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COLABORADORES / DANIEL DE CULLÁ

 ReVista OjOs.com   DICIEMBRE DE 2017

Daniel de Cullá

 

Amor zooflagelado

 

Voy determinado a hacer sexo con una trabajadora sexual con la que he quedado por teléfono en un locutorio de la Plaza de Vega, deseando tener una proporción de los dos sexos normal, la sex-ratio, a sabiendas de que las cosas no son tan simples, pues el sexo queda inmutablemente determinado en el momento de la eyaculación, a veces modificado o invertido durante el transcurso del acto.

 

Estoy en la plaza de Santa María, en la puerta lateral de la Catedral de Burgos. En un edificio de cuatro plantas, y abuhardillado, toco un timbre, que me abre la puerta y subo. La puerta está abierta. La buhardilla es un salón cocina con una cama en medio y, en ella, a cuatro patas, está ella enseñando su potorro.

 

¡Madre mía, veo el ojo de Polifemo en toda su Zoología! Le veo vivo en su forma, su manera de ser, su cavidad, su tela, su corte. Un monstruo con espíritu, pues se mueve. Levanto los ojos, y, por un ventanuco, veo las agujas de la catedral que me parecen clavadas en su cabeza como en un alfiletero.

 

Me estoy aplicando a su Zoología: progenie, caverna, espacio, lugar, ordeño, estafadora; pues le he dejado sesenta Euros en un aparador de la entrada.

 

Ella se llama Eliana, y yo, Oppiano, como aquel escritor famoso por su poema didascálico sobre la caza y la pesca.

 

Su chisme tiene una citología y una histología que me dan asco. Un gran asco. Es un corte orgánico entre las nalgas morfológicas y funcionales de su cuerpo animal. En la Zootomía universal, siempre me ha gustado comparar el sexo de la hembra mujer con el de las cuadrúpedas, y el de la mujer, para mi gusto, sale perdiendo.

 

La Biofísica y Bioquímica del sexo femenino me dan asco, por mucho que les trastornase la mente a los Papas e Inquisidores, como les trastorna hoy a toda la clerecía putera o pedófila, porque a ellos les encantaba y a éstos les encanta. La Religión es una Embriología que desarrolla la Teratología de los organismos anormales, monstruosos, de ahí que Víctor Hugo dijera, en su día, que “los tontos verán a dios”.

 

Antes de penetrarla, advertí que la Psicología animal de su sexo reaccionaba obligada y voluntariamente ante mis estímulos.

 

-Te voy a atravesar hasta besar mi pene el cielo del paladar de tu vagina, en una espelobiología de tu subterráneo hipogeo, le dije.

 

El behaviour de su sexo, que yo advertí muy usado, me desagradó y fue el factor determinante de no penetrarla al instante, y menos besarle. No obstante, su zoología especial, su molusco lleno de gusanos e insectos, así a mí me pareció, hizo que mi reptil de mano diera una orientación completa sobre sus labios y meterle en ella como Pedro por su casa.

 

Yo estaba vivo y ella muerta en el sentido lado de la Biología. Tan grande fue mi capacidad reproductora que los  seres vivos, y solamente ellos, salieron de su agujero y se extendieron sobre su espalda, algunos cayendo sobre sus piernas y cama.

 

En cantidad, primero: Gusanos, insectos moluscos, peces, reptiles, aves. Ella era ave muerta en crecimiento de vida por un proceso de asimilación del penetrante acto.

 

Me dio mucho asco, muchísimo asco el recuperarme por haber penetrado un órgano amputado. Una raja viva que se origina  a expensas de seres vivos machos. Su coño, así me pareció, era como el de los gusanos, los insectos y las anguilas. Yo no quería admitir la tesis de los Inquisidores y Papas que decían que: “el sexo de la mujer nace del barro y que las larvas de las moscas cojoneras se originan de substancias en putrefacción, como el período”.

 

Yo estoy con la generalización del principio de que los seres vivos se originan solamente de otros seres vivos: omnevivum e vivo.

 

Yo no percibí en ella ningún estímulo; no reaccionaba; no presentaba una sensibilidad o irritabilidad, tan sólo un “Venga, ya; termina”. Ella era inmóvil, sedentaria, como las esponjas, los corales. Su Mimosa púbica, no presentaba mayor sensibilidad que algunos cuadrúpedos hembra. No presentaba reacciones evidentes ante mi estímulo externo. Intercambio, nutrición, uno y otra. Sexo y “a pagar, a pagar”.

 

Ella era una planta carnívora, una seta, una planta parásita superior, completamente heterótrofa, que se nutre como los animales, y que olía a demonios, pues según dijo desde abajo, cuando ya habíamos terminado, estaba con el período. Y olía a demonios.

 

Como en la mentalidad biológica de Alcméone de Crotona, el chisme de esta mujer estaba en un estado constante de armonía de los opuestos (seco y húmedo, caliente y frío, etc.). No obstante, me dejó contento, pues me dijo, al levantarnos del lecho:

 

-Tu pene es el primero de todos.

 

Me dejó contento, como digo, al ponerme los pantalones y pensar que había realizado la caza, la pesca y el pastoreo en un solo acto. Habíamos cumplido con el libro de Monises y el Talmud de los hebreos.

 

Estuvimos con Tales, que derivaba todo del agua como principio de la vida; con Anaxímenes, que derivaba todo del aire, y con Heráclito que veía el origen en el fuego. Pis, pedo, orgasmo, en una palabra.

 

Si lo hubiera sabido antes, que estaba con el período, no le hubiera penetrado. Aunque la eché tres polvos en uno gritando jadeante: este por Leucipo, este por Demócrito y este por Empédocles hasta que terminé derrengado, no sin antes haber hecho trizas la teoría seminal de san Agustín y la de santo Tomás.

 

¡Qué asco! su materia viva, ahora, me echaba para atrás. En la observación de su fresco de células vivas y muertas, que ella me dejó observar antes de limpiarle con una esponja y secarle con una rodea de cocina, vi los cuerpos de Golgi, los condriosomas; centrosomas, membrana celular, núcleo; nucléolo; plasmolema adivinada; plastos; estrato citoplasmático cortical; substancias para plásticas; vacuola. Todo, como en el paso de una solución coloidal; sol, gelificación, gel.

 

Adiviné la ingestión por ella de una partícula alimenticia sólida, la mía, vacuola nutritiva en la que se desarrolla el proceso procreador y digestivo, como en la de una ameba polypodia y de Acanthocystisaculeata.

 

El tiempo se alargaba mucho, la dejé mientras se preparaba para el próximo coito, sin que en su carioplasma o culo careto se observaran cambios estructurales particulares; y me fui para lo más centro de Burgos, las Llanas de adentro y de fuera, a tomar unas bravas en cualquier bareto.

 

Salí contento de mis huevos, porque vi que salían de su vagina, cunado eyaculé dentro, espermatozoides que a mí me parecieron de diversos animales, como el Patellapellucida; el Coprisfluviatilis; el Tritón marmoratus; el Chelidonurbica; el Equuscaballus; el Homarusvulgaris; el Astacusfluviatilis; el Parascaris.

 

-¿Volverás?, me pregunté a mí mismo.

 

-Volveré, pues el mochuelo debe salir de la bragueta e ir a su natural nido, me respondí, pinchando la primera brava con un palillo.

Daniel de Cullá

(España, 1945). De origen castellano aragonés. Tras años de pobreza y soledad, muy joven, se fue a estudiar a los Seminarios de Segovia y Madrid.

Más tarde, cuando abandonó

los estudios de Magisterio y Filosofía y Letras viajó a Inglaterra, Países Bajos y Francia donde estudió las lenguas madres de los

países que visitó. En ese periplo trabajó como portero

nocturno en hoteles, tostador de pan y ayudante de  cocinero.

Poeta, escritor, ensayista, pintor y fotógrafo, es miembro

fundador de las revistas literarias Gallotricolor y Flash

Republicano. Su producción y publicaciones se han multiplicado sin cansancio. Figura destacada de la literatura universal, está

considerado como el gran poeta de Castilla. Su poesía es transparente y en ella

brillan ricas imágenes de corte surrealista.

Su tema favorito es el Amor. Su obra Las Bragas del Maromal fue llevada al teatro. Miembro de la Asociación Colegial de Escritores de España.

En la actualidad participa en espectáculos que funden

pintura, poesía, música y teatro.

Dirige la revista de Arte y Cultura ROBESPIERRE.

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