(57) 319 2930843

(57) 318 3269478

COLABORADORES / DANIEL DE CULLÁ

 ReVista OjOs.com      DICIEMBRE DE 2015

Daniel de Cullá, ReVista OjOs.com

YO, AUTOR

 

(La Aventura de Bien o Mal Escribidor)

 

 

Así, a bote pronto, hacer un repaso de mi vida y milagros como escritor es un poco arduo, pues mi escribanía, papelera o mueble para escribir es rica en historias verídicas, con sus alegrías y tristezas, como el propio desarrollo de la Vida misma, y la miseria de su espectáculo.

 

El escritor es un sujeto investido, y, ¿por qué no? invertido por el Verbo y la Palabra de la facultad de dar fe en escritura de sus actuaciones, sus pensamientos, sus anhelos o actos de cualquiera clase por él realizados, sucedidos o vividos, que le han dejado mella, produciendo efecto en el ánimo, sintiendo el malestar o bien estar consiguiente a su acción, a veces, como el que se produce en un peine por la falta de una o más púas.

 

Cuando me preguntan: “Y tú ¿desde cuándo escribes?”, suelto una carcajada, porque me acuerdo de la respuesta que dan las folclóricas, los y las cantantes, las actrices y actores, etcétera: “Desde mi infancia”. George Orwell dijo que “desde los cinco o seis años supe que sería escritor”, por ejemplo.

 

Yo digo, “desde el vientre materno”. Lo digo porque es la pura verdad. Me explico: Un día, cuando chiquito, correteando y corriendo con el triciclo por el largo pasillo de una vieja casa en Madrid, en la zona de Carabanchel Bajo, me topé con mi padre quien, desnudo, iba erecto hacia la habitación de mi madre, que le esperaba de rodillas y mirando hacia Huesca contra la pared. Cuando le pregunte: ¿Dónde va usted padre?, él me respondió: “Voy a ponerle un supositorio a tu madre, que tose”.

 

Entonces, me di cuenta de que esto era como una acción de escribir, pues representaba gráficamente mis ideas o conceptos por medio del supositorio, que para mí escribiría

con él esas letras y signos de Amor hacia

mi madre, sobre la que dibujaría, sin duda, un

“Yo te Amo”, con un corazón.

 

Más tarde, estando en el Seminario Conciliar de Segovia, puesta mi carnal joya en el escriño o cesta del padre espiritual en la que recogía el afrecho y las granzas de los granos pecaminosos del culo, como quien recoge boletos en la sierra de Quintanar, en Burgos, para darle el pienso a este cerdo, yendo de camino a la noche de los sentidos, le dije que yo tenía una teoría sobre la elección de género en los engendramientos lo mismo que sobre la desviación sexual y el mal engendro.

 

Sintió él tanta curiosidad, que me abrazó diciéndome: “Ay, mis criadillas de carnero”, tocándome las pelotitas. Siguió: “Habla, cuenta, mi niño”. Le expliqué:

 

-Padre, no hace falta estudiar mucho, ni saber demasiado para comprender que en el vientre materno se origina y se desarrolla en ciernes, en su principio, el ser humano. La madre siente que el feto le da vueltas en su matriz, por eso el padre debe hacer sexo mientras dure su preñez, pues en él está, en su supositorio, el que el feto salga chico o chica, bisexual, o un engendro.

 

El padre espiritual, con ojos saltones, no me perdía de vista, como el galgo que persigue a la coneja, poniendo galana mí cosa.

 

Yo seguí:

 

-Yo no sé si por instinto o por una iluminación mística, sé que el padre introduce el supositorio en la madre y, para la elección de sexo, el feto, instintivamente, debe elegir, aprovechando el momento, por donde él quiere alcanzar esa misma penetración, si por el ano o por la boca. Si elige el ano, será maricón o puta; si elige la boca, será macho o hembra. Si el supositorio se deshace como un loco rompiéndose la cabeza contra una pared, será un engendro. Después, aparece lo que todas las madres saben, que si el vientre está picudo será niño, si ancho barrigudo, niña.

 

El padre espiritual sonrió satisfecho pues me había hecho correr. Como una bestia me había sujetado por el collerón y los tirantes para que él se pudiera correr, también; sintiendo yo que bajo su sotana, un bicho de enganche, engaitador, escupía, agarrándome sus manos la garganta y su nuez.

 

Escritor es el que escribe. Autor de obras escritas o impresas. Lo sabemos. La inquietud, el deseo de escribir se lleva innato. Además de que hay que tener un conocimiento de la Gramática y su Análisis Gramatical, también hay que tenerlo de Arte Métrica, o, al menos, nociones.

 

Y luego, leer, leer. Saber leer y descubrir los engaños y miserias del Ser humano, sus lujuriosas aventuras y sus falsos milagros. Estando yo en el tan odiado y querido Seminario, cantaba en el ansia, confesaba en el tormento, leyendo los libros prohibidos marcados, en su biblioteca, con una cruz roja.

 

Leí a los autores, por siempre mis preferidos:

 

San Juan de la Cruz, Joyce, Lovecraft, W. Reich, Gide, Rimbaud, Lautreamont, Rabelais, Voltaire, Oscar Wilde, Dostoievski, Víctor Hugo, el Marqués de Sade, Nietzsche, Cesar Vallejo, García Lorca, Antonio Machado, Miguel Hernández, Cervantes y Shakespeare, entre otros muchos; de éstos muchos, tan sólo los escogidos de la Enciclopedia de los Premios Nobel.

 

Acerca del “Poeta Divino” San Juan de la Cruz, decir que fue un místico anquiderribado, cuya anca caía con muchas inclinaciones pecaminosas desde la grupa hasta el nacimiento de la cola. En su noche del sentido siempre estuvo mal sentado o sentado a medias, pues lo que a él le gustaba era saltar tapias y poner notas amorosas en los labios, grandes y pequeños labios, de novicias franciscanas, incluso monjas.

 

Hay que tomar nota. Sentir las vivencias y recordar lo vivido. Anochecer y amanecer para anunciar al mundo que uno sigue vivo.

 

En primer lugar, un autor debe ser leído y escribido. Y, conociendo que escribano es lo mismo que escritor, escribiente, cierto pez, especie de araña acuática, impresor, iniciarse uno en la escritura, y “escribir para ser diferente”, como dice Félix Romero.

 

También, “escribir porque me gusta”, es la mejor opción. El escritor deber ser él mismo. Nada de ser un escritor a sueldo o institucionalizado. “La pluma es la lengua del alma”, dijo Cervantes, y yo, recordando mi infancia, diría, y el supositorio, su escritura.

 

Sí, las Bellas Artes, con el ejercicio del entendimiento, expresan la belleza que halaga y suspende el ánimo, produciendo un placer puro o impuro y emocionado. Y , sobre todo, la más bella, la Literatura, por medio del lenguaje (prosa o verso), medio de que nos valemos los seres racionales para manifestar nuestras ideas y sensaciones, que se originan en virtud de ciertos movimientos o sonidos orgánicos: si fónicos, oral; si gráfico, escrito; si señas o gestos, mímico; sin olvidar el lenguaje de los silbidos, el de los timbales, el de los ojos, el del abanico, el de las banderas, el de las señales de humo, etc.

 

“El Arte insufla Vida a lo que no tiene vida, muerte a lo que es eterno”, nos dice Robert Coover. Escribir es una aventura de riesgo. Imprescindible para el ser creador. Al ser un ser vivo, el escritor debe evolucionar al compás del progreso y de toda actividad humana enriqueciendo el vocabulario lo mismo que dando parte de sus emociones y sensaciones a los habitantes del mundo.

 

Ahora es fácil el oficio de escritor. Escribidores hay muchos. Hoy es muy sencillo publicar, aunque destacar sea otra cosa. Talleres de escritura pululan como setas, y los hay en todas las ciudades. Osos colmeneros de las letras que tienen por costumbre robar los libros de otros, también les hay. Y otros muchos se venden para poder sobrevivir.

 

Esta oración “Libros y años hacen al hombre sabio” no es muy cierta. Yo diría que a muchos les hace más zoquetes. Nada más ver a los que nos guían como pastores o a los que nos gobiernan.

 

-¿Qué dicen los periódicos del gobierno?

 

Que va a salir el sol.

 

¿Qué dicen los de la oposición? Que llueve.

Daniel de Cullá

(España, 1945). De origen castellano aragonés. Tras años de pobreza y soledad, muy joven, se fue a estudiar a los Seminarios de Segovia y Madrid.

Más tarde, cuando abandonó

los estudios de Magisterio y Filosofía y Letras viajó a Inglaterra, Países Bajos y Francia donde estudió las lenguas madres de los

países que visitó. En ese periplo trabajó como portero

nocturno en hoteles, tostador de pan y ayudante de  cocinero.

Poeta, escritor, ensayista, pintor y fotógrafo, es miembro

fundador de las revistas literarias Gallotricolor y Flash

Republicano. Su producción y publicaciones se han multiplicado sin cansancio. Figura destacada de la literatura universal, está

considerado como el gran poeta de Castilla. Su poesía es transparente y en ella

brillan ricas imágenes de corte surrealista.

Su tema favorito es el Amor. Su obra Las Bragas del Maromal fue llevada al teatro. Miembro de la Asociación Colegial de Escritores de España.

En la actualidad participa en espectáculos que funden

pintura, poesía, música y teatro.

Dirige la revista de Arte y Cultura ROBESPIERRE.

 © ReVista OjOs.com

Se prohíbe la reproducción de cualquiera de los contenidos de la ReVista, así como su traducción  a cualquier idioma sin autorización de su titular. Email: fernando.guinard@gmail.com / Teléfono: (57) 318 3269478 - 319 2930843 Bogotá, Colombia