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COLABORADORES / DANIEL OMAR BEGHA

 ReVista OjOs.com     JUNIO DE 2016

Daniel Omar Begha, Natalia Berbelagua

SOPA DE LETRAS

 

“Sopa de Letras” es una sección que dedicare a la presentación de las letras de escritores, poetas, dramaturgos y ensayistas, cuya obra es de interés, pero carece de la difusión que merece.

 

Una generación de noveles escritores que en la búsqueda de su desarrollo creativo literario ingresan a universidades a carreras como literatura o escritura creativa y periodismo en búsqueda de herramientas que le permite estructurar y acercase mejor a sus relatos. Conjuntamente con eso buscando herramientas para la lectura y análisis de la estructuras narrativas de los autores clásicos y de aquellos relevantes de la expresión literaria contemporánea. El dominio de estructuras, es notorio en algunos generando sus propios estilos y formas de relato. Muchos de estos noveles autores han dejado su profesión de origen para dedicarse a la escritura o fungir como editores o revisores de proyecto en editoriales, o bien incursionando en otros formatos de la escritura creativa, como es el guion audiovisual. Junto con indagar en formatos y estilo también se allegan a la investigación en nuevos mundos donde se mueven sus personajes.

 

Tal vez una de las características más notoria de esta generación es la transgresión, y no solo a los cánones literarios, sino también al perfil de relatos, de sus historias y personajes, los cuales son ajenos a lo que la industria editorial considera políticamente correcto. En sus textos encontramos relatos perturbadores y perversos, personajes socialmente confusos. La idea de la urbe salvaje o selva de cemento con todas sus perversiones transgresiones y odiosidades que permiten sobrevivir al individuos en ella, es el eje narrativo de muchas historias de estos autores. Ellos son escritores que hablan desde el cotidiano, desde su día a día de sus experiencias e inexperiencias del vivir en el aparato circulatorio de la urbe, donde el sexo o la sexualidad es un gancho argumental común a esta generación. Lenguajes simples directos y someros, parcos en palabras

pero nunca en sentido, más visual que introspectivo, la construcción de imágenes mentales como recurso narrativo central, lo cual no es raro para esta generación donde el lenguaje de las imágenes es su lenguaje nativo.

 

Otra característica generacional es que entre el escritor y la obra no hay separación, al final aún en la ficción más aparatosa se está igual, se muestran las obsesiones, las debilidades, todos los demonios internos.

 

A diferencia de los artistas visuales contemporáneos, quienes declaran que no les interesa el público, para esta generación de escritores, el lector es fundamental. Escriben pensando en que un otro les va a leer, además son grandes lectores, y admiran a sus referentes. En nuestro país, Chile, hay una generación especial de jóvenes escritoras que se descubren a las letras de Cecilia Casanova, Emily Dickinson, Juana Bignozzi, y se nutren de ellas, entre ellas "Reynos" (Romina Reyes) o "Joven y Alocada" (Camila Gutiérrez), y Natalia Berbelagua, quien presentamos hoy.

 

NATALIA BERBELAGUA PASTENE nace en Santiago en 1985. Ha publicado los libros de cuentos Valporno (2011), La Bella Muerte (2013) por Editorial Emergencia Narrativa y la novela autobiográfica Domingo (2015) por Libros Tadeys. Algunas de las antologías en las que ha participado: Cl Fronteras de Ediciones Universidad Alberto Hurtado coeditada en México por Universidad Iberoamericana. En We rock, ocho historias rápidas y pesadas de Ediciones B, en Escritura y Visualidad hacia un diálogo interartístico entre Chile y Ecuador de Ediciones Altazor, en la antología personal en El arte de la sonrisa, Miami. Actualmente se apronta a publicar su obra reunida Afección a la ruina por Libros del Pez Espiral y la traducción al italiano de Valporno por Edicola Ediciones.

 

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

(Extracto del cuento 10 amantes)

 

¿Se puede categorizar a los amantes? Fue mi tío, el que sin querer me lo propuso. Murió mi padre y heredé los recuerdos de los dos. En una caja, entre artículos médicos y deportivos venía una libreta café con los nombres de todas sus mujeres, la fecha de la relación y alguna descripción que señalaba la importancia del vínculo, también algunos rasgos físicos distintivos como color de pelo, ojos, piel, contextura física. Dentro de las posibles razones, me imagino que debe haber estado la de imputación de paternidad, más allá de los siete que ya tenía pasados por la libreta. Me puse a pensar en mis propios amantes. En la cantidad de páginas que tendría mi propia libreta, a quienes haría evidente como si fuese un premio y a quienes dejaría afuera por venganza. Es evidente que hay muchos de ellos a los que quisiera olvidar, en los que me desgasté anímicamente, porque hay amantes que tienen el alma podrida y terminan arrastrándote, gente de una energía gris que queda deambulando en el cuerpo.

 

Hay uno de ellos que nunca conseguí olvidar porque la historia es cruel desde el sexo a las promesas de amor, que estaban cargadas de palabras destructivas. Aun recuerdo una carta que me escribió:

 

"Quiero impregnar tu cuerpo de insectos, de las larvas más oscuras y pecaminosas que existan".

 

También una tarjeta que venía en medio de una corona de flores que me regaló para un aniversario.

 

"Tu muerta, yo muerto. Los pétalos del deceso que corté de tu flor de cementerio. Felices 10 meses".

 

El tono de sus mensajes, que si bien era poético, traía consigo una densidad que me desarmaba.

 

Nunca entendí por qué usaba guayabera, si nunca tuvo ni un tono festivo ni menos playero, si todo lo que hacía era hablar de muerte y enfermedades, de torturarme con la posibilidad de que él y yo muriéramos por descuido, accidente o algún virus mortal. No pude evitar recordarlo con el brote de Ébola. Él mismo se hizo notar, con una de sus cartas terribles. "Al fin llegó lo que tantas veces te dije. Esa enfermedad brutal donde terminarán sangrándote los ojos". Hace tiempo que no sabía de él. Lo recordaba en contadas ocasiones, su nombre estaba siempre asociado al dolor. Había hombres que me causaban daño durante el sexo, y ahí aparecía su cara, que había reemplazado a la de mi madre, esa cara que flotaba en una nube sobre mi cabeza y que me decía que no perdiera la virginidad. Ahí estaba la suya, queriendo decirme "Te lo dije, perra".

 

Era moralmente muy incorrecto. Decía una gran cantidad de cosas desubicadas. Ya me había cansado de darle explicaciones a todo el mundo, así que cuando se mandaba uno de sus números clásicos yo prefería irme y que él mismo se las arreglará. Cuando nos conocimos debí haberle hecho caso. "Soy el ángel exterminador, pinta la puerta de tu casa con sangre para que no pase esta noche".

 

Yo, ignorante de que se trataba de un aviso, me reí y lo encontré original. Si pudiera volver al pasado para cambiar de ruta el día en que lo conocí, no dudaría, ni siquiera lo miraría directamente. Sus ojos eran muy penetrantes, si no te convencía con sus palabras lo hacía con esa mirada de serpiente que te dejaba temblando.

 

Esos ojos me despertaban pasadas las tres de la mañana y me alumbraban como dos focos de interrogatorio mientras dormía. No podía adivinar lo que estaba pensando, ni menos por qué esperaba que me durmiera para intentar tomarme. Más de alguna vez se me pasó por la mente que su fantasía era la necrofilia. Recuerdo cuando me vio leyendo aquel libro. El del hombre que saltaba las paredes del cementerio para tener sexo con cadáveres recién enterrados, y cómo después de usarlos los lanzaba al río. Su fascinación por leerlo. Esa noche me pidió que me pusiera una bata y que me introdujera con ella boca abajo en la tina. En un amante sórdido las posibilidades son infinitas, y no solo agradables, si no también perturbadoras. Recuerdo sus ganas repetitivas de que orinara sobre su cuello.

 

Todo fue más o menos rápido y en menos de una semana en que se declaró el virus ya lo tenía instalado en la puerta garabateando una vieja versión del libro de Oquendo de Amat. Escribió encima con un dedo que tenía destrozado por culpa de un martillazo: "Despedacé a esta mujer como quien pela una fruta". Aprovechando el dolor fue y pintó la pared del baño con la frase: “Te amo querida mía”. Me cansé en siete días de ver sus mensajes escritos con la herida, su sangre ya no tenía solemnidad alguna. Me dio el libro como regalo. Fui al refrigerador para sacar una lata de cerveza. En menos de un minuto ya estaba detrás mío tirándome del pelo y rajándome los calzones. No me preguntó nada, yo tampoco le dije nada. No pasó nada convencional. Tampoco emitimos ningún sonido. El desgarro fue por dentro, y dolió mucho.

 

Soy lo que llaman una mujer atípica. Soy de las que legitiman la violencia en espacios convenidos. Soy la que convirtió al ángel exterminador en un tipo que pasea a un perro en los pastos del único parque de la ciudad. Sé que solo conmigo aflora ese sujeto que tiene adentro suyo golpeándole la puerta, la que despierta en su sexo las ganas de convertirse en un personaje. Sé que las convulsiones de su pelvis van a un ritmo distinto que el de su pecho. En un último gesto de amor desnudé su pene y lo dejé recto sobre la mesa, lo amarré con una pita en tres partes como si fuera una malaya. Iba estrechando los nudos con mayor fuerza, la sangre estancada lo hacía latir. Fui por una salsa de tomates. Le desaté los nudos con el filo del cuchillo más peligroso que tenía. A ratos el filo tocaba la carne y el ángel exterminador lanzaba gruesos alaridos. Escribí en la pared de la cocina: «Despedace a este hombre hasta que se vuelva alguien irreconocible».

Daniel Omar Begha

(Chile). Estudió en la Universidad ARCIS, de Arte y Ciencias Sociales, humanidades y educación. Presidente de la Corporación Cultural Increpa que realiza los Festivales de Arte Erótico en Santiago de Chile con la complicidad del psiquiatra y poeta Jaime Arenas y el teatrero y grabador Guillermo Pallacán. Personaje insólito, artista multidimensional y multidisciplinario, tiene más doctorados que los que ha podido comprar cualquier popólítico. Trabajó en la Televisión Nacional de Chile. “Hay vinos que se dejan beber y dejan buen sabor de boca. Hay mujeres que se dejan mirar, ellas te provocan insomnio perenne”.

Natalia Berbelagua Pastene

El ángel exterminador

El ángel exterminador

 

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