero de un ámbito que le pertenecía por derecho propio, como me pasó con Obregón, ese otro interlocutor fascinante, infinito... y creo que este recuerdo fue también, el que me llevó a sentir, tanto gusto frente a éste pintor joven, de las últimas promociones, reputado internacionalmente, pero que, en postura de hombre auténtico y sin vestir de “esmoquin” sus palabras, nos revelan, finalmente, que su único método de composición, es exponer el alma, - la propia y única alma – a sus espléndidas cosmovisiones...

 

Fausto Panesso

 

 

 

A

Abstracción

 

¿Sabes cuantos ríos de tinta han corrido en la discusión entre figuración y abstracción? Toda buena pintura figurativa es una abstracción de lo que la retina ve y el cerebro intuye, porque se construye un cuadro abstracto de planos de color, volúmenes y formas. Hay que meditar cada línea, cada contorno, cada tono, seleccionar lo importante y desechar lo superfluo. No soy realista ni me interesan las vinculaciones a escuelas e ismos, pero podría afirmar que soy abstracto pues luego de componer el espacio con masas amorfas, cada pincelada es la abstracción de la forma y la síntesis de un pensamiento sobre el objeto. Al final creemos ver la ilusión de una figura tridimensional, pero no es más que la suma de unas pinceladas sobre una superficie plana.

 

La disyuntiva actual estaría dada entre pintura vs no pintura. La pintura, en cualquiera de sus formas, es la que tiene poca cabida en los grandes eventos del arte. Habría que defender el derecho a la pintura. Derecho a hacerla, disfrutarla, exhibirla como nuestro tiempo vertiginoso.

 

Amor

 

Recuerdo una frase de Dalí, aunque seguramente es una variación al citarla de memoria: “joven pintor recuerda que tu matrimonio es con la Pintura y la mujer que se acerque a ti sólo podrá ocupar el puesto de una amante”. ¡Triste y Contundente! No hay nada qué hacer.

 

Cuánto dolor le cuesta a los que nos aman ese matrimonio con la pintura. Cuánta soledad.

 

Artesanía

 

Hay quienes dicen que la pintura figurativa es asunto del pasado, que cual quiera puede pintar bien a punta de paciencia y trabajo artesanal, que es una manualidad sin sentido en una época donde lo que importa es el concepto. Pero si me preguntas porqué hay que incluir la palabra artesanía y no la palabra arte en este diccionario es porque el arte contemporáneo navega en el punto débil entre la artesanía y la producción industrial. Por un lado están los que tejen, bordan, o llenan de letritas grandes telas, los que hacen filas y filas de palitos de colores, los que recortan y pegan papelitos para volver a hacer la cara de Marilyn o el personaje de moda, los que calcan un dibujo impreso y lo rellenan con colores numerados cuidando de no salirse del margen, lo que reproducen las pinturas famosas cuidadosamente, con materiales cotidianos, un paisaje de Van Gogh con alfileres de colores o una figura de Leonardo con botones. Todos me recuerdan mis días de preescolar cuando hacíamos paisajes con lentejas y macarrones de colores o la imagen de Bolívar con hilitos de lana y colbón. Obras que repiten incansablemente los mismos procesos para llegar a los mismos resultados con leves variaciones, tal cual como lo hacen los artesanos. Por otro lado están los que subcontratan la producción para poder hacerla por miles, argumentando que lo que importa es la idea. Les pagan a los anteriores para que calquen y rellenen con colores numerados lo que bajaron de internet, para que recorten y peguen papelitos, para que alineen filas y filas de palitos de colores o de alas de mariposa, para que hagan la cena de Leonardo con botones, a Caravaggio con estampillas, o a Ingres con chatarra. O también, en su afán de producción industrial contratan fábricas para que corten con láser siguiendo los moldes invariables de algún diseñador o hagan miles de perros en porcelana, cien veces la misma carita en acrílico inyectando intersecciones cromáticas impresas en plotter. Esos por supuesto no son artesanos, pero mucho más que artistas, que es lo que dicen ser, lo que parecen es ¡contratistas!

 

A todos esos genios basta verles hacer una línea para ver si es cierto que cualquiera puede pintar bien.

 

 

B

Basura

 

Personalmente disfruto buena parte del arte contemporáneo. Soy asiduo visitante de ferias y bienales, he participado en muchas ferias internacionales. ¡Me entretiene! Encuentro facilismo y basura en él... de la misma manera encuentro toneladas de pintura mala por todas partes. Muchas vidas, mucho tiempo y muchos materiales le cuesta a la humanidad lograr hacer una obra que realmente valga la pena. La gran mayoría de lo que hacemos en el mundo del arte es basura y si no fuera por esos grandes mausoleos que son los museos, por los grandes coleccionistas que todo lo guardan y por la mala calidad de los materiales que las hacen efímeras, había gigantescos vertederos de arte basura compitiendo por contaminar el planeta con las montañas de ordenadores dañados y de los empaques desechables.

 

Belleza

 

Recuerdo que hace unos años en la presentación de mi exposición en el Museo de Arte Moderno de Cuenca, un crítico ecuatoriano llamado Carlos Rojas dijo que mi pintura preguntaba si era válido volver a mirar a la belleza y que lo hacía meditar sobre ese tema. Al terminar el discurso lo abordé para decirle que no me interesaba ninguna búsqueda de belleza. Ahora entiendo que la belleza es una palabra que ha atormentado a los artistas. ¿Acaso existe? Unos se han sacrificado buscándola por todos los medios, la han cortejado para que se digne entrar al taller del artista, y otros la han sacado a escobazos repudiándola. ¡Ahora importa más la anti belleza! La belleza fue un conflicto dentro del arte, un paradigma, una lucha de opuestos y un estereotipo; mi posición es que no hay que buscarla pero tampoco hay que echarla a escobazos para definirla en su negación. Mejor: hay que ignorarla, un poco, gentil y elegantemente, como si fuera un huésped cualquiera que alguien ha alojado en tu casa gozando su libertad para entrar y salir. Y así, digamos que la belleza está y no está, ella posee pero no se deja poseer. La belleza es fugaz, esquiva, breve… hasta parece de mal gusto mirarla y tratar de cogerla, solo produce arte kitsch. Por eso el artista debería borrar de su diccionario personal esa palabra. Para encontrar la belleza no hay que pensar en ella.

 

Es la franqueza de esa mano que elige ese color y pone esa pincelada justo ahí, y no en otro sitio la que produce una enorme belleza en la pintura. Es lo difícil que parece fácil...

(Colombia, 1968).

Artista autodidacto

neo-realista, pintor, dibujante, grabador, investigador, analista, escritor.

Su primera exposición individual la realizó a los dieciocho años.

No tuvo la desgracia de estudiar en las universidades

colombianas cuando éstas se convirtieron en un cadáver insepulto a la intemperie rociado con el fuego de

teóricos conductistas, cotorras parlanchinas, que repetían, hasta el cansancio, los conceptos de Duchamp y Joseph Beuys, pero sin aportaciones personales ni espiritualidades propias, lo que trajo como consecuencia la aparición de una generación de

artistas sin nombre paridos en los estertores de la vacuidad.

Antes, otras guacamayas repetían, como loras, que los pintores que narraban historias

debían dedicarse a la literatura. Puras apropiaciones indignas de un continente pletórico de mitologías particulares que parió genios como Débora Arango, Augusto Rivera, Alejandro Obregón y Fernando Botero.

Ha publicado varios libros de ensayos.

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