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COLABORADORES / DANIEL OMAR BEGHA

 ReVista OjOs.com      DICIEMBRE  DE 2015

¿ANDA EN MALOS PASOS EL ARTE CONTEMPORÁNEO? O, COMO LA ETICA DEL

“INBUNCHISMO ESPERPÉNTICO” HA

DESALOJADO LA ESTÉTICA CREACIONAL

 

 

“El fin no puede justificar los medios. Por la simple y obvia razón

de que los medios empleados determinan

la naturaleza de los fines producidos”.

 Aldous Huxley

 

 

 

En las 7 últimas décadas, los contenidos de los discursos del arte contemporáneo, al igual que los de la literatura, han derivado desde el escepticismo como método, a un escepticismo militante como recurso de acción creativa, transmutando así la expresión creativa en “discursos contendientes”.

 

De seguro estaremos conteste, con el siguiente enunciado: “La realidad cotidiana, el mundo de la vida, ya es grotesco en sus bondades y mezquindades como para que el arte, en su actuar expresivo, le agregue una distorsión más que la repique aquella realidad y la transforme en una representación de un imaginario onírico, febril, lisérgico -y la mas de veces antojadizo, como sucede en la mayoría de los casos-, quedando convertidos en estructuras discursivas análogas al imaginario fantástico de la narrativa de los Hermanos Grimm en el 1700”.

 

Algo que se podría considerar como inusitado, se trasforma en lo cotidiano en tanto la Carencia de reflexión previa a la creación lleva a buscar la forma de expresión que tenga el mayor impacto, pero con el menor contenido y creatividad, y ojala explote el morbo público. Algo tan propio del sujeto humano, tanto más cuando el sufriente es otro y no él en sí mismo.

 

¿Cabe entonces decir que el arte contemporáneo peca de solipsismo y comodidad? Esta ética de acción que, en algunos casos, excluye y substituye a la estética, no es casual, más bien obedece o es consecuencia de un referente, de un paradigma, de un ethos que viene, manteniéndose larvadamente desde finales del siglo 19, y que finalmente aflora a mitad del pasado siglo como consecuencia de inminentes cambios políticos sociales.

 

Es así como, el arte postmoderno contemporáneo nos pone frente a un arte que inextricablemente ha sustituido la obra por el concepto; nos enfrenta a un arte que se ha distanciado del mundo que lo rodea; a un arte que ha convertido al creador, en artistas con oficina, representante, asesor de comunicaciones y manager; vale decir, en un artista devenido en funcionario de la transgresión con aire de revolucionario, pero siendo precisamente todo aquello que odiaba: una elite, una clase “acomodada” y “burguesa” con todos sus vicios - y pocas de sus virtudes-, en la forma y en el fondo.

 

En efecto: de ese tan comentado gesto con el cual, en 1917, en el 33 Oeste de la Calle 67 de Nueva York, Marcel Duchamp rompiera con los rigores y convencionalismos vigente hasta entonces en el mundo del arte, en la actualidad ya queda poco, contrariamente, con sus prosélitos, ha alcanzado condición análoga a la de una vespasiana de mercado público o bar de mala muerte -cabe acotar que en estos últimos es posible encontrar en sus paredes legitima expresión artística, de más valor que la expuesta en las galerías y museos-. Gesto que a casi diez décadas ya ha perdido todo su valor. Si bien aún permanece el mérito para Duchamp de haberse atrevido asestar un duro golpe en las gónadas de sus contemporáneos “bienpensantes”, hoy, sin embargo, caben en el mundo de la creación y expresión artística, algunos entresijos a considerar: ¿quién se escandaliza por el arte? ¿A quién le importa el arte?, al parecer solo aquellos que van por la vida de “fondartistas” 1.

 

Tal es el caso, por ejemplo, de Demian Hirst, reconocido artista visual posmoderno, creador de vacas despostadas, o calaveras de diamantes para museos y galerías. Su estudio -¿usina o fábrica? maneja una nómina de 120 asistentes-, es el epítome de un arte que no sólo no mira la realidad, ni siquiera la ve, porque llanamente no le importa, lo que importa es producir y vender. Aunque sea en las estanterías de una tienda de retail de algún mall como las gordas cerámicas funcionales de Marcelo Wong o las trasvertidas de Nadin Ospina, o las eclécticas instalaciones performáticas e imágenes de Francisco “papas fritas”, así como también los eróticos imbunches de Bárbara Gianinna Ardiles Parada. En relación a este propósito, cabe hacer aquí mencionar la presente observación critica que hiciera Edgard Docx en Prospect, “los modernistas como Picasso o Cézanne se concentraron en el diseño, la maestría, la unicidad, lo extraordinario, mientras los posmodernos como Andy Warhol se concentraron en la mezcla, la oportunidad y la repetición”. En buenas palabras: ¿optar por el “Taylorismo”, el “Fordismo”, el “Toyotismo” como sistema de producción en línea?, ¿privilegiar la producción seriada masiva y redundante, de poca inversión creativa y gran rentabilidad económica, pero carente de toda reflexión crítica, es válida como propuesta creacional artística?

 

A riesgo de ser Majadero y contumaz, un “sano escepticismo” nos permite examinar, buscar, contrastar las expresiones contemporáneas del arte posmoderno -por cierto considerando la “falibilidad” en las consideraciones-, y decir que en ella se vislumbra un violento abandono de la profundidad y un desatado culto a la apariencia. Giro que acaba convirtiendo la obra de arte en producto de consumo. “Y en ausencia de criterios estéticos, cada vez se ha impuesto más el estimar el valor de las obras en relación a su precio”, finiquita Docx en el referido artículo, desentrañando una igualdad -en cuanto enunciado de falsabilidad- que el susodicho Hirst llevó -en cuanto entidad-, a la categoría de arte.

 

Pero -con perdón de los presentes mencionados-, a mi parecer hay una ostensible dicotomía objetual y conceptual al poner en cercanía el término “Arte” y el denominativo objetual “expresión creativa”, al calificar las manifestaciones formales del “arte y la cultura” contemporánea. Tanto más cuando el arte contemporáneo posmoderno, al parecer, anda en malos pasos. Aunque debo reconocer y considerar que el posmodernismo, decretado en 1979 por Jean-François Lyotard, impone un dogma que propone una inferencia fundamental:

 

“Todo es arte”, hay que romper con los cánones, los criterios, las convenciones, cabe y valido también considerar, parafraseando a Daniel Mendelsohn, “un templo griego y un McDonald’s no pueden estar a la misma altura” o, ¿será que el posmodernismo valida el sofisma inserto en el Paradigma Shrek 2, que enuncia:

 

“no importa la belleza lo que importa es construir un mundo ‘bonito’”?

 

Cada vez que nos enfrentamos a una muestra de este “arte posmoderno”, indefectiblemente tenemos que lidiar con las subjetividades narcisistas y traumas psicológicos, ideológicos, económicos, incorporada a la afasia y dislalia de lenguaje artístico y sociales de los creadores que son expuestos en algunas galerías o museos.

 

Los seres humanos propendemos a las experiencias vicarias cuando se trata de representarnos a sí mismos.

 

Cuando uno le pone un espejo a gente esta se niega mirase en el por qué se le obliga a reconocerse en su monstruosidad; de ahí que se tiende a deformar la realidad porque esa realidad la construimos nosotros mismos, y al transfigurarla nos distanciamos de esa culpa y responsabilidad. En este culto a la apariencia trasfigurada no cabe eso de “no solo serlo sino parecerlo” que manifestara el Divino Cayo Julio César, de ahí que para representar esa “visión de realidad” apostemos a aquella riqueza representativa que suministra cierta connivencia entre el esperpento y el inbunche.

 

Optar por una técnica expresiva estructurada en las conceptualidades derivadas de este “imbunchísmo esperpéntico” trasvertido, rayano en el grotesco, con rasgos de humor negro y spleen de Monthy Paython. O sea: deforme y contrahecho que excluye la noción de belleza o jovialidad, optando por un feísmo flagelante. Y no hablo de esa discursividad barroquista del Kitsch, ni de esa recargada estética travestida (¿o transformista?) de visualidad Drag Queen, ya que ambas apuntan a niveles máximos de perfección y corrección con acuerdo a sus propios cánones, los que, por cierto, dentro de los excesos expresivos, son bastante rigurosos. Sino de cualquiera de las demagogias artístico culturales contingentes y de modas que se proponen como estéticas “bizarras” que caben de ubicarse en el área de lo esperpéntico, esta propuesta estética ibérica, que a cien años de su aparición sigue más que vigente y en boga. Pero este síndrome no solo es propio de las artes visuales, el video y la instalación, por cierto, ocurre lo propio con la perfomance y el teatro - sobre lo cual ya trate en un anterior artículo- así como también participa de él la literatura, la música y la danza; vale decir todas las manifestaciones expresivas, y si bien éste e hace más notorio en las artes visuales, ello más bien se debe, a que las artes visuales, habitan espacios dedicados al arte como galerías o museos, los cuales adquieren con esas obras el nivel de bodegas de trebejos.

 

 Ahora bien, cabe hacer una distinción genérica e de higiene conceptual y de términos, una cosa es el “imbunchismo esperperpentico” y otra muy disímil es esa peculiar y ecléctica expresión de sentido, carente de todo sensible dominante que es rayana en el “Grotesco” 3 que conforma las expresiones de la “realidad” a las que nos tiene acostumbrado el arte contemporáneo en su vertiente posmoderna (A mayor abundamiento probatorio, ajunto testimonio de ello en el collage que da cuenta de este peculiar léxico) Pero a que me refiero al usar estos términos denominativos para referirme a la obra de esta peculiar expresión de sentido.

 

En la presente perorata -que amerita de ser clasificada como apofántica según la taxonomía aristotélica filosófica, pero a decir verdad solo es un apunte que intenta hacerse cargo del envés de las cosas, ya que para ello hemos venido hasta aquí-, intentaremos abordar ciertas tensiones y desplazamientos en los estatutos de lo cotidiano viviente, entendidos como ordenamientos epistemológicos que han modulado el arte y la literatura, así como su recepción desde los comienzos del siglo XX hasta el presente. Confiamos, someramente, en identificar tránsitos, divergencias y ensamblajes entre distintos medios y entre nuevas fronteras de la subjetividad.

 

Deseamos, indagar acerca de la inestabilidad de las nociones de pertenencia, humanidad, itinerancia, abriéndolas hacia sus bordes y salidas radicales, como las que se visibilizan en lo esperpéntico y en el imbuchismo presente en el arte y la cultura reciente. Allego al esperpento el inbunche, pues en ello cabe una pertinencia en tanto existe ente ambos una connivencia cuando de expresión creativa se trata y en cuanto este -el imbunchismo atávico que domina la cultura e identidad nacional-, se ha instalado como una dominante expresión de sentido y modo de vida en los chilenos, lo cual se manifiesta en forma evidente y palmaria en la totalidad de la expresión artística. En razón de ello cabe aquí hablar de un “imbunchismo esperpéntico”, como hibrido propio de la postmodernidad.

 

   ¿Pero de qué estaremos hablando cuando digo “esperpentismo”?, La RAE dice: Esperpento.

 

   (De or. inc.).

 

   1. m. Hecho grotesco o desatinado.

 

   2. m. Género literario creado por Ra  món del Valle-Inclán, escritor español de la generación del 98, en el que

   se deforma la realidad, recargando sus rasgos grotescos, sometiendo a una elaboración muy personal el

   lenguaje coloquial y desgarrado.

 

   3. m. coloq. Persona o cosa notable por su fealdad, desaliño o mala traza.

 

Rápidamente, sin necesidad de tener un un ojo aguzado y crítico, un espectador- lector avisado puede caer en la cuenta de que, basta una revisión somera y rápida a las expresiones artísticas y culturales que deambulan por la escena nacional, para colegir que en su carácter hay un gran dominio del esperpentismo, distinguido y creado por Valle Inclán en los 98 decimonónicos con el que tan magníficamente aportara a la literatura y el teatro de su época. El cual se expresa en su condición de determinación textual, “en el que se deforma sistemáticamente la realidad, recargando sus rasgos grotescos y absurdos, a la vez que se degradan los valores literarios consagrados; para ello se dignifica artísticamente un lenguaje coloquial y desgarrado, en el que abundan expresiones cínicas y jergales”, como define y acota la RAE. Deformación de la realidad que bien puede ser divertida, o bien, fungir como un espejo social, una crítica, una deformación exagerada de la realidad que lo único que hace es devolver, en su naturaleza, la verdadera imagen de lo que enfrenta este espejo.

 

Cabe hacer notar que la denominada “deformación grotesca de la realidad”, que Valle-Inclán utiliza en su teatro, está al servicio de una implícita intención crítica de la sociedad española de su época; pero el término ha sido extrapolado a otras épocas y otros lugares y junto con ello una estética y una ética discursiva. De ahí que el “esperpentizar” la realidad, para de ello construir un discurso crítico, se ha convertido en el recurso creativo más prolífico para encarar la cotidianidad. Así se logra observar en muchos países de Latinoamérica; pero, en la escena nacional, más bien concierne hablar de un imbunchismo esperpéntico, o sea de un hibrido tan válido y tan propio de la postmodernidad 4.

 

¿Cuál sería la razón, motivo o circunstancia que llevan a sumergirme en la dilucidación de los elementos que participan en esta problemática? Simple: “praxis vivendi”. Durante los últimos cinco años he tenido la oportunidad de ver, ser editor, curador, jurado, evaluador, asesor de proyectos, investigador y académico de todo tipo de disciplinas y expresiones artísticas culturales nacionales y de países aledaños, de ahí mi consideración y aseveración de la obcecada y contumaz presencia de la determinación de la estética y ética del “esperpentismo imbuchista” en la obra y la creación. Al apreciar los primeros rasgos, los primeros visos, me puse alerta e inicie la labor investigativa analítica, para inquirir de donde y hacia donde derivara esta propuesta que actúa como un espejo que representa, deformada, la realidad.

 

Lo primero que se evidencia es que el inbuschismo se manifiesta en la forma o estructura, lo esperpéntico en el fondo o contenido discursivo y, que ambos están concernidos en la estructuración de cualquier proposición de sentido que intente, en la escena artística actual, representar la “realidad”.

 

   Que podemos entender por imbunche, la RAE nos aporta la siguiente definición:

 

   Imbunche.

 

   (Voz mapuche).

 

   (l invunche o imbunche1 (del mapu  dungun ifünche: “persona deforme”).

 

   1. m. Chile. En la tradición popular, ser maléfico, deforme y contrahecho, que lleva la cara vuelta hacia la

   espalda y anda sobre una pierna por tener la otra pegada a la nuca. Se creía que los brujos robaban a los

   niños y les obstruían todos los agujeros naturales del cuerpo y los convertían en imbunches, cuya misión era

   guardar los tesoros escondidos.

 

   2. m. Chile. En la tradición popular, brujo o ser maléfico que hacía tal maleficio a los niños.

 

   3. m. Chile. Maleficio, hechicería.

 

Dicho lo anterior, podemos definir, por extrapolación simbólica, como “inbunche”, a ese objeto o figura contrahecha, resultado de un sortilegio o embeleso, cuyas formas inusuales son portadoras de un desconocido contenido en su interior. Vale decir, el “inbuschismo” se manifiesta en las formas o estructuras que se expresan simbólicamente, lo esperpéntico en el fondo o contenidos discursivos o significantes. Ambos están concernidos en la estructuración de cualquier proposición de sentido de la escena artística actual que intente representar “Realidad”.

 

Con todo, y en esto también creo que estaremos conteste, cabe aceptar el que ya la realidad es lo suficiente aberrante en razón de su propia contingencia y razón de ser, como para que valga la necesidad de reflejarla en un espejo distorsionado y construir de ello una re- presentación que no trae consigo propuesta alguna y, las más de la veces, tampoco una visión crítica, puesto que la mirada también es filtrada por la deformidad de la imagen que se ve reflejada 5.

 

Dicho lo anterior, y a mayor abundamiento para entender este brete, recurro a una “obiter dictun”: Es extraño el que estas formas expresivas tienen gran acogida en el primer mundo, a partir de ese hecho cabe preguntarse, si ello es deriva de los sentimientos de culpa que pueden tener por ese capitalismo colonialista y expoliador, por la imposición de la modernidad a sangre y fuego de estos territorios. Aunque ya es bien sabido que el capitalismo tiene por estrategia de inculturación y dominio, aceptar todo para convertirlo en parte de su ideología.

 

Ciertamente todo este imbricado marasmo no es otra cosa que las consecuencias de la carencia de un capital simbólico propio y autentico, que pueda fungir como acervo inspirador en el proceso creativo de esta pléyade de artistas posmodernos. Fiel a este imperio, los creadores seducidos, subyugados y abducidos, por la dorada oferta de la fama y el dinero, inteligente y perpicazmente, articulan el problema ideológico que supone el lugar de enunciación, para el caso: galerías y museos convertidos en templos del “show business and entertainment”. De ahí que muchos curadores de estos establecimientos del “establishment” artístico-cultural - con particular sagacidad y elocuencia-, ya piden a los noveles creadores que se pongan “al servicio de la necesidad y alcancen el reto de la belleza”. Ambas condiciones determinantes del arte desde la primera implantación de una mano con pigmento en la roca de una caverna del paleolítico superior. Utilidad y estética. Es hora de acabar con el ensimismado “ombligismo” narcisista, y volver a la realidad, la que, a razón de los acontecimientos, se presenta más enmarañada y viscosa que las alucinaciones de la ensoñación creativa.

 

Dicho y visto lo anterior, en tanto consideraciones contextuales dicotómicas, podemos concluir qué no cabe duda que, de ahora en más, al parecer esa será la Imagen, símbolo y relato, de la “realidad” o “state of the art” de la creación posmoderna. En otras palabras y a manera de diagnóstico final, podemos decir que el arte no goza de buen semblante.

 

1 La denominación de “fondartista” refiere a toda esa cáfila de creadores del arte que desarrollan su actividad en función de fondos recibidos, especialmente becas públicas y estatales (tampoco desprecian las privadas no importando su origen) sin la cuales no desarrollan actividad alguna.

2 Película de animación digital producida por DreamWorks Animation y Pacific Data Images. Dirigida por Andrew Adamson y Vicky Jenson y basada en la historia ¡Shrek! de William Steig, presentada en la selección oficial de 2001.

3 Grutesco, termino derivado del termino italiano grottesco ( grotta =”gruta”), el cual deriva de la decoración de las “cuevas” descubiertas en la Roma del siglo XV y que posteriormente se ha adjudicado a la decoración del palacio Domus Aurea que tras construyera incendio del año 64, Nerón hiciera construir. Las que fueron utilizadas profusamente en el arte Renacentista y de ahí se difunden a toda Europa. Esta consiste en la combinación de elementos vegetales (“follajes”, guirnaldas), vasijas, cornucopias, panoplias, figuras humanas y teriomórficas (serpientes, centauros, sátiros, putti), animales fantásticos y seres mitológicos (“sabandijas”, “quimeras”), mascarones, bucráneos, etc., las cuales se relacionan de manera caprichosa y rellenan de forma profusa el espacio (horror vacui) en composiciones simétricas. Su carácter extravagante, definía a sus motivos como ridículos, chabacanos, vulgares o absurdos, lo cual lleva a la extensión del término grotesco como sinónimo de tales adjetivaciones, incluso de lo irregular, grosero y de mal gusto. Según la RAE:

Grotesco, ca. (Del it. grottesco, der. de grotta, gruta).

1. adj. Ridículo y extravagante.

2. adj. Irregular, grosero y de mal gusto.

3. adj. Perteneciente o relativo a la gruta artificial.

4. adj. Arq. y Pint. grutesco (‖ dicho del adorno). U. t. c. s. m.

4 Cabe hacer notar que Latinoamérica cae en la post-modernidad tras un intento de modernidad inconcluso e inacabado que se iniciara en 1492.

5 Anoto que con lo dicho no intento, de ninguna manera, deslegitimar la propuesta Valleinclaniana.

Daniel Omar Begha

(Chile). Estudió en la Universidad ARCIS, de Arte y Ciencias Sociales, humanidades y educación. Presidente de la Corporación Cultural Increpa que realiza los Festivales de Arte Erótico en Santiago de Chile con la complicidad del psiquiatra y poeta Jaime Arenas y el teatrero y grabador Guillermo Pallacán. Personaje insólito, artista multidimensional y multidisciplinario, tiene más doctorados que los que ha podido comprar cualquier popolítico. Trabajó en la Televisión Nacional de Chile. “Hay vinos que se dejan beber y dejan buen sabor de boca. Hay mujeres que se dejan mirar, ellas te provocan insomnio perenne”.

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