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COLABORADORES / DANIEL OMAR BEGHA

 ReVista OjOs.com    AGOSTO  DE 2015

EROS, VOLUNTAD, PROPÓSITO Y REFLEXIÓN (2)

 

Hemos dicho que lo que diferencia a los humanos de los animales es la

posibilidad decir yo.

 

 

2.- Los actos humanos, la reflexión y la elección.

 

“Pues de un cuerpo que puede ver y ser visto, que es al mismo tiempo sentiente y sensible, no puede decirse de manera determinante y absoluta que una determinada mirada ajena lo pueda convertir en puro objeto, pues ya en el propio cuerpo siempre media una conciencia, que puede hacerse explícita por la reflexión, de que ser cuerpo es antes que otra cosa un poder, un «yo puedo». “ Merleau-Ponty.

 

Hemos dicho que lo que diferencia a los humanos de los animales es la posibilidad decir yo. Según Aristóteles, los animales hacen lo que hacen en favor de sus vidas, no conscientemente, sino de hecho; pero para los seres humanos, seres que “reflexionan” y que se preocupan “conscientemente” por tener una vida buena, el fin no es sólo sobrevivir, sino “vivir bien. También hemos dicho que, el hombre apetece el bien porque, como todo ser, obra por un fin que es su bien perfeccionante, bien que le perfecciona de dos maneras: directamente (bien honesto, bien deleitable) o indirectamente, (bien útil). Pero, dicho lo anterior, aún cabe la pregunta ¿Por qué el hombre dirige sus propósitos hacia el bien? Pretendemos contestarla en los siguientes párrafos 8.

 

Como los seres humanos tienen la capacidad de preguntarse por ra razones, frente a una interpelación pueden decir sí o no o preguntarse si el propósito es “bueno” o “mejor” que las alternativas. Reflexionar es precisamente eso, preguntarse por razones. Razones necesarias para fundamentar las respuestas, las decisiones relativas tanto a opiniones como a acciones y, según esté la pregunta dirigida a qué es “verdadero” o qué es “bueno o mejor”, la reflexión será de tipo teórica o de tipo práctica9. En otras palabras, los elementos que determinan la moral, la posibilidad de elegir, voluntad y libertad, están sustentados por la posibilidad de decir “si” o “no”. Al reflexionar acerca de lo que proponen, tomar posición, expresar la voluntad y elegir, los seres humanos dan cuenta de una conciencia de tener opción, de la conciencia de su libertad10 .

 

Aquí cabe distinguir como objeto formal de la reflexión práctica lo bueno/mejor. Al reflexionar en relación a un propósito, quien aspira a algo bueno, tiene la posibilidad de deliberar sobre si lo que se quiere es bueno/mejor, de preguntarse en su reflexión por razones, si éste es bueno o si es mejor que las alternativas. Tan pronto como nos comportamos de modo deliberativo con respecto a nuestros afectos, es preciso preguntar si lo hacemos bien o mal. Gracias a la reflexión, la volición no se deja determinar por una sensación – placer /dolor, (lo agradable/desagradable)-, sino por una representación, la representación de que así está bien o es mejor.

 

 Aunque también sea una sensación lo que llevará a la acción, la diferencia está en que, después de la reflexión, la sensación que se tiene es la que corresponde a pensar que algo es mejor. Con ello también se logra que la voluntad se independice de la acción. Por cuanto, sólo se independiza la voluntad de quienes dicen “yo” cuando algo que ven como bueno los motiva a actuar.

 

En el lenguaje general, esta independencia de la situación en la acción que se logra gracias a la capacidad de relacionarse con lo bueno, la consiguen los términos singulares. Al proponerse algo y al reflexionar, los términos singulares y la relación con lo bueno forman parte de la estructura del lenguaje proporcional. En consecuencia, podemos decir, que la conciencia de lo bueno se fundamenta en la estructura predicativa del lenguaje.

 

“Conciencia de lo bueno”, que también implica tener noción de “lo mejor” que está involucrado en “lo bueno“. De ahí que, como lo afirmara Aristóteles, entre los seres humanos, sean las representaciones de lo que cada uno considera bueno para sí mismo, el medio que hace posible el vínculo entre los individuos en una formación social y que ésta sería la razón por la que la justicia juega un papel en las formaciones sociales.

 

Dadas así las cosas, queda claro entonces que los seres que dicen yo, en uso de su voluntad, para poder liberase en sus voliciones de la dependencia de las situaciones, no sólo necesitan la palabra bueno, sino también la palabra importante. Especialmente cuando se tiene sentido del propio valor, de ser reconocido, de sentirse uno mismo “importante” en relación a los otros. De la preocupación por sí mismo y por lo demás, por la importancia que tienen éstos para mí, surge la interpelación del “yo”, la pregunta moral, que no es ¿Qué tengo que hacer?, sino ¿Que debo hacer? en relación con aquello que además quiero. Cabe decir entonces que, sólo desde la perspectiva “yo” se puede entender la reflexión y los cambios propios del propio pensamiento y de la propia forma de actuar que se produce en virtud de razones. Los que dicen yo pueden reflexionar y actuar en vista a lo bueno. La posibilidad de ser interpelado por mí mismo o por terceros sobre las razones que se han han tenido en cuenta para opinar o hacer algo reside en el “Yo”.

 

Ahora bien, debemos distinguir como una actividad que es un “fin en sí mismo” cuando, esta actividad, no se realiza para obtener algo (vale decir, como medio), por lo que ella es. Contrariamente, cuando nos referimos a “fin último”, nos referimos a algo, a un ser. Al considerar algo como un fin último estamos adquiriendo la preocupación por nuestra existencia y bienestar. Esta preocupación también puede ser extensiva a otros al relacionarme con su vida (seres humanos o animales) como también al relacionarme con la existencia de los objetos. En otras palabras, al reflexionar, la vida se trasforma en un “fin último”. De ahí que tan pronto uno se ponga a reflexionar sobre la propia sobrevivencia, la vida se presente como un campo de posibilidades, de opciones a elegir, donde cada ser que dice “yo” puede manifestar con su “actividad”, su voluntad, es decir, hacer uso de su libertad. Estas opciones pueden constituir acciones positivas o negativas para mi persona, elegir lo que es bueno o mejor, malo o más malo de mis actos.

 

8 Lo yóico, el decir yo, cuando se trata de lo erótico y sensual, nos lleva a una paradoja; ya que las pulsiones yoicas son fanáticas o de muerte de finitud, sin embargo las sexuales o eróticas que son de presente, de continuidad y existencia. Aquí lo yóico manifiesta un conflicto dialectico entre pasado y presente, entre lo que “ha sido” y lo que “está siendo”, entre presente y pasado. 9 De ahí que se de en llamar razones a ciertas proposiciones que nos permiten decir de otras proposiciones que son verdaderas o falsas. 10 La libertad humana se basa en la conciencia de tener opciones, lo cual es consecuencia de lo lingüístico racional

9 De ahí que se de en llamar razones a ciertas proposiciones que nos permiten decir de otras proposiciones que son verdaderas o falsas.

10 La libertad humana se basa en la conciencia de tener opciones, lo cual es consecuencia de lo lingüístico racional

Daniel Omar Begha

(Chile). Estudió en la Universidad ARCIS, de Arte y Ciencias Sociales, humanidades y educación. Presidente de la Corporación Cultural Increpa que realiza los Festivales de Arte Erótico en Santiago de Chile con la complicidad del psiquiatra y poeta Jaime Arenas y el teatrero y grabador Guillermo Pallacán. Personaje insólito, artista multidimensional y multidisciplinario, tiene más doctorados que los que ha podido comprar cualquier popolítico. Trabajó en la Televisión Nacional de Chile. “Hay vinos que se dejan beber y dejan buen sabor de boca. Hay mujeres que se dejan mirar, ellas te provocan insomnio perenne”.

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